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23 de diciembre 2014    /   BUSINESS
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'Crímenes imaginarios' o escribir como Patricia Highsmith

23 de diciembre 2014    /   BUSINESS     por          
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Sidney Bartley empujó escaleras abajo a su mujer: Alicia Bartley murió. No era la primera vez que Sidney asesinaba a su esposa: una vez la estranguló; otra, la ahogó en la bañera; otra, la quemó… La mató veinte veces.
Sidney es escritor: protagonista de Crímenes imaginarios (A Suspension of Mercy/Storyteller) de Patricia Highsmith: novela de intriga y manual (inesperado) sobre cómo escribir suspense.
Highsmith repasa con Sidney las manías, los vicios y rarezas del artista. También deja pequeñas reflexiones sobre la escritura a través de los proyectos de Sidney: una novela sin argumento; una serie de televisión de aventuras y las notas sobre el asesinato (imaginario) de Alicia.
LAS LECCIONES DE PATRICIA HIGHSMITH
La autora norteamericana desarrolla en Crímenes imaginarios el método que emplea en la mayoría de sus obras y que expone en Extraños en un tren (por boca de un personaje):
«Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado… y solo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto».
En la mayoría de las novelas Highsmith se toma tiempo en exponer las circunstancias que conducen a sus personajes a ese límite.
1.1. UN ESCENARIO VULGAR Y GENTE CORRIENTE

Highsmith siempre comienza con el escenario principal, a menudo vulgar. Así, Crímenes imaginarios arranca en la vieja y modesta casa rural de Sidney y Alicia en la campiña inglesa. Sidney es un escritor sin suerte y Alicia una pintora dominguera. Clásicos personajes highsmithianos: gente corriente, perdedores
Cuentan los peniques.
Alicia recibe una modesta asignación familiar y Sidney los escasos beneficios de unas acciones que heredó de un tío. El tendero del pueblo les fía. Compran en tiendas de segunda mano. Para los Bartley, comprar cigarrillos y una botella de vino es una locura porque desajusta el presupuesto familiar. Una copa rota es una tragedia.
La elección de personajes es acertada: Highsmith sabe que en la novela de intriga, la mayoría de los lectores se identifican con ambientes y personajes mundanos.
1.2. CONFLICTOS DOMÉSTICOS
Alicia y Sidney no se aman: se toleran. La mayoría de sus conversaciones tratan cuestiones domésticas: la basura, limpiar la casa, comprar provisiones en el pueblo… De todas las tareas, fregar la vajilla y los cubiertos es la más penosa. Highsmith da cuenta de cada plato y cada taza que para al fregadero. Unas veces friega Sidney; otras, Alicia.
Actividades necesarias que apenas llevan tiempo a Sidney, pero que usa como excusa para postergar el trabajo. Lleva años reescribiendo una novela sin argumento (por esto mismo carente de una dirección) sobre personas ociosas de Manhattan. Por otro lado, Sidney atosiga a Alicia con las ideas que le vienen a la cabeza.
«Estás lleno de argumentos… fuera del papel», se queja Alicia, que lo considera cobarde por su inercia y por depender de la opinión ajena en lugar de seguir el instinto.
A pesar de las quejas de Alicia, Sidney no para de soltar ideas, con frecuencia, macabras que molestan a la esposa:
«Preferiría que utilizaras tus ideas en tu trabajo, que es el lugar que les corresponde —dijo [Alicia]—. En tu novela, por ejemplo».
Por comentarios así, Sidney aborrece a Alicia (aunque ella tenga la razón o quizá por eso: como cuando le insinúa que sería vendible una historia con gente corriente —una historia highsmithiana). Además, sabe que hace mucho, ella perdió la fe en él. Furioso, Sidney culpa de su estancamiento a Alicia:
«¡La culpa la tienen tus interrupciones!».
(Aquí uno recuerda aquel cuento de Millás sobre escritor padre de familia que ansía quedarse solo para concluir su obra. Cuando la familia se ha marchado de vacaciones, el escritor se pone ante el teclado, pero no escribe ni una línea).
Tras distintas y desagradables escenas, Alicia y Sidney llegan a ese límite que podría empujar a una persona «normal» a cometer un asesinato. Sin embargo, Alicia se marcha harta y Sidney se contenta con imaginar que la empuja por las escaleras y la entierra en el bosque. La idea le seduce y la toma como núcleo para una nueva novela.
1.3. EL MÉTODO DEL ESCRITOR
Por primera vez, Sidney encuentra una idea que realmente le impulsa a escribir. Y quiere ser preciso y crudo. Entierra una pesada alfombra en el bosque y escribe en un cuaderno de notas el cansancio, el miedo y el sentimiento de culpabilidad por matar y deshacerse de Alicia.
Más adelante, los padres de Alicia contactan con la policía para que encuentren a la hija. Sin embargo, Sidney sigue con la farsa, comportándose ante amigos, conocidos y la policía como criminal y mentiroso. (También anota los interrogatorios policiales en el cuaderno de notas, especie de diario de un criminal).
Sidney espera mantener la broma hasta que Alicia dé señales de vida. Pero Alicia, aunque se sabe buscada por la policía, no quiere dar señales de vida: siente vergüenza de aparecer en público: tiene un amante, y no quiere que los periódicos lo sepan. En este punto, el falso diario de Sidney se convierte en una prueba incriminatoria del crimen imaginado…
No es necesario llegar a las maquinaciones de Sidney para escribir un guion o una novela, pero es un ejemplo sobre cómo trabajar la ficción: seguir el método del actor, ensuciarse las manos, soltar lo que está dentro sin pudor, sin piedad.

