8 de marzo 2017    /   IDEAS
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¿Español o castellano? Esa es la cuestión

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El de la señora García fue uno de los casos más extraños que jamás se conocieron en el aeropuerto. Llegó una mañana de invierno con una pequeña maleta en la mano, un abrigo de lana y un bolso no demasiado grande colgado en bandolera. Todo en su aspecto parecía normal y no había nada en ella que llamara la atención.

Procedía de un vuelo internacional, así que para entrar al país debía pasar antes por el control de pasaportes. Cuando le llegó el turno, la señora García abrió parsimoniosa su bolso colgado en bandolera y extrajo de él un paquete de pasaportes atados con una goma, como si fuera un fajo de billetes. «Elija usted, agente, el que más le guste», le dijo al policía que no daba crédito a lo que veían sus ojos detrás de la ventanilla. «¿Todos estos pasaportes son suyos?», preguntó el agente. Y ella respondió con una sonrisa y afirmando con la cabeza. «¿Sabe usted que esto no es legal y que me veo en la obligación de detenerla hasta aclarar cuál es su nacionalidad?», quiso confirmar el agente sorprendido por la actitud tranquila de la señora García. En efecto, otros dos policías acudieron hasta allí y le pidieron amablemente que les acompañara hasta las dependencias de seguridad del aeropuerto. Los pasaportes de la señora García eran legales, eso era lo sorprendente. Expertos del cuerpo de seguridad nacional no tuvieron ninguna duda en certificar la autenticidad de aquellos documentos. Pero cuando le preguntaban a la mujer cuál era su verdadera nacionalidad, ella se encogía de hombros y se limitaba a contestar con una sonrisa: «Ciudadana universal».

¡Cuánto mejor le iría a este mundo si pudieran eliminarse las nacionalidades! Pero como Trump ha llegado a la presidencia de EEUU para que dejemos de soñar con sandeces, mejor vamos al caso que nos ocupa. ¿Y cuál es ese caso? La eterna y nunca resuelta batalla de cómo llamar a nuestra lengua, esa que hablamos unos 560 millones de personas en el mundo y que unas veces decimos español y otras, castellano. ¿Cuál es la correcta? Dejemos el suspense para otro día, que no hay tiempo y el espacio de esta sección es limitado: ambas lo son.

En España, en territorios bilingües, la preferencia es ‘castellano‘ para diferenciarla del gallego, el euskera o el catalán. Y en Hispanoamérica, hay de todo. En el sur, la preferencia, excepto en Colombia y El Salvador, es ‘castellano‘. Para estos hablantes, el español es lo que hablan en España, y ellos no son españoles. Pero si vamos al norte, en México, o a Centroamérica y Caribe, se inclinan más por ‘español‘ porque su modo de hablar es distinto del castellano. Entre los especialistas, usan castellano para hablar de los orígenes de nuestro idioma o para referirse al dialecto que se habla en la zona central de España.

Pero cuando contraponemos nuestra lengua a otras como el francés, el inglés o el alemán, ahí la tendencia es a decir español. Así pues, tanto monta, monta tanto uno como otro. Llámala como te dé la gana y recuerda que una cosa es la política —que todo lo enreda— y otra muy distinta, un idioma.

El de la señora García fue uno de los casos más extraños que jamás se conocieron en el aeropuerto. Llegó una mañana de invierno con una pequeña maleta en la mano, un abrigo de lana y un bolso no demasiado grande colgado en bandolera. Todo en su aspecto parecía normal y no había nada en ella que llamara la atención.

