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2 de febrero 2011    /   IDEAS
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En la próxima nube no te abroches el cinturón

2 de febrero 2011    /   IDEAS     por          
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2010 fue el año de la nube. Dicho así, parece que estemos hablando del horóscopo chino o de una efeméride pero, en realidad, lo único que tienen estos conceptos en común es que tal vez afecten a nuestro futuro.
Llevamos años en la nube sin apenas darnos cuenta. Estamos en ella, por ejemplo, cada vez que utilizamos Gmail, Flickr, Facebook, o Spotify. Aplicaciones web a las que nos conectamos momentáneamente y que guardan información (documentos, fotos, música…) en la nube de Internet. A este reciente modelo de trabajo se le denomina cloud computing y sus principales ventajas son el ahorro de costes y la accesibilidad a la información desde cualquier lugar conectado a la red. Es por eso que este tipo de aplicaciones está sustituyendo paulatinamente a los programas instalados en nuestros ordenadores que almacenan los datos en memorias locales.
Ya no necesitamos poseer un CD, ni tan siquiera necesitamos poseer la música, lo que necesitamos en realidad es acceder a ella en Spotify. Ya no necesitamos libros, sino acceder a su lectura en Amazon. Ya no necesitamos descargarnos una película o una serie, ni comprar un DVD, cuando podemos verlas online en Hulu o YouTube. No necesitamos las cosas sino las experiencias, los contenidos que llenan esas cosas.
La reciente consolidación del cloud computing es uno de los catalizadores de un cambio a mayor escala que sobrepasa los límites del mundo digital y pasa a modificar nuestro comportamiento en el mundo real o, lo que es lo mismo, nuestra cultura. En la vida de hoy, donde estamos permanentemente conectados, ya no sólo trabajamos o nos entretenemos en la nube, sino que estamos empezando a consumir y a vivir en ella.

En 2009, uno de los fundadores de la revista Wired, Kevin Kelly, defendía que “compartir es mejor que poseer». No es fruto de la casualidad que dos años más tarde sea ésa la palabra que vemos reproducida en cada website, en cada contenido digital y en cada rincón de las redes sociales. Compartir no es sólo una palabra de moda, es la piedra angular de un nuevo paradigma que quizá suponga además una alternativa al modelo económico y de consumo que tanto se está poniendo en duda en los últimos años.
Para qué necesito comprar una vivienda vacacional que sólo voy a usar un mes al año, si puedo intercambiar temporalmente mi casa con la de otra persona de cualquier parte del mundo en intercambiocasas.com.
Para qué necesito contratar hotel y guía, cuando puedo recibir el servicio persona a persona en la comunidad couchsurfing.com, simplemente subiendo yo también a la nube mi sofá o mi habitación de invitados.
Para qué necesito comprarme un coche que pasará 23 horas al día aparcado, cuando puedo utilizar servicios de Car Sharing como Zipcar (EE.UU., Canadá y Londres), Avancar.es (Barcelona), respiromadrid.es, hellobyecars.es, bluemove.es (Madrid), clickcar.org o ibilkari.com (Bilbao), pagar sólo por el tiempo que lo utilizo y ahorrar costes de mantenimiento y ambientales.
Para qué necesito comprarme una bici, cuando puedo compartirla gracias a Bicing (Barcelona), Vélib (París), Call a Bike (Alemania) o Barclays Cycle Hire (Londres).
Para qué necesito comprar un esmoquin, un taladro o un traje de novia que apenas serán útiles unas horas, cuando existen decenas de webs donde compartir, tomar prestados, alquilar o intercambiar esos objetos con otras personas: eBay, NeighborGoods, SnapGoods, ShareSomeSugar
Para qué necesito comprar libros si existen bibliotecas.
Cloudliving es una vida P2P, una red persona a persona, y no sólo ordenador a ordenador. Una vida en la que se tiene sólo lo que se necesita y, lo que no, se sube a la nube para que otro lo aproveche, optimizando el uso de los recursos existentes. Una vuelta a los sistemas más primitivos de intercambio sin sacrificar en absoluto los niveles de calidad de vida alcanzados, ni la capacidad de elección entre productos.
Rachel Botsman, autora del libro «What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption» apuesta a que “co-working, coachsurfing, banco de tiempo” y otras palabras relacionadas con compartir recursos serán próximamente palabras de uso común. Si nosotros apostamos por extender el significado de “vivir en la nube”, tal vez el borrascoso cielo acabe despejándose y no tengamos que preocuparnos tanto por apretarnos el cinturón.

Jesús Revuelta es Senior Concept Writer at DoubleYou y autor del blog Viendo Vídeos
Ilustración de Caroline Selmes
Este artículo fue publicado en el número de Febrero de Ling Magazine


