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20 de junio 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Encontrar marido en China es fácil: basta con ir al mercadillo

20 de junio 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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China es el país más poblado del mundo. Se palpa en las ventanas, en los restaurantes, en las estaciones de metro. Sin embargo, lo que un visitante cualquiera no percibe es lo más determinante en su estilo de vida.

No se percibe, por ejemplo, que a pesar de que las calles estén siempre abarrotadas, durante 36 años ha habido una ley que prohibía tener más de un hijo.

Tampoco se percibe que el confucionismo —creencia principal en China— estableció que hay que tener hijos varones, y esto ha provocado una mayoría aplastante de hombres. Como consecuencia, la cultura china cree que en cada familia es necesario un varón que se haga cargo de sus padres cuando dejen de trabajar.

Foto: Another Believer
Foto: Another Believer

Se percibe aún menos la presión social que ejercen las familias para que sus hijos se casen. Más importante que estudiar, que tener un trabajo o que ser feliz es contraer matrimonio. El hecho de que no se considere estrictamente necesario estar enamorado es solo un resquicio de una sociedad donde hasta hace 50 años el matrimonio concertado era lo común. Casarse no se trata únicamente de encontrar a alguien compatible con quién compartir la vida: en China, automáticamente, también se adquiere cierto ascenso social.

Los padres, en la mayoría de los casos, ejercen una influencia enorme. Insisten hasta la saciedad en que el candidato o la candidata tenga un nivel económico similar al de la familia. También hacen hincapié en que los hijos entiendan que la falta de matrimonio puede suponer un estigma —socialmente hablando— y en que no crear una familia es condenarse a la pobreza durante la vejez.

Foto: Tim Sheerman-Chase
Foto: Tim Sheerman-Chase

Los hijos, a su vez, están fuertemente presionados. En el caso de las mujeres, que en los últimos años se han emancipado cada vez más, también la edad es un argumento de peso: se considera que más allá de los 26 años ya son demasiado mayores para resultar atractivas como candidatas. Además, para los padres, es incomprensible tener una hija soltera, ya que la ‘oferta‘ de hombres de la que dispone es inmensa respecto a otros países. Los jóvenes, con toda esta presión, viven en un dilema continuo: llevar la vida que desean o satisfacer a sus padres.

Como resultado del encontronazo sobre cómo vivir, surgió el Mercado de los Solteros en Shangái. En un lugar llamado la Plaza del Pueblo, cada fin de semana desde el año 2008 se reúnen padres y madres chinos con «anuncios» que exponen a sus hijos. Los cuelgan en paraguas, en cuerdas improvisadas y plastifican las hojas para que no se estropeen.

Foto: Luca Casartelli
Foto: Luca Casartelli

La idea es que si alguien resulta interesado en los susodichos, intercambien contactos y ocasionen una cita a ciegas, sin el conocimiento de sus hijos. La situación perfecta es que estos no se enteren de que su encuentro ha sido organizado, pero conecten entre ellos y empiecen a frecuentarse.

Los anuncios, lejos de hablar sobre la personalidad de estos jóvenes, incluyen detalles como la edad, el peso (la mayoría no incluyen fotografía), la cantidad de másteres o carreras que han estudiado, el sueldo que cobran y los orígenes. Estos últimos son especialmente importantes porque en China, debido a una ley ya reformada llamada Hukou, durante muchos años solo se tenían derechos y subvenciones en el lugar de nacimiento, por lo tanto nacer en Anhui y vivir en Shangái, por ejemplo, significaba no tener acceso a ciertos servicios públicos.

Foto: Spezz
Foto: Spezz

El mercado se toma muy en serio: no son bienvenidos turistas ni fotógrafos. Los padres que están allí, muchas veces sin que los hijos lo sepan, pasan el día entero aunque llueva o haya bajas temperaturas con la esperanza de resolver una situación que les genera ansiedad. Su creación ha tenido tanto éxito que ha ido extendiéndose según avanzan los años y se ha reproducido en otras ciudades de China continental.

No importa la negativa de los hijos ante estas medidas, ni la falta de libertad que implica mercantilizar una relación, ni que las tradiciones chinas estén quedándose atrás en el avance de la sociedad: el objetivo, pase lo que pase, es que al final haya casamiento.

