27 de diciembre 2011    /   IDEAS
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Estos 25 mandaban mucho… y acabaron salpicados

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Ser corrupto está de moda, pero no es algo exclusivo de nuestra clase política, ni de nuestro país. Hay tres grandes delitos en el haber de los líderes: los económicos, los escándalos sexuales y los abusos de poder. Y bien parece que según dónde se viva, se cae en uno u otro. Si mandas mucho en un país poderoso sueles decantarte por lo sexual, si mandas en un país desarrollado pero sin poder efectivo optas por lo económico y si vives en un país pobre tienes tendencia a arrasar a parte de la población. Y si no te lo crees, atentos a los ejemplos.

De entre todos los villanos poderosos de nuestros días hay cuatro casos paradigmáticos de líderes que murieron sin pagar sus cuentas con la justicia, todos ellos con las manos manchadas de sangre. El mejor parado fue Pinochet, que murió plácidamente en su casa después de que la justicia internacional se dejara engatusar con su supuestamente precario estado de salud, que mejoró en el momento llegó a Santiago de Chile: fue aterrizar y levantarse de la silla de ruedas. Tras él Milosevic, que falleció en La Haya tras estar años esperando juicio por haber diseñado y mandado ejecutar la mayor limpieza étnica que ha conocido Europa desde tiempos de Hitler. Otros como Gadafi o Hussein tuvieron menos suerte: fueron asesinados sin posibilidad de juicio. Como Bin Laden, que mandaba lo suyo, aunque no en ningún país.

Encarcelados siguen unos cuantos. Por seguir con los dictadores está Fujimori, que aunque encarcelado, vive en una prisión de oro con todos los lujos posibles. Su hija, que estuvo cerca de ganar las últimas presidenciales peruanas, lleva años intentando que liberen al exmandatario escudándose en su precaria salud -técnica Pinochet, le llaman-. De vuelta a La Haya, y siguiendo los pasos de su mentor político, aguardan juicio Karadzic y Mladic… y ya llevan años en ello.

Por la cárcel también han pasado unos cuantos poderosos. En España los más altos dirigentes que han sabido lo que es vivir entre rejas han sido el exministro Barrionuevo y su secretario de Estado Vera, ambos por el secuestro de Segundo Marey en los albores de la actividad del GAL. Fuera de nuestras fronteras, y aunque no pasó estrictamente por la cárcel, destaca el reciente caso de Strauss-Kahn, hasta entonces dirigente del FMI y candidatable -toma palabro- a competir con Sarkozy. El turbio caso de una supuesta violación sigue arrojando múltiples incógnitas sobre qué sucedió en realidad o si, como él mismo sostiene, fue todo una conspiración. Finalmente fue liberado y absuelto. No ha corrido la misma suerte el expresidente israelí Katsav, encarcelado por haber violado a una ayudante y abusado de otras dos.

Volviendo a Francia está el caso de Chirac, recientemente condenado por malversación de fondos, que se librará de cárcel por su edad y su estado de salud… y por ser el expresidente de la república seguramente también. Peor lo pasó Villepin a lo largo del caso Clearstream, del que fue absuelto, pero que le impidió disputarle la candidatura del centroderecha al presidente galo, a la postre su rival político e instigador del juicio. Luego está el expresidente Clinton, que lo pasó estupendamente primero y un poco peor después: una relación “inapropiada” -como él la calificó- y la constatación de que mintió estuvieron cerca de costarle el cargo en un proceso, el ‘impeachment’, que si existiera en nuestro país haría estragos entre la clase política.

Ahora que, bien pensado, en nuestro país no hace falta mucho ‘impeachment’ para sentar en el banquillo a los poderosos. UrdangarínCamps, Costa, Matas o Fabra han visitado diversos juzgados y puede que acaben condenados por sus presuntos delitos, todos ellos vinculados a la corrupción. Y si quieres más políticos bajo la sombra de la sospecha, en nuestro país hay muchos más imputados que no son tan importantes como los que destacamos, pero que también tienen su parte.

También hay muchos sobre los que se dicen cosas con más o menos fundamentos, esa difusa barrera de políticos de los que ‘se dice que’, pero contra quienes a día de hoy no se ha concretado acusación alguna. Como cuando se construyó la estación del AVE de Guadalajara a 13 kilómetros de la ciudad para recalificar unos terrenos de Esperanza Aguirre. Son también los Zaplana, Blanco o Chaves. Del primero se dijo mucho sobre su gestión en la Comunidad Valencia en asuntos como Terra Mítica y su salida del país para trabajar en Telefónica. Al segundo el diario El Mundo le acusa de haber aceptado pagos por supuestos favores a empresarios. Al tercero se le acusó de favorecer con contratos a la empresa donde trabajaba su hija. Se dice, se dice, pero de momento nadie les ha denunciado.

Pero esta selección tiene un campeón al que será más complicado ver enfrentado a sus múltiples cuentas pendientes con la Justicia. Y es que ahora que Berlusconi ya no preside el país estará más expuesto que nunca, pero no deja de ser quien controla abundantes resortes de su país. Él es, sin duda, el ganador del listado: contra él pesan acusaciones de dos de los tres tipos de delitos que describíamos al principio, tanto de índole sexual como económica. Eso es de ser un auténtico campeón.

¿Nos dejamos alguno? Deja tus sugerencias en los comentarios.

