31 de marzo 2020    /   IDEAS
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¿Llenará este virus la España vacía?

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Decía Marshall McLuhan que los medios de comunicación son prolongaciones del ser humano. Así, la radio es una prolongación de nuestro oído; la televisión, de nuestra vista; el ordenador, de nuestro cerebro…

Durante muchos años, esa prolongación operó en una sola dirección, del emisor al receptor. Luego, con la llegada de internet, la comunicación se hizo bidireccional e incluso, en los tiempos actuales, multidireccional.

Efectivamente, la llegada de las teleconferencias cambió el panorama, y ahora nos resulta posible comunicarnos en grupo e incluso trabajar virtualmente de forma colectiva.

Esa es una ventaja que hasta ahora había sido aprovechada casi exclusivamente por las empresas y colectivos vanguardistas más familiarizados con las nuevas tecnologías.

Pero el hecho es que desde hace ya tiempo contábamos con unas herramientas que nos permitían a todos no solo teletrabajar, sino también conversar con los amigos, estudiar a distancia, visitar al médico, compartir contenidos creados por nosotros mismos… La lista es interminable y sin más techo que nuestras necesidades y nuestra imaginación.

Un mundo infinito y sin fronteras que ahora está entrando en su segunda fase: la masificación de su uso. Una masificación interclasista, intergeneracional y sin fronteras que se está produciendo debido al confinamiento global motivado por el coronavirus.

Las consecuencias de esta segunda fase son imprevisibles. Pero hay una en particular que podría producirse de forma acelerada. Me refiero a la incorporación de muchas familias urbanas a la España vacía.

La razón es sencilla. El confinamiento en las grandes ciudades nos está enseñando a manejarnos en un modelo virtual en el que tener que vivir en esas grandes ciudades ya no es necesario. Si la inmensa mayoría terminamos poseyendo los conocimientos tecnológicos suficientes como para cubrir nuestras necesidades a través de internet, es probable que en un futuro muy próximo se produzca una fuerte emigración hacia las poblaciones rurales.

Resueltas las carencias sobre educación, trabajo, salud, entretenimiento, socialización, etc. en esas zonas, otros factores como los alquileres más económicos, la vida sana y menos estresante, la desaparición de los largos desplazamientos al trabajo empezarán a cobrar un peso a decisivo a la hora de determinar el lugar de residencia.

A partir del momento en el que miles de empresas con millones de trabajadores hayan comprobado a través de este confinamiento que, efectivamente, la productividad de los mismos es igual o superior a través del teletrabajo, que colegios y universidades hayan perfeccionado la formación a partir de los sistemas que se han visto obligados a instaurar a marchas forzadas, que la medicina en remoto es eficaz y que la compra de los productos más sofisticados puede realizarse sin salir del pueblo, serán muchas las familias que consideren seriamente ese modelo de vida.

Porque el error para solucionar el problema de la España vacía fue el de creer que la gente de la ciudad debería de volver a trabajar en el campo en lugar de pensar que lo que deberían hacer es ir a trabajar al campo.

Esto es algo que con el paso del tiempo hubiera acabado sucediendo. Pero es probable que, como tantas otras cosas, una pandemia lo esté acelerado. La de este COVID-19 que afecta no solo a la salud de las personas a las que infecta, sino también a la valoración de las aglomeraciones urbanas en la que hasta hace bien poco nos sentíamos tan amparados.

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Efectivamente, la llegada de las teleconferencias cambió el panorama, y ahora nos resulta posible comunicarnos en grupo e incluso trabajar virtualmente de forma colectiva.

Esa es una ventaja que hasta ahora había sido aprovechada casi exclusivamente por las empresas y colectivos vanguardistas más familiarizados con las nuevas tecnologías.

Pero el hecho es que desde hace ya tiempo contábamos con unas herramientas que nos permitían a todos no solo teletrabajar, sino también conversar con los amigos, estudiar a distancia, visitar al médico, compartir contenidos creados por nosotros mismos… La lista es interminable y sin más techo que nuestras necesidades y nuestra imaginación.

Un mundo infinito y sin fronteras que ahora está entrando en su segunda fase: la masificación de su uso. Una masificación interclasista, intergeneracional y sin fronteras que se está produciendo debido al confinamiento global motivado por el coronavirus.

Las consecuencias de esta segunda fase son imprevisibles. Pero hay una en particular que podría producirse de forma acelerada. Me refiero a la incorporación de muchas familias urbanas a la España vacía.

La razón es sencilla. El confinamiento en las grandes ciudades nos está enseñando a manejarnos en un modelo virtual en el que tener que vivir en esas grandes ciudades ya no es necesario. Si la inmensa mayoría terminamos poseyendo los conocimientos tecnológicos suficientes como para cubrir nuestras necesidades a través de internet, es probable que en un futuro muy próximo se produzca una fuerte emigración hacia las poblaciones rurales.

Resueltas las carencias sobre educación, trabajo, salud, entretenimiento, socialización, etc. en esas zonas, otros factores como los alquileres más económicos, la vida sana y menos estresante, la desaparición de los largos desplazamientos al trabajo empezarán a cobrar un peso a decisivo a la hora de determinar el lugar de residencia.

A partir del momento en el que miles de empresas con millones de trabajadores hayan comprobado a través de este confinamiento que, efectivamente, la productividad de los mismos es igual o superior a través del teletrabajo, que colegios y universidades hayan perfeccionado la formación a partir de los sistemas que se han visto obligados a instaurar a marchas forzadas, que la medicina en remoto es eficaz y que la compra de los productos más sofisticados puede realizarse sin salir del pueblo, serán muchas las familias que consideren seriamente ese modelo de vida.

Porque el error para solucionar el problema de la España vacía fue el de creer que la gente de la ciudad debería de volver a trabajar en el campo en lugar de pensar que lo que deberían hacer es ir a trabajar al campo.

Esto es algo que con el paso del tiempo hubiera acabado sucediendo. Pero es probable que, como tantas otras cosas, una pandemia lo esté acelerado. La de este COVID-19 que afecta no solo a la salud de las personas a las que infecta, sino también a la valoración de las aglomeraciones urbanas en la que hasta hace bien poco nos sentíamos tan amparados.

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