2 de junio 2011    /   DIGITAL
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En el Ojo Ajeno: Si breve, dos veces malo

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Hay cosas que se rompen a la primera. Otras te las cargas tú mismo. Hay cosas que tenían todo el sentido cuando las compraste y un minuto más tarde son inútiles.… Sea cual sea el motivo, hay muchas cosas cuyo ciclo de vida es igual a 1. Duran lo que un impulso. Un, dos, tres, responda otra vez…
El Singstar y el Pictionary ¿De verdad pensabas hacer fiestas cada fin de semana?
El aparato para ver el canal plus en todas las habitaciones.
La hamaca de tela verde del Carrefour de 29 euros que en tu terraza parece enclenque.
Tu cuenta de Xing.
La primera y última vez que crees que has ganado un iPad en esa promo y haces click.
El steak tartar esa vez que te sales del guión. O cuando pruebas el wasabi sin saber qué es.
Las gafas de nadar que parece que te succionan los ojos, y además tampoco nadas tanto.
El boli de cuatro colores. (No se rompe, pero se atasca y el verde sobra).
La bicicleta estática que hay en cada trastero español. Suele estar junto al Gym Form 8 que te dio calambre.
El tren de aterrizaje del STUKA JU 87 del primer fascículo de esa colección de aviones de guerra que de verdad, de verdad, pensabas acabar.
Esa camisa que la dependienta te convenció que no te quedaba tan estrecha y al llegar a casa había encogido (y no devolviste por pudor).
La pata de cabra de la BMW C1 (esa moto con casco incluido) Te lo pueden explicar mil veces y seguirás rompiéndola.
El curso de fotografía/dibujo/inglés/acupuntura.. on-line.
El telescopio que te regalaron y que no llegó a despertar al astrólogo que llevas dentro.
La báscula digital que está claro que mide de más. Prefieres la de toda la vida.
La Thermomix, esa gran inversión familiar para hacer mayonesa.
La cocina es un filón para estas cosas: la cuchara de hacer bolas de helado, el cuchillo/rodillo para la pizza (sólo te acuerdas al final y ya no vale la pena ensuciarlo) la yogurtera y el cuchillo eléctrico.
La colección de “Érase una vez el hombre” que compraste por nostalgia y sigue envuelta.
El estuche organizador de clavos y tornillos, porque cada vez que necesites tornillos irás a comprar más.
Ese útil llavero brújula.
El mando a distancia universal que de verdad iba a sustituir a todos lo demás por sólo 12 euros.
El complejo vitamínico y la jalea real que sólo tomaste el primer día (o el biomanan)
El calentador de taza de café por usb para la oficina.
La minilámpara led de lectura que se une al libro para no molestar al que intenta dormir a tu lado.
El e-book. Sabías perfectamente que acabarías comprando el iPad (porque aquella promo era mentira).
¡Campana y se acabó! La verdad es que la lista sería interminable porque nuestra capacidad para sucumbir a los impulsos es infinita. O nos pilla con las defensas bajas o en un ataque de voluntarismo, pero somos humanos, y por tanto comercialmente vulnerables…


