13 de febrero 2015    /   CREATIVIDAD
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¿Es la beca Erasmus la mili del siglo XXI?

13 de febrero 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Te vas de Erasmus y echas condones en la maleta por si allí no hay. Metes también cinco litrazos de líquido de lentillas, una botella de aceite de oliva (porque por ahí es muy caro), una baraja española (para exportar el Mus) y unas cuantas fotos de tu novio (próximamente, tu exnovio).
Estas ‘marcianadas’ son habituales en la maleta de un Erasmus. Lo cuenta un libro titulado Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus y que sale a la venta el próximo 17 de febrero. La obra relata la cadencia clásica que sucede desde que un documento informa al alumno de que le han concedido la beca hasta que vuelve a casa. De la emoción inicial a los lagrimones finales.
Las autoras de esta obra son la ilustradora Amaia Arrazola y la periodista Raquel Piñeiro. En su libro, el Erasmus se presenta como «la mili del siglo XXI» y lo abordan como un relato anticipado de lo que todo becado suele pasar y desde el sentimiento de nostalgia que provoca en muchos de los que lo han vivido.
La obra arranca un día cualquiera en la vida de un estudiante que empieza a encontrar motivos para irse. Después llega el papeleo, las despedidas, la maleta, los nervios, la búsqueda de alojamiento, las clases, los nuevos amigos, las fiestas, las cosas que empieza a echar de menos (el teclado con ñ, las persianas, las tapas, el jamón…).
«Hay un imaginario colectivo de la beca Erasmus y eso es lo que hemos intentado contar», explica Amaia Arrazola.
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El libro tiene su origen en un artículo que escribió Raquel Piñeiro en la revista Conde Nast Traveler. El texto arrasó en las redes y eso hizo pensar a la editorial Lunwerg que a muchas personas le interesaba el tema. Unos, porque lo echaban de menos. Otros, porque querían saber de qué va el tema y, quizá, solicitar la beca.
Las autoras no se conocían hasta que les unió este proyecto en una sala de reuniones de la editorial. Pero había algo que tenían en común. Las dos habían salido fuera a estudiar. Arrazola, con una Erasmus, y Piñeiro, con una Séneca. Este conocimiento llenó el libro de anécdotas, recuerdos, experiencias y leyendas de estudiantes.
«Hemos trabajado de forma conjunta desde el principio al final del libro», relata la ilustradora. «Las dos conocíamos la experiencia de estudiar fuera y fuimos diseñando el contenido de los capítulos. Íbamos juntando las dos voces y así mezclábamos la nostalgia con el humor».
Este año las becas Erasmus cumplen 30 años. Desde que nacieron más de tres millones de europeos han ido a estudiar a universidades de otros países. Y si son tres millones de estudiantes, es probable que se hayan producido 300 millones de fiestas.
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«Hay que ir, acudir a todas, al menos al principio. La mejor forma de socializar y romper el hielo pasa a veces por reunirse con una multitud en un entorno esencialmente feo con una música que te desagrada bastante», cuentan en el libro. «Allí se comprende que a veces la diferencia entre la soledad más absoluta y la más sólida de las amistades pasa por salir un lunes y compartir tu euforia y tu miedo con un desconocido que está a punto de dejar de serlo».
Entre esos tres millones de estudiantes estaba Amaia Arrazola. Ella, por aquel entonces, cursaba publicidad. Estaba en París con esta beca y, allí, un día, en una fiesta, le presentaron a una chica. En esas fiestas las preguntas ‘cómo te llamas’, ‘de dónde eres’ y ‘qué estudias’ son como el martillo que no cesa. Es la conversación bucle de la que nunca puedes salir. Pero en esa ocasión resultó reveladora.
Amaia dijo que estudiaba publicidad y la francesa contó que era ilustradora.
–¿Que eres qué?
–Ilustradora.
–¿Qué es ser ilustradora?
–Dibujar para clientes.
Y Amaia supo de inmediato lo que quería hacer el resto de su vida. Se apuntó a clase de dibujo y su respuesta al loop de preguntas de Erasmus esta vez sería asÍ:
–Ilustradora.
Pero antes de las fiestas suele producirse otro de los grandes clásicos: las cenas internacionales. Esos encuentros donde si hay un español, hay tortilla de patatas. Si hay un francés, hay queso. Y como comida del mundo suele estar un planto de hummus, guacamole, pizza y ensaladas. Mmm… y a menudo falta algo. ¡Servilletas! No importa. El papel higiénico hace la misma función.
El libro también presenta una tipología de personajes habituales en los Erasmus. El mentor, el ‘profesor majo que te soluciona el acuerdo de estudios’, el que conoce a todo el mundo y organiza los planes, el ‘yo no me mezclo con Erasmus’ o el ‘yo estoy aquí para estudiar’.
Y, para terminar, la vuelta a casa. El adiós a tu amor guiri, las fiestas de despedida y el amargo sinsabor de regresar a lo de siempre. El Erasmus «es un comienzo esperanzador, un cambio total, ponerte a prueba, hacerte adulto, aprender, equivocarte, pasarlo mal, no parar de reír, descubrir lo grande que puede ser el mundo y lo pequeños que podemos ser nosotros», dice el libro. «Es una de esas épocas que pasan por tu vida tan intensas como breves, pero capaces de quedarse en tu memoria para siempre. Quien lo probó lo sabe».
