3 de septiembre 2020    /   IDEAS
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Hexágonos modulares, la apuesta arquitectónica para luchar contra la pandemia

3 de septiembre 2020    /   IDEAS     por          
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Decían que los calores del verano acabarían con él, pero lo cierto es que el coronavirus sigue aquí y no tiene muchas ganas de irse. La vida sigue y la vuelta al cole forma parte de esa vida. ¿Cómo podrían adaptarse las escuelas infantiles para luchar contra esta pandemia?

Quizá en la modularidad esté la respuesta. El estudio Enero Arquitectura ha diseñado una escuela infantil compuesta de varios módulos hexagonales sobre los que se distribuyen los diferentes espacios en los que se han de mover los niños y sus cuidadores.

«Los espacios de tránsito están planteados como una estancia más. Su amplitud permite ordenar los flujos de entrada y salida de las diferentes aulas manteniendo la distancia social sin estrecheces», comenta el director del proyecto, Pablo García Gómez. «El vestíbulo tiene varias salidas directas al exterior, lo que ofrece aún mayor flexibilidad para ordenar las circulaciones. El sistema de climatización consigue la máxima renovación de aire exigida y garantiza una gran calidad del aire. Los acabados y revestimientos permiten una limpieza sencilla y completa, sin renunciar a la calidez».

La escuela se encuentra situada en el hospital Rey Juan Carlos de Móstoles (Madrid), y está pensada para acoger a los hijos de sus trabajadores. «El proyecto es singular por diferentes motivos», comenta García Gómez, «una geometría hexagonal orgánica, un sistema constructivo prefabricado en 3D, una envolvente eficiente y vibrante, y un diseño por y para los usuarios infantiles que facilite el trabajo a los educadores».

«La modularidad es un requerimiento de la construcción prefabricada que, además, permite una gran versatilidad en el uso y facilita el crecimiento futuro», continúa explicando el director del proyecto. «Actualmente estamos trabajando en una posible ampliación del edificio y el diseño modular hace que la ampliación sea sencilla e inmediata».

El conjunto está formado por nueve unidades hexagonales, completada con dos hexágonos adicionales descubiertos que sirven de patio de recreo, y un último hexágono con una envolvente calada que aloja las instalaciones.

«El hexágono surge como respuesta a la búsqueda de un aula flexible que pueda adaptarse a distintos enfoques educativos», explica el García Gómez. «El hexágono rompe con la premisa de encerrar a los niños entre cuatro paredes, para introducirlos en un espacio más fluido y lúdico».

Los materiales que han empleado para la construcción de esta escuela tienen como característica común la ligereza y su mínima huella ecológica, ya que este tipo de materiales necesitan mucha menos energía en su construcción que los utilizados habitualmente en otros edificios.

Para García Gómez, la fachada merece una especial atención ya que se compone de «una hoja principal de panel sándwich lacada al exterior, cubierta con una doble piel de malla estirada y pintada con patrones paramétricos de pajaritas. Consigue un efecto de gran profundidad que se mueve y cambia en función de la luz y la temperatura, como la piel de un ser vivo».

escuela infantil modular hexagonal

La pandemia del covid está trayendo muchos cambios a nuestras vidas y se hace imprescindible adaptarnos a ellos. También la arquitectura debe afrontar esos nuevos retos. De hecho, para Pablo García Gómez, el mayor de ellos es adaptarse a los cambios y requerimientos para los que no fue diseñada, como es el caso de esta enfermedad.

escuela infantil modular hexagonal

«El mundo contemporáneo está viendo cómo los cambios se suceden a una velocidad mucho más acelerada que en anteriores épocas y la arquitectura debe aguantar este ritmo o será sustituida. El proyecto de la escuela infantil pretende trascender al programa concreto para el que fue construida planteando un sistema abierto y no un edificio cerrado».

La arquitectura no es la único que debe cambiar. También la educación debe ser diferente. Para empezar, sería importante sustituir la palabra guardería por escuela infantil para denominar a esos lugares donde se educan los niños de 0 a 3 años. Así lo cree García Gómez. Los niños están aprendiendo, dice, no están guardados. «La educación, especialmente en edades tan tempranas, está íntimamente relacionada con la curiosidad y el juego. La arquitectura que consiga aumentar la necesidad de exploración en los niños y ofrezca mayores recursos a los educadores, funcionará mejor».

