31 de mayo 2012    /   IDEAS
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En el Ojo Ajeno: Lo que el fútbol está haciendo a nuestros hijos.

31 de mayo 2012    /   IDEAS     por          
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La escena es la siguiente: un enclenque de 5 años en su papel. Muy serio. Va a tirar un libre directo. Se adorna colocando el balón; luego da tres pasos hacia atrás y se para con las piernas entreabiertas. Escupe al suelo. Guarda silencio mientras se forma una barrera de pitufos de azul. Mira la portería como ausente, ajeno al ruido del patio del colegio, los gritos de las madres al entrenador y al árbitro… Busca en su interior la fuerza y la concentración mientras imagina su primer plano en pantallas gigantes…

La nueva camiseta le llega por las rodillas; tiene un trabajado flequillo rubio y una calcomanía en el brazo, presagio de un futuro tatuaje. Sus botas cuestan 100 euros.

Aún está dolido. Van perdiendo 9 a 6, pero todavía cree en la remontada. No se quita de la cabeza el último gol rival. Christian, uno muy chulito de 5º C, acababa de meter un gol con los riñones y de rebote. De hecho le había pillado con el dedo en la nariz, pero eso no había impedido que recorriera todo el campo en éxtasis, con los brazos abiertos como dos alas de avión y apuntando con los dedos al infinito. Con la cara tapada con parte de la camiseta aún se oían sus gritos, «¡¡¡toma, toma, toma!!!», mientras se lanzaba al grupo de padres histéricos amontonados en la banda.

Recuerdo una campaña de El Chupete, el Festival de Publicidad Infantil. Una simple camiseta de futbolista con dorsal y la palabra chulo en lugar del nombre del jugador. Y un mensaje: lo que ellos hacen, los niños lo imitan.

El look futbolista y, por extensión, el look de mujer de futbolista ya tienen su propia entrada en el imaginario estético colectivo. Como ya en su día lo tuvieron el de constructor nuevo rico, el de pijo o el de gótico.

El fútbol ya es la nueva gran fantasía. Para los niños es un código, una referencia universal más potente que la suma de El Principito, los bomberos, los astronautas, Disney y Fofó juntos. Un poderoso influjo estético, aspiracional, profesional, ético. Disfrazado de espíritu deportivo, pero contaminado. ¿Un niño de 5 años quiere ser futbolista por ser deportista o por tener un Lamborghini?

Por usar un símil de actualidad, diré que como industria y maquinaria de marcas, marketing, derechos, pasiones, el fútbol es el Rey, aunque como referente aspiracional para un niño no sé si prefiero al Principito.

¿Qué paso con el libre directo? La escena inicial es la recreación de una escena en un partido de exhibición a padres, en un colegio cualquiera. El tiro libre fue un churro, como debe ser. Flojito, chusquero pero comercial, porque entre rebotes y despistes entró en la portería a unos 7 kilómetros por hora. Pero dio al mini-yo de Guti la oportunidad de devolver el numerito del avión.

Foto: Wikimedia Commons

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La escena es la siguiente: un enclenque de 5 años en su papel. Muy serio. Va a tirar un libre directo. Se adorna colocando el balón; luego da tres pasos hacia atrás y se para con las piernas entreabiertas. Escupe al suelo. Guarda silencio mientras se forma una barrera de pitufos de azul. Mira la portería como ausente, ajeno al ruido del patio del colegio, los gritos de las madres al entrenador y al árbitro… Busca en su interior la fuerza y la concentración mientras imagina su primer plano en pantallas gigantes…

La nueva camiseta le llega por las rodillas; tiene un trabajado flequillo rubio y una calcomanía en el brazo, presagio de un futuro tatuaje. Sus botas cuestan 100 euros.

Aún está dolido. Van perdiendo 9 a 6, pero todavía cree en la remontada. No se quita de la cabeza el último gol rival. Christian, uno muy chulito de 5º C, acababa de meter un gol con los riñones y de rebote. De hecho le había pillado con el dedo en la nariz, pero eso no había impedido que recorriera todo el campo en éxtasis, con los brazos abiertos como dos alas de avión y apuntando con los dedos al infinito. Con la cara tapada con parte de la camiseta aún se oían sus gritos, «¡¡¡toma, toma, toma!!!», mientras se lanzaba al grupo de padres histéricos amontonados en la banda.

Recuerdo una campaña de El Chupete, el Festival de Publicidad Infantil. Una simple camiseta de futbolista con dorsal y la palabra chulo en lugar del nombre del jugador. Y un mensaje: lo que ellos hacen, los niños lo imitan.

El look futbolista y, por extensión, el look de mujer de futbolista ya tienen su propia entrada en el imaginario estético colectivo. Como ya en su día lo tuvieron el de constructor nuevo rico, el de pijo o el de gótico.

El fútbol ya es la nueva gran fantasía. Para los niños es un código, una referencia universal más potente que la suma de El Principito, los bomberos, los astronautas, Disney y Fofó juntos. Un poderoso influjo estético, aspiracional, profesional, ético. Disfrazado de espíritu deportivo, pero contaminado. ¿Un niño de 5 años quiere ser futbolista por ser deportista o por tener un Lamborghini?

Por usar un símil de actualidad, diré que como industria y maquinaria de marcas, marketing, derechos, pasiones, el fútbol es el Rey, aunque como referente aspiracional para un niño no sé si prefiero al Principito.

¿Qué paso con el libre directo? La escena inicial es la recreación de una escena en un partido de exhibición a padres, en un colegio cualquiera. El tiro libre fue un churro, como debe ser. Flojito, chusquero pero comercial, porque entre rebotes y despistes entró en la portería a unos 7 kilómetros por hora. Pero dio al mini-yo de Guti la oportunidad de devolver el numerito del avión.

Foto: Wikimedia Commons

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Opiniones 2
  • Conmovedoramente realista, qué pena de sueño!
    Cuántos padres (porque muchas veces son ellos) atosigan a sus hijos por sus sueños rotos. Y cuánto tiene que aprender el futbol de la vida real.
    Muy grande!

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