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16 de octubre 2014    /   CIENCIA
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¿Estás sordo o qué?

16 de octubre 2014    /   CIENCIA     por          
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¿Conoces alguna persona que tenga problemas de audición? Seguramente sí. Y si no cuentas a las personas mayores ni a aquellas que padecen sordera profunda, ¿entonces conoces a alguna? Probablemente sí, de nuevo; pero quizá no lo sepas. Hay más personas jóvenes que no oyen correctamente de las que crees. Según el INE, en España hay más de un millón de personas con discapacidad auditiva, de las cuales solo cien mil tienen sordera profunda.

Oír mal no es lo mismo que llevar gafas. Debería ser similar: ambas son discapacidades sensoriales que, cuando son leves o moderadas, no impiden realizar «vida normal». Sin embargo, las personas con defectos leves en la vista no tienen, a priori, ninguna desventaja social por su defecto. Pueden utilizar gafas o lentillas para corregirlo y esto no es bochornoso, porque más de la mitad de la población las utiliza.

«La falta de entendimiento de las personas con sorderas leves se confunde a veces con despiste o ensimismamiento»

Oír mal es muy diferente. Quizá porque el número de personas afectadas por este problema es mucho menor, la gente no suele entenderlo y aceptarlo como algo «normal». En primer lugar, que una persona no anciana ni totalmente sorda tenga un defecto de audición es algo que a muchas personas no se les pasa por la cabeza como una posibilidad, por lo que, en los primeros contactos con ella, su falta de entendimiento suele confundirse con despiste o ensimismamiento. En segundo lugar, una vez evidenciado el problema, es difícil que las personas lo traten con normalidad: es frecuente que intenten «comprobarlo», haciendo molestas pruebas que incomodan a la persona afectada («¿De verdad no oyes esto? ¿Y esto?») En el mejor de los casos, les parece un bicho raro, alguien con quien les será difícil relacionarse; y, su defecto, un tema tabú. Más aún si esa persona ha decidido ayudarse de unos audífonos para contrarrestar su pérdida de audición.

«En los últimos años ha aumentado el número de personas jóvenes con problemas de audición en los países desarrollados debido a la contaminación acústica de las ciudades y al modo de vida»

Las personas jóvenes pueden oír mal por un defecto de nacimiento. Cada año, más de dos mil familias españolas tienen un recién nacido con problemas de audición. Pero en los últimos años ha aumentado el número de personas jóvenes con problemas de audición en los países desarrollados debido a la contaminación acústica de las ciudades y al modo de vida (cascos a todo volumen, discotecas, conciertos…)

En estos defectos leves de audición suelen estar afectadas únicamente las frecuencias agudas. ¿Qué implicaciones tiene esto? Aparte de la dificultad para oír sonidos muy agudos (como los pitidos de aviso de algunos electrodomésticos, por ejemplo, o las últimas teclas de un piano), el mayor problema derivado de esto es que el entendimiento se ve afectado. El sonido de la voz humana queda «sepultado» en ambientes ruidosos, por ejemplo. Tampoco entienden bien el sonido radiofónico (micrófonos, radio, teléfono…). La corrección para este tipo de defecto tiene que ser selectiva: para que esas personas entiendan mejor, habría que aumentar el sonido de los agudos y mantener o reducir el de los graves. Ese es el motivo de que, cuando una persona con este defecto no entiende bien una película, la solución no sea subir el volumen, como sí lo es a veces con la pérdida de audición derivada de la edad.

«Cuando la sordera solo afecta a los tonos agudos, la solución no es subir el volumen. Estas personas oyen bien, pero no entienden correctamente»

Estas personas tienen afectada la inteligibilidad: oyen bien, pero no entienden correctamente. A veces, ante una frase cualquiera, confunden unas palabras con otras: su cabeza rellena los espacios en blanco con otras palabras cuyas vocales coinciden (la pérdida de los agudos hace que se confundan las consonantes, principalmente). Estas confusiones provocan, a veces, las mofas de los presentes. Y, a menudo, su decisión de repetir la frase gritando.