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Te vas de Erasmus y echas condones en la maleta por si allí no hay. Metes también cinco litrazos de líquido de lentillas, una botella de aceite de oliva (porque por ahí es muy caro), una baraja española (para exportar el Mus) y unas cuantas fotos de tu novio (próximamente, tu exnovio).
Estas ‘marcianadas’ son habituales en la maleta de un Erasmus. Lo cuenta un libro titulado Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus y que sale a la venta el próximo 17 de febrero. La obra relata la cadencia clásica que sucede desde que un documento informa al alumno de que le han concedido la beca hasta que vuelve a casa. De la emoción inicial a los lagrimones finales.
Las autoras de esta obra son la ilustradora Amaia Arrazola y la periodista Raquel Piñeiro. En su libro, el Erasmus se presenta como «la mili del siglo XXI» y lo abordan como un relato anticipado de lo que todo becado suele pasar y desde el sentimiento de nostalgia que provoca en muchos de los que lo han vivido.
La obra arranca un día cualquiera en la vida de un estudiante que empieza a encontrar motivos para irse. Después llega el papeleo, las despedidas, la maleta, los nervios, la búsqueda de alojamiento, las clases, los nuevos amigos, las fiestas, las cosas que empieza a echar de menos (el teclado con ñ, las persianas, las tapas, el jamón…).
«Hay un imaginario colectivo de la beca Erasmus y eso es lo que hemos intentado contar», explica Amaia Arrazola.
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El libro tiene su origen en un artículo que escribió Raquel Piñeiro en la revista Conde Nast Traveler. El texto arrasó en las redes y eso hizo pensar a la editorial Lunwerg que a muchas personas le interesaba el tema. Unos, porque lo echaban de menos. Otros, porque querían saber de qué va el tema y, quizá, solicitar la beca.
Las autoras no se conocían hasta que les unió este proyecto en una sala de reuniones de la editorial. Pero había algo que tenían en común. Las dos habían salido fuera a estudiar. Arrazola, con una Erasmus, y Piñeiro, con una Séneca. Este conocimiento llenó el libro de anécdotas, recuerdos, experiencias y leyendas de estudiantes.
«Hemos trabajado de forma conjunta desde el principio al final del libro», relata la ilustradora. «Las dos conocíamos la experiencia de estudiar fuera y fuimos diseñando el contenido de los capítulos. Íbamos juntando las dos voces y así mezclábamos la nostalgia con el humor».
Este año las becas Erasmus cumplen 30 años. Desde que nacieron más de tres millones de europeos han ido a estudiar a universidades de otros países. Y si son tres millones de estudiantes, es probable que se hayan producido 300 millones de fiestas.
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«Hay que ir, acudir a todas, al menos al principio. La mejor forma de socializar y romper el hielo pasa a veces por reunirse con una multitud en un entorno esencialmente feo con una música que te desagrada bastante», cuentan en el libro. «Allí se comprende que a veces la diferencia entre la soledad más absoluta y la más sólida de las amistades pasa por salir un lunes y compartir tu euforia y tu miedo con un desconocido que está a punto de dejar de serlo».
Entre esos tres millones de estudiantes estaba Amaia Arrazola. Ella, por aquel entonces, cursaba publicidad. Estaba en París con esta beca y, allí, un día, en una fiesta, le presentaron a una chica. En esas fiestas las preguntas ‘cómo te llamas’, ‘de dónde eres’ y ‘qué estudias’ son como el martillo que no cesa. Es la conversación bucle de la que nunca puedes salir. Pero en esa ocasión resultó reveladora.
Amaia dijo que estudiaba publicidad y la francesa contó que era ilustradora.
–¿Que eres qué?
–Ilustradora.
–¿Qué es ser ilustradora?
–Dibujar para clientes.
Y Amaia supo de inmediato lo que quería hacer el resto de su vida. Se apuntó a clase de dibujo y su respuesta al loop de preguntas de Erasmus esta vez sería asÍ:
–Ilustradora.
Pero antes de las fiestas suele producirse otro de los grandes clásicos: las cenas internacionales. Esos encuentros donde si hay un español, hay tortilla de patatas. Si hay un francés, hay queso. Y como comida del mundo suele estar un planto de hummus, guacamole, pizza y ensaladas. Mmm… y a menudo falta algo. ¡Servilletas! No importa. El papel higiénico hace la misma función.
El libro también presenta una tipología de personajes habituales en los Erasmus. El mentor, el ‘profesor majo que te soluciona el acuerdo de estudios’, el que conoce a todo el mundo y organiza los planes, el ‘yo no me mezclo con Erasmus’ o el ‘yo estoy aquí para estudiar’.
Y, para terminar, la vuelta a casa. El adiós a tu amor guiri, las fiestas de despedida y el amargo sinsabor de regresar a lo de siempre. El Erasmus «es un comienzo esperanzador, un cambio total, ponerte a prueba, hacerte adulto, aprender, equivocarte, pasarlo mal, no parar de reír, descubrir lo grande que puede ser el mundo y lo pequeños que podemos ser nosotros», dice el libro. «Es una de esas épocas que pasan por tu vida tan intensas como breves, pero capaces de quedarse en tu memoria para siempre. Quien lo probó lo sabe».
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