6 de febrero 2023    /   CREATIVIDAD
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Y si están muriendo las redes sociales, ¿qué viene después?

Instagram se ha vuelto aburrido, Twitter está loco y TikTok no es para todos. ¿Podríamos vivir en un mundo sin redes sociales?

6 de febrero 2023    /   CREATIVIDAD     por          
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Muy lejos ya de sus días de gloria y vilipendiado por las acusaciones de fomentar los discursos de odio, Facebook hace tiempo que agoniza. Cuenta todavía con millones de usuarios, es cierto, pero la mayoría de ellos (especialmente los más jóvenes) hace años, quizá lustros, que no postean absolutamente nada.

Los de Twitter tiemblan desde hace semanas: Elon Musk tomó el control de la red social y prometió convertirla en «una auténtica plaza pública global» (con todos los extremismos incluidos). También comenzó a despedir a miles de trabajadores, lo que no suele prometer un futuro brillante para ninguna empresa.

Algo ha empezado a fallar últimamente también en Instagram. Tras haberse convertido en la red social hegemónica durante la segunda parte de la pasada década, en los últimos años se ha hecho evidente que sus algoritmos han sido la causa de problemas de ansiedad y depresión, especialmente entre sus usuarios más jóvenes.

Además, resulta cada vez un lugar más aburrido, censurado y lleno hasta los topes de publicidad, donde cada día millones de personas entran buscando una diversión que hace tiempo dejó de ser una prioridad para sus propietarios.

Las redes sociales tradicionales, que hasta hace poco eran para mucha gente un sinónimo de internet, ya que era casi la única forma en la que se conectaban a la red, parece que hacen aguas por todas partes. Otras han llegado para sustituirlas, ocupan titulares y alimentan con sus contenidos programas en la televisión, aunque no son exactamente lo mismo: TikTok es una red masiva en la que, en teoría, todo el mundo puede postear.

Pero cada vez se está convirtiendo más en un canal unidireccional, parecido a Twitch o a YouTube, con una gran masa de receptores y un grupo más reducido de emisores o creadores de contenido que acumulan millones y millones de visualizaciones.

Algunos profetas del futuro ya llevan tiempo vaticinando el fin de las redes sociales y quizá tengan razón, pero la pregunta que inmediatamente surge tras esas profecías es: si es el fin de las redes sociales, ¿qué hay más allá?

muerte de las redes sociales

MÁS ANTIGUAS DE LO QUE CREES

La historia de las redes sociales es mucho más larga de lo que piensa la mayoría de la gente. Aunque casi todo el mundo esté convencido de que esta forma de relacionarse y compartir contenidos es propia del siglo XXI, lo cierto es que todo empezó en los últimos años del siglo XX, hace más de dos décadas.

Cuando los ordenadores empezaron a funcionar lo suficientemente bien y a estar disponibles en tantos lugares, a algunos visionarios se les ocurrió que quizá era posible utilizarlos para comunicarnos entre nosotros de una forma diferente. Nadie fue consciente en aquél primer momento de la importancia que llegarían a tener esas plataformas solo una década después.

En 1997 surge el que se suele considerar como el primer intento de red social: se llamaba Six Degrees, pero cerró en 2000 tras el célebre colapso de las empresas puntocom que arrasó con muchos de los gigantes del internet primigenio. Quizá el mundo todavía no estaba preparado.

Hasta 2002 nadie se decidió a volver a intentarlo en serio. Ese año se lanzó Friendster y un año después llegaron MySpace y LinkedIn. La primera de estas webs fue la que tuvo un primer impacto serio en nuestro país, aunque pronto comenzó a competir con Facebook, fundada en 2004, y que durante años solo fue utilizada por los estudiantes de las universidades más elitistas de Estados Unidos. Estas primeras redes sociales eran, en su esencia, social networks, plataformas que servían para conectar a las personas y no tanto para compartir contenidos.

En 2006 se lanzó Twitter, que tal y como explicó el escritor Ian Bogost en un artículo para la revista The Atlantic, fue la primera que consiguió ser, más que simplemente una social network y un social media, una evolución de lo anterior que permitía, además, compartir contenidos, noticias, etc., e interactuar con ellos.

Twitter, por añadidura, se convirtió en una especie de chat global en el que no solo podías hablar con tus amigos, sino con todo el mundo. «Esa es quizá una de las razones por las que tantos periodistas acudieron a él en masa», afirma el autor. Era su fuente de información y su altavoz. Cualquier cosa que se publicara ahí podía ser leída por cualquier otra persona instantáneamente y, además, debido a la limitación de caracteres, tuitear era muy fácil y podías hacerlo muchas veces al día.