«Muchas personas no son conscientes de su defecto de audición, y acuden a realizarse un chequeo instados por sus familiares o amigos o después de que les detecten un problema en una revisión médica del trabajo», nos explica Jonathan Rufo, del Centro Óptico y Auditivo Rufo. El motivo de que no se den cuenta es que piensan que en esos ambientes «hostiles» es lo normal no entender correctamente las conversaciones. O, directamente, evitan esas situaciones porque no se sienten cómodos (no ven muchas películas porque se aburren al perderse gran parte de las conversaciones, no van a discotecas…)

AYUDAS A LA AUDICIÓN

Es posible conseguir unos audífonos desde 600 €. Pero, dependiendo de factores como el número de canales, los rangos de comprensión, la cancelación del feedback, la conectividad o el procesamiento de la señal hablada en entornos silenciosos o ruidosos, el precio va subiendo. Un coste medio para una adaptación binaural (dos audífonos) oscila entre 2.500 o 3.000 €, pero si se quiere un audífono de gama alta, estaríamos hablando de unos 5.000 o 6.000 €.

Lógicamente, es más fácil apreciar sus prestaciones en ambientes silenciosos, pero, dependiendo de la persona y de la gravedad de su defecto, también pueden ayudar mucho en ambientes ruidosos. Influyen bastante las expectativas que tenga cada persona, porque estos aparatos solo pueden ayudar hasta cierto punto.

También es importante saber que el audífono proporciona sonidos nuevos que, de entrada, no se traducirán en un mejor entendimiento: hace falta que el cerebro aprenda a traducir esa nueva información para que realmente esta tenga sentido para él.

Los audífonos de «canal abierto» no son mucho más grandes que una judía pinta y se colocan detrás de la oreja. De ellos sale un finísimo cable transparente que se mete dentro del oído. Por lo tanto, el orificio queda libre (al contrario que en los audífonos para corregir defectos más graves, que se colocan en el canal auditivo en lugar de fuera del mismo). Pasan desapercibidos a ojos de los demás pero, aun así, dada la incomprensión que reina sobre este tema, no es fácil que sus usuarios declaren abiertamente su uso. Ya es difícil para las personas mayores, pero lo es aún más para los jóvenes. «Siempre se dice que la sordera es una discapacidad invisible, y muchas personas con sorderas leves tienden a ocultarlo. Por ejemplo, en algunas obras de teatro o eventos en los que ofrecemos ayudas para la audición, algunas personas las rechazan por no querer reconocer su defecto», explica Javier Jiménez, de APTENT.

ACCESO A LA CULTURA

¿Cómo es el acceso a la cultura de las personas con este tipo de discapacidades? Según un estudio realizado por CESyA (Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción), la mayoría de personas con discapacidad auditiva utilizan el servicio de subtitulado de la televisión. Este está muy a mano en cualquier mando a distancia (algunos tienen un botón específico, en otros hay que seleccionar el canal «888» del teletexto), al contrario que las audiodescripciones para usuarios con discapacidad visual, cuyo acceso no es tan sencillo.

A través de TeatroAccesible.com y CineAccesible.com, es posible informarse de las producciones y sesiones que garantizan servicios de subtitulado y otras adaptaciones. Una opción elegida por algunas personas con dificultades auditivas es la de ver el cine en versión original subtitulada: aunque su conocimiento de los otros idiomas no sea muy avanzado, entienden mejor ese tipo de películas que una doblada al castellano sin subtitular.

Tal y como explican desde la empresa APTENT, algunos eventos, congresos y programas de televisión se subtitulan en directo, utilizando las técnicas denominadas estenotipia y rehablado, pero eso aún no es muy frecuente.

Además, el subtitulado es una herramienta útil también para personas sin defectos de audición. Por ejemplo, para tener la televisión silenciada o en un ambiente ruidoso como un bar o una estación de metro.

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«Arqueólogo, jugador de voleyplaya, romántico empedernido y usuario de audífonos». Campaña publicitaria de Phonak que echa por tierra unos cuantos prejuicios.

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Publicidad de los audífonos Phonak Lyric.

Fuentes:

Centro Óptico y Auditivo Rufo

Centros auditivos GAES

APTENT

FIAPAS (Confederación Española de Familias de Personas Sordas)

INE (Instituto Nacional de Estadística)

CESyA (Centro Español del Subtitulado y la Audiodescripción)

¿Conoces alguna persona que tenga problemas de audición? Seguramente sí. Y si no cuentas a las personas mayores ni a aquellas que padecen sordera profunda, ¿entonces conoces a alguna? Probablemente sí, de nuevo; pero quizá no lo sepas. Hay más personas jóvenes que no oyen correctamente de las que crees. Según el INE, en España hay más de un millón de personas con discapacidad auditiva, de las cuales solo cien mil tienen sordera profunda.

