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26 de junio 2014    /   DIGITAL
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Ni una lágrima por las estrellas del porno

26 de junio 2014    /   DIGITAL     por          
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Los 90 pintaban bien para las estrellas del porno.

Tras unos convulsos años 80 donde la aparición del VHS y las cámaras de grabación domésticas habían revolucionado la industria, y en los que el SIDA había acabado con algunos de sus actores más célebres, la última década del siglo XX se presentaba en comparación como una balsa de aceite. Ni siquiera la aparición de nuevos formatos como el DVD parecía un gran problema. Y en esto, surgió Internet. Bueno, más concretamente la World Wide Web.
La industria del porno, que ya había demostrado una enorme adaptación al cambio (seguro que conocen la intrahistoria que dice que su apoyo al VHS fue la principal causa de la victoria de este frente al Betamax), abrazó rápidamente las posibilidades de la Red. Desde su nacimiento, la WWW fue evolucionando al ritmo que le exigía la industria (¿o era al revés?): las primeras formas de pago en la Red, antes siquiera que se pensase Paypal, nuevas formas de publicidad, un mayor ancho de banda que permitiese la descarga rápida de imágenes, mejor compresión de los vídeos…
Y a nuevo medio, nuevos hábitos de consumo. Ya no hacía falta alquilar una película completa. Con unos (pocos) minutos bastaba. La calidad tampoco suponía un gran problema, con lo que los vídeos amateurs comenzaron a inundar las redes. En fin, la industria, otra vez, patas arriba.
Aunque parezca una obviedad, Internet cambió la industria para siempre. Pero aún no he visto a nadie soltar una sola lágrima por las estrellas del porno que tuvieron que «sufrir» esa época.
Quizás si los responsables de las discográficas hubiesen prestado más atención al porno en vez de limitarse a copiar su estética para los vídeos musicales de la MTV, la historia hubiese sido diferente. Porque es posible que el porno fuese la primera gran industria a la que Internet cambió para siempre, pero ya sabemos que no fue la única.
En 1999 apareció Napster, un sistema de intercambio P2P creado por dos chavales de 20 años (el que interpreta Justin Timberlake en La Red Social y otro) y la música ya no volvió a ser igual. Bueno, en realidad la música no cambió tanto. Solo que la gente dejó de comprar discos. En España, del record de ventas de 626 millones de 2001 pasamos a los 119,8 de 2013. [1]
Esta vez sí, la llamada «crisis de la música» se convirtió en tema de conversación en los medios de todo el mundo. El término «piratería» se hizo de uso común mientras los artistas insultaban a sus fans en las entrevistas llamándoles ladrones y pidiendo a los gobiernos nuevas leyes para meterlos en la cárcel. ¡Y eso que todavía no existía Twitter!
Mientras estábamos todavía extasiados con el espectáculo de la caída de una industria que había conseguido convertir a Alejandro Sanz en una superestrella, de repente nos enteramos de que la gente había dejado de ir al cine… Y no, esta vez no estoy hablando (solo) de cine porno.
Aunque aguantaron de manera bastante digna unos años más, a partir de 2004 la tendencia fue imparable (de 691 millones de recaudación pasamos a 507 en el pasado año) [2]. Al ataque a sus espectadores «piratas» añadieron una nueva y original estrategia: insultar a aquellos que sí que pagaban por ir al cine o comprarse un DVD amenazándoles en el pase previo a la película. Ya saben: «la piratería es delito».
Aquello comenzaba a tener visos de epidemia, sobre todo cuando nos enteramos (por internet, claro) que también afectaba a la venta de periódicos, en continuo descenso de ventas en la última década. ¡Si hasta la gente dejó de comprar el Marca!
El siguiente ataque de los piratas se centró en los libros. Si usted ha vivido en una burbuja en los últimos años podría pensar que, después de asistir al hundimiento de música y cine, el sector editorial se habría preparado con algunas contramedidas. Y bueno, hay que reconocer que algo está haciendo: copiar una a una las medidas de la industria discográfica y el cine. Ya saben: reclamar leyes más restrictivas y cierres de webs, justificación de precios «por culpa de las pérdidas ocasionadas por la piratería» y, por supuesto, insultos a sus lectores. Con exitosos resultados: la venta de libros ha descendido un 20% en los últimos 4 años.
Y cuando todos pensábamos que los piratas de internet se iban a limitar al sector cultural, el ataque continúa. Porque ahora la cosa ya no va solo de bajarse música, películas y libros, sino también de viajar (Airbnb, Blablacar, Uber…) y disfrutar de las mismas cosas que la gente normal. ¡Si hasta quieren emprender como personas de bien (Kickstarters, Indiegogo… ), pero saltándose a los bancos!
Afortunadamente, el sector hotelero, financiero y el de transporte ya están avisados y han comenzado sus propias campañas antipiratería. Ya saben, siguiendo al pie de las letras las tácticas que tan bien han funcionado anteriormente: pedir un endurecimiento en la legislación y comenzar a publicar estudios (propios) con las (supuestas) pérdidas ocasionadas por los piratas.
Así que no se sorprendan si la próxima vez que cojan un taxi, reserven una habitación de hotel o pidan un crédito, les insulten no solo con la elección de la emisora, el café aguado del desayuno o los intereses del préstamo… Nadie quiere convertirse en el último negocio fagocitado por internet.
Sin embargo, ninguno de ellos ha pensado que quizás el modelo a seguir frente a los piratas no sea el del enfrentamiento y la negación al cambio que enarboló durante años la música o el cine, sino el de la aceptación que hace más de 20 años inició la industria del porno.
Aunque quizás el problema sea que en este país no se ve suficiente cine porno.
 
