26 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Estocolmo quiere ser una urbe a pedales

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Como muchas otras grandes ciudades, Estocolmo se ha quedado sin demasiado espacio libre dentro de los límites de su propio perímetro. El centro de la capital sueca añadió a la lista de sus preocupaciones inminentes reducir el tráfico de coches que a diario circulan por sus calles. Según declaró el comisionado de planificación de la ciudad, Roger Mogert, «la ciudad del futuro no es una construida pensando en el coche como medio de transporte. Requiere que hagamos más fácil viajar en bicicleta y la organización de soluciones de aparcamiento seguras y eficientes». Con esa idea han encargado al estudio de arquitectura Belatchew Architects que construyan un edificio en el casco antiguo pensando exclusivamente en los usuarios y amigos del velocípedo.
«Este garaje ayudará a la ciudad a reducir el número de coches y de ese modo los atascos de tráfico y la contaminación», responde a las preguntas de Yorokobu Sara Le Normand, portavoz del despacho encargado del plan que encontramos en Fast Company.
«La intención es liberar más superficie para los ciclistas y peatones. Ofrecer a los ciudadanos que no son propietarios de un automóvil la posibilidad de combinar ciclismo y tren como medios de transporte, ya que se encuentra muy cerca de una estación».
El espacio podrá albergar hasta 700 bicicletas, pero lejos de ser útil exclusivamente como garaje, el proyecto de Belatchew pretende ser algo así como un universo donde el velocípedo sea el máximo protagonista. «El plan es incluir un taller de reparación de bicicletas, vestuarios para que se pueda tener acceso a una ducha y a cambiarse de ropa, taquillas para el casco y los objetos personales…», enumera la portavoz.
El aparcamiento será fácilmente accesible desde diferentes partes del edificio, que desembocará sus entradas automáticas por la calle y por el parque aledaño donde pasan numerosos ciclistas. La línea fina: Grandes entradas de luz y paredes transparentes para aumentar la seguridad. Con el espacio que se ahorran en comparación con un aparcamiento de coches, y su consiguiente aumento del número de usuarios por metro cuadrado, Belatchew considera que será pertinente «abrir una cafetería en estrecha conexión con el garaje».
Belatchew-Arkitekter-Stockholm-Bike-Garage-House-Lowres
«La cosa es simple, si lo que aparcamos allí son coches, el flujo de personas es demasiado pequeño como para generar cualquier otra actividad que no sea aparcar un coche», explica Le Normand. «Con las bicicletas hay grandes posibilidades de crear oportunidades para actividades relacionadas con ellas, o pequeños cafés… elementos que a la vez conforman un barrio más animado y seguro».
Considera el despacho de acuerdo con el gobierno local que creando este movimiento ciudadano alrededor del edificio lo que se conseguirá es «un barrio más alegre para los residentes y una contribución con el paisaje urbano».
El proyecto será a su vez parte de un edificio de 60 apartamentos donde se espera que la mayoría de los residentes sean usuarios de bicis y transporte público. «No creemos que los residentes necesiten un coche para ir al trabajo a diario estando en el centro de la ciudad y teniendo a lado el tren», opinan. «Y para los fines de semana y días festivos habrá diferentes soluciones pendientes», tranquilizan a urbanitas viajeros.
Otros lugares del mundo, como Japón, también están decididos a pasar página en el asunto de las ciudades pensadas para el tráfico motorizado. La empresa Onomichi U2 se encarga en el país nipón de patrocinar servicios de hospitalidad que se adapten a los ciclistas.
«En todo el mundo la tendencia es clara: los urbanistas están buscando alternativas a los coches ya que las grandes ciudades están sufriendo congestión y contaminación», dice la arquitecta. «La bicicleta es una de esas alternativas. Son sostenibles. Pero si queremos alcanzar ese fin y que la gente se anime a dejar de elegir los motores necesitamos adaptar y facilitar la ciudad para los que así lo han hecho. Estoy segura de que veremos muchos más parques para bicicletas en el futuro».

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«Este garaje ayudará a la ciudad a reducir el número de coches y de ese modo los atascos de tráfico y la contaminación», responde a las preguntas de Yorokobu Sara Le Normand, portavoz del despacho encargado del plan que encontramos en Fast Company.
«La intención es liberar más superficie para los ciclistas y peatones. Ofrecer a los ciudadanos que no son propietarios de un automóvil la posibilidad de combinar ciclismo y tren como medios de transporte, ya que se encuentra muy cerca de una estación».
El espacio podrá albergar hasta 700 bicicletas, pero lejos de ser útil exclusivamente como garaje, el proyecto de Belatchew pretende ser algo así como un universo donde el velocípedo sea el máximo protagonista. «El plan es incluir un taller de reparación de bicicletas, vestuarios para que se pueda tener acceso a una ducha y a cambiarse de ropa, taquillas para el casco y los objetos personales…», enumera la portavoz.
El aparcamiento será fácilmente accesible desde diferentes partes del edificio, que desembocará sus entradas automáticas por la calle y por el parque aledaño donde pasan numerosos ciclistas. La línea fina: Grandes entradas de luz y paredes transparentes para aumentar la seguridad. Con el espacio que se ahorran en comparación con un aparcamiento de coches, y su consiguiente aumento del número de usuarios por metro cuadrado, Belatchew considera que será pertinente «abrir una cafetería en estrecha conexión con el garaje».
Belatchew-Arkitekter-Stockholm-Bike-Garage-House-Lowres
«La cosa es simple, si lo que aparcamos allí son coches, el flujo de personas es demasiado pequeño como para generar cualquier otra actividad que no sea aparcar un coche», explica Le Normand. «Con las bicicletas hay grandes posibilidades de crear oportunidades para actividades relacionadas con ellas, o pequeños cafés… elementos que a la vez conforman un barrio más animado y seguro».
Considera el despacho de acuerdo con el gobierno local que creando este movimiento ciudadano alrededor del edificio lo que se conseguirá es «un barrio más alegre para los residentes y una contribución con el paisaje urbano».
El proyecto será a su vez parte de un edificio de 60 apartamentos donde se espera que la mayoría de los residentes sean usuarios de bicis y transporte público. «No creemos que los residentes necesiten un coche para ir al trabajo a diario estando en el centro de la ciudad y teniendo a lado el tren», opinan. «Y para los fines de semana y días festivos habrá diferentes soluciones pendientes», tranquilizan a urbanitas viajeros.
Otros lugares del mundo, como Japón, también están decididos a pasar página en el asunto de las ciudades pensadas para el tráfico motorizado. La empresa Onomichi U2 se encarga en el país nipón de patrocinar servicios de hospitalidad que se adapten a los ciclistas.
«En todo el mundo la tendencia es clara: los urbanistas están buscando alternativas a los coches ya que las grandes ciudades están sufriendo congestión y contaminación», dice la arquitecta. «La bicicleta es una de esas alternativas. Son sostenibles. Pero si queremos alcanzar ese fin y que la gente se anime a dejar de elegir los motores necesitamos adaptar y facilitar la ciudad para los que así lo han hecho. Estoy segura de que veremos muchos más parques para bicicletas en el futuro».

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