12 de abril 2022    /   CREATIVIDAD
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Etiquetas de frutas, un diseño popular en peligro de extinción

Una exposición en CentroCentro de Madrid muestra una amplia colección de etiquetas, papeles de seda y cajas de frutas españolas que a muchos los devolverán directamente a su infancia.

12 de abril 2022    /   CREATIVIDAD     por          
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«Estamos rodeados de diseño», declaraba a finales del año pasado a esta misma revista el veterano diseñador catalán Albert Isern, y tenía toda la razón. Todos tenemos más o menos claro que detrás de un vestido de alta costura de Dior o de un coche deportivo hay un diseñador, pero también lo hay detrás de la caja de un medicamento, de la forma de nuestra tostadora y hasta del envoltorio del producto de marca blanca más básico de un supermercado.

Poco importa, además, el valor en el mercado del producto en cuestión para medir la repercusión que su diseño tendrá en la sociedad. De hecho, el carísimo vestido puede que pase sin pena ni gloria y acabe olvidado en los armarios de la mansión de una acaudalada familia parisina, pero los otros, los de los productos que consumimos a diario, pueden marcar estéticamente y, sobre todo, emocionalmente a generaciones enteras.

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

Que se lo digan, si no, a quien diseñó los Dinosaurus de Lu, los Cheetos Pelotazo, el bote hexagonal de Moussel de Legrain o a las decenas de diseñadores anónimos que crean desde hace más de un siglo las pegatinas, envoltorios y cajas de las frutas y verduras de nuestro país.

Los llamativos diseños de las naranjas, manzanas, aguacates y otras frutas y verduras nos han acompañado a muchos durante nuestra infancia y ya forman parte de nuestro imaginario personal. Seguro que cada uno, dependiendo de su origen, de su edad o de sus preferencias, tiene entre sus marcas fetiche las mandarinas Pillín, las naranjas Filósofo o los melones Bollo.

pegatinas de la fruta

A Florencia Grassi y Leandro Lattes, diseñadores del estudio El Vivero de Madrid, les pasa lo mismo. Llevan más de 20 años recopilando etiquetas y, sobre todo, papeles de seda de los que envuelven las frutas. Siempre les ha fascinado la técnica de impresión en un papel tan fino y la intensidad y riqueza de colores que se obtiene con ella. También la variedad de las marcas y sus nombres, algunos tan llamativos como Mañosa, Pirulí, Monada, Sherlock o Envidia.

«Comenzamos a investigar el tema más en profundidad hace un año y medio. Queríamos hacer algo, quizá un libro, pero estuvimos un tiempo pensando cómo hacerlo», cuenta Grassi desde su estudio en Madrid. «Finalmente, surgió la idea de organizar una exposición para mostrar nuestra colección, a la que añadimos piezas de varios archivos como, por ejemplo, el de Carles Iranzo, de Valencia, que es uno de los mayores coleccionistas de papeles de seda del mundo, con más de 6.000 ejemplares, y que además tiene un blog y una cuenta de Instagram en donde los muestra, La naranja de papel».

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

Ese fue el germen de FRUTAS DE DISEÑO. Una exposición sobre la gráfica de las frutas, que se puede visitar hasta el 15 de mayo en la planta 2 del CentroCentro de Madrid, y en la que se muestran más de 250 papeles de seda, 120 cajas y 360 etiquetas.

Se trata de un archivo en construcción que reúne muestras recogidas durante años en fruterías de barrio, visitas a mercados centrales, imprentas, fábricas de cajas y comercializadoras de frutas. Tiene el doble objetivo de poner el foco en estas modestas piezas de diseño que suelen pasar desapercibidas y, al mismo tiempo, destacar el valor del trabajo de creadores y diseñadores locales, muchas veces desconocidos, enmarcando su trabajo en el ambiente de diseño contemporáneo.

pegatinas de la fruta

UN ORIGEN INCIERTO

Se estima que las primeras etiquetas en cajas y papeles de seda comenzaron a utilizarse alrededor de 1920, aunque nadie puede asegurarlo debido al carácter efímero de estas piezas. De esa época son, al menos, los primeros ejemplos que se conservan, que utilizaban ilustraciones muy elaboradas que se colocaban en los laterales de las cajas, inspiradas en el art nouveau y en el Hollywood del cine mudo.

