10 de enero 2014    /   IDEAS
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En lo más remoto de la Antártida se habla español ecológico

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Los polos: esas vastas masas de terreno y hielo cuyas superficies, en gran parte, aún no conocen la pisada humana. Fue más fácil la luna. Para surcarlos e investigarlos a lo largo de la historia, científicos y técnicos de todo el planeta han ideado distintos medios de transporte. Algunos supusieron ingentes inversiones económicas; otros tardaron décadas en ser diseñados; otros, cuentan con las más avanzadas tecnologías espaciales. Ninguno ha llegado tan lejos como los sencillos trineos ecológicos en los que viaja el premio de la Sociedad Geográfica Española Ramón Larramendi. Él ha encontrado el método para abrirle al mundo un camino en el hielo.

A este pionero le avala su gélido currículum de récords. Pasó tres años de viaje por las regiones árticas en una expedición épica en la que convivió estrechamente con la etnia inuit -hasta el punto de aprender su lengua-. De ellos aprendió sus técnicas, que nada tenían que ver con tecnología espacial sino con métodos totalmente ecológicos. Y gracias a esos conocimientos, acabó diseñando un pequeño catamarán impulsado por viento con el que recorrió tres veces regiones aún inexploradas en Groenlandia y dos de la Antártida (2011-2012). Ningún otro método parecido había sido efectivo hasta entonces desde que empezara con las intentonas en 1888 el explorador noruego Fridtjof Nansen –quien fabricó un trineo con el que trató de llegar al Polo Norte geográfico-.

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Ahora Larramendi tiene nuevo vehículo, nuevo compañero de fatigas y nuevos retos inalcanzados en el horizonte blanco. Junto a Juan Manuel Viu, el exresponsable de la base antártica Juan Carlos I, el último de los diseños que cabalgarán desafía los atroces recortes que se han dado en España para campañas científicas (40% desde 2009). A pesar de estar obligados a realizar el gasto mínimo, han conseguido el alcance máximo. Será un gigantesco Trineo de Viento con el que “circunnavegarán” los 5.000 kilómetros de perímetro de Groenlandia esta primavera y posteriormente los 7.000 kilómetros de costa de la Antártida.

“¿Por qué tener bases, que son tan costosas y generan impacto ambiental? Con este proyecto podemos acceder a una muy extensa zona continental por lo que cuesta el combustible de los buques oceanográficos para ir y venir de la Antártida”, argumenta Larramendi.

Durante la presentación de la expedición, el vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española, Diego Azqueta, se enorgullecía de que con este desarrollo se estuviera poniendo en marcha “una tecnología basada en vehículos sostenibles, cero emisiones, que rompen los retos de la exploración en velocidad, de kilómetros recorridos y que pueden ser el futuro modo de transporte entre las bases científicas en los polos”.

Juanma Viu y Ramón Larramendi, en Instituto Cervantes

El Trineo en cuestión puede alcanzar hasta 40 km/h y se mueve impulsado por una cometa capaz de girar a 90 grados –para aprovechar al máximo el viento- que vuela a 300 metros de distancia. Cuenta con tres módulos: un espacio para los pilotos de la cometa, otro para cargar materiales y el tercero para realizar trabajos científicos de investigación, para cuyo desarrollo y abastecimiento se utilizan placas de energía solar. En total son 14 metros de largo por cuatro de ancho y una capacidad de dos toneladas de carga.

“Hay expediciones, como la francesa de 2011, en la que se tardó 20 años en conseguir los fondos para su puesta en marcha y luego tuvieron que cargar con un gran número de tanques de combustible que acabaron con serios problemas en la nieve”, contrasta Larramendi la capacidad de su proyecto.

“Para hacer ciencia sobre los cambios climáticos que hay y hubo en la Antártida es necesario hacer muestreos, recoger datos y materiales. Este trineo es una alternativa ecológica, sencilla y económica en la que España puede situarse en la vanguardia”, apuntó.  “Los recursos para investigar en la Antártida siempre serán pocos, y por ello lo barato es útil. Puede haber otros sistemas de transporte, pero ninguno tan sencillo y tan económico como éste”.