Oír mal no es lo mismo que llevar gafas. Debería ser similar: ambas son discapacidades sensoriales que, cuando son leves o moderadas, no impiden realizar «vida normal». Sin embargo, las personas con defectos leves en la vista no tienen, a priori, ninguna desventaja social por su defecto. Pueden utilizar gafas o lentillas para corregirlo y esto no es bochornoso, porque más de la mitad de la población las utiliza.

«La falta de entendimiento de las personas con sorderas leves se confunde a veces con despiste o ensimismamiento»

Oír mal es muy diferente. Quizá porque el número de personas afectadas por este problema es mucho menor, la gente no suele entenderlo y aceptarlo como algo «normal». En primer lugar, que una persona no anciana ni totalmente sorda tenga un defecto de audición es algo que a muchas personas no se les pasa por la cabeza como una posibilidad, por lo que, en los primeros contactos con ella, su falta de entendimiento suele confundirse con despiste o ensimismamiento. En segundo lugar, una vez evidenciado el problema, es difícil que las personas lo traten con normalidad: es frecuente que intenten «comprobarlo», haciendo molestas pruebas que incomodan a la persona afectada («¿De verdad no oyes esto? ¿Y esto?») En el mejor de los casos, les parece un bicho raro, alguien con quien les será difícil relacionarse; y, su defecto, un tema tabú. Más aún si esa persona ha decidido ayudarse de unos audífonos para contrarrestar su pérdida de audición.

«En los últimos años ha aumentado el número de personas jóvenes con problemas de audición en los países desarrollados debido a la contaminación acústica de las ciudades y al modo de vida»

Las personas jóvenes pueden oír mal por un defecto de nacimiento. Cada año, más de dos mil familias españolas tienen un recién nacido con problemas de audición. Pero en los últimos años ha aumentado el número de personas jóvenes con problemas de audición en los países desarrollados debido a la contaminación acústica de las ciudades y al modo de vida (cascos a todo volumen, discotecas, conciertos…)

En estos defectos leves de audición suelen estar afectadas únicamente las frecuencias agudas. ¿Qué implicaciones tiene esto? Aparte de la dificultad para oír sonidos muy agudos (como los pitidos de aviso de algunos electrodomésticos, por ejemplo, o las últimas teclas de un piano), el mayor problema derivado de esto es que el entendimiento se ve afectado. El sonido de la voz humana queda «sepultado» en ambientes ruidosos, por ejemplo. Tampoco entienden bien el sonido radiofónico (micrófonos, radio, teléfono…). La corrección para este tipo de defecto tiene que ser selectiva: para que esas personas entiendan mejor, habría que aumentar el sonido de los agudos y mantener o reducir el de los graves. Ese es el motivo de que, cuando una persona con este defecto no entiende bien una película, la solución no sea subir el volumen, como sí lo es a veces con la pérdida de audición derivada de la edad.

«Cuando la sordera solo afecta a los tonos agudos, la solución no es subir el volumen. Estas personas oyen bien, pero no entienden correctamente»

Estas personas tienen afectada la inteligibilidad: oyen bien, pero no entienden correctamente. A veces, ante una frase cualquiera, confunden unas palabras con otras: su cabeza rellena los espacios en blanco con otras palabras cuyas vocales coinciden (la pérdida de los agudos hace que se confundan las consonantes, principalmente). Estas confusiones provocan, a veces, las mofas de los presentes. Y, a menudo, su decisión de repetir la frase gritando.

