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30 de noviembre 2018    /   IDEAS
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La ciudad china diseñada por un español: los edificios producirán energía con ‘blockchain’

30 de noviembre 2018    /   IDEAS     por          
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La arqueología de la ciudad china de Shenzhen es una montaña rusa (que ahora alojará competiciones de drones). Esta urbe nació sin aleatoriedades. Su objetivo, desde el principio, fue crecer rápido y con una idea de arquitectura del futuro. El enclave, situado en el delta del río de las Perlas, cerca de Hong Kong, acumula solo 39 años de historia.

En este lugar, el equipo de un español, Vicente Guallart (Guallart Architects), ha ganado un concurso para diseñar una porción de futuro. La tecnología informática y la tecnología arquitectónica se aunarán para generar un centro urbano autosuficiente centrado en el respeto al medioambiente y a la vida.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

«Shenzhen cuenta con unos 12 millones de habitantes y tiene un modelo de ciudad descentralizada, tiene seis centros que son como Detroit», explica Guallart. Igual que antiguamente se levantaban civilizaciones al costado de los ríos, este enclave crece en los lugares donde confluyen el curso de más líneas de metro y de tren.

«El lugar donde se desarrollará el proyecto había quedado obsoleto, pero tenía buena conectividad». Shenzhen mide unos 40 kilómetros de lado a lado y es la sede de empresas como Huawei, ZTE, One Plus, Hasee… «Tiene una gran capacidad de atracción».

Las imágenes en 3D del proyecto muestran una mezcla de edificaciones y naturaleza. Si no fuera por la disposición medida y limpia de los árboles y la vegetación, parecería un lugar fagocitado por el ecosistema. El ojo humano se ha acostumbrado que donde hay construcciones, el ladrillo es soberano indiscutible.

El compromiso de Guallart con los diseños que contribuyan a enjuagar la atmósfera y a eliminar la contaminación quedó asentado con la publicación del libro La ciudad autosuficiente. Este proyecto, que se empezará a construir en 2020, es el resultado de esa filosofía.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

«Uno de los elementos centrales de las nuevas ciudades es hacer que los edificios produzcan energía, la almacenen, la compartan con sus vecinos, la empleen en sus vehículos o la vendan a la red. Es lo que propone Tesla con tejas solares y baterías», señala.

Para gestionar estas transfusiones, Gualluart confía en el blockchain. «Todavía ninguna ciudad lo ha implementado, y se ha usado, sobre todo, para la moneda, pero la producción de energía distribuida será una de sus aplicaciones», aventura.

Será, anticipa, como un Youtube de la energía. «Ahora, los edificios consumen la energía que otros [centrales nucleares o de renovables] producen; el gran reto es que empiecen a producirla ellos mismos. Será muy útil, también, para acabar con la pobreza energética».

Dentro de la planificación de Guallart, se incluye un edificio de 200 metros de madera («la madera es un material del futuro», reconoce) recorrido por árboles. Parece la montaña de un planeta desconocido. «He trabajado siempre con la idea de que si la ciudad es un paisaje, los edificios son montañas. No tienen por qué ser solo cubos, pueden usar otras formas y geometrías, como la fractal». La edificación albergará un centro de convenciones para 5.000 personas y un hotel.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

El epicentro del nuevo centro urbano, la necesidad primera planteada en el concurso, era la creación de un corredor ecológico que uniera la montaña con el mar. La solución diseñada manda bajo tierra el tráfico de vehículos y regala la superficie a los vecinos.

El corredor será una zona verde gigantesca (cuatro kilómetros de largo y anchuras que van de 200 metros a 800), pero su objetivo no es solo lucir color y florecer. «Los parques han de ser parques equipados, activos; que no se limiten a servir de vías de paseo», especifica el arquitecto. Será un espacio adaptado a lógicas comunitarias y de socialización: parques, agricultura ecológica, gastronomía o deportes.

Su trabajo se expone actualmente en el Instituto Cervantes de Pekín bajo el título de Ecologías Urbanas y junto con la obra del paisajista Ya Kongjian.

En julio de 2017, según informó The New York Times, China expresó su interés en liderar la construcción de una ecocivilización. Ante esta expresión grandilocuente, Guallart muestra cierta prudencia, pero a la vez confiesa su entusiasmo. «Tenemos que asumir que las ciudades del siglo XXI deben ser muy diferentes a las del pasado».

La arqueología de la ciudad china de Shenzhen es una montaña rusa (que ahora alojará competiciones de drones). Esta urbe nació sin aleatoriedades. Su objetivo, desde el principio, fue crecer rápido y con una idea de arquitectura del futuro. El enclave, situado en el delta del río de las Perlas, cerca de Hong Kong, acumula solo 39 años de historia.