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A este pionero le avala su gélido currículum de récords. Pasó tres años de viaje por las regiones árticas en una expedición épica en la que convivió estrechamente con la etnia inuit -hasta el punto de aprender su lengua-. De ellos aprendió sus técnicas, que nada tenían que ver con tecnología espacial sino con métodos totalmente ecológicos. Y gracias a esos conocimientos, acabó diseñando un pequeño catamarán impulsado por viento con el que recorrió tres veces regiones aún inexploradas en Groenlandia y dos de la Antártida (2011-2012). Ningún otro método parecido había sido efectivo hasta entonces desde que empezara con las intentonas en 1888 el explorador noruego Fridtjof Nansen –quien fabricó un trineo con el que trató de llegar al Polo Norte geográfico-.

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Ahora Larramendi tiene nuevo vehículo, nuevo compañero de fatigas y nuevos retos inalcanzados en el horizonte blanco. Junto a Juan Manuel Viu, el exresponsable de la base antártica Juan Carlos I, el último de los diseños que cabalgarán desafía los atroces recortes que se han dado en España para campañas científicas (40% desde 2009). A pesar de estar obligados a realizar el gasto mínimo, han conseguido el alcance máximo. Será un gigantesco Trineo de Viento con el que “circunnavegarán” los 5.000 kilómetros de perímetro de Groenlandia esta primavera y posteriormente los 7.000 kilómetros de costa de la Antártida.

“¿Por qué tener bases, que son tan costosas y generan impacto ambiental? Con este proyecto podemos acceder a una muy extensa zona continental por lo que cuesta el combustible de los buques oceanográficos para ir y venir de la Antártida”, argumenta Larramendi.

Durante la presentación de la expedición, el vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española, Diego Azqueta, se enorgullecía de que con este desarrollo se estuviera poniendo en marcha “una tecnología basada en vehículos sostenibles, cero emisiones, que rompen los retos de la exploración en velocidad, de kilómetros recorridos y que pueden ser el futuro modo de transporte entre las bases científicas en los polos”.

Juanma Viu y Ramón Larramendi, en Instituto Cervantes

El Trineo en cuestión puede alcanzar hasta 40 km/h y se mueve impulsado por una cometa capaz de girar a 90 grados –para aprovechar al máximo el viento- que vuela a 300 metros de distancia. Cuenta con tres módulos: un espacio para los pilotos de la cometa, otro para cargar materiales y el tercero para realizar trabajos científicos de investigación, para cuyo desarrollo y abastecimiento se utilizan placas de energía solar. En total son 14 metros de largo por cuatro de ancho y una capacidad de dos toneladas de carga.

“Hay expediciones, como la francesa de 2011, en la que se tardó 20 años en conseguir los fondos para su puesta en marcha y luego tuvieron que cargar con un gran número de tanques de combustible que acabaron con serios problemas en la nieve”, contrasta Larramendi la capacidad de su proyecto.

“Para hacer ciencia sobre los cambios climáticos que hay y hubo en la Antártida es necesario hacer muestreos, recoger datos y materiales. Este trineo es una alternativa ecológica, sencilla y económica en la que España puede situarse en la vanguardia”, apuntó.  “Los recursos para investigar en la Antártida siempre serán pocos, y por ello lo barato es útil. Puede haber otros sistemas de transporte, pero ninguno tan sencillo y tan económico como éste”.

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Opiniones 4
  • No he escuchado una chorrada tan grande en mucho tiempo, ¡y mira que se escuchan cosas! ¿Español ecológico? ¿la tecnología espacial y la ecológica presentadas como contrarias? No me esperaba esto yo de este blog, la verdad.

  • Hacía tiempo, mucho, que no leía palabras tan necias como las de esta Docavo. No me esperaba yo que gente así leyera este blog, la verdad

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