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Cuando la calle pulsó 'Pause'

El 11 de marzo pasado, todo el mundo salió corriendo a sus casas. Se abandonaron las oficinas, se echó el cierre de los comercios y se apagó la plancha de los bares. Casi dos meses después, todo parecía seguir congelado. El fotógrafo Francisco Úbeda Llorente huyó de la cautividad de su hogar en cuanto el estado de alarma lo permitió para capturar esa sensación de suspensión temporal

por David García

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Francisco Úbeda Llorente es fotógrafo y flâneur. Antes de que las puertas se cerrasen desde dentro, ya tenía medidas las aceras de todo Madrid. Ya se había asomado a muchos de los portales de la ciudad. Ya estaba acostumbrado, en definitiva, a mirar la calle para escapar de la rutina.

«En este confinamiento mi vida no ha cambiado mucho porque llevo teletrabajando ocho años. Mi familia vive lejos. No verla en meses es algo habitual. Lo único que realmente he echado de menos ha sido poder salir a la calle con mi cámara», explica.

Hasta que el relajamiento del estado de alarma permitió volver a la calle. «Lo que encontré fue extraño y no me gustó. La gente ya no estaba haciendo su vida, tan solo caminaban sin rumbo, como yo he hecho siempre, y me miraban demasiado. Empecé, entonces, a dejar de prestar atención a las personas y giré la cabeza hacia los locales que ahora estaban vacíos».

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Lo que dijo el trueno
Úbeda Llorente recordaba en cada uno de esos paseos a Mutilator, el héroe de la Tierra baldía. «Recordé que este era el título de la obra de T.S. Eliot y que empieza con los versos “Abril es el mes más cruel”. Eliot hace una radiografía de la sociedad occidental de una manera clara, directa, descarnada, empleando para ello imágenes fuertes y desgarradoras que sacudieron a la sociedad inglesa de su tiempo. En cierto modo, así son estas fotos».
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«Entonces llegué a la quinta y última parte de este poemario, "Lo que dijo el trueno", en la que habla de la necesidad de una regeneración de Europa a través de la desolación. Ya estaba decidido entonces. Lo que dijo el trueno es el nombre de este proyecto».

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«Comencé a observar pequeños detalles que no vemos a diario: una salsa mohosa sobre la mesa, los manteles y cubiertos sin poner. Las moscas bailaban a sus anchas y la gravedad había ejercido su peso sobre las servilletas, dobladas elegantemente en algunos locales. Me di cuenta entonces de lo importante que es el factor humano, de todos los detalles que la gente realiza al comenzar su jornada laboral para que los clientes lo encuentren todo perfectamente colocado, y la inutilidad ahora de esos espacios abandonados».

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