Estas empresas convirtieron la década de 2010 en su década, obteniendo beneficios astronómicos, y alcanzaron un inmenso poder de influencia que incluso les permitió decantar elecciones

En 2010, quizá el momento de mayor esplendor de Facebook, cuando absolutamente todo el mundo estaba ahí, nació Instagram. Que supuso, según Bogost, otro punto de inflexión en el sector. A partir de entonces, todas las redes se convirtieron en distribuidoras de contenidos: en lugar de mostrar las actualizaciones de sus amigos, Facebook animó a sus usuarios a compartir contenidos que les gustaran con sus seguidores. LinkedIn hizo lo mismo y Twitter había introducido el botón de retuitear (increíble pensar en un Twitter sin posibilidad de hacerlo), en 2009.

Los gestores de aquellas redes sociales, en las que ya por entonces trabajaban algunas de las mentes más privilegiadas del mundo, comprendieron que, dado que sus ingresos provenían cada vez más de la publicidad, la batalla existente entre ellas la ganaría quien consiguiera mantener a sus usuarios pegados a las pantallas durante más tiempo. Más minutos equivalía a más anuncios.

Así fue cómo estas empresas convirtieron la década de 2010 en su década, obteniendo beneficios astronómicos, y alcanzaron un inmenso poder de influencia que incluso les permitió decantar elecciones, como demostró el escándalo de Cambridge Analytics en los comicios estadounidenses que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

muerte de las redes sociales

¿POR QUÉ ESTÁ OCURRIENDO ESTO JUSTO AHORA?

No hay, ni mucho menos, una única teoría ni una razón concreta por las que este declive de las redes sociales esté ocurriendo justamente ahora, pero quizá una de las más interesantes es la que formula el autor norteamericano Johann Hari en su libro El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, editado este año por la Editorial Península.

Hari habla en él sobre la epidemia de falta de atención que invade nuestra sociedad, sus consecuencias negativas y la manera de intentar evitarla. En las conclusiones de su libro, presenta una teoría que podría explicar este desencanto que vivimos con las redes sociales.

El autor cita una conversación con Naomi Klein, la autora de obras míticas que han marcado época analizando nuestro presente y nuestro futuro, como No Logo o La doctrina del shock. La autora le explica a Hari que la pandemia provocada por la COVID-19 tuvo unas consecuencias inesperadas sobre nuestros hábitos respecto al uso de pantallas, en general, y especialmente de las redes sociales.

Klein defiende que desde hacía un tiempo nos encontrábamos en un descenso gradual hacia un mundo en el que la mayor parte de nuestras interacciones se darían por medio de pantallas y plataformas. Pero ese proceso estaba planificado a unos 10 años vista por los estrategas de las grandes plataformas.

La pandemia provocada por la COVID-19 tuvo unas consecuencias inesperadas sobre nuestros hábitos respecto al uso de pantallas, en general, y especialmente de las redes sociales

De la noche a la mañana, millones de personas tuvieron que quedarse encerradas en casa y se pasaban horas y horas frente a las pantallas. Ese cambio previsto a largo plazo se produjo en un brevísimo espacio de tiempo. Y lo que experimentamos no nos gustó, fue un shock.

Descubrimos que estar tanto tiempo delante de nuestro ordenador o de nuestro móvil no era bueno para nosotros y nos echábamos muchísimo de menos. Así que muchos acabaron odiando a esas plataformas y dispositivos, algo que, según la autora, supone una oportunidad para escapar de su tiranía y, de paso, recuperar nuestra atención.

¿QUÉ NOS DEPARARÁ EL FUTURO?

A pesar de que mucha gente las abandone o busque nuevas alternativas online u offline, parece bastante improbable que las redes sociales acaben desapareciendo, al menos en los próximos años. Lo que probablemente pasará, según escribió el periodista especializado en redes sociales de Forbes John Brandon, es que, en el futuro, el panorama no estará protagonizado por un pequeño número de apps hegemónicas que se repartirán todo el pastel, sino que se fragmentará y habrá muchas más aplicaciones que atenderán a las necesidades de grupos muy específicos de usuarios.

La necesidad de conectar seguirá presente, quizá será más necesario que nunca. Pero las nuevas aplicaciones, un ejemplo sería BeReal, no atraerán a todo el mundo, sino que seducirán a una parte de la sociedad. Probablemente, en el futuro veremos redes sociales para personas de la tercera edad, fans del fútbol, de un estilo determinado de música o de la cultura otaku.