@borjaventura, jefe de coordinación de lainformación.com

Imagen de Berlusconi (Ricardo Stuckert / Wikimedia Commons)

Imagen de Camps (PP Europeo / Wikimedia Commons)

 

 

 

 

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Ser corrupto está de moda, pero no es algo exclusivo de nuestra clase política, ni de nuestro país. Hay tres grandes delitos en el haber de los líderes: los económicos, los escándalos sexuales y los abusos de poder. Y bien parece que según dónde se viva, se cae en uno u otro. Si mandas mucho en un país poderoso sueles decantarte por lo sexual, si mandas en un país desarrollado pero sin poder efectivo optas por lo económico y si vives en un país pobre tienes tendencia a arrasar a parte de la población. Y si no te lo crees, atentos a los ejemplos.

De entre todos los villanos poderosos de nuestros días hay cuatro casos paradigmáticos de líderes que murieron sin pagar sus cuentas con la justicia, todos ellos con las manos manchadas de sangre. El mejor parado fue Pinochet, que murió plácidamente en su casa después de que la justicia internacional se dejara engatusar con su supuestamente precario estado de salud, que mejoró en el momento llegó a Santiago de Chile: fue aterrizar y levantarse de la silla de ruedas. Tras él Milosevic, que falleció en La Haya tras estar años esperando juicio por haber diseñado y mandado ejecutar la mayor limpieza étnica que ha conocido Europa desde tiempos de Hitler. Otros como Gadafi o Hussein tuvieron menos suerte: fueron asesinados sin posibilidad de juicio. Como Bin Laden, que mandaba lo suyo, aunque no en ningún país.

Encarcelados siguen unos cuantos. Por seguir con los dictadores está Fujimori, que aunque encarcelado, vive en una prisión de oro con todos los lujos posibles. Su hija, que estuvo cerca de ganar las últimas presidenciales peruanas, lleva años intentando que liberen al exmandatario escudándose en su precaria salud -técnica Pinochet, le llaman-. De vuelta a La Haya, y siguiendo los pasos de su mentor político, aguardan juicio Karadzic y Mladic… y ya llevan años en ello.

Por la cárcel también han pasado unos cuantos poderosos. En España los más altos dirigentes que han sabido lo que es vivir entre rejas han sido el exministro Barrionuevo y su secretario de Estado Vera, ambos por el secuestro de Segundo Marey en los albores de la actividad del GAL. Fuera de nuestras fronteras, y aunque no pasó estrictamente por la cárcel, destaca el reciente caso de Strauss-Kahn, hasta entonces dirigente del FMI y candidatable -toma palabro- a competir con Sarkozy. El turbio caso de una supuesta violación sigue arrojando múltiples incógnitas sobre qué sucedió en realidad o si, como él mismo sostiene, fue todo una conspiración. Finalmente fue liberado y absuelto. No ha corrido la misma suerte el expresidente israelí Katsav, encarcelado por haber violado a una ayudante y abusado de otras dos.

Volviendo a Francia está el caso de Chirac, recientemente condenado por malversación de fondos, que se librará de cárcel por su edad y su estado de salud… y por ser el expresidente de la república seguramente también. Peor lo pasó Villepin a lo largo del caso Clearstream, del que fue absuelto, pero que le impidió disputarle la candidatura del centroderecha al presidente galo, a la postre su rival político e instigador del juicio. Luego está el expresidente Clinton, que lo pasó estupendamente primero y un poco peor después: una relación “inapropiada” -como él la calificó- y la constatación de que mintió estuvieron cerca de costarle el cargo en un proceso, el ‘impeachment’, que si existiera en nuestro país haría estragos entre la clase política.

Ahora que, bien pensado, en nuestro país no hace falta mucho ‘impeachment’ para sentar en el banquillo a los poderosos. UrdangarínCamps, Costa, Matas o Fabra han visitado diversos juzgados y puede que acaben condenados por sus presuntos delitos, todos ellos vinculados a la corrupción. Y si quieres más políticos bajo la sombra de la sospecha, en nuestro país hay muchos más imputados que no son tan importantes como los que destacamos, pero que también tienen su parte.

También hay muchos sobre los que se dicen cosas con más o menos fundamentos, esa difusa barrera de políticos de los que ‘se dice que’, pero contra quienes a día de hoy no se ha concretado acusación alguna. Como cuando se construyó la estación del AVE de Guadalajara a 13 kilómetros de la ciudad para recalificar unos terrenos de Esperanza Aguirre. Son también los Zaplana, Blanco o Chaves. Del primero se dijo mucho sobre su gestión en la Comunidad Valencia en asuntos como Terra Mítica y su salida del país para trabajar en Telefónica. Al segundo el diario El Mundo le acusa de haber aceptado pagos por supuestos favores a empresarios. Al tercero se le acusó de favorecer con contratos a la empresa donde trabajaba su hija. Se dice, se dice, pero de momento nadie les ha denunciado.

Pero esta selección tiene un campeón al que será más complicado ver enfrentado a sus múltiples cuentas pendientes con la Justicia. Y es que ahora que Berlusconi ya no preside el país estará más expuesto que nunca, pero no deja de ser quien controla abundantes resortes de su país. Él es, sin duda, el ganador del listado: contra él pesan acusaciones de dos de los tres tipos de delitos que describíamos al principio, tanto de índole sexual como económica. Eso es de ser un auténtico campeón.

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