15 de septiembre 2011    /   IDEAS
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En el Ojo Ajeno: No surca el mar, sino vuela un velero… mercantil

15 de septiembre 2011    /   IDEAS     por          
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Andrés es un filósofo de mantenimiento, un sabio sin títulos de los que da gusto oír. Me admira su frescura y su certeza, su simpleza para entender los problemas y su manera de contarlo.

“¿Crisis? Mira, aquí lo único que pasa es que a la gente le han secado la ubre. Ya se ha agotado el tema de la tecnología, los móviles y tanto aparatito, y se nos ha quitado toda la tontería con las urbanizaciones y los pisos… ¿Y ahora en qué pensamos? Cualquiera ya tiene un móvil del carajo, una plasma (dice él) y un piso sin pagar. ¿Y qué hace ahora? ¿Qué es lo próximo? Los poderosos tienen que tener entretenido al pueblo llano, ponerle zanahorias, porque como el pueblo se aburra, se subleva. Mira los indignaos, las redes sociales… espero que estén pensando en algo y más vale que sea algo gordo”.
En mi afán por parecer inteligente y serio le contesté en plan condescendiente: “Bueno, Andrés, no es tan sencillo”. Pero el caso es que no fui capaz de decir mucho más. Y llevo días pensando en qué será lo próximo que nos den al pueblo para tenernos ocupados y que se mueva la máquina.
A ese nivel de simpleza, ¿qué nos ocupará los próximos tres años? Desde luego en tecnología vamos por la tercera vuelta de tuerca a todo y agotando márgenes, y lo inmobiliario tiende a cero. ¿Qué otra gran cosa moverá los mercados?
Y el caso es que solo llego a imaginar grandes cosas que aún me parecen lejanas. ¿Los coches eléctricos que renueven las flotas mundiales? ¿La industria del bienestar y alguna nueva teoría/producto/actitud que nos encandile a los humanos a nivel planetario? Y cosas así…
Lo que sí tengo algo más claro es que sea lo que sea, tendrá un componente de sostenibilidad, actitud, bienestar, algo de conciencia colectiva, la humanidad, la salud y la calidad de vida y que huela a buenísmo. Lo malo es que es requisito imprescindible que tenga una industria tangible detrás o no ocurrirá. Por mucha magia o poesía que venda, tendrá que requerir materias primas, componentes, mano de obra, distribución… ¿La teletransportación? ¿La realidad virtual?
Y de ahí el titulito del post. Voy a comentarlo mañana mismo con Andrés y seguro que “en dos patás” da con ello y me lo explica.



Andrés es un filósofo de mantenimiento, un sabio sin títulos de los que da gusto oír. Me admira su frescura y su certeza, su simpleza para entender los problemas y su manera de contarlo.

“¿Crisis? Mira, aquí lo único que pasa es que a la gente le han secado la ubre. Ya se ha agotado el tema de la tecnología, los móviles y tanto aparatito, y se nos ha quitado toda la tontería con las urbanizaciones y los pisos… ¿Y ahora en qué pensamos? Cualquiera ya tiene un móvil del carajo, una plasma (dice él) y un piso sin pagar. ¿Y qué hace ahora? ¿Qué es lo próximo? Los poderosos tienen que tener entretenido al pueblo llano, ponerle zanahorias, porque como el pueblo se aburra, se subleva. Mira los indignaos, las redes sociales… espero que estén pensando en algo y más vale que sea algo gordo”.
En mi afán por parecer inteligente y serio le contesté en plan condescendiente: “Bueno, Andrés, no es tan sencillo”. Pero el caso es que no fui capaz de decir mucho más. Y llevo días pensando en qué será lo próximo que nos den al pueblo para tenernos ocupados y que se mueva la máquina.
A ese nivel de simpleza, ¿qué nos ocupará los próximos tres años? Desde luego en tecnología vamos por la tercera vuelta de tuerca a todo y agotando márgenes, y lo inmobiliario tiende a cero. ¿Qué otra gran cosa moverá los mercados?
Y el caso es que solo llego a imaginar grandes cosas que aún me parecen lejanas. ¿Los coches eléctricos que renueven las flotas mundiales? ¿La industria del bienestar y alguna nueva teoría/producto/actitud que nos encandile a los humanos a nivel planetario? Y cosas así…
Lo que sí tengo algo más claro es que sea lo que sea, tendrá un componente de sostenibilidad, actitud, bienestar, algo de conciencia colectiva, la humanidad, la salud y la calidad de vida y que huela a buenísmo. Lo malo es que es requisito imprescindible que tenga una industria tangible detrás o no ocurrirá. Por mucha magia o poesía que venda, tendrá que requerir materias primas, componentes, mano de obra, distribución… ¿La teletransportación? ¿La realidad virtual?
Y de ahí el titulito del post. Voy a comentarlo mañana mismo con Andrés y seguro que “en dos patás” da con ello y me lo explica.

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