16 de noviembre 2016    /   CREATIVIDAD
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Esta editorial no ilustra textos, los objetualiza (y textualiza objetos)

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Principio, nudo y desenlace. Los cuentos de los niños repiten la estructura clásica de la narrativa para adultos en la mayoría de las ocasiones. Los pequeños lectores son tratados como miniadultos. La historia se repite una y otra vez, tantas como estos quieran volver a leerla o escucharla. Conocer lo que ocurrirá al final les aporta seguridad, incluso hay quien afirma que favorece su aprendizaje, pero ¿qué pasa con la creatividad?

En Los Cuscusianos creen que «el formato cerrado» y lineal de los cuentos tradicionales no la fomenta. Tampoco lo hace el modelo educativo vigente, del que dicen «es el lugar perfecto para matar nuestra creatividad ya que penaliza constantemente el error generando el miedo a equivocarse». «Esto se debe –explican– a que el modelo escolar nació y creció con la industrialización, y la creatividad no era la mejor cualidad para el obrero de una fábrica».

Por eso es de esas editoriales que prefieren los libros-objeto o libro-juguete a los convencionales. «La mayoría de los formatos son abiertos, dan margen a continuar la historia o incluso crearla tú mismo». El lector se convierte a la vez en jugador y es el encargado de completar o cocrear el libro/juego según convenga; ya sea inventando normas para un juego de cartas, como Mini Pillut; coloreando e inventando historias como la del Sr. Embudo, o buscando la combinación de poemas visuales preferida de entre las más de 55 billones de posibles, como ocurre con COMB.

«Esto hace que el lector sea parte activa del proceso y que experimente sin miedo», dice Lluís Sabadell Artiga, creador y diseñador de la editorial.

Muchos de los cuentos de Los Cuscusianos requieren de montaje. Es el caso de Invisible, uno de los veteranos, que se compone de una caja de cartón, una casita troquelada, el cuento y un globo que es necesario inflar para completar la historia. «Lo creamos en 1997 desde el colectivo que creé junto a unas amigos de la facultad y que estuvo activo hasta el 99. En el cuento original, la casita era de madera».

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A aquella aventura universitaria de Sabadell le siguieron otras muchas, vinculadas todas con la creación colectiva y el design thinking. Hasta que el año pasado se le ocurrió volver a abrir el baúl lleno de cuentos que él y sus amigos de facultad habían creado casi veinte años atrás. «Propuse reunirnos para actualizar el baúl y creamos tres nuevos cuentos-objeto: Las Aventuras del Sr. Embudo, Únicos y Los Cuscusianos —que da nombre a la editorial—».

Fue el 14 de febrero de 2015 cuando se celebró la reunión a la que sólo pudieron acudir tres de los diez componentes de aquel grupo de amigos de Sabadell. Cécile, una de ellas, comentó que aquella era época de comer cuscunías. «Se trata de una hierba silvestre que se coge en los márgenes de los caminos y que se come como una ensalada. La abuela de Pep (otro compareciente) las comía habitualmente. El nombre nos divirtió mucho y con la broma acabamos diciendo que teníamos que escribir un cuento sobre los cuscusianos. Al cabo de un rato, Cécile ya estaba con los espirográficos como loca sacando espirales de lo más sugerentes. Y así nacieron Los Cuscusianos: el cuento y la editorial».

Entre las novedades editoriales de Los Cuscusianos se encuentra Las aventuras del Sr. Embudo, un compendio de 45 fotos de un embudo en blanco y negro para que el lector coloree, dibuje y cree sus propias historias. «Decidimos crear cuentos con los objetos del taller de Pep, que era fotógrafo —murió recientemente a causa de una leucemia—. Entre las estanterías encontré un embudo de cerámica que usaba para sus fórmulas de revelado y me enamoró».