[1] Mercado de la música grabada en España. Año 2013. Promusicae.
[2] El cine y el vídeo en datos y cifras.   
 
Dani Monléon (@siestanfacil) es responsable de Marketing Digital en MASmedios. 

Los 90 pintaban bien para las estrellas del porno.

Tras unos convulsos años 80 donde la aparición del VHS y las cámaras de grabación domésticas habían revolucionado la industria, y en los que el SIDA había acabado con algunos de sus actores más célebres, la última década del siglo XX se presentaba en comparación como una balsa de aceite. Ni siquiera la aparición de nuevos formatos como el DVD parecía un gran problema. Y en esto, surgió Internet. Bueno, más concretamente la World Wide Web.
La industria del porno, que ya había demostrado una enorme adaptación al cambio (seguro que conocen la intrahistoria que dice que su apoyo al VHS fue la principal causa de la victoria de este frente al Betamax), abrazó rápidamente las posibilidades de la Red. Desde su nacimiento, la WWW fue evolucionando al ritmo que le exigía la industria (¿o era al revés?): las primeras formas de pago en la Red, antes siquiera que se pensase Paypal, nuevas formas de publicidad, un mayor ancho de banda que permitiese la descarga rápida de imágenes, mejor compresión de los vídeos…
Y a nuevo medio, nuevos hábitos de consumo. Ya no hacía falta alquilar una película completa. Con unos (pocos) minutos bastaba. La calidad tampoco suponía un gran problema, con lo que los vídeos amateurs comenzaron a inundar las redes. En fin, la industria, otra vez, patas arriba.
Aunque parezca una obviedad, Internet cambió la industria para siempre. Pero aún no he visto a nadie soltar una sola lágrima por las estrellas del porno que tuvieron que «sufrir» esa época.
Quizás si los responsables de las discográficas hubiesen prestado más atención al porno en vez de limitarse a copiar su estética para los vídeos musicales de la MTV, la historia hubiese sido diferente. Porque es posible que el porno fuese la primera gran industria a la que Internet cambió para siempre, pero ya sabemos que no fue la única.
En 1999 apareció Napster, un sistema de intercambio P2P creado por dos chavales de 20 años (el que interpreta Justin Timberlake en La Red Social y otro) y la música ya no volvió a ser igual. Bueno, en realidad la música no cambió tanto. Solo que la gente dejó de comprar discos. En España, del record de ventas de 626 millones de 2001 pasamos a los 119,8 de 2013. [1]
Esta vez sí, la llamada «crisis de la música» se convirtió en tema de conversación en los medios de todo el mundo. El término «piratería» se hizo de uso común mientras los artistas insultaban a sus fans en las entrevistas llamándoles ladrones y pidiendo a los gobiernos nuevas leyes para meterlos en la cárcel. ¡Y eso que todavía no existía Twitter!
Mientras estábamos todavía extasiados con el espectáculo de la caída de una industria que había conseguido convertir a Alejandro Sanz en una superestrella, de repente nos enteramos de que la gente había dejado de ir al cine… Y no, esta vez no estoy hablando (solo) de cine porno.
Aunque aguantaron de manera bastante digna unos años más, a partir de 2004 la tendencia fue imparable (de 691 millones de recaudación pasamos a 507 en el pasado año) [2]. Al ataque a sus espectadores «piratas» añadieron una nueva y original estrategia: insultar a aquellos que sí que pagaban por ir al cine o comprarse un DVD amenazándoles en el pase previo a la película. Ya saben: «la piratería es delito».
Aquello comenzaba a tener visos de epidemia, sobre todo cuando nos enteramos (por internet, claro) que también afectaba a la venta de periódicos, en continuo descenso de ventas en la última década. ¡Si hasta la gente dejó de comprar el Marca!
