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29 de octubre 2018    /   IDEAS
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¿Estás seguro de que no eres (un poco) facha?

29 de octubre 2018    /   IDEAS     por          
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El fascismo es una ideología política. Una ideología que, cuando se estructura en partido, tiene consecuencias letales, tal como se vio en la Segunda Guerra Mundial. Pero antes de eso, el fascismo es un estado de opinión desestructurado. Una forma de ver el mundo que suele darse ante las frustraciones producidas por una crisis económica y sus devastadoras consecuencias en las expectativas de cada uno.

Lo que sucede es que esta forma incipiente de protofascismo resulta difícil de identificar porque su visión totalitaria se camufla en todas las demás ideologías, permaneciendo en el interior de las mismas a modo de tumor maligno presto a la metástasis cuando se den las condiciones necesarias. Por ejemplo, ante un miedo desaforado al futuro mezclado con una sublimación del pasado.

Si a ello le añadimos la aparición de un líder carismático capaz de convencernos de que el origen de todos nuestros males proviene del exterior (otro país, otra raza, otra clase social, otro sexo…), el odio está servido.

El problema es grave, porque al fascismo no se le ve venir. Y eso sucede porque fascistas puros hay muy pocos. El peligro, el verdadero peligro, está en ese fascista que, en mayor o menor porcentaje, todos llevamos dentro. Ese es contra el que hay que luchar. Y no tanto señalando al de los demás como identificando y corrigiendo el nuestro.

Por muy demócratas que seamos, por mucho que aborrezcamos las actitudes totalitarias, siempre hay un tema en el que perdemos ese nivel de objetividad del que tanto nos jactamos, ante los demás y ante nosotros mismos.

O tal vez no. Tal vez en tu caso no se dé esta situación en absoluto y estemos ante el perfecto demócrata que muchos queremos llegar a ser. Para comprobarlo, basta con que leas las siguientes 20 aseveraciones y descubras que jamás te has identificado con ninguna de ellas. Si es así, chapeau. Ojalá hubiera mucha más gente como tú.

  • Lo de Cataluña lo arreglaba yo en un día.
  • En Madrid son todos unos fachas.
  • Libertad, sí. Pero no libertinaje.
  • ¡Habla en cristiano, coño!
  • Estas cosas antes no pasaban.
  • Los extranjeros vienen aquí a que les curemos gratis.
  • La culpa de todo es de… (pon aquí a quien quieras)
  • Si tanto te gustan los emigrantes, ¿por qué no los metes en tu casa?
  • Yo sí te creo.
  • El dinero de las pensiones nos lo gastamos votando.
  • El aborto es un crimen.
  • Aquí lo que faltan son cojones para tomar medidas.
  • El feminismo es cosa de bolleras.
  • Los políticos son todos iguales.
  • Europa nos roba.
  • Se está rompiendo la familia.
  • Los hombres son todos unos machistas de mierda.
  • Ya no se respeta ni…
  • Si es que se lo van buscando…
  • Pues que se vuelvan a su pueblo.

Puede que te moleste que alguna de estas frases esté en el listado. Porque eso no es ser fascista. Una cosa no tiene que ver con la otra, concluirás molesto.

Tiene que ver. La tolerancia, el respeto a la ley, la presunción de inocencia, la defensa de las instituciones democráticas, la ausencia de prejuicios, la compasión y la empatía nos vacunan contra un fascismo que permanece, disfrazado pero latente, esperando su oportunidad para regresar de nuevo.

El fascismo es una ideología política. Una ideología que, cuando se estructura en partido, tiene consecuencias letales, tal como se vio en la Segunda Guerra Mundial. Pero antes de eso, el fascismo es un estado de opinión desestructurado. Una forma de ver el mundo que suele darse ante las frustraciones producidas por una crisis económica y sus devastadoras consecuencias en las expectativas de cada uno.

Lo que sucede es que esta forma incipiente de protofascismo resulta difícil de identificar porque su visión totalitaria se camufla en todas las demás ideologías, permaneciendo en el interior de las mismas a modo de tumor maligno presto a la metástasis cuando se den las condiciones necesarias. Por ejemplo, ante un miedo desaforado al futuro mezclado con una sublimación del pasado.

Si a ello le añadimos la aparición de un líder carismático capaz de convencernos de que el origen de todos nuestros males proviene del exterior (otro país, otra raza, otra clase social, otro sexo…), el odio está servido.

El problema es grave, porque al fascismo no se le ve venir. Y eso sucede porque fascistas puros hay muy pocos. El peligro, el verdadero peligro, está en ese fascista que, en mayor o menor porcentaje, todos llevamos dentro. Ese es contra el que hay que luchar. Y no tanto señalando al de los demás como identificando y corrigiendo el nuestro.

Por muy demócratas que seamos, por mucho que aborrezcamos las actitudes totalitarias, siempre hay un tema en el que perdemos ese nivel de objetividad del que tanto nos jactamos, ante los demás y ante nosotros mismos.

