16 de julio 2020    /   ENTRETENIMIENTO
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Enrique Gallud Jardiel: «La gente se ha vuelto extremadamente susceptible y ha perdido la capacidad de saber reírse de sí misma»

16 de julio 2020    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El humor es algo muy serio. No basta con ser gracioso para hacer reír a un lector o a un espectador en un teatro. Hace falta seguir unos códigos, armar bien la trama, jugar hábilmente con el lenguaje sin caer en lo soez y buscar la risa del público incluso desde la portada de tu libro o el cartel de la obra que se va a representar.

De todo esto habla Enrique Gallud Jardiel, escritor, ensayista y doctor en Filología Hispánica (y nieto del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela) en su libro titulado Cómo escribir humor, publicado por Pie de Página.

Si hay algo que queda claro en tu libro es que escribir humor no es fácil. ¿De verdad que no basta solo con ser gracioso? ¿Es tan serio el humor como lo pintas?

El humor no es fácil, porque no surge de las emociones humanas que todos podemos sentir, sino de una técnica narrativa que muy pocos estudian y muy pocos dominan. La historia dramática de cómo el camión atropelló al niño nos conmueve de por sí, aunque se nos cuente mal. Una historia cómica mal contada no nos hace reír.

El humor precisa del dominio de la técnica de manejar sus recursos. Y en cuanto a si es serio, creo que sí; es un elemento que le sirve al hombre para dos cosas: para disfrutar y alegrarse (lo cual es importantísimo) y para censurar y satirizar los males sociales (para que el mundo mejore).

«El humor es como las ranas: se puede diseccionar, pero entonces muere». ¿Por qué no estás de acuerdo con esa afirmación?

Porque la explicación del humor puede ser contraproducente si se cuenta un chiste, pero en una narración más amplia, se puede crear humor a partir del proceso de crear humor. Yo empleo mis errores como materia cómica en lugar de corregirlos.

Si escribo una broma de poca calidad, en lugar de eliminarla lo que hago es realzarla y comentarla. Puedo poner una nota al pie, supuestamente escrita por el editor, diciendo algo así como: «Este Gallud Jardiel es un escritor pésimo. No sé por qué hemos publicado su libro. Fíjense en qué chiste tan malo les acaba de contar. Le pedimos perdón al lector en nombre de la editorial». De esta manera, la disección del humor no es solo un proceso de análisis para eruditos, sino que crea más humor.

Para que una obra humorística funcione, ¿qué es fundamental que cumpla? ¿De dónde debe partir el humor?

Una obra humorística precisa de la originalidad. Si podemos imaginar lo que va a pasar o lo que se nos va a contar, no se produce risa. La risa surge de lo que no es habitual. Surge de la sorpresa, del absurdo, de la exageración, de la inversión de valores, del contraste… No surge de lo previsible. El humor debe partir de lo distinto y es obligación del humorista poseer un estilo propio e inconfundible. Si se parece a otro, nunca triunfará. Será uno más contando chistes de barra de bar.

Te has centrado en la literatura y en el teatro. ¿Funciona igual todo lo que cuentas en otras facetas del humor como los monólogos tipo El club de la comedia o en chistes gráficos?

Lo que cuento en el libro funciona con todos los géneros, aunque, evidentemente, hay factores (duración, nivel de dificultad) que han de variar según a dónde vaya dirigido el humor. Los monólogos televisivos no son sino concatenación de chistes sobre el mismo tema. Y los chistes no suelen ser originales, sino más prehistóricos que otra cosa. Por ello es muy importante la personalidad y vis comica del que los cuenta.

Las viñetas añaden el elemento caricaturesco –que el texto escrito no tiene–, pero, en cambio, su validez es mucho menor en el tiempo y al cabo de unos meses es posible que no sepamos a qué se refería esa viñeta crítica que tanto nos hizo reír en su momento. Es un género con fecha de caducidad.

¿Y en distintas lenguas? ¿El humor es universal o depende de cada idioma?