El siguiente ataque de los piratas se centró en los libros. Si usted ha vivido en una burbuja en los últimos años podría pensar que, después de asistir al hundimiento de música y cine, el sector editorial se habría preparado con algunas contramedidas. Y bueno, hay que reconocer que algo está haciendo: copiar una a una las medidas de la industria discográfica y el cine. Ya saben: reclamar leyes más restrictivas y cierres de webs, justificación de precios «por culpa de las pérdidas ocasionadas por la piratería» y, por supuesto, insultos a sus lectores. Con exitosos resultados: la venta de libros ha descendido un 20% en los últimos 4 años.
Y cuando todos pensábamos que los piratas de internet se iban a limitar al sector cultural, el ataque continúa. Porque ahora la cosa ya no va solo de bajarse música, películas y libros, sino también de viajar (Airbnb, Blablacar, Uber…) y disfrutar de las mismas cosas que la gente normal. ¡Si hasta quieren emprender como personas de bien (Kickstarters, Indiegogo… ), pero saltándose a los bancos!
Afortunadamente, el sector hotelero, financiero y el de transporte ya están avisados y han comenzado sus propias campañas antipiratería. Ya saben, siguiendo al pie de las letras las tácticas que tan bien han funcionado anteriormente: pedir un endurecimiento en la legislación y comenzar a publicar estudios (propios) con las (supuestas) pérdidas ocasionadas por los piratas.
Así que no se sorprendan si la próxima vez que cojan un taxi, reserven una habitación de hotel o pidan un crédito, les insulten no solo con la elección de la emisora, el café aguado del desayuno o los intereses del préstamo… Nadie quiere convertirse en el último negocio fagocitado por internet.
Sin embargo, ninguno de ellos ha pensado que quizás el modelo a seguir frente a los piratas no sea el del enfrentamiento y la negación al cambio que enarboló durante años la música o el cine, sino el de la aceptación que hace más de 20 años inició la industria del porno.
Aunque quizás el problema sea que en este país no se ve suficiente cine porno.
 
[1] Mercado de la música grabada en España. Año 2013. Promusicae.
[2] El cine y el vídeo en datos y cifras.   
 
Dani Monléon (@siestanfacil) es responsable de Marketing Digital en MASmedios. 

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Opiniones 8
  • Esto es muy simple. Los que se llenan los bolsillos quieren seguir llenándoselos tanto como siempre lo han hecho. No quieren dejar de meterse ni un solo céntimo.
    Y a parte de dinero, estas grandes compañías, corporaciones o vete tú a saber, también tienen a políticos y gente de «renombre» para darles «placer» o claramente, mantenerles los bolsillos tan llenos como sea posible endureciendo el crecimiento e innovación en todos los ámbitos que puedan afectar al peso de sus bolsillos.
    Me encantan los bolsillos llenos y a vosotros, no?
    Un claro ejemplo es la economía o el mundo del cine. Que si pierden millones cada día, que si despiden a miles de personas (ahí haciendo daño al subsconsciente) o la más importante de todas, la sicaria piratería (de ningún modo opino lo mismo, no es bueno generalizar).
    Habéis visto la película de «Maléfica»? Pues ha batido récords y destronado las otras películas (podéis verlo aquí: http://www.blogdecine.com/noticias/taquilla-espanola-malefica-hechiza-al-publico).
    Pero es que esto ha ocurrido con todas y cada una de las películas anteriores (menos las que son malas hasta quemarse a lo gonzo). La última, «X-Men: no se qué» y se ha cepillado a «Maléfica» mejorando beneficios cada fin de semana (podéis verlo aquí: http://www.blogdecine.com/noticias/taquilla-espanola-los-mutantes-se-cargan-a-malefica).
    Y un largo etc. que se repite contantemente estreno tras estreno (http://www.blogdecine.com/tag/taquilla).
    Sinceramente, todo esto debería ser embarazoso para esas compañías.
    En resumidas palabras, viva el porno! 😉