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A Lluis Sabadell le sorprendió la acogida del libro entre los adultos. «Son personas mayores que generalmente dicen aquello de “yo no soy creativo” o «no sé pintar» a las que más les ha gustado. Lo prueban y alucinan con el resultado. Si les hubiésemos dado una hoja en blanco, por mucho que les animásemos a dibujar o pintar, se habrían bloqueado y se reafirmarían en la idea de que no saben dibujar».

Otro de los cuentos se llama es Mini Pillut, una baraja de cartas que «la abuela Maite» (la madre de Lluís) se inventó para jugar con sus nietos. Son los propios jugadores los que se inventan las reglas del juego, incluso pueden sugerirlas en la web de Los Cuscusianos. «La idea es que el juego crezca con el niño, por lo que a lo largo de los años las normas y la mecánica se pueden complicar todo lo que se quiera».

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La mayoría de los cuentos de la editorial son fruto de la cocreación. De las reuniones cuscusianas mensuales surgen muchas historias y cuando no es posible verse en persona se recurre a la tecnología. «Como en la reunión original sólo nos pudimos reunir tres de los diez convocados, propuse crear un cuento a través de Whatsapp junto a los que no habían podido venir». Así nació Únicos, un desplegable para tender con pinzas de la ropa, ilustrado por Pep Mayugo y Cécile Ribas.

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Aunque no hace falta ser “cuscusiano” para participar en la elaboración de un cuento de la editorial. Ocurrió, por ejemplo, en el caso de noHaiku, el creador de minipoesías: «Coincidimos con Marc Castelló, de JugArt, en una feria en Berga (Barcelona). Me encantaron sus piezas de madera y le propuse que cocrearamos algo juntos. Por la tarde ya teníamos una idea de cómo seria noHaiku y al día siguiente lo concretamos. Contacté después con Víctor Sunyol —un poeta genial— al que le propuse la idea de escribir un haiku para el juego y le pregunté si conocía a algún poeta más al que le gustara añadirse a la idea. Se entusiasmó, así como otros seis poetas más. ¡En menos de un mes desde que coincidimos con Marc ya teníamos noHaiku acabado y a la venta!»

La editorial dispone de su propio Manifiesto Cuscusiano en el que no se olvidan de citar a su gran referente: Joan Brossa, «el padre de los poemas-objeto». Aunque la lista de gente, movimientos y proyectos inspiradores, reconoce Sabadell, sería infinita: «Dadaísmo y el surrealismo —no el pictórico, sino el de las acciones surrealistas—; Piero Manzoni, las fotografías de Duane Michals (en el caso concreto de Las aventuras del Sr. Embudo) , la lámpara Alphabeta de Luca Nichetto (en el de COMB); Sophie Calle y sus objetos que cuentan historias o Mona Hatoum con esos objetos que cambian su significado y su función al cambiar de escala o que aparentemente son una cosa y resultan ser otra…»

En ese mismo Manifiesto afirma que ellos no ilustran textos sino que «textualizamos objetos. También objetualizamos textos». En él también se afirman que los suyos no son cuentos educativos («nos gusta más sugerir que enseñar»). Lo que sí hacen es «cuidar la creatividad, la imaginación, la curiosidad y la sensibilidad estética de los niños». Sabadell recurre a un fragmento de una entrevista reciente de Phill Pullman para resumir la importancia que desde la editorial se da a la lectura, así como al arte, la música, la poesía y el diseño en la educación de niños y adultos:

Los niños necesitan arte e historias y poemas y música tanto como necesitan amor, comida, aire fresco y jugar. Si no le das a un niño comida, el daño rápidamente se hace visible. Si no permites a un niño tener aire fresco y jugar, el perjuicio también es evidente, aunque no a tan corto plazo. Si no le das amor, el daño puede tardar años en verse, pero es permanente. Pero si no le das a un niño arte e historias y poemas y música, el daño no es fácil de reconocer. Pero esta ahí. Sus cuerpos están suficientemente sanos, pueden correr, saltar y nadar, comer hambrientos y hacer mucho ruido, como siempre hacen los niños, pero les faltará algo

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Principio, nudo y desenlace. Los cuentos de los niños repiten la estructura clásica de la narrativa para adultos en la mayoría de las ocasiones. Los pequeños lectores son tratados como miniadultos. La historia se repite una y otra vez, tantas como estos quieran volver a leerla o escucharla. Conocer lo que ocurrirá al final les aporta seguridad, incluso hay quien afirma que favorece su aprendizaje, pero ¿qué pasa con la creatividad?

