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4 de octubre 2018    /   CREATIVIDAD
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Trabajar en espacios abiertos (no) fomenta la creatividad (tanto como dicen)

4 de octubre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Son bonitas, son luminosas, pero la creatividad de los diseños de las oficinas abiertas y espacios de coworking no se contagia siempre a los trabajadores que las habitan unas horas al día. «Al trabajar expuestos dejas ver las virtudes y los defectos de tu forma de currar y esto puede producir bloqueos creativos en algunos casos», afirma Vivian Campbell, del estudio creativo Dr. Zamenhof.

Tampoco gustan de trabajar en público los ilustradores Álex G. (Cranio Dsgn) y María Castelló. «Yo alguna vez me lo he planteado, pero siempre me tira para atrás precisamente eso, que creo que me distraería mucho tanto movimiento de gente», explica esta última. «Soy muy animal de costumbres y, por ejemplo, eso de no tener mi sitio fijo para currar se me hace superraro. A mí la rutina me ayuda muchísimo y tengo muchas dudas sobre si podría adaptarme a ese rollo».

El caos, el bullicio, representa también un inconveniente para los tres creativos. La falta de concentración, la posibilidad de que se alarguen demasiado las jornadas de trabajo al tener demasiadas facilidades para acceder a estos espacios… Pero es interesante algo que apunta la diseñadora de Dr. Zamenhof: quizá la edad del trabajador pueda influir en la adaptación a este tipo de puestos de trabajo.

«Creo que esto va directamente relacionado con la edad del coworker (al menos en nuestro caso). Llega cierta edad en la que la ciática no te da para tanta actividad social, necesitas echarte 10 minutos para descansar la cadera al final de la mañana y te vuelves un animal de costumbres; el volumen exacto al que debe estar la radio, las listas de Spotify cuidadosamente pactadas, el silencio para pensar… Bienes ausentes en medio del caos que se genera en el divertido mundo de un coworking».

Sin embargo, no todo es negativo en este tipo de espacios. Además de necesitar una menor inversión de dinero en obras, es cierto que las oficinas abiertas facilitan la movilidad de los trabajadores, fomentan el espíritu de grupo y contribuyen a eliminar barreras jerárquicas.

Álex G. no tiene muy claro, no obstante, que ni estos ni ningún otro espacio incentiven la creatividad. «El que es creativo nace creativo, no se hace», explica el ilustrador.

«Lo que fomenta la creatividad en estos espacios es el flujo constante de perfiles con los que te encuentras», afirma Campbell, de Dr. Zamenhof. «Una de las principales ventajas es poder compartir conocimientos, para lo que se debe sumar el buen ambiente y buen rollo con los compañeros además del respeto por el trabajo del otro», continúa. «Claro, que con un buen capazo de buenos amigos creativos, este punto se puede suplir».

Así pues, el aspecto social sí puede ayudar a incrementar la creatividad de la plantilla y a encontrar soluciones a posibles problemas gracias al feedback de los compañeros. «Puedes pedir consejo a gente de ese espacio, recibir críticas constructivas, posibilidad de compartir proyectos con profesionales allí que se dedican a otras especialidades, tomar un café o charlar de la última película que has ido a ver al cine…», ve de positivo en ello Cranio Dsgn.

«Me atrae [la idea de trabajar en un coworking u oficina abierta] por romper un poco con la supersoledad de currar en casa», apunta Castelló. «A veces creo que es una locura no compartir nada de un proceso creativo con nadie».

La oficina abierta se ideó en Hamburgo en los años 50 del siglo pasado para facilitar la comunicación y el flujo de ideas. Parecía lógico pensar que sin paredes de por medio iba a resultar más fácil hablar con el compañero de al lado. Pero eso que parecía a priori tan positivo, acabó siendo un problema. ¿Acaso es cómodo escuchar a todas horas el murmullo de conversaciones, chanzas, teléfonos, y sentir en tu cogote la inquisidora mirada de tu jefe?

Las primeras críticas a estos espacios apuntaban a la productividad. El estrés aumentó en las plantillas de trabajadores de este tipo de oficinas y la creatividad tampoco es que se viera muy favorecida. Las continuas distracciones no eran, precisamente, un acicate para un tipo de trabajo que requiere concentración. Algo que parece corroborado por las opiniones de estos tres creativos.