  • Éste es un tema peliagudo como para despacharlo en dos patadas. En primer lugar a lo mejor tú ves mucho porno pero sabes poco de la industria del porno. Sus beneficios se han ido al traste (por ejemplo Private llegó a valer en Bolsa más de 750 millones de dólares y en la actualidad está por debajo de los 2) y donde antes se pagaban buenos sueldos, ahora se paga bastante menos. Y ése es uno de los quids de la cuestión.
    El problema de cualquier industria cuyo producto es susceptible de ser pirateado, es que como cualquier otra industria se trata de industrias con estructuras que por muy mínimas que sean necesitan ser soportadas por el precio de una entrada, de un disco, de un libro o de una película (porno incluido). ¿Qué es caro? Pues ante todos los que dicen que la cultura es cara ahí tienen libros gratis (en bibliotecas y para su descarga, hay miles de libros cuyos derechos son de dominio público, clásicos y libros copyleft). Ahí tienen películas gratis (cada día se emiten en España más de 12 horas de cine gratis en todas las cadenas de nuestra TDT gratuita). ¿Música? Pues en la radio, en Spotify, en Deezer… Y eso sin contar con la cantidad de gente que sube su música gratuitamente para compartirla. No me digáis que no la cultura es cara porque ese es un argumento falso.
    Por cierto, que definir a alguien con un adjetivo que se ajusta a su comportamiento no es un insulto ni una descalificación, es una descripción (lo digo porque conviene utilizar el lenguaje adecuadamente, por un poco de pedagogía). Si yo tengo una manzana y la pongo a la venta, es mi derecho ponerle el precio que estime oportuno. Si a ti te parece cara, es tu derecho no comprármela. Sin embargo si encuentras la manera de quitarme las manzanas y comértelas, ahí me estás robando. Y cuando alguien roba se expone a que le llamen ladrón. ¿Qué no te gusta? Pues no robes. Estamos de acuerdo en que conseguir cosas gratis mola (somos españoles: si es gratis me lo llevo), y todos somos muy Robin Hood (putas multinacionales de la cultura) pero cuando alguien que te roba la cartera porque necesita el dinero porque tiene menos recursos que tú… entonces ya deja de estar tan bien (putos chorizos). Cuando nos roban a nosotros… entonces ya deja de molar.
    El tema de los sueldos es el central en esta discusión. Dónde mi antecesor en el comentario, José Andrés, ve a grandes corporaciones llenándose los bolsillos, obviamos que hay en este mundo cultural muchísimas pequeñas empresas que pretenden generar cultura y que se las ven y se las desean porque a ellos también les piratean y a ellos la piratería les hace más daño. Hacer cultura, como industria, no es barato. Y no nos olvidemos que cultura hacen desde el director o el guionista de una película hasta la persona que limpia un plató para rodar una película o el que vende las entradas en el cine. ¿Os habéis quedado a leer los títulos de crédito de una película alguna vez? ¿Habéis pensado que con el precio de vuestra entrada se paga el sueldo de toda esa gente? (Eso sin contar con que si dividimos el precio de la entrada por los minutos del metraje, el precio creo que es bastante asequible, incluso en las películas que os hayan decepcionado). ¿Os sigue pareciendo caro el cine?
    Es una batalla perdida (lo sé desde el minuto uno), pero me cabrea que todos los que intentáis dotar de una cierto encaje a quienes se dedican a piratear estáis contribuyendo con vuestros argumentos a una lógica que finalmente hará que ese escupitajo que tan alegremente expulsáis mirando al cielo termine cayendo sobre vosotros o sobre vuestros hijos (a muchos ya les está cayendo encima, pero insisto lo que para los demás debe ser, para mí no, a mí que me salven). “Primero fueron a por los del cine (querían cobrar mucho por su trabajo, no se querían adaptar al cambio de paradigma industrial) pero como yo no era del cine me dio igual. Luego fueron a por los de la música (si tan caro es grabar un disco en un estudio, que se lo graben en su casa, si ahora la tecnología lo permite), pero como yo no era de la música me dio igual. A continuación fueron a por los editores (si algunos escritores venden sus libros en Amazon por 0,99 todos deben hacerlo), pero no me preocupó. Hoy han venido a por mí (resulta que mi trabajo lo hace un vietnamita por una centésima parte de lo que yo cobro) y sí me ha preocupado, pero ya es tarde”.
    PD: Al respecto de las redes sociales de servicios, me parece adecuado que se puedan compartir viajes con el modelo de BlaBlaCar. El de Uber me plantea más dudas. Es evidente que si dejas de pagar impuestos puedes bajar el precio (no tienes que pagar Seguridad Social, IVA…), pero si ese es el futuro, apaga y vámonos. Insisto, lo sé, es una guerra perdida. Entre otras cosas porque los que abogáis por bajar el precio de los productos culturales seguís sin entender que entre pagar 0 y pagar 0,99 muy pocos pagarán 0,99. Y sin entender el derecho que tiene el que vende a fijar el precio que le parezca razonable (el que tiene el que compra a no adquirirlo si le parece desorbitado). Porque qué alguien me explique por qué el precio de los libros, el cine o el de la música debe estar determinado por la percepción del comprador y el sueldo de los responsables de Marketing Digital no está sujeto a lo que opinemos el resto. Me gustaría saber cuánto cobra el autor de este artículo en su puesto de trabajo porque para mí el márketing es vender humo, y en mi opinión no sólo debería dejar de cobrar sino que su actividad profesional debería ser recogida como delito en el Código Civil. Ahora, nos ponemos unos cuantos miles de acuerdo y se te acabó «el chollo» (sí, porque así es como tratáis a los que trabajamos en esta ¿»industria»?, como si tuviésemos un chollo cuando en realidad lo único que tenemos es un puesto de trabajo).