Estos diseños estaban firmados por sus autores y utilizaban un tipo de impresión, la serigrafía, que no era precisamente barata. Este derroche era posible debido a que, en aquella época, muchas de estas frutas eran productos de lujo y más todavía si se exportaban a países como Alemania o Reino Unido.

pegatinas de la fruta

«Durante la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial se dejaron de hacer etiquetas», explica Florencia Grassi. «En los años 50 se retoma su fabricación, si bien el estilo cambia. Las ilustraciones realistas del periodo anterior son sustituidas por una imagen mucho más gráfica, con diseños centrados en la tipografía, basados en colores planos y llamativos, y en los que destaca el nombre de la marca, que está desde entonces destinado a atraer. Es entonces cuando nacen algunas como Delirio, Fantasía, Fetiche, Juanito, Infinita, La Deseada, Solita, La Soculente, Top o Brindis».

En el origen de estos nombres hay, según la diseñadora de El Vivero, una gran porción de cotidianidad («Ponen el nombre del perrito, del niño, de la mujer, el apodo de la familia…»), un punto de humor muy levantino y una clara intención de llamar la atención en un mercado en el que la competencia es enorme debido a lo sustituible que resulta la mercancía.

pegatinas de la fruta

«Nos dimos cuenta —continúa Grassi— de que había bastante literatura sobre las etiquetas de los años 20, pero nada sobre las que surgen a partir de los 50, por eso decidimos dedicarnos a este periodo».

El proceso de investigación los llevó a uno de los epicentros mundiales de la producción de cítricos, el pueblo de Burriana, donde lograron visitar una imprenta y documentar en vídeo el proceso de fabricación de las envolturas de papel de seda, un negocio que lleva más de 95 años en activo e imprime millones de papeles cada año.

pegatinas de la fruta

NARANJAS ENVUELTAS EN PAPEL DE SEDA, UN INVENTO ESPAÑOL

Aunque las etiquetas adhesivas para frutas y verduras es algo muy extendido en casi todos los países productores de este tipo de alimentos, no ocurre lo mismo con el papel de seda, que es prácticamente único de nuestro país y, en concreto, en los cítricos de la costa levantina. Solo existe otra zona en el mundo con una riqueza similar de papeles de seda y es en el sur de Italia, especialmente en la isla de Sicilia.

En su viaje a la Comunidad Valenciana, Florencia Grassi  y Leandro Lattes no consiguieron que nadie les pudiera facilitar datos fidedignos sobre el origen de este uso, aunque la diseñadora tiene una interesante teoría al respecto. «No es científico lo que te voy a contar —explica—, pero por todo lo que hemos investigado, estos envoltorios parece que comienzan a utilizarse en Valencia y Castellón alrededor de 1920».

pegatinas de la fruta

En aquella época, ya se exportaban los frutos y se envolvían con papeles de seda para protegerlos de los hongos, pero no llevaban marcas. En algún momento, a algún productor se le ocurrió que si diferenciaba su fruta de la de los demás, podría fomentar la fidelidad de sus clientes. «Nuestra teoría —continúa Grassi— es que los vapores ingleses que cargaban esta mercancía en el puerto de Castellón recogían también mercancías en los puertos de Sicilia, y seguramente allí los sicilianos vieron los envoltorios, les pareció una buena idea y comenzaron a utilizarlos. ¡Pero quizá fue al revés!», bromea.