En Los Cuscusianos creen que «el formato cerrado» y lineal de los cuentos tradicionales no la fomenta. Tampoco lo hace el modelo educativo vigente, del que dicen «es el lugar perfecto para matar nuestra creatividad ya que penaliza constantemente el error generando el miedo a equivocarse». «Esto se debe –explican– a que el modelo escolar nació y creció con la industrialización, y la creatividad no era la mejor cualidad para el obrero de una fábrica».

Por eso es de esas editoriales que prefieren los libros-objeto o libro-juguete a los convencionales. «La mayoría de los formatos son abiertos, dan margen a continuar la historia o incluso crearla tú mismo». El lector se convierte a la vez en jugador y es el encargado de completar o cocrear el libro/juego según convenga; ya sea inventando normas para un juego de cartas, como Mini Pillut; coloreando e inventando historias como la del Sr. Embudo, o buscando la combinación de poemas visuales preferida de entre las más de 55 billones de posibles, como ocurre con COMB.

«Esto hace que el lector sea parte activa del proceso y que experimente sin miedo», dice Lluís Sabadell Artiga, creador y diseñador de la editorial.

Muchos de los cuentos de Los Cuscusianos requieren de montaje. Es el caso de Invisible, uno de los veteranos, que se compone de una caja de cartón, una casita troquelada, el cuento y un globo que es necesario inflar para completar la historia. «Lo creamos en 1997 desde el colectivo que creé junto a unas amigos de la facultad y que estuvo activo hasta el 99. En el cuento original, la casita era de madera».

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A aquella aventura universitaria de Sabadell le siguieron otras muchas, vinculadas todas con la creación colectiva y el design thinking. Hasta que el año pasado se le ocurrió volver a abrir el baúl lleno de cuentos que él y sus amigos de facultad habían creado casi veinte años atrás. «Propuse reunirnos para actualizar el baúl y creamos tres nuevos cuentos-objeto: Las Aventuras del Sr. Embudo, Únicos y Los Cuscusianos —que da nombre a la editorial—».

Fue el 14 de febrero de 2015 cuando se celebró la reunión a la que sólo pudieron acudir tres de los diez componentes de aquel grupo de amigos de Sabadell. Cécile, una de ellas, comentó que aquella era época de comer cuscunías. «Se trata de una hierba silvestre que se coge en los márgenes de los caminos y que se come como una ensalada. La abuela de Pep (otro compareciente) las comía habitualmente. El nombre nos divirtió mucho y con la broma acabamos diciendo que teníamos que escribir un cuento sobre los cuscusianos. Al cabo de un rato, Cécile ya estaba con los espirográficos como loca sacando espirales de lo más sugerentes. Y así nacieron Los Cuscusianos: el cuento y la editorial».

Entre las novedades editoriales de Los Cuscusianos se encuentra Las aventuras del Sr. Embudo, un compendio de 45 fotos de un embudo en blanco y negro para que el lector coloree, dibuje y cree sus propias historias. «Decidimos crear cuentos con los objetos del taller de Pep, que era fotógrafo —murió recientemente a causa de una leucemia—. Entre las estanterías encontré un embudo de cerámica que usaba para sus fórmulas de revelado y me enamoró».