Hay cosas que se rompen a la primera. Otras te las cargas tú mismo. Hay cosas que tenían todo el sentido cuando las compraste y un minuto más tarde son inútiles.… Sea cual sea el motivo, hay muchas cosas cuyo ciclo de vida es igual a 1. Duran lo que un impulso. Un, dos, tres, responda otra vez…
El Singstar y el Pictionary ¿De verdad pensabas hacer fiestas cada fin de semana?
El aparato para ver el canal plus en todas las habitaciones.
La hamaca de tela verde del Carrefour de 29 euros que en tu terraza parece enclenque.
Tu cuenta de Xing.
La primera y última vez que crees que has ganado un iPad en esa promo y haces click.
El steak tartar esa vez que te sales del guión. O cuando pruebas el wasabi sin saber qué es.
Las gafas de nadar que parece que te succionan los ojos, y además tampoco nadas tanto.
El boli de cuatro colores. (No se rompe, pero se atasca y el verde sobra).
La bicicleta estática que hay en cada trastero español. Suele estar junto al Gym Form 8 que te dio calambre.
El tren de aterrizaje del STUKA JU 87 del primer fascículo de esa colección de aviones de guerra que de verdad, de verdad, pensabas acabar.
Esa camisa que la dependienta te convenció que no te quedaba tan estrecha y al llegar a casa había encogido (y no devolviste por pudor).
La pata de cabra de la BMW C1 (esa moto con casco incluido) Te lo pueden explicar mil veces y seguirás rompiéndola.
El curso de fotografía/dibujo/inglés/acupuntura.. on-line.
El telescopio que te regalaron y que no llegó a despertar al astrólogo que llevas dentro.
La báscula digital que está claro que mide de más. Prefieres la de toda la vida.
La Thermomix, esa gran inversión familiar para hacer mayonesa.
La cocina es un filón para estas cosas: la cuchara de hacer bolas de helado, el cuchillo/rodillo para la pizza (sólo te acuerdas al final y ya no vale la pena ensuciarlo) la yogurtera y el cuchillo eléctrico.
La colección de “Érase una vez el hombre” que compraste por nostalgia y sigue envuelta.
El estuche organizador de clavos y tornillos, porque cada vez que necesites tornillos irás a comprar más.
Ese útil llavero brújula.
El mando a distancia universal que de verdad iba a sustituir a todos lo demás por sólo 12 euros.
El complejo vitamínico y la jalea real que sólo tomaste el primer día (o el biomanan)
El calentador de taza de café por usb para la oficina.
La minilámpara led de lectura que se une al libro para no molestar al que intenta dormir a tu lado.
El e-book. Sabías perfectamente que acabarías comprando el iPad (porque aquella promo era mentira).
¡Campana y se acabó! La verdad es que la lista sería interminable porque nuestra capacidad para sucumbir a los impulsos es infinita. O nos pilla con las defensas bajas o en un ataque de voluntarismo, pero somos humanos, y por tanto comercialmente vulnerables…

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Opiniones 8
  • y todas esas otras cosas que sí son útiles y que te gustaría usar, pero no tienes tiempo o cuando lo tienes haces cualquier otra cosa.
    Tengo 3 pares de pantalones sin coger el bajo, no sé ni de qué año son y, la verdad, creo que me hacen falta, he estado a punto de ir a comprarme más con el largo correcto y discretamente hacer desaparecer (sin que parezca un accidente) los quecuelgan de mi armario.

  • ¡¡¡Ala!!!Yo quiero la cole de «Erase una vez el hombre»,yo creo que nos gusta mucho comprar,satisfacer no sé que,pero satisfacerlo,en fin que somos muy muy vulnerables,algunos más que otros…esa huertuca.
    Venden una tela para subir dobladillos con la que solo necesitas una plancha,es muy fácil y te queda de modista,besitos a los 2.

    • astrologo, astrologo, seguro! con esa mierda no se veían las estrellas y por eso te dedicabas a otra cosa, además cómo sabes si sagitario está con ascendiente Marte o no?
      Qué jerga más chula la de los astroforos…

  • Tengo a la vista y en mi poder 19 de los 25 artículos mencionados, los estoy mirando ahora en el trastero y debo admitir que es un grandisimo alivio este post. O sea, que no estoy loca… Pensaba darle otra oportunidad al telescopio este verano, aunque nunca he conseguido ver más que la luna, Muy interesante conclusión de nuestra vulnerabilidad . Trataré de ser más fuerte!!

  • Moto de entrenar, moto de correr, remolque taller, llantas. recambios, equipaciones en varios colores, generador para hacer asistencia nocturna…..la idea era buena, pero se quedó todo por estrenar.
    Y atentos que ahora viene el verano y con él los planes para «hacer» buceo con botellas. Creo que soy el rey del Plan Frustrado.

  • me preocupa tantas coincidencias contigo Tellechea. y es que al final todos somos más parecidos de lo que creemos y queremos.
    Solo añadiría la suscripción al gimnasio por 3 meses al que vas 1 o dos veces. Más las zapatillas especiales Adidas para correr y que son tan feas que efectivamente, sólo sirven para correr y rápido…

  • Comentarios cerrados.

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