2010 fue el año de la nube. Dicho así, parece que estemos hablando del horóscopo chino o de una efeméride pero, en realidad, lo único que tienen estos conceptos en común es que tal vez afecten a nuestro futuro.
Llevamos años en la nube sin apenas darnos cuenta. Estamos en ella, por ejemplo, cada vez que utilizamos Gmail, Flickr, Facebook, o Spotify. Aplicaciones web a las que nos conectamos momentáneamente y que guardan información (documentos, fotos, música…) en la nube de Internet. A este reciente modelo de trabajo se le denomina cloud computing y sus principales ventajas son el ahorro de costes y la accesibilidad a la información desde cualquier lugar conectado a la red. Es por eso que este tipo de aplicaciones está sustituyendo paulatinamente a los programas instalados en nuestros ordenadores que almacenan los datos en memorias locales.
Ya no necesitamos poseer un CD, ni tan siquiera necesitamos poseer la música, lo que necesitamos en realidad es acceder a ella en Spotify. Ya no necesitamos libros, sino acceder a su lectura en Amazon. Ya no necesitamos descargarnos una película o una serie, ni comprar un DVD, cuando podemos verlas online en Hulu o YouTube. No necesitamos las cosas sino las experiencias, los contenidos que llenan esas cosas.
La reciente consolidación del cloud computing es uno de los catalizadores de un cambio a mayor escala que sobrepasa los límites del mundo digital y pasa a modificar nuestro comportamiento en el mundo real o, lo que es lo mismo, nuestra cultura. En la vida de hoy, donde estamos permanentemente conectados, ya no sólo trabajamos o nos entretenemos en la nube, sino que estamos empezando a consumir y a vivir en ella.

En 2009, uno de los fundadores de la revista Wired, Kevin Kelly, defendía que “compartir es mejor que poseer». No es fruto de la casualidad que dos años más tarde sea ésa la palabra que vemos reproducida en cada website, en cada contenido digital y en cada rincón de las redes sociales. Compartir no es sólo una palabra de moda, es la piedra angular de un nuevo paradigma que quizá suponga además una alternativa al modelo económico y de consumo que tanto se está poniendo en duda en los últimos años.
Para qué necesito comprar una vivienda vacacional que sólo voy a usar un mes al año, si puedo intercambiar temporalmente mi casa con la de otra persona de cualquier parte del mundo en intercambiocasas.com.
Para qué necesito contratar hotel y guía, cuando puedo recibir el servicio persona a persona en la comunidad couchsurfing.com, simplemente subiendo yo también a la nube mi sofá o mi habitación de invitados.
Para qué necesito comprarme un coche que pasará 23 horas al día aparcado, cuando puedo utilizar servicios de Car Sharing como Zipcar (EE.UU., Canadá y Londres), Avancar.es (Barcelona), respiromadrid.es, hellobyecars.es, bluemove.es (Madrid), clickcar.org o ibilkari.com (Bilbao), pagar sólo por el tiempo que lo utilizo y ahorrar costes de mantenimiento y ambientales.
Para qué necesito comprarme una bici, cuando puedo compartirla gracias a Bicing (Barcelona), Vélib (París), Call a Bike (Alemania) o Barclays Cycle Hire (Londres).
Para qué necesito comprar un esmoquin, un taladro o un traje de novia que apenas serán útiles unas horas, cuando existen decenas de webs donde compartir, tomar prestados, alquilar o intercambiar esos objetos con otras personas: eBay, NeighborGoods, SnapGoods, ShareSomeSugar
Para qué necesito comprar libros si existen bibliotecas.
Cloudliving es una vida P2P, una red persona a persona, y no sólo ordenador a ordenador. Una vida en la que se tiene sólo lo que se necesita y, lo que no, se sube a la nube para que otro lo aproveche, optimizando el uso de los recursos existentes. Una vuelta a los sistemas más primitivos de intercambio sin sacrificar en absoluto los niveles de calidad de vida alcanzados, ni la capacidad de elección entre productos.
Rachel Botsman, autora del libro «What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption» apuesta a que “co-working, coachsurfing, banco de tiempo” y otras palabras relacionadas con compartir recursos serán próximamente palabras de uso común. Si nosotros apostamos por extender el significado de “vivir en la nube”, tal vez el borrascoso cielo acabe despejándose y no tengamos que preocuparnos tanto por apretarnos el cinturón.

Jesús Revuelta es Senior Concept Writer at DoubleYou y autor del blog Viendo Vídeos
Ilustración de Caroline Selmes
Este artículo fue publicado en el número de Febrero de Ling Magazine

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Opiniones 2
  • «En 2009, uno de los fundadores de la revista Wired, Kevin Kelly, defendía que “compartir es mejor que poseer”.
    Pero la «posesión» sigue siendo un tema álgido…
    Ni se me va a ocurrir entrar en profundidades del tipo Ley Sinde y la descarga de contenidos ilegales (que son «compartidos» si nos ponemos textuales), sino en el poder que da eso que TU tienes y el de al lado no.
    Por ejemplo, cuando encuentras un link muy -pero que MUY- bueno de diseño/publicidad/tipografía, etc., generalmente no lo compartes: lo guardas para tus archivos y TU consulta privada.
    No se lo das a nadie más -y eso, amigo mío- es poder 🙂

  • «En 2009, uno de los fundadores de la revista Wired, Kevin Kelly, defendía que “compartir es mejor que poseer”.
    Pero la «posesión» sigue siendo un tema álgido…
    Ni se me va a ocurrir entrar en profundidades del tipo Ley Sinde y la descarga de contenidos ilegales (que son «compartidos» si nos ponemos textuales), sino en el poder que da eso que TU tienes y el de al lado no.
    Por ejemplo, cuando encuentras un link muy -pero que MUY- bueno de diseño/publicidad/tipografía, etc., generalmente no lo compartes: lo guardas para tus archivos y TU consulta privada.
    No se lo das a nadie más -y eso, amigo mío- es poder 🙂

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