O tal vez no. Tal vez en tu caso no se dé esta situación en absoluto y estemos ante el perfecto demócrata que muchos queremos llegar a ser. Para comprobarlo, basta con que leas las siguientes 20 aseveraciones y descubras que jamás te has identificado con ninguna de ellas. Si es así, chapeau. Ojalá hubiera mucha más gente como tú.

  • Lo de Cataluña lo arreglaba yo en un día.
  • En Madrid son todos unos fachas.
  • Libertad, sí. Pero no libertinaje.
  • ¡Habla en cristiano, coño!
  • Estas cosas antes no pasaban.
  • Los extranjeros vienen aquí a que les curemos gratis.
  • La culpa de todo es de… (pon aquí a quien quieras)
  • Si tanto te gustan los emigrantes, ¿por qué no los metes en tu casa?
  • Yo sí te creo.
  • El dinero de las pensiones nos lo gastamos votando.
  • El aborto es un crimen.
  • Aquí lo que faltan son cojones para tomar medidas.
  • El feminismo es cosa de bolleras.
  • Los políticos son todos iguales.
  • Europa nos roba.
  • Se está rompiendo la familia.
  • Los hombres son todos unos machistas de mierda.
  • Ya no se respeta ni…
  • Si es que se lo van buscando…
  • Pues que se vuelvan a su pueblo.

Puede que te moleste que alguna de estas frases esté en el listado. Porque eso no es ser fascista. Una cosa no tiene que ver con la otra, concluirás molesto.

Tiene que ver. La tolerancia, el respeto a la ley, la presunción de inocencia, la defensa de las instituciones democráticas, la ausencia de prejuicios, la compasión y la empatía nos vacunan contra un fascismo que permanece, disfrazado pero latente, esperando su oportunidad para regresar de nuevo.

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Opiniones 21
    • Está perfectamente en la lista, precisamente referido a la violencia de género (del masculino al femenino, se entiende, puesto que al parecer es una violencia diferente al resto que se aplican entre sí los seres humanos). Se cree sin pruebas a una persona solo por su sexo sin atender a la presunción de inocencia, base de cualquier sistema legal. Además, la deriva de cierto feminismo es ciertamente totalitario. Así que muy bien incluido en la lista.

    • Desafortunada no, lo siguiente. Pero claro, el autor ya se ha vacunado contra las críticas relativizándolo todo. Ah y sí, incluyendo, para equilibrar jiji, la frase «el feminismo es cosa de bolleras».

      ¡Y encima apela a la empatía!

      A ver parq cuándo el artículo «¿Seguro que no eres machista?».

    • Estoy de acuerdo con Alejandro Sueiras. A mí también me ha chirriado al principio que esa frase estuviera en la lista (la única para mí además de la de Madrid, qué vergüenza :-)), pero he pensado lo mismo que responde Alejandro.¿Dónde queda la presunción de inocencia? A pesar de que los de la manada me caigan de pena y desee que los condenen, pero siendo realmente fieles al sentido democrático, hay que evitar ese totalitarismo que nos arrastra a todos. Solo hay que ver las respuestas encendidas que se han producido…Pufff!

      • Qué bueno, escribir un artículo supuestamente denunciando el fascismo, para de forma bastante retorcida acabar llamando feminazis a las feministas. ¿Quién podría hacer eso mejor que un publicista machirulo? Miguel Ángel Furones, creativo publicitario en Leo Burnett, siervo del capitalismo, y cuñao de manual.

  • Estoy con David Durà. Ahora resulta que es menos facha poner en duda a las víctimas femeninas (como se ha estado haciendo en este estado patriarcal) que creerlas.
    Yorokobu, ya es el segundo artículo muy ofensivo para el género femenino que leo en menos de un mes. Chapeau

    • Piensa que te acusaran a ti de violar a un niño. ¿Te parecería correcto un «yo sí te creo hermanito» de la sociedad y del sistema judicial previo a cualquier prueba en tu contra? ¿deberían encarcelarte primero e investigar después? ¿o sería mejor investigar qué pasó sin prejuicios ni en un sentido ni en otro?

  • La «duda metódica » siempre es buen antídoto, pero la búsqueda de la coherencia entre lo que se dice, se hace y se piensa, no lo evita, pero lo aclara… y no dejarse nublar la razón por el miedo y las emociones. Y nunca aceptar «ellos o nostros», ya que «ellos» suelen ser como «nosotros»… y el problema de las reiviin de injusticia, es que generalizan… pero eso no invalida esa reivindicación, tal vez las formas en que se hacen…. pero vivimos en el mundo del slogan, y los slogan son eso frases generales, simples que incluyen y excluyen al mismo tiempo… romper los slogans es difícil, pero necesario… creo, jajajaja

  • No.soy fascista pero tampoco ciego y la realidad es que hay cosas que sobran y por supuesto el adoctrinamiento es una de ellas ni fascismo ni comunismo y lo demás ni lo nombró que sino la lio

  • ¿»Yo si te creo» es de fascistas? En mi cabeza ha sonado como un disco rayado cuando he leído esa frase en esta lista tan peculiar.
    Quiero creer que es un error.
    Quiero.