  • Hola Fran, pero es que en realidad este no es un artículo en defensa de la piratería. O al menos esa no era mi intención. Es más bien una reflexión sobre la incapacidad de ciertos sectores (o de ciertas voces dentro de esos sectores) para aceptar una realidad que no van a poder cambiar. Nada fue de color de rosa para la industria del porno en su “reconversión”, pero rápidamente entendieron que, o entraban en el juego, o se quedaban fuera del negocio. Y lo que más me sorprende es que uno tras otro todos repitan el mismo mensaje de “Internet es el diablo” iniciado por la industria musical, como si no hubiesen aprendido nada de su ejemplo.
    Creo que hay luchar contra la piratería pero desde luego ya está demostrado que el modelo de “cerrar webs” no va a funcionar nunca y que el camino está en ofrecer un modelo adaptado a los nuevos hábitos de consumo de nuestros clientes: ¿Qué el usuario quiere descargarse series completas y verlas en un fin de semana? Pues Netflix publica de golpe toda la temporada de algunas de sus series. ¿Tener toda la música en tu ordenador en segundos? A Spotify no le va demasiado mal. ¿Pedir un taxi por Internet? En nuestro país tenemos a @taxioviedo, que fue pionero en ofrecer sus servicios por Twitter… No sé si estos son los mejores ejemplos o si son modelos que acabarán por imponerse, pero desde luego, me parecen más inteligentes y valientes que pensar que piratear se va a acabar..