«Muchas personas no son conscientes de su defecto de audición, y acuden a realizarse un chequeo instados por sus familiares o amigos o después de que les detecten un problema en una revisión médica del trabajo», nos explica Jonathan Rufo, del Centro Óptico y Auditivo Rufo. El motivo de que no se den cuenta es que piensan que en esos ambientes «hostiles» es lo normal no entender correctamente las conversaciones. O, directamente, evitan esas situaciones porque no se sienten cómodos (no ven muchas películas porque se aburren al perderse gran parte de las conversaciones, no van a discotecas…)

AYUDAS A LA AUDICIÓN

Es posible conseguir unos audífonos desde 600 €. Pero, dependiendo de factores como el número de canales, los rangos de comprensión, la cancelación del feedback, la conectividad o el procesamiento de la señal hablada en entornos silenciosos o ruidosos, el precio va subiendo. Un coste medio para una adaptación binaural (dos audífonos) oscila entre 2.500 o 3.000 €, pero si se quiere un audífono de gama alta, estaríamos hablando de unos 5.000 o 6.000 €.

Lógicamente, es más fácil apreciar sus prestaciones en ambientes silenciosos, pero, dependiendo de la persona y de la gravedad de su defecto, también pueden ayudar mucho en ambientes ruidosos. Influyen bastante las expectativas que tenga cada persona, porque estos aparatos solo pueden ayudar hasta cierto punto.

También es importante saber que el audífono proporciona sonidos nuevos que, de entrada, no se traducirán en un mejor entendimiento: hace falta que el cerebro aprenda a traducir esa nueva información para que realmente esta tenga sentido para él.

Los audífonos de «canal abierto» no son mucho más grandes que una judía pinta y se colocan detrás de la oreja. De ellos sale un finísimo cable transparente que se mete dentro del oído. Por lo tanto, el orificio queda libre (al contrario que en los audífonos para corregir defectos más graves, que se colocan en el canal auditivo en lugar de fuera del mismo). Pasan desapercibidos a ojos de los demás pero, aun así, dada la incomprensión que reina sobre este tema, no es fácil que sus usuarios declaren abiertamente su uso. Ya es difícil para las personas mayores, pero lo es aún más para los jóvenes. «Siempre se dice que la sordera es una discapacidad invisible, y muchas personas con sorderas leves tienden a ocultarlo. Por ejemplo, en algunas obras de teatro o eventos en los que ofrecemos ayudas para la audición, algunas personas las rechazan por no querer reconocer su defecto», explica Javier Jiménez, de APTENT.

ACCESO A LA CULTURA

¿Cómo es el acceso a la cultura de las personas con este tipo de discapacidades? Según un estudio realizado por CESyA (Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción), la mayoría de personas con discapacidad auditiva utilizan el servicio de subtitulado de la televisión. Este está muy a mano en cualquier mando a distancia (algunos tienen un botón específico, en otros hay que seleccionar el canal «888» del teletexto), al contrario que las audiodescripciones para usuarios con discapacidad visual, cuyo acceso no es tan sencillo.

A través de TeatroAccesible.com y CineAccesible.com, es posible informarse de las producciones y sesiones que garantizan servicios de subtitulado y otras adaptaciones. Una opción elegida por algunas personas con dificultades auditivas es la de ver el cine en versión original subtitulada: aunque su conocimiento de los otros idiomas no sea muy avanzado, entienden mejor ese tipo de películas que una doblada al castellano sin subtitular.

Tal y como explican desde la empresa APTENT, algunos eventos, congresos y programas de televisión se subtitulan en directo, utilizando las técnicas denominadas estenotipia y rehablado, pero eso aún no es muy frecuente.

Además, el subtitulado es una herramienta útil también para personas sin defectos de audición. Por ejemplo, para tener la televisión silenciada o en un ambiente ruidoso como un bar o una estación de metro.

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«Arqueólogo, jugador de voleyplaya, romántico empedernido y usuario de audífonos». Campaña publicitaria de Phonak que echa por tierra unos cuantos prejuicios.

2
Publicidad de los audífonos Phonak Lyric.

Fuentes:

Centro Óptico y Auditivo Rufo

Centros auditivos GAES

APTENT

FIAPAS (Confederación Española de Familias de Personas Sordas)

INE (Instituto Nacional de Estadística)

CESyA (Centro Español del Subtitulado y la Audiodescripción)

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  • La audición es mi profesión y mi vocación así que estoy encantado de que salga este tema en YOROKOBU. Solo un apunte mas: existe una tecnología que ayuda a los hipoacúsicos en su acercamiento a la cultura o el conocimiento, los bucles de inducción. Hablamos de una tecnología que existe desde hace décadas y que hoy esta instalado en la casi totalidad de audífonos retroauriculares (e incluso en algunos intrauriculares) y que permite captar la emisión procedente de un sistema preinstalado en una sala de cine, en un teatro, un museo o una sala de conferencias.
    El usuario de audífono solo tiene que activar el programa sobre su audífono para recibir la emisión como si de una radio se tratase.