  • El «yo sí te creo» está perfectamente en la lista, no entiendo que la gente se escandalice. Ante una sentencia bochornosa (que se desdecía a si misma para concluir que no había violación), la rabia social se derivó por el lado emocional: «yo si te creo» frente al «yo no te creo». Efectivamente, se puede estar muy en contra de la condena contra La Manada, por razones fundadas y tras haber leído la sentencia y por eso estar a favor del «la sentencia es injusta porque las pruebas eran contundentes» que es la antítesis del «yo te creo … porque como tu dices que eres víctima no hace falta que demuestres nada». En el primer caso volcamos nuestra rabia social en criticarlo e intentarlo cambiar, racional y eficazmente a pesar de que nos hierva la sangre, en el segundo la fuerza se disipa además en definirnos como «los que creen» y descalificar a «los que no creen» (cosa absurda, si se desprecian las pruebas y todo se basa en creencias, deberíamos asumir que cada cual «crea» lo que le de la gana).

    El error, repito, es doble: perdemos fuerza reivindicativa y capacidad de cambio porque todo se va en un «yo la creía, que injusto es el mundo», y nos conformamos con lo que hay, haciendo el juego a quien nos oprime, y en segundo lugar asumimos que un sistema de justicia debería fundarse en las creencias propias, no en las pruebas (por ahí va lo de fascismo), y con ello damos la razón a los que hoy por hoy emiten sentencias de esa manera: lo único que nos parece injusto es que creen lo contrario a nosotros, pero asumimos que la justicia debe ser emocional.

    A la vez, extremamos el discurso y establecemos que cualquiera que discuta » si hay que creer o hay que demostrar» es un machista recalcitrante: «yo creo, como osas argumentar». El fascismo es dogmático y contrapone a los poseedores de la verdad (nosotros) contra los no poseedores y no se «rebaja» a argumentar, sino a creer, la razón le pertenece desde el principio, la autocrítica y la revisión (¿Estás seguro de que no eres (un poco) facha?) son un ataque al dogma y exigen descalificar al que nos los solicite. Además, a base de repetir la cantinela se acaba estableciendo que madrileño=facha, hombre=machista y feminista=bollera y cualquiera que se atreva a decir «bueno, no todos las feministas somos…» se le acaba respondiendo «calla, bollera» «not all men…» o «claro que sí, facha». O el más socorrido «si no te sientes representado por qué te ofendes?», que es una manera de justificar la generalización y el hacer que dos conceptos sean sinónimos para descalificar a quien odiamos

    Que no lo digo yo, solo hay que leer los principios de propaganda de Goebbels y loas técnicas de manipulación mediática de Chomsky.

    Nos manipulan emocionalmente y tragamos, de hecho usamos la emoción demasiadas veces donde no deberíamos, porque va en nuestro propio perjuicio, y eso es una muestra de escasa inteligencia emocional.

  • Acojonante: escribir un artículo supuestamente denunciando el fascismo, para de forma bastante retorcida acabar llamando feminazis a las feministas. ¿Quién podría hacer eso mejor que un publicista machirulo? Miguel Ángel Furones, creativo publicitario en Leo Burnett, siervo del capitalismo, y cuñao de manual.

  • Yo si te creo es una de las frases más fascistas que puede existir . Y muchas personas de la nueva ola del feminismo tienen comportamientos calcados del fascismo más recalcitrante . El argumento de Yo si te creo es tan pobre que cuesta creer que haya sido tan fácil hacerlo popular . Yo me imagino a muchas de esas que andaban con el cartel , si vivieran en Estados Unidos donde 7 de cada 10 delitos son cometidos por negros o latinos , en una manifestación apoyando a una víctima blanca , gritando Yo si te creo herman@ , la estadística no miente ¿No?

    • Creo que si jugamos a hacer analogías, hagámoslas bien. El “ yo sí te creo” es más el de “persona negra apaleada por policías blancos con historial racista que argumentan que a ellos les intentó agreder él primero”. Y sin jugamos a usar números, menos del 0.05% de las denuncias de violación son falsas, así que si cogemos una sociedad machista+ un sistema de justícia ocupado mayoritariamente por hombres conservadores y mayores + una estadística de denuncias falsas irrisoria = me parece que nos sale que el “yo te creo” es un acto más antifascista que cualquier otra cosa.

  • «Yo sí te creo»… A menos que se DEMUESTRE que mientes. Lo siento, en este lado y por las razones históricas obvias estoy del lado de quien sea MUY PROBABLEMENTE la víctima.
    Por otra parte «La culpa es de… » Lo completé con «Los ultrarricos y sus lacayos que pervierten la democracia»… Puede un fascista en contra de quien le da de comer… No. Ergo, esto no me convierte en fascista.

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