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A Lluis Sabadell le sorprendió la acogida del libro entre los adultos. «Son personas mayores que generalmente dicen aquello de “yo no soy creativo” o «no sé pintar» a las que más les ha gustado. Lo prueban y alucinan con el resultado. Si les hubiésemos dado una hoja en blanco, por mucho que les animásemos a dibujar o pintar, se habrían bloqueado y se reafirmarían en la idea de que no saben dibujar».

Otro de los cuentos se llama es Mini Pillut, una baraja de cartas que «la abuela Maite» (la madre de Lluís) se inventó para jugar con sus nietos. Son los propios jugadores los que se inventan las reglas del juego, incluso pueden sugerirlas en la web de Los Cuscusianos. «La idea es que el juego crezca con el niño, por lo que a lo largo de los años las normas y la mecánica se pueden complicar todo lo que se quiera».

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La mayoría de los cuentos de la editorial son fruto de la cocreación. De las reuniones cuscusianas mensuales surgen muchas historias y cuando no es posible verse en persona se recurre a la tecnología. «Como en la reunión original sólo nos pudimos reunir tres de los diez convocados, propuse crear un cuento a través de Whatsapp junto a los que no habían podido venir». Así nació Únicos, un desplegable para tender con pinzas de la ropa, ilustrado por Pep Mayugo y Cécile Ribas.

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Aunque no hace falta ser “cuscusiano” para participar en la elaboración de un cuento de la editorial. Ocurrió, por ejemplo, en el caso de noHaiku, el creador de minipoesías: «Coincidimos con Marc Castelló, de JugArt, en una feria en Berga (Barcelona). Me encantaron sus piezas de madera y le propuse que cocrearamos algo juntos. Por la tarde ya teníamos una idea de cómo seria noHaiku y al día siguiente lo concretamos. Contacté después con Víctor Sunyol —un poeta genial— al que le propuse la idea de escribir un haiku para el juego y le pregunté si conocía a algún poeta más al que le gustara añadirse a la idea. Se entusiasmó, así como otros seis poetas más. ¡En menos de un mes desde que coincidimos con Marc ya teníamos noHaiku acabado y a la venta!»

La editorial dispone de su propio Manifiesto Cuscusiano en el que no se olvidan de citar a su gran referente: Joan Brossa, «el padre de los poemas-objeto». Aunque la lista de gente, movimientos y proyectos inspiradores, reconoce Sabadell, sería infinita: «Dadaísmo y el surrealismo —no el pictórico, sino el de las acciones surrealistas—; Piero Manzoni, las fotografías de Duane Michals (en el caso concreto de Las aventuras del Sr. Embudo) , la lámpara Alphabeta de Luca Nichetto (en el de COMB); Sophie Calle y sus objetos que cuentan historias o Mona Hatoum con esos objetos que cambian su significado y su función al cambiar de escala o que aparentemente son una cosa y resultan ser otra…»

En ese mismo Manifiesto afirma que ellos no ilustran textos sino que «textualizamos objetos. También objetualizamos textos». En él también se afirman que los suyos no son cuentos educativos («nos gusta más sugerir que enseñar»). Lo que sí hacen es «cuidar la creatividad, la imaginación, la curiosidad y la sensibilidad estética de los niños». Sabadell recurre a un fragmento de una entrevista reciente de Phill Pullman para resumir la importancia que desde la editorial se da a la lectura, así como al arte, la música, la poesía y el diseño en la educación de niños y adultos:

Los niños necesitan arte e historias y poemas y música tanto como necesitan amor, comida, aire fresco y jugar. Si no le das a un niño comida, el daño rápidamente se hace visible. Si no permites a un niño tener aire fresco y jugar, el perjuicio también es evidente, aunque no a tan corto plazo. Si no le das amor, el daño puede tardar años en verse, pero es permanente. Pero si no le das a un niño arte e historias y poemas y música, el daño no es fácil de reconocer. Pero esta ahí. Sus cuerpos están suficientemente sanos, pueden correr, saltar y nadar, comer hambrientos y hacer mucho ruido, como siempre hacen los niños, pero les faltará algo

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