    • Hola a todos y en especial a Carlos e Isabel:
      Soy coordinadora de traducción y accesibilidad en Aptent y Teatro accesible y me gustaría resaltar que también disponemos del sistema de bucle individual, subtitulos y/o sonido amplificado de sala en todas nuestras funciones para todos aquellos usuarios que lo necesiten o quieran probarlo. También ofrecemos servicio de audiodescripción para personas con discapacidad visual y lengua de signos entre otros. 🙂 Las opciones son variadas y esperamos que los usuarios encuentren alguna dentro de nuestro catálogo de medidas inclusivas. Muchas gracias.

  • David Lodge en su novela «La vida en sordina» hace unas cuantas reflexiones muy interesantes sobre la percepción de la sordera en la sociedad.
    “La sordera es cómica, así como la ceguera es trágica”.
    “Por supuesto, se puede argumentar que la ceguera es una desgracia peor que la sordera.Reconozco que si tuviera que elegir entre ambas, optaría por la sordera. Pero no solo difieren en grados de privación sensorial. Cultural, simbólicamente, son antitéticas. Lo trágico versus lo cómico, lo poético versus lo prosaico. Lo sublime versus lo ridículo.”
    “Paradójicamente, ser sordo no hace el silencio menos atractivo, sino más bien lo contrario. La experiencia auditiva se compone de silencio, sonidos y ruido. El silencio es neutro, el estado de espera. Los sonidos son significativos, transmiten información o dan placer estético. El ruido no tiene sentido y es feo. Estar sordo convierte tantos sonidos en ruido que prefieres el silencio; de ahí el placer de caminar por aquellas calles sin tráfico”.

  • Qué interesantes esas citas, Molinos.
    Parece que se refieren a sorderas profundas. Hablando de hipoacusia (sordera leve o moderada), la verdad es que muchas veces se eliminan los «ruidos» (pitidos agudos, chirridos desagradables que molestan a los que oyen bien) y se queda solo lo bonito, los «sonidos». Una pequeña «ventaja» que no llega a compensar el lastre de la falta de entendimiento, pero que consuela en parte (por ejemplo si tienes que dormir con el incesante goteo de un grifo, jeje).
    ¡Un abrazo!

    • Este tema me toca muy de cerca, ya que mi hija es totalmente sorda de un oído y como su sordera se debe a una lesión en el nervio,ni siquiera los audífonos pueden ayudarla. Mi hija hoy hace vida normal, pero ha sido un tema muy complicado de llevar porque las asociaciones de sordos no consideran sorda a mi hija, porque solo es sorda de una oreja, por lo que no han querido ( y lo digo con todas las palabras) ayudarme e orientarme cuando he acudido a pedir ayuda. Pero pese a todo mi hija ha sufrido muchos de los síntomas de las personas sordas: exceso de susceptibilidad, problemas de sociabilización, falta de inteligibilidad, etc.
      Por eso te agradezco mucho el artículo porque es una manera de llegar a la gente y de concienciarla sobre una problemática que afecta a mucha gente. Gracias.

      • Gracias a ti por compartir con nosotros tu historia, Heidi. Como bien explicas, hay muchos tipos de sorderas. Me alegro de que tu hija pueda hacer vida normal. Un abrazo

  • Gracias por el artículo, me ha gustado mucho.
    Mi mujer es «sorda», sufrió un accidente a los 20 años y como consecuencia perdió cerca de un 80% de audición en cada oído, usa desde entonces audífonos intrauriculares.
    Yo mismo, que la conocí así, que para mi es lo mas normal del mundo, a veces olvido cómo es y cómo funciona su discapacidad, a veces me exaspero cuando confunde palabras en una conversación, o cuando se muestra incapaz de interiorizar otros idiomas, como el inglés. Sin embargo, lo normal entre nosotros ha sido la paciencia mutua.
    No así algunas veces otras personas que la han mirado como un bicho raro, tal vez por eso, como gesto de rebeldía se cortó el pelo bien corto dejando muy evidentes a la vista sus audífonos, que hace 20 años eran muy visibles y ruidosos.
    Podría extenderme muchísimo mas, pero baste decir que su discapacidad no le impidió desarrollar su carrera como psicóloga y ser hoy una profesional muy reconocida en su ámbito, de lo cual me enorgullezco mucho, pues le ha costado mucho trabajo; imagine el esfuerzo por seguir una clase cuando no puedes llegar a tiempo a ocupar la primera fila, pues compaginaba trabajo y estudios … Una epopeya.