El modelo original ha ido evolucionando a otro tipo de diseño. Las oficinas abiertas de hoy ya no son tan abiertas.

«La forma de ayudar a las personas consiste en proporcionarles la capacidad para alternar entre el tiempo individual y el tiempo colaborativo, facilitando ese ritmo que se produce cuando una persona se reúne con otras para analizar un problema y después se separa de ellas para dejar germinar esas ideas», afirmaba Donna Flynn, vicepresidenta de WorkSpace Futures de Steelcase, una empresa de mobiliario de oficina y creadora de espacios de trabajo, en un artículo para su web.

Para esta empresa, la manera en la que se diseñan los espacios de trabajo puede ayudar mucho a despertar la chispa creativa de los trabajadores. Desde su perspectiva, apuestan por tres claves de diseño:

  • Una atmósfera agradable y relajada incorporando al espacio elementos de diseño y asientos que favorezcan los cambios posturales, ya que la comodidad promueve la conexión emocional con y entre los trabajadores.
  • Espacios con planos verticales con superficies sobre las que se pueda escribir para dar visibilidad a los pensamientos. Esto permite el intercambio y la retroalimentación de ideas.
  • Un ecosistema de zonas fluido y flexible que sea capaz de albergar y apoyar las diferentes etapas del pensamiento. Es decir, espacios donde sea posible la reunión y puesta en común de ideas y otros donde el trabajador pueda retirarse a reflexionar.

Y por ahí parecen ir los tiros del diseño de oficinas y espacios de coworking en la actualidad. Porque hay trabajos, como los relacionados con el arte en todas sus facetas, que necesitan de intimidad, pero también de la opinión del prójimo.

«Yo creo que el curro de ilustración, por sus características, es un curro solitario y requiere mucha concentración. Pero un feedback de vez en cuando sí se agradece un montón», explica María Castelló. «Durante un tiempo estuve en un colectivo y eso me equilibraba bastante la soledad del trabajo de ilustración, así que creo que es muy sano buscar la manera de compaginar un poco de cada».

Son bonitas, son luminosas, pero la creatividad de los diseños de las oficinas abiertas y espacios de coworking no se contagia siempre a los trabajadores que las habitan unas horas al día. «Al trabajar expuestos dejas ver las virtudes y los defectos de tu forma de currar y esto puede producir bloqueos creativos en algunos casos», afirma Vivian Campbell, del estudio creativo Dr. Zamenhof.

Tampoco gustan de trabajar en público los ilustradores Álex G. (Cranio Dsgn) y María Castelló. «Yo alguna vez me lo he planteado, pero siempre me tira para atrás precisamente eso, que creo que me distraería mucho tanto movimiento de gente», explica esta última. «Soy muy animal de costumbres y, por ejemplo, eso de no tener mi sitio fijo para currar se me hace superraro. A mí la rutina me ayuda muchísimo y tengo muchas dudas sobre si podría adaptarme a ese rollo».

El caos, el bullicio, representa también un inconveniente para los tres creativos. La falta de concentración, la posibilidad de que se alarguen demasiado las jornadas de trabajo al tener demasiadas facilidades para acceder a estos espacios… Pero es interesante algo que apunta la diseñadora de Dr. Zamenhof: quizá la edad del trabajador pueda influir en la adaptación a este tipo de puestos de trabajo.

«Creo que esto va directamente relacionado con la edad del coworker (al menos en nuestro caso). Llega cierta edad en la que la ciática no te da para tanta actividad social, necesitas echarte 10 minutos para descansar la cadera al final de la mañana y te vuelves un animal de costumbres; el volumen exacto al que debe estar la radio, las listas de Spotify cuidadosamente pactadas, el silencio para pensar… Bienes ausentes en medio del caos que se genera en el divertido mundo de un coworking».

Sin embargo, no todo es negativo en este tipo de espacios. Además de necesitar una menor inversión de dinero en obras, es cierto que las oficinas abiertas facilitan la movilidad de los trabajadores, fomentan el espíritu de grupo y contribuyen a eliminar barreras jerárquicas.