El humor no es universal. Hay pueblos que se ríen con unas cosas y otros, con otras. Sí hay similitudes entre los pueblos de lenguas indoeuropeas, por ejemplo. Pero, en general, la risa se adapta a la cultura de un lugar y, sobre todo, a su lengua. Esto lo sabemos muy bien los que hemos intentado traducir obras cómicas a otros idiomas y nos hemos encontrado con que la mayoría de los efectos humorísticos se perdían.

Me llama la atención algo que dices en las reglas generales: los aspectos visuales de una obra humorística son muy importantes; un libro de humor no solo debe serlo sino parecerlo.

Esto es puro marketing. Los colorines en la portada no encajan con un libro de filosofía y, de la misma manera, un aspecto visual serio no sirve para vender el humor. Este aspecto visual es cada vez más importante; de ahí que haya cada vez más humoristas gráficos y menos textuales. Revistas como El Jueves no incluyen prácticamente texto escrito. Hace cincuenta años, La Codorniz sí lo hacía.

Me encanta la paradoja que planteas: el humor debe saltarse las reglas, pero a la vez, respetar otras internas.

Por saltarse las reglas quiero decir que el humor puede romper la estructura clásica de la narración. Es más: debe hacerlo, so pena de quedar anticuado. Pero todos sabemos que hay chistes graciosos que, mal contados, no hacen gracia. Luego el orden, la intensidad, la elección de las palabras, etc., son elementos que deben cuidarse y respetarse.

¿Cómo es el humor hoy? ¿Ha perdido sutileza? ¿En qué ha cambiado?

El humor actual es más zafio de lo que solía ser. Emplea más disfemismos, más escatología que en otras épocas en que esos elementos se consideraban de mal gusto. Ningún autor del XIX hubiera escrito una palabra soez. Por otra parte, estamos pasando por un mal momento en el terreno del humor, porque la gente se ha vuelto extremadamente susceptible y ha perdido la capacidad de saber reírse de sí misma. La corrección política está matando la creatividad.

Si cuentas un chiste sobre una señora que coge un taxi para ir al médico, los taxistas protestan, las señoras protestan, los médicos protestan también y, entre todos, te dejan casi sin temas sobre los que escribir.

¿Hay modas en el humor o lo que funciona una vez en una determinada época funciona en todas con algunas adaptaciones?

El humor cambia con el tiempo. A finales del siglo XIX las comedias cómicas se basaban principalmente en juegos de palabras que hoy en día el público no aceptaría sin protestar. En la actualidad prima la comedia de situación. Esto es solo un ejemplo. Los temas dramáticos (pasión, venganza) siguen funcionando como en la época de Eurípides, pero los cómicos se desgastan.

Si es tan difícil escribir comedia, ¿por qué no se le da la importancia que tiene?, ¿por qué se la considera algo menor?

Por falta de cultura y de perspicacia. La gente piensa que el humor es algo fácil de hacer y, consecuentemente, no es algo respetable. Ve una película cómica cuyo único objetivo es hacer reír, ríe con la película y, al salir del cine, piensa: «¡Qué gansada!». Esto es un grave error. Si el objetivo de la película era solo hacerte reír y lo consigue, entonces es una película magnífica.

Una película mala sería, por ejemplo, una película de terror que no te inspirase demasiado miedo. Pero el prejuicio contra el humor está ahí. El humor no gana premios. Grandes actores cómicos no han sido valorados hasta que no han hecho algo dramático (le pasó a Jack Lemmon con Salvad al tigre y a Alfredo Landa con El crack y Los santos inocentes).

Recalcas mucho la idea del conflicto, de la trama. ¿Podría decirse que ese sería el armazón y el lenguaje, el vestido que lo cubre?

Una estructura sólida es imprescindible para cualquier obra literaria, sea o no de humor. Hay muchas tramas flojas, repetitivas, inanes, y eso es mala literatura. En el caso del humor, recuerdo una frase de Jacinto Benavente que decía que para escribir una obra dramática, cuando se tiene el asunto ya se tiene todo, mientras que para escribir una obra cómica, cuando se tiene el asunto aún no se tiene nada. Hay que recubrirlo con ese vestido que mencionas.