Muy lejos ya de sus días de gloria y vilipendiado por las acusaciones de fomentar los discursos de odio, Facebook hace tiempo que agoniza. Cuenta todavía con millones de usuarios, es cierto, pero la mayoría de ellos (especialmente los más jóvenes) hace años, quizá lustros, que no postean absolutamente nada.

Los de Twitter tiemblan desde hace semanas: Elon Musk tomó el control de la red social y prometió convertirla en «una auténtica plaza pública global» (con todos los extremismos incluidos). También comenzó a despedir a miles de trabajadores, lo que no suele prometer un futuro brillante para ninguna empresa.

Algo ha empezado a fallar últimamente también en Instagram. Tras haberse convertido en la red social hegemónica durante la segunda parte de la pasada década, en los últimos años se ha hecho evidente que sus algoritmos han sido la causa de problemas de ansiedad y depresión, especialmente entre sus usuarios más jóvenes.

Además, resulta cada vez un lugar más aburrido, censurado y lleno hasta los topes de publicidad, donde cada día millones de personas entran buscando una diversión que hace tiempo dejó de ser una prioridad para sus propietarios.

Las redes sociales tradicionales, que hasta hace poco eran para mucha gente un sinónimo de internet, ya que era casi la única forma en la que se conectaban a la red, parece que hacen aguas por todas partes. Otras han llegado para sustituirlas, ocupan titulares y alimentan con sus contenidos programas en la televisión, aunque no son exactamente lo mismo: TikTok es una red masiva en la que, en teoría, todo el mundo puede postear.

Pero cada vez se está convirtiendo más en un canal unidireccional, parecido a Twitch o a YouTube, con una gran masa de receptores y un grupo más reducido de emisores o creadores de contenido que acumulan millones y millones de visualizaciones.

Algunos profetas del futuro ya llevan tiempo vaticinando el fin de las redes sociales y quizá tengan razón, pero la pregunta que inmediatamente surge tras esas profecías es: si es el fin de las redes sociales, ¿qué hay más allá?

muerte de las redes sociales

MÁS ANTIGUAS DE LO QUE CREES

La historia de las redes sociales es mucho más larga de lo que piensa la mayoría de la gente. Aunque casi todo el mundo esté convencido de que esta forma de relacionarse y compartir contenidos es propia del siglo XXI, lo cierto es que todo empezó en los últimos años del siglo XX, hace más de dos décadas.

Cuando los ordenadores empezaron a funcionar lo suficientemente bien y a estar disponibles en tantos lugares, a algunos visionarios se les ocurrió que quizá era posible utilizarlos para comunicarnos entre nosotros de una forma diferente. Nadie fue consciente en aquél primer momento de la importancia que llegarían a tener esas plataformas solo una década después.

En 1997 surge el que se suele considerar como el primer intento de red social: se llamaba Six Degrees, pero cerró en 2000 tras el célebre colapso de las empresas puntocom que arrasó con muchos de los gigantes del internet primigenio. Quizá el mundo todavía no estaba preparado.

Hasta 2002 nadie se decidió a volver a intentarlo en serio. Ese año se lanzó Friendster y un año después llegaron MySpace y LinkedIn. La primera de estas webs fue la que tuvo un primer impacto serio en nuestro país, aunque pronto comenzó a competir con Facebook, fundada en 2004, y que durante años solo fue utilizada por los estudiantes de las universidades más elitistas de Estados Unidos. Estas primeras redes sociales eran, en su esencia, social networks, plataformas que servían para conectar a las personas y no tanto para compartir contenidos.

En 2006 se lanzó Twitter, que tal y como explicó el escritor Ian Bogost en un artículo para la revista The Atlantic, fue la primera que consiguió ser, más que simplemente una social network y un social media, una evolución de lo anterior que permitía, además, compartir contenidos, noticias, etc., e interactuar con ellos.

Twitter, por añadidura, se convirtió en una especie de chat global en el que no solo podías hablar con tus amigos, sino con todo el mundo. «Esa es quizá una de las razones por las que tantos periodistas acudieron a él en masa», afirma el autor. Era su fuente de información y su altavoz. Cualquier cosa que se publicara ahí podía ser leída por cualquier otra persona instantáneamente y, además, debido a la limitación de caracteres, tuitear era muy fácil y podías hacerlo muchas veces al día.