MÁS DE 65.000 PEGATINAS DE FRUTAS

Según la diseñadora británica Kelly Angood, que creó y gestiona la cuenta de Instagram Fruit Stickers, con más de 56.000 seguidores, se calcula que hay unas 65.000 pegatinas distintas en todo el mundo, aunque la cifra puede ser mucho mayor ya que existen numerosos productos de alcance local. Hay enormes colecciones que pueden verse en internet, como, por ejemplo, la de este coleccionista francés, una lengua en la que existe hasta una palabra para definir este coleccionismo: légufrulabélophilie.

pegatinas de la fruta

Las pegatinas son un invento posterior a los diseños de las cajas o los papeles de seda hispanoitalianos. En nuestro país se comenzaron a utilizar bien entrados los años 60, pero en otras partes del mundo existían mucho antes. Probablemente, aunque es un dato imposible de comprobar, la primera pegatina en una fruta se colocó en una banana de la empresa importadora londinense Fyffes en 1929.

pegatinas de la fruta

ICONOS DE LA MODA Y DE LA CULTURA

El éxito de la cuenta de Angood muestra el interés que estos diminutos y cotidianos diseños despiertan, especialmente entre los propios diseñadores, siempre necesitados de inspiración.

En un artículo que publicó la propia Angood en la plataforma Medium, titulado Fruit stickers, fashion, ‘inspiration’ and ‘imitation’ (Pegatinas de frutas, moda, ‘inspiración’ e ‘imitación’), contó cómo desde que creó la cuenta en 2015, varios diseñadores de moda se han inspirado en algunas de las etiquetas que ella ha publicado para crear sus prendas (sin acreditarla). Es el caso de Virgil Abloh, que ideó para la marca OffWhite una chaqueta cubierta de etiquetas de frutas, o de Lisa Gorman, que lanzó varios diseños estampados con etiquetas.

 

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La propia Angood también decidió sacar a la venta camisetas o láminas con diversas composiciones realizadas a partir de sellos de frutas.

 

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En ocasiones, la influencia va un poco más allá, como en la obra del pintor Danny Fox, que habitualmente coloca en sus dibujos pegatinas de frutas como una forma de contextualizarlos en un tiempo y en un lugar, tal vez fascinado también por su estética.

 

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Una publicación compartida de Danny Fox (@dannyfoxpaint)

¿CUÁNTO TIEMPO LES QUEDA?

Las etiquetas y diseños de frutas se enfrentan a tres cambios fundamentales que amenazan su continuidad: el primero es la globalización y la creación de compañías de producción y distribución de frutas cada vez más grandes, lo que provoca que cada vez les resulte más difícil ser rentables a las pequeñas y medianas explotaciones. Muchas de ellas tienen que dejar de vender directamente a los consumidores para convertirse en proveedores de estas grandes marcas, o simplemente cesar en su actividad.

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

En segundo lugar, la concentración del comercio en grandes superficies tampoco favorece la variedad de marcas y, por tanto, de etiquetas. En las grandes superficies las frutas o bien no tienen marca o es la de la propia tienda. Los mercados son el último reducto donde podemos encontrar una gran variedad de estas pequeñas y folclóricas obras de arte.

Finalmente, la nueva conciencia medioambiental que ha surgido en los últimos tiempos tampoco va a favor de las etiquetas. Se calcula que solo en el Reino Unido más de 100 millones de etiquetas de plástico van a la basura cada semana, introduciéndose en la cadena trófica en forma de microplásticos.

pegatinas de la fruta

Quizá el futuro de las etiquetas pasa porque que se fabriquen con bioplásticos o que se conviertan en grabados sobre la piel de las frutas realizados con láser, algo que ya se está probando en diversos lugares, pero que no acaba de convencer a los distribuidores.

También existen experiencias como la que está llevando a cabo la start-up estadounidense StixFresh, que ha desarrollado una etiqueta que alarga la vida útil de las frutas hasta dos semanas adicionales mediante la creación de una capa protectora que prolonga su vida útil.

Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro con este tipo de etiquetado, pero está claro que sus días de gloria hace tiempo que pasaron. Así opina también Florencia Grassi, que concluye que «es por eso también que creemos que es el momento perfecto para enseñarlas». Los elevados niveles de asistencia a la exposición de Madrid parecen darle la razón.

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«Estamos rodeados de diseño», declaraba a finales del año pasado a esta misma revista el veterano diseñador catalán Albert Isern, y tenía toda la razón. Todos tenemos más o menos claro que detrás de un vestido de alta costura de Dior o de un coche deportivo hay un diseñador, pero también lo hay detrás de la caja de un medicamento, de la forma de nuestra tostadora y hasta del envoltorio del producto de marca blanca más básico de un supermercado.

Poco importa, además, el valor en el mercado del producto en cuestión para medir la repercusión que su diseño tendrá en la sociedad. De hecho, el carísimo vestido puede que pase sin pena ni gloria y acabe olvidado en los armarios de la mansión de una acaudalada familia parisina, pero los otros, los de los productos que consumimos a diario, pueden marcar estéticamente y, sobre todo, emocionalmente a generaciones enteras.

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

Que se lo digan, si no, a quien diseñó los Dinosaurus de Lu, los Cheetos Pelotazo, el bote hexagonal de Moussel de Legrain o a las decenas de diseñadores anónimos que crean desde hace más de un siglo las pegatinas, envoltorios y cajas de las frutas y verduras de nuestro país.

Los llamativos diseños de las naranjas, manzanas, aguacates y otras frutas y verduras nos han acompañado a muchos durante nuestra infancia y ya forman parte de nuestro imaginario personal. Seguro que cada uno, dependiendo de su origen, de su edad o de sus preferencias, tiene entre sus marcas fetiche las mandarinas Pillín, las naranjas Filósofo o los melones Bollo.

pegatinas de la fruta

A Florencia Grassi y Leandro Lattes, diseñadores del estudio El Vivero de Madrid, les pasa lo mismo. Llevan más de 20 años recopilando etiquetas y, sobre todo, papeles de seda de los que envuelven las frutas. Siempre les ha fascinado la técnica de impresión en un papel tan fino y la intensidad y riqueza de colores que se obtiene con ella. También la variedad de las marcas y sus nombres, algunos tan llamativos como Mañosa, Pirulí, Monada, Sherlock o Envidia.

«Comenzamos a investigar el tema más en profundidad hace un año y medio. Queríamos hacer algo, quizá un libro, pero estuvimos un tiempo pensando cómo hacerlo», cuenta Grassi desde su estudio en Madrid. «Finalmente, surgió la idea de organizar una exposición para mostrar nuestra colección, a la que añadimos piezas de varios archivos como, por ejemplo, el de Carles Iranzo, de Valencia, que es uno de los mayores coleccionistas de papeles de seda del mundo, con más de 6.000 ejemplares, y que además tiene un blog y una cuenta de Instagram en donde los muestra, La naranja de papel».

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

Ese fue el germen de FRUTAS DE DISEÑO. Una exposición sobre la gráfica de las frutas, que se puede visitar hasta el 15 de mayo en la planta 2 del CentroCentro de Madrid, y en la que se muestran más de 250 papeles de seda, 120 cajas y 360 etiquetas.

Se trata de un archivo en construcción que reúne muestras recogidas durante años en fruterías de barrio, visitas a mercados centrales, imprentas, fábricas de cajas y comercializadoras de frutas. Tiene el doble objetivo de poner el foco en estas modestas piezas de diseño que suelen pasar desapercibidas y, al mismo tiempo, destacar el valor del trabajo de creadores y diseñadores locales, muchas veces desconocidos, enmarcando su trabajo en el ambiente de diseño contemporáneo.

pegatinas de la fruta

UN ORIGEN INCIERTO

Se estima que las primeras etiquetas en cajas y papeles de seda comenzaron a utilizarse alrededor de 1920, aunque nadie puede asegurarlo debido al carácter efímero de estas piezas. De esa época son, al menos, los primeros ejemplos que se conservan, que utilizaban ilustraciones muy elaboradas que se colocaban en los laterales de las cajas, inspiradas en el art nouveau y en el Hollywood del cine mudo.