    • Muchísimas gracias por compartir con nosotros tu historia, Juan. Es un placer leer más y más ejemplos de personas que han seguido adelante y tienen una vida plena a pesar de ese problema. Abrazos

  • Isabel nos ha encantado el artículo. Llevamos trabajando en Mallorca más de 30 años para que la gente oiga, escuche y se comunique. Estos últimos años, vivimos momentos de gran avance tecnológico en el que la calidad del audífono junto con la innovación de los sistemas de conectividad (smartphone, minimicrófonos de larga distancia, programas especiales para escuchar la TV y la música sin cable,…) han mejorado mucho la calidad de vida de los sordos, integrándose en la vida familiar y laboral.

  • Realmente me ha dejado impresionada este artículo.
    Siempre he pensado, desde mi niñez, que tenía algún grado de sordera. Después de leer esto, me he dado cuenta de que siempre ha sido un problema de los agudos como aquí decís.. Y no tenía ni idea de esta poibilidad.
    No entendía por qué a mí me costaba entender las letras de las canciones más que a los demás, y siempre había risas cuando preguntaba intrigada.
    Hasta día de hoy me he encontrado todo tipo de reacciones, hasta enfado por repetir, como si fuera culpa mía por no prestar suficiente atención.
    Y risas, chistes, tampoco mofas, pero sí es un tema cómico, y no me había preguntado nunca el por qué.
    Siempre me ha dado vergüenza, en clase, me cuesta muchísimo entender a los compañeros cuando hablan susurrándome, aunque sea el de al lado. Al final desisten, con una risa y un ‘déjalo’.
    En fin, la verdad es que es bastante triste que sea un tema tabú totalmente desapercibido.
    Muchas gracias por este artículo, que me ha sido realmente útil.

    • Hola, Laura. Me alegro mucho de que el artículo te haya servido para entender lo que te pasaba. Según lo describes, parece probable que tengas una hipoacusia en los tonos agudos. ¿Por qué no te acercas a un otorrino o un centro auditivo? Con una audiometría rápida te dirán cómo te ven y te ayudarán con las soluciones. Por los demás, no te preocupes: que se preocupen ellos de dejarse de susurros y empiecen a hablar normal y mirando a los ojos. 🙂
      Un abrazo

    • Hola Laura, mis problemas diarios son parecidos a los tuyos. Aunque si me hicieron pruebas con diapasón de pequeña y los médicos siempre han descartado que tuviera problemas de audición… hace poco con una audiometría completa me detectaron que tengo una ligera pérdida de graves. Lo que lógicamente hace que tenga problemas para entender si hablan muy bajo o hay ruido/música de fondo.
      Lo que más me irrita es que casi siempre que le explico a un conocido que no oigo bien… después de pedir un par de veces que por favor me repitan y mirándome para verles los labios… Se piensan que es una escusa o una broma y ni caso. La gran mayoria de veces terminan con «no era nada» / «déjalo» o se pasan un rato bromeando.
      Lo peor, es que harta de esperarte esas reacciones no digas nada y terminas perdiéndote cosas importantes o entendiéndolas mal… lo que lleva a vergüenzas cuando te sueltan «¿es que no te enteras?»
      Pero al menos también hay quien ya conoce mi problema, es buena gente y procura hablarme de forma clara y que pueda verle los labios. O si en un momento hablan muchos al mismo tiempo, se para para explicarme que está pasando…

      • Mucho ánimo, Irene. Hay desconocimiento, así que lo que hay que hacer es restarle importancia. En todos los asuntos va a haber siempre gente maleducada que no empatice con las dificultades de los demás o que no tenga interés por comprender. Así que habrá que seguir apoyándose en la paciencia ¡y en las buenas personas!
        Un abrazo

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