«Evitar la emoción», ese es uno de los consejos que das para escribir humor. ¿No es eso animar a ser un poco cabroncete? ¿Dónde estaría el límite?

La emoción es una barrera para el humor. Tomemos el ejemplo más burdo. Podemos reír del que resbala con la piel de plátano. En cuanto le tengamos lástima, la risa desaparece. Esto no es ser malo. Debemos empatizar con los seres vivos y no reírnos de su sufrimiento, pero en ningún sitio está escrito que no nos podamos reír del sufrimiento ficticio de un personaje que no existe. Y para poder ver a este personaje en su vida ridícula o en medio de problemas, no tenemos que compadecernos de él, sino observar lo que le pasa con distanciamiento e indiferencia, porque, a fin de cuentas, a ese personaje no le pasa realmente nada, porque básicamente no existe.

En cuanto al límite del humor –un aspecto muy debatido últimamente, con referencia a caricaturas que han producido violencia–, yo diría lo siguiente: puedes reírte de todo, siempre y cuando no provoques un daño real. Si tu escrito hace que alguien –reaccionando exageradamente– haga daño a alguien, entonces el pacifismo impera sobre la libertad de expresión, por así decirlo. Si vas al zoo, metes la mano entre los barrotes de la jaula y le tiras de los bigotes al tigre, ya sabes a lo que te expones. El tigre puede reaccionar injusta y desmesuradamente al comerte la mano, pero tú ya lo sabías.

Además, si te paras a pensar en las sensibilidades de todo el mundo, entonces no puedes escribir nada, porque siempre habrá un manchego que te diga que, si te ríes de las peripecias don Quijote, le estás ofendiendo a él en su calidad de manchego. Hemos de saber desdramatizar y reírnos de nosotros mismos y de todos los demás. Leonardo dijo que había que reírse hasta de los muertos y yo estoy con Leonardo y no con los del papel de fumar.

El humor es algo muy serio. No basta con ser gracioso para hacer reír a un lector o a un espectador en un teatro. Hace falta seguir unos códigos, armar bien la trama, jugar hábilmente con el lenguaje sin caer en lo soez y buscar la risa del público incluso desde la portada de tu libro o el cartel de la obra que se va a representar.

De todo esto habla Enrique Gallud Jardiel, escritor, ensayista y doctor en Filología Hispánica (y nieto del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela) en su libro titulado Cómo escribir humor, publicado por Pie de Página.

Si hay algo que queda claro en tu libro es que escribir humor no es fácil. ¿De verdad que no basta solo con ser gracioso? ¿Es tan serio el humor como lo pintas?

El humor no es fácil, porque no surge de las emociones humanas que todos podemos sentir, sino de una técnica narrativa que muy pocos estudian y muy pocos dominan. La historia dramática de cómo el camión atropelló al niño nos conmueve de por sí, aunque se nos cuente mal. Una historia cómica mal contada no nos hace reír.

El humor precisa del dominio de la técnica de manejar sus recursos. Y en cuanto a si es serio, creo que sí; es un elemento que le sirve al hombre para dos cosas: para disfrutar y alegrarse (lo cual es importantísimo) y para censurar y satirizar los males sociales (para que el mundo mejore).

«El humor es como las ranas: se puede diseccionar, pero entonces muere». ¿Por qué no estás de acuerdo con esa afirmación?

Porque la explicación del humor puede ser contraproducente si se cuenta un chiste, pero en una narración más amplia, se puede crear humor a partir del proceso de crear humor. Yo empleo mis errores como materia cómica en lugar de corregirlos.