Foto portada: Wikimedia Commons

Sidney Bartley empujó escaleras abajo a su mujer: Alicia Bartley murió. No era la primera vez que Sidney asesinaba a su esposa: una vez la estranguló; otra, la ahogó en la bañera; otra, la quemó… La mató veinte veces.
Sidney es escritor: protagonista de Crímenes imaginarios (A Suspension of Mercy/Storyteller) de Patricia Highsmith: novela de intriga y manual (inesperado) sobre cómo escribir suspense.
Highsmith repasa con Sidney las manías, los vicios y rarezas del artista. También deja pequeñas reflexiones sobre la escritura a través de los proyectos de Sidney: una novela sin argumento; una serie de televisión de aventuras y las notas sobre el asesinato (imaginario) de Alicia.
LAS LECCIONES DE PATRICIA HIGHSMITH
La autora norteamericana desarrolla en Crímenes imaginarios el método que emplea en la mayoría de sus obras y que expone en Extraños en un tren (por boca de un personaje):
«Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado… y solo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto».
En la mayoría de las novelas Highsmith se toma tiempo en exponer las circunstancias que conducen a sus personajes a ese límite.
1.1. UN ESCENARIO VULGAR Y GENTE CORRIENTE

Highsmith siempre comienza con el escenario principal, a menudo vulgar. Así, Crímenes imaginarios arranca en la vieja y modesta casa rural de Sidney y Alicia en la campiña inglesa. Sidney es un escritor sin suerte y Alicia una pintora dominguera. Clásicos personajes highsmithianos: gente corriente, perdedores
Cuentan los peniques.
Alicia recibe una modesta asignación familiar y Sidney los escasos beneficios de unas acciones que heredó de un tío. El tendero del pueblo les fía. Compran en tiendas de segunda mano. Para los Bartley, comprar cigarrillos y una botella de vino es una locura porque desajusta el presupuesto familiar. Una copa rota es una tragedia.
La elección de personajes es acertada: Highsmith sabe que en la novela de intriga, la mayoría de los lectores se identifican con ambientes y personajes mundanos.
1.2. CONFLICTOS DOMÉSTICOS
Alicia y Sidney no se aman: se toleran. La mayoría de sus conversaciones tratan cuestiones domésticas: la basura, limpiar la casa, comprar provisiones en el pueblo… De todas las tareas, fregar la vajilla y los cubiertos es la más penosa. Highsmith da cuenta de cada plato y cada taza que para al fregadero. Unas veces friega Sidney; otras, Alicia.
Actividades necesarias que apenas llevan tiempo a Sidney, pero que usa como excusa para postergar el trabajo. Lleva años reescribiendo una novela sin argumento (por esto mismo carente de una dirección) sobre personas ociosas de Manhattan. Por otro lado, Sidney atosiga a Alicia con las ideas que le vienen a la cabeza.
«Estás lleno de argumentos… fuera del papel», se queja Alicia, que lo considera cobarde por su inercia y por depender de la opinión ajena en lugar de seguir el instinto.