Estos diseños estaban firmados por sus autores y utilizaban un tipo de impresión, la serigrafía, que no era precisamente barata. Este derroche era posible debido a que, en aquella época, muchas de estas frutas eran productos de lujo y más todavía si se exportaban a países como Alemania o Reino Unido.

pegatinas de la fruta

«Durante la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial se dejaron de hacer etiquetas», explica Florencia Grassi. «En los años 50 se retoma su fabricación, si bien el estilo cambia. Las ilustraciones realistas del periodo anterior son sustituidas por una imagen mucho más gráfica, con diseños centrados en la tipografía, basados en colores planos y llamativos, y en los que destaca el nombre de la marca, que está desde entonces destinado a atraer. Es entonces cuando nacen algunas como Delirio, Fantasía, Fetiche, Juanito, Infinita, La Deseada, Solita, La Soculente, Top o Brindis».

En el origen de estos nombres hay, según la diseñadora de El Vivero, una gran porción de cotidianidad («Ponen el nombre del perrito, del niño, de la mujer, el apodo de la familia…»), un punto de humor muy levantino y una clara intención de llamar la atención en un mercado en el que la competencia es enorme debido a lo sustituible que resulta la mercancía.

pegatinas de la fruta

«Nos dimos cuenta —continúa Grassi— de que había bastante literatura sobre las etiquetas de los años 20, pero nada sobre las que surgen a partir de los 50, por eso decidimos dedicarnos a este periodo».

El proceso de investigación los llevó a uno de los epicentros mundiales de la producción de cítricos, el pueblo de Burriana, donde lograron visitar una imprenta y documentar en vídeo el proceso de fabricación de las envolturas de papel de seda, un negocio que lleva más de 95 años en activo e imprime millones de papeles cada año.

pegatinas de la fruta

NARANJAS ENVUELTAS EN PAPEL DE SEDA, UN INVENTO ESPAÑOL

Aunque las etiquetas adhesivas para frutas y verduras es algo muy extendido en casi todos los países productores de este tipo de alimentos, no ocurre lo mismo con el papel de seda, que es prácticamente único de nuestro país y, en concreto, en los cítricos de la costa levantina. Solo existe otra zona en el mundo con una riqueza similar de papeles de seda y es en el sur de Italia, especialmente en la isla de Sicilia.

En su viaje a la Comunidad Valenciana, Florencia Grassi  y Leandro Lattes no consiguieron que nadie les pudiera facilitar datos fidedignos sobre el origen de este uso, aunque la diseñadora tiene una interesante teoría al respecto. «No es científico lo que te voy a contar —explica—, pero por todo lo que hemos investigado, estos envoltorios parece que comienzan a utilizarse en Valencia y Castellón alrededor de 1920».

pegatinas de la fruta

En aquella época, ya se exportaban los frutos y se envolvían con papeles de seda para protegerlos de los hongos, pero no llevaban marcas. En algún momento, a algún productor se le ocurrió que si diferenciaba su fruta de la de los demás, podría fomentar la fidelidad de sus clientes. «Nuestra teoría —continúa Grassi— es que los vapores ingleses que cargaban esta mercancía en el puerto de Castellón recogían también mercancías en los puertos de Sicilia, y seguramente allí los sicilianos vieron los envoltorios, les pareció una buena idea y comenzaron a utilizarlos. ¡Pero quizá fue al revés!», bromea.