Si escribo una broma de poca calidad, en lugar de eliminarla lo que hago es realzarla y comentarla. Puedo poner una nota al pie, supuestamente escrita por el editor, diciendo algo así como: «Este Gallud Jardiel es un escritor pésimo. No sé por qué hemos publicado su libro. Fíjense en qué chiste tan malo les acaba de contar. Le pedimos perdón al lector en nombre de la editorial». De esta manera, la disección del humor no es solo un proceso de análisis para eruditos, sino que crea más humor.

Para que una obra humorística funcione, ¿qué es fundamental que cumpla? ¿De dónde debe partir el humor?

Una obra humorística precisa de la originalidad. Si podemos imaginar lo que va a pasar o lo que se nos va a contar, no se produce risa. La risa surge de lo que no es habitual. Surge de la sorpresa, del absurdo, de la exageración, de la inversión de valores, del contraste… No surge de lo previsible. El humor debe partir de lo distinto y es obligación del humorista poseer un estilo propio e inconfundible. Si se parece a otro, nunca triunfará. Será uno más contando chistes de barra de bar.

Te has centrado en la literatura y en el teatro. ¿Funciona igual todo lo que cuentas en otras facetas del humor como los monólogos tipo El club de la comedia o en chistes gráficos?

Lo que cuento en el libro funciona con todos los géneros, aunque, evidentemente, hay factores (duración, nivel de dificultad) que han de variar según a dónde vaya dirigido el humor. Los monólogos televisivos no son sino concatenación de chistes sobre el mismo tema. Y los chistes no suelen ser originales, sino más prehistóricos que otra cosa. Por ello es muy importante la personalidad y vis comica del que los cuenta.

Las viñetas añaden el elemento caricaturesco –que el texto escrito no tiene–, pero, en cambio, su validez es mucho menor en el tiempo y al cabo de unos meses es posible que no sepamos a qué se refería esa viñeta crítica que tanto nos hizo reír en su momento. Es un género con fecha de caducidad.

¿Y en distintas lenguas? ¿El humor es universal o depende de cada idioma?

El humor no es universal. Hay pueblos que se ríen con unas cosas y otros, con otras. Sí hay similitudes entre los pueblos de lenguas indoeuropeas, por ejemplo. Pero, en general, la risa se adapta a la cultura de un lugar y, sobre todo, a su lengua. Esto lo sabemos muy bien los que hemos intentado traducir obras cómicas a otros idiomas y nos hemos encontrado con que la mayoría de los efectos humorísticos se perdían.

Me llama la atención algo que dices en las reglas generales: los aspectos visuales de una obra humorística son muy importantes; un libro de humor no solo debe serlo sino parecerlo.

Esto es puro marketing. Los colorines en la portada no encajan con un libro de filosofía y, de la misma manera, un aspecto visual serio no sirve para vender el humor. Este aspecto visual es cada vez más importante; de ahí que haya cada vez más humoristas gráficos y menos textuales. Revistas como El Jueves no incluyen prácticamente texto escrito. Hace cincuenta años, La Codorniz sí lo hacía.

Me encanta la paradoja que planteas: el humor debe saltarse las reglas, pero a la vez, respetar otras internas.

Por saltarse las reglas quiero decir que el humor puede romper la estructura clásica de la narración. Es más: debe hacerlo, so pena de quedar anticuado. Pero todos sabemos que hay chistes graciosos que, mal contados, no hacen gracia. Luego el orden, la intensidad, la elección de las palabras, etc., son elementos que deben cuidarse y respetarse.

¿Cómo es el humor hoy? ¿Ha perdido sutileza? ¿En qué ha cambiado?

El humor actual es más zafio de lo que solía ser. Emplea más disfemismos, más escatología que en otras épocas en que esos elementos se consideraban de mal gusto. Ningún autor del XIX hubiera escrito una palabra soez. Por otra parte, estamos pasando por un mal momento en el terreno del humor, porque la gente se ha vuelto extremadamente susceptible y ha perdido la capacidad de saber reírse de sí misma. La corrección política está matando la creatividad.