Decían que los calores del verano acabarían con él, pero lo cierto es que el coronavirus sigue aquí y no tiene muchas ganas de irse. La vida sigue y la vuelta al cole forma parte de esa vida. ¿Cómo podrían adaptarse las escuelas infantiles para luchar contra esta pandemia?

Quizá en la modularidad esté la respuesta. El estudio Enero Arquitectura ha diseñado una escuela infantil compuesta de varios módulos hexagonales sobre los que se distribuyen los diferentes espacios en los que se han de mover los niños y sus cuidadores.

«Los espacios de tránsito están planteados como una estancia más. Su amplitud permite ordenar los flujos de entrada y salida de las diferentes aulas manteniendo la distancia social sin estrecheces», comenta el director del proyecto, Pablo García Gómez. «El vestíbulo tiene varias salidas directas al exterior, lo que ofrece aún mayor flexibilidad para ordenar las circulaciones. El sistema de climatización consigue la máxima renovación de aire exigida y garantiza una gran calidad del aire. Los acabados y revestimientos permiten una limpieza sencilla y completa, sin renunciar a la calidez».

La escuela se encuentra situada en el hospital Rey Juan Carlos de Móstoles (Madrid), y está pensada para acoger a los hijos de sus trabajadores. «El proyecto es singular por diferentes motivos», comenta García Gómez, «una geometría hexagonal orgánica, un sistema constructivo prefabricado en 3D, una envolvente eficiente y vibrante, y un diseño por y para los usuarios infantiles que facilite el trabajo a los educadores».

«La modularidad es un requerimiento de la construcción prefabricada que, además, permite una gran versatilidad en el uso y facilita el crecimiento futuro», continúa explicando el director del proyecto. «Actualmente estamos trabajando en una posible ampliación del edificio y el diseño modular hace que la ampliación sea sencilla e inmediata».

El conjunto está formado por nueve unidades hexagonales, completada con dos hexágonos adicionales descubiertos que sirven de patio de recreo, y un último hexágono con una envolvente calada que aloja las instalaciones.

«El hexágono surge como respuesta a la búsqueda de un aula flexible que pueda adaptarse a distintos enfoques educativos», explica el García Gómez. «El hexágono rompe con la premisa de encerrar a los niños entre cuatro paredes, para introducirlos en un espacio más fluido y lúdico».

Los materiales que han empleado para la construcción de esta escuela tienen como característica común la ligereza y su mínima huella ecológica, ya que este tipo de materiales necesitan mucha menos energía en su construcción que los utilizados habitualmente en otros edificios.

Para García Gómez, la fachada merece una especial atención ya que se compone de «una hoja principal de panel sándwich lacada al exterior, cubierta con una doble piel de malla estirada y pintada con patrones paramétricos de pajaritas. Consigue un efecto de gran profundidad que se mueve y cambia en función de la luz y la temperatura, como la piel de un ser vivo».

escuela infantil modular hexagonal

La pandemia del covid está trayendo muchos cambios a nuestras vidas y se hace imprescindible adaptarnos a ellos. También la arquitectura debe afrontar esos nuevos retos. De hecho, para Pablo García Gómez, el mayor de ellos es adaptarse a los cambios y requerimientos para los que no fue diseñada, como es el caso de esta enfermedad.

escuela infantil modular hexagonal

«El mundo contemporáneo está viendo cómo los cambios se suceden a una velocidad mucho más acelerada que en anteriores épocas y la arquitectura debe aguantar este ritmo o será sustituida. El proyecto de la escuela infantil pretende trascender al programa concreto para el que fue construida planteando un sistema abierto y no un edificio cerrado».

La arquitectura no es la único que debe cambiar. También la educación debe ser diferente. Para empezar, sería importante sustituir la palabra guardería por escuela infantil para denominar a esos lugares donde se educan los niños de 0 a 3 años. Así lo cree García Gómez. Los niños están aprendiendo, dice, no están guardados. «La educación, especialmente en edades tan tempranas, está íntimamente relacionada con la curiosidad y el juego. La arquitectura que consiga aumentar la necesidad de exploración en los niños y ofrezca mayores recursos a los educadores, funcionará mejor».

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