En este lugar, el equipo de un español, Vicente Guallart (Guallart Architects), ha ganado un concurso para diseñar una porción de futuro. La tecnología informática y la tecnología arquitectónica se aunarán para generar un centro urbano autosuficiente centrado en el respeto al medioambiente y a la vida.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

«Shenzhen cuenta con unos 12 millones de habitantes y tiene un modelo de ciudad descentralizada, tiene seis centros que son como Detroit», explica Guallart. Igual que antiguamente se levantaban civilizaciones al costado de los ríos, este enclave crece en los lugares donde confluyen el curso de más líneas de metro y de tren.

«El lugar donde se desarrollará el proyecto había quedado obsoleto, pero tenía buena conectividad». Shenzhen mide unos 40 kilómetros de lado a lado y es la sede de empresas como Huawei, ZTE, One Plus, Hasee… «Tiene una gran capacidad de atracción».

Las imágenes en 3D del proyecto muestran una mezcla de edificaciones y naturaleza. Si no fuera por la disposición medida y limpia de los árboles y la vegetación, parecería un lugar fagocitado por el ecosistema. El ojo humano se ha acostumbrado que donde hay construcciones, el ladrillo es soberano indiscutible.

El compromiso de Guallart con los diseños que contribuyan a enjuagar la atmósfera y a eliminar la contaminación quedó asentado con la publicación del libro La ciudad autosuficiente. Este proyecto, que se empezará a construir en 2020, es el resultado de esa filosofía.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

«Uno de los elementos centrales de las nuevas ciudades es hacer que los edificios produzcan energía, la almacenen, la compartan con sus vecinos, la empleen en sus vehículos o la vendan a la red. Es lo que propone Tesla con tejas solares y baterías», señala.

Para gestionar estas transfusiones, Gualluart confía en el blockchain. «Todavía ninguna ciudad lo ha implementado, y se ha usado, sobre todo, para la moneda, pero la producción de energía distribuida será una de sus aplicaciones», aventura.

Será, anticipa, como un Youtube de la energía. «Ahora, los edificios consumen la energía que otros [centrales nucleares o de renovables] producen; el gran reto es que empiecen a producirla ellos mismos. Será muy útil, también, para acabar con la pobreza energética».

Dentro de la planificación de Guallart, se incluye un edificio de 200 metros de madera («la madera es un material del futuro», reconoce) recorrido por árboles. Parece la montaña de un planeta desconocido. «He trabajado siempre con la idea de que si la ciudad es un paisaje, los edificios son montañas. No tienen por qué ser solo cubos, pueden usar otras formas y geometrías, como la fractal». La edificación albergará un centro de convenciones para 5.000 personas y un hotel.

© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency
© Guallart Architects/ Pati Nuñez Agency

El epicentro del nuevo centro urbano, la necesidad primera planteada en el concurso, era la creación de un corredor ecológico que uniera la montaña con el mar. La solución diseñada manda bajo tierra el tráfico de vehículos y regala la superficie a los vecinos.

El corredor será una zona verde gigantesca (cuatro kilómetros de largo y anchuras que van de 200 metros a 800), pero su objetivo no es solo lucir color y florecer. «Los parques han de ser parques equipados, activos; que no se limiten a servir de vías de paseo», especifica el arquitecto. Será un espacio adaptado a lógicas comunitarias y de socialización: parques, agricultura ecológica, gastronomía o deportes.

Su trabajo se expone actualmente en el Instituto Cervantes de Pekín bajo el título de Ecologías Urbanas y junto con la obra del paisajista Ya Kongjian.

En julio de 2017, según informó The New York Times, China expresó su interés en liderar la construcción de una ecocivilización. Ante esta expresión grandilocuente, Guallart muestra cierta prudencia, pero a la vez confiesa su entusiasmo. «Tenemos que asumir que las ciudades del siglo XXI deben ser muy diferentes a las del pasado».

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Opiniones 2
  • Yo viajo a las ciudades en busca de arquitectura histórica, pero también de nueva arquitectura. Y como yo, mucha gente. Empieza a haber un turismo entorno a la arquitectura moderna: Guggenheim Bilbao, Dubai, puertos como los de Hamburgo, Oslo y Düsseldorf son ejemplos muy claros.

    A este rincón de China, también iría.

  • Además de aire libre,se necesita tiempo libre para recorrerlo.Para no mencionar juventud,piernas y entusiasmo. Con el urbanismo solamente,es difícil cambiar un estilo de vida.
    Arq. María Rosa Senet.

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