Álex G. no tiene muy claro, no obstante, que ni estos ni ningún otro espacio incentiven la creatividad. «El que es creativo nace creativo, no se hace», explica el ilustrador.

«Lo que fomenta la creatividad en estos espacios es el flujo constante de perfiles con los que te encuentras», afirma Campbell, de Dr. Zamenhof. «Una de las principales ventajas es poder compartir conocimientos, para lo que se debe sumar el buen ambiente y buen rollo con los compañeros además del respeto por el trabajo del otro», continúa. «Claro, que con un buen capazo de buenos amigos creativos, este punto se puede suplir».

Así pues, el aspecto social sí puede ayudar a incrementar la creatividad de la plantilla y a encontrar soluciones a posibles problemas gracias al feedback de los compañeros. «Puedes pedir consejo a gente de ese espacio, recibir críticas constructivas, posibilidad de compartir proyectos con profesionales allí que se dedican a otras especialidades, tomar un café o charlar de la última película que has ido a ver al cine…», ve de positivo en ello Cranio Dsgn.

«Me atrae [la idea de trabajar en un coworking u oficina abierta] por romper un poco con la supersoledad de currar en casa», apunta Castelló. «A veces creo que es una locura no compartir nada de un proceso creativo con nadie».

La oficina abierta se ideó en Hamburgo en los años 50 del siglo pasado para facilitar la comunicación y el flujo de ideas. Parecía lógico pensar que sin paredes de por medio iba a resultar más fácil hablar con el compañero de al lado. Pero eso que parecía a priori tan positivo, acabó siendo un problema. ¿Acaso es cómodo escuchar a todas horas el murmullo de conversaciones, chanzas, teléfonos, y sentir en tu cogote la inquisidora mirada de tu jefe?

Las primeras críticas a estos espacios apuntaban a la productividad. El estrés aumentó en las plantillas de trabajadores de este tipo de oficinas y la creatividad tampoco es que se viera muy favorecida. Las continuas distracciones no eran, precisamente, un acicate para un tipo de trabajo que requiere concentración. Algo que parece corroborado por las opiniones de estos tres creativos.

El modelo original ha ido evolucionando a otro tipo de diseño. Las oficinas abiertas de hoy ya no son tan abiertas.

«La forma de ayudar a las personas consiste en proporcionarles la capacidad para alternar entre el tiempo individual y el tiempo colaborativo, facilitando ese ritmo que se produce cuando una persona se reúne con otras para analizar un problema y después se separa de ellas para dejar germinar esas ideas», afirmaba Donna Flynn, vicepresidenta de WorkSpace Futures de Steelcase, una empresa de mobiliario de oficina y creadora de espacios de trabajo, en un artículo para su web.

Para esta empresa, la manera en la que se diseñan los espacios de trabajo puede ayudar mucho a despertar la chispa creativa de los trabajadores. Desde su perspectiva, apuestan por tres claves de diseño:

  • Una atmósfera agradable y relajada incorporando al espacio elementos de diseño y asientos que favorezcan los cambios posturales, ya que la comodidad promueve la conexión emocional con y entre los trabajadores.
  • Espacios con planos verticales con superficies sobre las que se pueda escribir para dar visibilidad a los pensamientos. Esto permite el intercambio y la retroalimentación de ideas.
  • Un ecosistema de zonas fluido y flexible que sea capaz de albergar y apoyar las diferentes etapas del pensamiento. Es decir, espacios donde sea posible la reunión y puesta en común de ideas y otros donde el trabajador pueda retirarse a reflexionar.

Y por ahí parecen ir los tiros del diseño de oficinas y espacios de coworking en la actualidad. Porque hay trabajos, como los relacionados con el arte en todas sus facetas, que necesitan de intimidad, pero también de la opinión del prójimo.

«Yo creo que el curro de ilustración, por sus características, es un curro solitario y requiere mucha concentración. Pero un feedback de vez en cuando sí se agradece un montón», explica María Castelló. «Durante un tiempo estuve en un colectivo y eso me equilibraba bastante la soledad del trabajo de ilustración, así que creo que es muy sano buscar la manera de compaginar un poco de cada».

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