MÁS DE 65.000 PEGATINAS DE FRUTAS

Según la diseñadora británica Kelly Angood, que creó y gestiona la cuenta de Instagram Fruit Stickers, con más de 56.000 seguidores, se calcula que hay unas 65.000 pegatinas distintas en todo el mundo, aunque la cifra puede ser mucho mayor ya que existen numerosos productos de alcance local. Hay enormes colecciones que pueden verse en internet, como, por ejemplo, la de este coleccionista francés, una lengua en la que existe hasta una palabra para definir este coleccionismo: légufrulabélophilie.

pegatinas de la fruta

Las pegatinas son un invento posterior a los diseños de las cajas o los papeles de seda hispanoitalianos. En nuestro país se comenzaron a utilizar bien entrados los años 60, pero en otras partes del mundo existían mucho antes. Probablemente, aunque es un dato imposible de comprobar, la primera pegatina en una fruta se colocó en una banana de la empresa importadora londinense Fyffes en 1929.

pegatinas de la fruta

ICONOS DE LA MODA Y DE LA CULTURA

El éxito de la cuenta de Angood muestra el interés que estos diminutos y cotidianos diseños despiertan, especialmente entre los propios diseñadores, siempre necesitados de inspiración.

En un artículo que publicó la propia Angood en la plataforma Medium, titulado Fruit stickers, fashion, ‘inspiration’ and ‘imitation’ (Pegatinas de frutas, moda, ‘inspiración’ e ‘imitación’), contó cómo desde que creó la cuenta en 2015, varios diseñadores de moda se han inspirado en algunas de las etiquetas que ella ha publicado para crear sus prendas (sin acreditarla). Es el caso de Virgil Abloh, que ideó para la marca OffWhite una chaqueta cubierta de etiquetas de frutas, o de Lisa Gorman, que lanzó varios diseños estampados con etiquetas.

 

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La propia Angood también decidió sacar a la venta camisetas o láminas con diversas composiciones realizadas a partir de sellos de frutas.

 

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En ocasiones, la influencia va un poco más allá, como en la obra del pintor Danny Fox, que habitualmente coloca en sus dibujos pegatinas de frutas como una forma de contextualizarlos en un tiempo y en un lugar, tal vez fascinado también por su estética.

 

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¿CUÁNTO TIEMPO LES QUEDA?

Las etiquetas y diseños de frutas se enfrentan a tres cambios fundamentales que amenazan su continuidad: el primero es la globalización y la creación de compañías de producción y distribución de frutas cada vez más grandes, lo que provoca que cada vez les resulte más difícil ser rentables a las pequeñas y medianas explotaciones. Muchas de ellas tienen que dejar de vender directamente a los consumidores para convertirse en proveedores de estas grandes marcas, o simplemente cesar en su actividad.

pegatinas de la fruta

pegatinas de la fruta

En segundo lugar, la concentración del comercio en grandes superficies tampoco favorece la variedad de marcas y, por tanto, de etiquetas. En las grandes superficies las frutas o bien no tienen marca o es la de la propia tienda. Los mercados son el último reducto donde podemos encontrar una gran variedad de estas pequeñas y folclóricas obras de arte.

Finalmente, la nueva conciencia medioambiental que ha surgido en los últimos tiempos tampoco va a favor de las etiquetas. Se calcula que solo en el Reino Unido más de 100 millones de etiquetas de plástico van a la basura cada semana, introduciéndose en la cadena trófica en forma de microplásticos.

pegatinas de la fruta

Quizá el futuro de las etiquetas pasa porque que se fabriquen con bioplásticos o que se conviertan en grabados sobre la piel de las frutas realizados con láser, algo que ya se está probando en diversos lugares, pero que no acaba de convencer a los distribuidores.

También existen experiencias como la que está llevando a cabo la start-up estadounidense StixFresh, que ha desarrollado una etiqueta que alarga la vida útil de las frutas hasta dos semanas adicionales mediante la creación de una capa protectora que prolonga su vida útil.

Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro con este tipo de etiquetado, pero está claro que sus días de gloria hace tiempo que pasaron. Así opina también Florencia Grassi, que concluye que «es por eso también que creemos que es el momento perfecto para enseñarlas». Los elevados niveles de asistencia a la exposición de Madrid parecen darle la razón.

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