  • En el porno lo mismo que en muchas indústrias. Falta de innovación y como nada es eterno. acaba degradandose. Nosotras, por ejemplo, en Golden Sex Dreams defendemos la falta de porno hetero femeníno. Y no nos referimos a paredes pintadas de rosa. El porno que conocemos actualmente… el primero que nos viene a la mente,,,es el que se posicionó en los años 80: Un producto producido por hombres blancos, de una media de 45años y heteros. Insistieron durante décadas en proporcionar imágenes duras, kitch, caras sonrientes con corridas,… Una estética que obviamente repele el interés de la mujer y que francamente no tiene nada de real… (luego eso repercute en el comportamiento sexual de nuestros jóvenes internautas). Sin embargo, el resultado fue hacernos creer a tod@s que a las mujeres no nos gusta el sexo… ¿Porno para mujeres? ¡Eso no es porno! ¡Y un cuerno señores¡ 🙂 Las mujeres también queremos sentirnos protagonistas en una peli porno… queremos que nos provoque y el mercado hetero masculino no se encarga de ello. La pregunta que lanzamos es:¿Porqué tanta insistencia en rechazar el mercado femeníno dentro de un mundo tan capitalista como el porno? La mujeres somos consumidoras por exelencia y sino pregunten en la sección de juguetes eróticos. Nosotras ya tenemos más que asumido que se trata de un tema politico-social.

  • Lo siento si no entendí el mensaje, pero me parecía un nuevo artículo de «regalad o morid». En cualquier caso y al respecto de cierre de webs, ¿qué hacemos con una página web que coge mi trabajo, elimina todo rastro de él (atribuyéndoselo como propio) y se escuda en un lema como «más cultura, más libres» robándome mientras añade banners por los que alguien se lucra? ¿Le damos una palmadita en la espalda y le agradecemos que nos ayude a transformar el sector cultural incentivando y acelerando el proceso? Netflix funciona porque es un sistema de suscripción que ha alcanzado la masa crítica de usuarios y como dice el dicho, con buena …, bien se … (y que me disculpen las amigas de Golden Sex Dreams por utilizar un dicho tan fálico y machista, pero creo que es bien ilustrativo). En cuanto a Spotify, permíteme que ponga muy en duda eso de que va bien. Tal vez no opinen eso los miembros de Vetusta Morla que confesaban que con lo que ganaban de sus reproducciones (hablamos de un grupo puntero, de hecho el más escuchado en la plataforma en 2010) no les daba para mucho (http://rollingstone.es/noticias/cuanto-gana-un-grupo-indie-espanol-en-spotify/). Y sí, es promoción y con eso se llenan los conciertos y no sé qué más, pero ése es un argumento tan torticero como el de «entra a trabajar aquí y aunque no te paguemos nada, piensa que en tu futuro profesional te vendrá muy bien poner en tu currículum que estuviste aquí». Estoy contigo en que es probable que haya que cambiar el sistema y que perseguir a los usuarios/ladrones no es algo que sea posible (o sí, pero si poniendo medio cascabel al gato se te echan encima, si a alguien se le ocurriese hacer lo que ya han hecho en EEUU de denunciar y sancionar a quién se descarga contenidos, no sé qué pasaría aquí), pero es que sucede que la mayoría de usuarios piensan como José Andrés: «Las malditas multinacionales se forran y se lo llevan muerto, así que no estoy robando a personas concretas, sino a entes maléficos». En fin, que lo dicho, es una guerra perdida. Siento entrar al trapo, pero es que a veces (cuando me salto la medicación) no me puedo controlar y me da por pensar que a lo mejor la gente debería escuchar las voces de los «tradicionales», que a lo mejor algo tenemos que decir. Ah, un apunte sobre lo que dices de los canales alternativos y nuevas formas: te pongo un ejemplo clarísimo y en primera persona. Esos anti multinacionales maléficas no dudan en comprarse iPads o Kindles (se ve que Apple y Amazon son dos ONGs que quieren mejorar el mundo) y en lugar de comprar los contenidos por vías alternativas, acuden en rebaño a las tiendas de Apple y Amazon a comprar porque «es más cómodo», «no me fío de otra web que no sea Amazon»… Con lo que nos dejan en mitad de una divertida pinza entre los que nos roban y los que compran legalmente en canales que perpetúan el sistema de distribución que encarece los contenidos. Así están las cosas. Y yo que sólo quiero dedicarme a ayudar a gente a hacer contenido y a acercárselo a otra gente que quiera consumirlo, me toca una buena ración de ajo y agua.

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