Si cuentas un chiste sobre una señora que coge un taxi para ir al médico, los taxistas protestan, las señoras protestan, los médicos protestan también y, entre todos, te dejan casi sin temas sobre los que escribir.

¿Hay modas en el humor o lo que funciona una vez en una determinada época funciona en todas con algunas adaptaciones?

El humor cambia con el tiempo. A finales del siglo XIX las comedias cómicas se basaban principalmente en juegos de palabras que hoy en día el público no aceptaría sin protestar. En la actualidad prima la comedia de situación. Esto es solo un ejemplo. Los temas dramáticos (pasión, venganza) siguen funcionando como en la época de Eurípides, pero los cómicos se desgastan.

Si es tan difícil escribir comedia, ¿por qué no se le da la importancia que tiene?, ¿por qué se la considera algo menor?

Por falta de cultura y de perspicacia. La gente piensa que el humor es algo fácil de hacer y, consecuentemente, no es algo respetable. Ve una película cómica cuyo único objetivo es hacer reír, ríe con la película y, al salir del cine, piensa: «¡Qué gansada!». Esto es un grave error. Si el objetivo de la película era solo hacerte reír y lo consigue, entonces es una película magnífica.

Una película mala sería, por ejemplo, una película de terror que no te inspirase demasiado miedo. Pero el prejuicio contra el humor está ahí. El humor no gana premios. Grandes actores cómicos no han sido valorados hasta que no han hecho algo dramático (le pasó a Jack Lemmon con Salvad al tigre y a Alfredo Landa con El crack y Los santos inocentes).

Recalcas mucho la idea del conflicto, de la trama. ¿Podría decirse que ese sería el armazón y el lenguaje, el vestido que lo cubre?

Una estructura sólida es imprescindible para cualquier obra literaria, sea o no de humor. Hay muchas tramas flojas, repetitivas, inanes, y eso es mala literatura. En el caso del humor, recuerdo una frase de Jacinto Benavente que decía que para escribir una obra dramática, cuando se tiene el asunto ya se tiene todo, mientras que para escribir una obra cómica, cuando se tiene el asunto aún no se tiene nada. Hay que recubrirlo con ese vestido que mencionas.

«Evitar la emoción», ese es uno de los consejos que das para escribir humor. ¿No es eso animar a ser un poco cabroncete? ¿Dónde estaría el límite?

La emoción es una barrera para el humor. Tomemos el ejemplo más burdo. Podemos reír del que resbala con la piel de plátano. En cuanto le tengamos lástima, la risa desaparece. Esto no es ser malo. Debemos empatizar con los seres vivos y no reírnos de su sufrimiento, pero en ningún sitio está escrito que no nos podamos reír del sufrimiento ficticio de un personaje que no existe. Y para poder ver a este personaje en su vida ridícula o en medio de problemas, no tenemos que compadecernos de él, sino observar lo que le pasa con distanciamiento e indiferencia, porque, a fin de cuentas, a ese personaje no le pasa realmente nada, porque básicamente no existe.

En cuanto al límite del humor –un aspecto muy debatido últimamente, con referencia a caricaturas que han producido violencia–, yo diría lo siguiente: puedes reírte de todo, siempre y cuando no provoques un daño real. Si tu escrito hace que alguien –reaccionando exageradamente– haga daño a alguien, entonces el pacifismo impera sobre la libertad de expresión, por así decirlo. Si vas al zoo, metes la mano entre los barrotes de la jaula y le tiras de los bigotes al tigre, ya sabes a lo que te expones. El tigre puede reaccionar injusta y desmesuradamente al comerte la mano, pero tú ya lo sabías.

Además, si te paras a pensar en las sensibilidades de todo el mundo, entonces no puedes escribir nada, porque siempre habrá un manchego que te diga que, si te ríes de las peripecias don Quijote, le estás ofendiendo a él en su calidad de manchego. Hemos de saber desdramatizar y reírnos de nosotros mismos y de todos los demás. Leonardo dijo que había que reírse hasta de los muertos y yo estoy con Leonardo y no con los del papel de fumar.

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