Procedía de un vuelo internacional, así que para entrar al país debía pasar antes por el control de pasaportes. Cuando le llegó el turno, la señora García abrió parsimoniosa su bolso colgado en bandolera y extrajo de él un paquete de pasaportes atados con una goma, como si fuera un fajo de billetes. «Elija usted, agente, el que más le guste», le dijo al policía que no daba crédito a lo que veían sus ojos detrás de la ventanilla. «¿Todos estos pasaportes son suyos?», preguntó el agente. Y ella respondió con una sonrisa y afirmando con la cabeza. «¿Sabe usted que esto no es legal y que me veo en la obligación de detenerla hasta aclarar cuál es su nacionalidad?», quiso confirmar el agente sorprendido por la actitud tranquila de la señora García. En efecto, otros dos policías acudieron hasta allí y le pidieron amablemente que les acompañara hasta las dependencias de seguridad del aeropuerto. Los pasaportes de la señora García eran legales, eso era lo sorprendente. Expertos del cuerpo de seguridad nacional no tuvieron ninguna duda en certificar la autenticidad de aquellos documentos. Pero cuando le preguntaban a la mujer cuál era su verdadera nacionalidad, ella se encogía de hombros y se limitaba a contestar con una sonrisa: «Ciudadana universal».

¡Cuánto mejor le iría a este mundo si pudieran eliminarse las nacionalidades! Pero como Trump ha llegado a la presidencia de EEUU para que dejemos de soñar con sandeces, mejor vamos al caso que nos ocupa. ¿Y cuál es ese caso? La eterna y nunca resuelta batalla de cómo llamar a nuestra lengua, esa que hablamos unos 560 millones de personas en el mundo y que unas veces decimos español y otras, castellano. ¿Cuál es la correcta? Dejemos el suspense para otro día, que no hay tiempo y el espacio de esta sección es limitado: ambas lo son.

En España, en territorios bilingües, la preferencia es ‘castellano‘ para diferenciarla del gallego, el euskera o el catalán. Y en Hispanoamérica, hay de todo. En el sur, la preferencia, excepto en Colombia y El Salvador, es ‘castellano‘. Para estos hablantes, el español es lo que hablan en España, y ellos no son españoles. Pero si vamos al norte, en México, o a Centroamérica y Caribe, se inclinan más por ‘español‘ porque su modo de hablar es distinto del castellano. Entre los especialistas, usan castellano para hablar de los orígenes de nuestro idioma o para referirse al dialecto que se habla en la zona central de España.

Pero cuando contraponemos nuestra lengua a otras como el francés, el inglés o el alemán, ahí la tendencia es a decir español. Así pues, tanto monta, monta tanto uno como otro. Llámala como te dé la gana y recuerda que una cosa es la política —que todo lo enreda— y otra muy distinta, un idioma.

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Opiniones 6
  • La primera vez que fui a Barcelona desde el lejano sur de Cádiz fue en 1991. Largo viaje en coche. Recorriendo la ciudad disfrutamos de un tiempo maravilloso y la comprensión de la gente cuando preguntábamos cualquier cosa. Únicamente en un sitio, una mercería, nos hablaron en catalán. Le dije a la señora: «Me habla usted en español, ¿por favor?». La señora cambió de idioma sin problemas y me preguntó: «¿Será en castellano, no?. Y yo le respondí: «No, el castellano es lo que hablan los de Castilla. Yo soy andaluz y hablo español». La buena mujer se echó a reír y tuvimos un rato muy agradabe de cháchara

  • Castellano es de Castilla, todo idioma tiene un origen. Soy de Mallorca, y aquí tradicionalmente se les llamabamos «foraster» (forastero) al castellano, ya que gasta hace poco en la iaia solo se hablava catalán.

  • La FUNDEU ha zanjado hace años esa duda:
    La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada. El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas. Asimismo, es la denominación que se utiliza internacionalmente (Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, etc.). Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región.
    http://www.fundeu.es/consulta/espanol-o-castellano-708/

  • Efectivamente los especialistas nos referimos a «castellano» para hablar del dialecto de la lengua que se habla en la zona de Castilla, y también para hablar de los orígenes de nuestra lengua. Y usamos «español» para hablar de la lengua que compartimos tantos millones de hispanohablantes, tanto en España como en los países hispanohablantes de América.

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