China es el país más poblado del mundo. Se palpa en las ventanas, en los restaurantes, en las estaciones de metro. Sin embargo, lo que un visitante cualquiera no percibe es lo más determinante en su estilo de vida.

No se percibe, por ejemplo, que a pesar de que las calles estén siempre abarrotadas, durante 36 años ha habido una ley que prohibía tener más de un hijo.

Tampoco se percibe que el confucionismo —creencia principal en China— estableció que hay que tener hijos varones, y esto ha provocado una mayoría aplastante de hombres. Como consecuencia, la cultura china cree que en cada familia es necesario un varón que se haga cargo de sus padres cuando dejen de trabajar.

Foto: Another Believer
Foto: Another Believer

Se percibe aún menos la presión social que ejercen las familias para que sus hijos se casen. Más importante que estudiar, que tener un trabajo o que ser feliz es contraer matrimonio. El hecho de que no se considere estrictamente necesario estar enamorado es solo un resquicio de una sociedad donde hasta hace 50 años el matrimonio concertado era lo común. Casarse no se trata únicamente de encontrar a alguien compatible con quién compartir la vida: en China, automáticamente, también se adquiere cierto ascenso social.

Los padres, en la mayoría de los casos, ejercen una influencia enorme. Insisten hasta la saciedad en que el candidato o la candidata tenga un nivel económico similar al de la familia. También hacen hincapié en que los hijos entiendan que la falta de matrimonio puede suponer un estigma —socialmente hablando— y en que no crear una familia es condenarse a la pobreza durante la vejez.

Foto: Tim Sheerman-Chase
Foto: Tim Sheerman-Chase

Los hijos, a su vez, están fuertemente presionados. En el caso de las mujeres, que en los últimos años se han emancipado cada vez más, también la edad es un argumento de peso: se considera que más allá de los 26 años ya son demasiado mayores para resultar atractivas como candidatas. Además, para los padres, es incomprensible tener una hija soltera, ya que la ‘oferta‘ de hombres de la que dispone es inmensa respecto a otros países. Los jóvenes, con toda esta presión, viven en un dilema continuo: llevar la vida que desean o satisfacer a sus padres.

Como resultado del encontronazo sobre cómo vivir, surgió el Mercado de los Solteros en Shangái. En un lugar llamado la Plaza del Pueblo, cada fin de semana desde el año 2008 se reúnen padres y madres chinos con «anuncios» que exponen a sus hijos. Los cuelgan en paraguas, en cuerdas improvisadas y plastifican las hojas para que no se estropeen.

Foto: Luca Casartelli
Foto: Luca Casartelli

La idea es que si alguien resulta interesado en los susodichos, intercambien contactos y ocasionen una cita a ciegas, sin el conocimiento de sus hijos. La situación perfecta es que estos no se enteren de que su encuentro ha sido organizado, pero conecten entre ellos y empiecen a frecuentarse.

Los anuncios, lejos de hablar sobre la personalidad de estos jóvenes, incluyen detalles como la edad, el peso (la mayoría no incluyen fotografía), la cantidad de másteres o carreras que han estudiado, el sueldo que cobran y los orígenes. Estos últimos son especialmente importantes porque en China, debido a una ley ya reformada llamada Hukou, durante muchos años solo se tenían derechos y subvenciones en el lugar de nacimiento, por lo tanto nacer en Anhui y vivir en Shangái, por ejemplo, significaba no tener acceso a ciertos servicios públicos.

Foto: Spezz
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El mercado se toma muy en serio: no son bienvenidos turistas ni fotógrafos. Los padres que están allí, muchas veces sin que los hijos lo sepan, pasan el día entero aunque llueva o haya bajas temperaturas con la esperanza de resolver una situación que les genera ansiedad. Su creación ha tenido tanto éxito que ha ido extendiéndose según avanzan los años y se ha reproducido en otras ciudades de China continental.

No importa la negativa de los hijos ante estas medidas, ni la falta de libertad que implica mercantilizar una relación, ni que las tradiciones chinas estén quedándose atrás en el avance de la sociedad: el objetivo, pase lo que pase, es que al final haya casamiento.

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