A pesar de las quejas de Alicia, Sidney no para de soltar ideas, con frecuencia, macabras que molestan a la esposa:
«Preferiría que utilizaras tus ideas en tu trabajo, que es el lugar que les corresponde —dijo [Alicia]—. En tu novela, por ejemplo».
Por comentarios así, Sidney aborrece a Alicia (aunque ella tenga la razón o quizá por eso: como cuando le insinúa que sería vendible una historia con gente corriente —una historia highsmithiana). Además, sabe que hace mucho, ella perdió la fe en él. Furioso, Sidney culpa de su estancamiento a Alicia:
«¡La culpa la tienen tus interrupciones!».
(Aquí uno recuerda aquel cuento de Millás sobre escritor padre de familia que ansía quedarse solo para concluir su obra. Cuando la familia se ha marchado de vacaciones, el escritor se pone ante el teclado, pero no escribe ni una línea).
Tras distintas y desagradables escenas, Alicia y Sidney llegan a ese límite que podría empujar a una persona «normal» a cometer un asesinato. Sin embargo, Alicia se marcha harta y Sidney se contenta con imaginar que la empuja por las escaleras y la entierra en el bosque. La idea le seduce y la toma como núcleo para una nueva novela.
1.3. EL MÉTODO DEL ESCRITOR
Por primera vez, Sidney encuentra una idea que realmente le impulsa a escribir. Y quiere ser preciso y crudo. Entierra una pesada alfombra en el bosque y escribe en un cuaderno de notas el cansancio, el miedo y el sentimiento de culpabilidad por matar y deshacerse de Alicia.
Más adelante, los padres de Alicia contactan con la policía para que encuentren a la hija. Sin embargo, Sidney sigue con la farsa, comportándose ante amigos, conocidos y la policía como criminal y mentiroso. (También anota los interrogatorios policiales en el cuaderno de notas, especie de diario de un criminal).
Sidney espera mantener la broma hasta que Alicia dé señales de vida. Pero Alicia, aunque se sabe buscada por la policía, no quiere dar señales de vida: siente vergüenza de aparecer en público: tiene un amante, y no quiere que los periódicos lo sepan. En este punto, el falso diario de Sidney se convierte en una prueba incriminatoria del crimen imaginado…
No es necesario llegar a las maquinaciones de Sidney para escribir un guion o una novela, pero es un ejemplo sobre cómo trabajar la ficción: seguir el método del actor, ensuciarse las manos, soltar lo que está dentro sin pudor, sin piedad.

Foto portada: Wikimedia Commons

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Opiniones 2
  • Yo soy muy fan de Patricia Highsmith…de hecho debería releer algunos. Hace unos años tuve una época en la que leí todo…hay uno que se llama «El grito de la lechuza» que me marcó muchísimo.

    • ‘Crímenes imaginarios’ es, de alguna manera, ‘El grito de la lechuza’ comentado a través de Sidney. (Al menos, es la sensación que despertó en mi). ‘El grito de la lechuza’ es también una de mis novelas favoritas: creo que muy pocos hubieran podido crear un triángulo tan demencial.

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