Estas empresas convirtieron la década de 2010 en su década, obteniendo beneficios astronómicos, y alcanzaron un inmenso poder de influencia que incluso les permitió decantar elecciones

En 2010, quizá el momento de mayor esplendor de Facebook, cuando absolutamente todo el mundo estaba ahí, nació Instagram. Que supuso, según Bogost, otro punto de inflexión en el sector. A partir de entonces, todas las redes se convirtieron en distribuidoras de contenidos: en lugar de mostrar las actualizaciones de sus amigos, Facebook animó a sus usuarios a compartir contenidos que les gustaran con sus seguidores. LinkedIn hizo lo mismo y Twitter había introducido el botón de retuitear (increíble pensar en un Twitter sin posibilidad de hacerlo), en 2009.

Los gestores de aquellas redes sociales, en las que ya por entonces trabajaban algunas de las mentes más privilegiadas del mundo, comprendieron que, dado que sus ingresos provenían cada vez más de la publicidad, la batalla existente entre ellas la ganaría quien consiguiera mantener a sus usuarios pegados a las pantallas durante más tiempo. Más minutos equivalía a más anuncios.

Así fue cómo estas empresas convirtieron la década de 2010 en su década, obteniendo beneficios astronómicos, y alcanzaron un inmenso poder de influencia que incluso les permitió decantar elecciones, como demostró el escándalo de Cambridge Analytics en los comicios estadounidenses que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

muerte de las redes sociales

¿POR QUÉ ESTÁ OCURRIENDO ESTO JUSTO AHORA?

No hay, ni mucho menos, una única teoría ni una razón concreta por las que este declive de las redes sociales esté ocurriendo justamente ahora, pero quizá una de las más interesantes es la que formula el autor norteamericano Johann Hari en su libro El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, editado este año por la Editorial Península.

Hari habla en él sobre la epidemia de falta de atención que invade nuestra sociedad, sus consecuencias negativas y la manera de intentar evitarla. En las conclusiones de su libro, presenta una teoría que podría explicar este desencanto que vivimos con las redes sociales.

El autor cita una conversación con Naomi Klein, la autora de obras míticas que han marcado época analizando nuestro presente y nuestro futuro, como No Logo o La doctrina del shock. La autora le explica a Hari que la pandemia provocada por la COVID-19 tuvo unas consecuencias inesperadas sobre nuestros hábitos respecto al uso de pantallas, en general, y especialmente de las redes sociales.

Klein defiende que desde hacía un tiempo nos encontrábamos en un descenso gradual hacia un mundo en el que la mayor parte de nuestras interacciones se darían por medio de pantallas y plataformas. Pero ese proceso estaba planificado a unos 10 años vista por los estrategas de las grandes plataformas.

La pandemia provocada por la COVID-19 tuvo unas consecuencias inesperadas sobre nuestros hábitos respecto al uso de pantallas, en general, y especialmente de las redes sociales

De la noche a la mañana, millones de personas tuvieron que quedarse encerradas en casa y se pasaban horas y horas frente a las pantallas. Ese cambio previsto a largo plazo se produjo en un brevísimo espacio de tiempo. Y lo que experimentamos no nos gustó, fue un shock.

Descubrimos que estar tanto tiempo delante de nuestro ordenador o de nuestro móvil no era bueno para nosotros y nos echábamos muchísimo de menos. Así que muchos acabaron odiando a esas plataformas y dispositivos, algo que, según la autora, supone una oportunidad para escapar de su tiranía y, de paso, recuperar nuestra atención.

¿QUÉ NOS DEPARARÁ EL FUTURO?

A pesar de que mucha gente las abandone o busque nuevas alternativas online u offline, parece bastante improbable que las redes sociales acaben desapareciendo, al menos en los próximos años. Lo que probablemente pasará, según escribió el periodista especializado en redes sociales de Forbes John Brandon, es que, en el futuro, el panorama no estará protagonizado por un pequeño número de apps hegemónicas que se repartirán todo el pastel, sino que se fragmentará y habrá muchas más aplicaciones que atenderán a las necesidades de grupos muy específicos de usuarios.

La necesidad de conectar seguirá presente, quizá será más necesario que nunca. Pero las nuevas aplicaciones, un ejemplo sería BeReal, no atraerán a todo el mundo, sino que seducirán a una parte de la sociedad. Probablemente, en el futuro veremos redes sociales para personas de la tercera edad, fans del fútbol, de un estilo determinado de música o de la cultura otaku.

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