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31 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD
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La vida es una remezcla

31 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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“Se necesitaron miles de personas para inventar la máquina de vapor o la fotografía, pero el último es el que se lleva los honores y nos olvidamos de los demás. El añadió su granito de arena, es lo único que hizo”. Mark Twain.
Nos aferramos a las ideas como si fueran nuestras y de nadie más, pero lo cierto es que todo, absolutamente todo, se alimenta de cosas que vinieron antes. Construimos historias utilizando referencias a nuestro alrededor, y la unión de estos elementos son la clave para crear algo nuevo. Sin ir más lejos, este mismo artículo es una remezcla de muchos otros y de ideas creadas con anterioridad a este.
En la última década, la guerra por redefinir la propiedad intelectual ha sido dominada por dos bandos opuestos luchando de forma radicalizada por defender dos posiciones. Una se aferra a proteger un sistema antiguo propio de la era analógica y otra busca crear un nuevo marco de colaboración en un mundo donde todo es perfectamente copiable. Pero existe otra forma de tratar este tema sin entrar en acusaciones cruzadas o intentos de reducir todo a malos y buenos, ladrones y creadores. Es la ruta que ha tomado Kirby Ferguson, cineasta canadiense afincado en Nueva York y autor de Everything is a remix (Todo es un remix), un documental/vídeo ensayo en cuatro partes que explora la forma en que el trabajo creativo bebe de influencias del pasado.
Cada una de las primeras dos entregas de esta serie ha cosechado más de 400.000 visualizaciones en Vimeo. La cultura de la remezcla, en la que músicos se dedican a deconstruir canciones ya existentes para hacer nuevas obras, se convierte en la metáfora perfecta para describir el germen de la creatividad.
Entre muchas otras cosas, el documental relata cómo las canciones de Led Zeppelin se alimentaron de la música de otros grupos o cómo La guerra de las galaxias está llena de escenas influenciadas por las películas de artes marciales de Kurosawa, Sergio Leone y la serie de ciencia ficción Flash Gordon. George Lucas tomó de ahí la característica forma en que se prensentan los créditos de la saga. En ningún momento está acusando a Lucas o Led Zeppelin de robar.
Al contrario, enseña cómo todos, de una forma u otra, somos remezcladores y que no hay nada malo en ello. “Sin la existencia de estas obras no hubiera existido la guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy en día. La creación requiere influencia. Star Wars se mantiene como un trabajo de gran imaginación y aunque lo es, la película tiene muchos elementos de remezcla ya que une muchos extractos de otros films. Los miembros de Led Zeppelin podrían haber sido más abiertos sobre sus fuentes, pero mi intención no es buscar culpables, es ilustrar; como copiar, combinar y transformar es la base de la creatividad. “Muchos artistas simplemente se cubren las espaldas mejor que Zeppelin”, cuenta Kirby que, más tarde en el documental, explora cómo esas mismas canciones del grupo británico fueron sampleadas posteriormente por grupos de hip hop y rock and roll. La cadena suma y sigue.

“Bob Dylan me robó, pero yo robé a todos”
La música es uno de los ámbitos creativos donde, de forma consciente e inconsciente, más existe la remezcla. Cuando Bob Dylan empezó a ser conocido en los años 60, algunos periodistas lo acusaron de robar el estilo del cantante de folk Woody Guthrie. Todo esto, a pesar de que Dylan nunca escondió su admiración por él, llegando incluso a visitarlo numerosas veces en los hospitales donde fue internado en los últimos años de su vida hasta su muerte en el año 1967. La respuesta de Guthrie fue tajante cuando le preguntaron por el asunto. “Él me robó, pero yo robé a todos”, una opinion similar a otro músico de la época, Ramblin Jack, quien dijo: “Dylan aprendió de mí de la misma forma que yo aprendí de Woody. Woody no me enseñó, simplemente me dijo, ‘si quieres aprender algo, róbalo, es cómo aprendí yo de Lead Belly’”.

En la misma linea, los integrantes del grupo ochentero KLF, Jimmy Cauty y Bill Drummond, publicaron en 1988 The Manual, How to have a number one the easy way, un manual para escribir una canción de superventas en la que buscan remover el asunto de la originalidad en la música con sentido del humor. “Todas las canciones que han triunfado vienen de trozos y extractos de otras canciones. No hay un acorde perdido. No hay cambios que no han sido probados. No hay notas secretas o ritmos escondidos. En el pasado la mayor parte de cantautores pasaron meses solos en habitaciones haciendo música con sus guitarras y grupos hasta llegar a tener esa canción que les llevaría hasta la cima. Claro, todos estarían muy decepcionados en saber que lo único que hacían era esperar a que la casualidad les llevara a una combinación que funcionara, y funcionó en el pasado”.
Los dos hablaban con conocimiento de causa. En mayo de 1988 crearon The Timelords, un grupo ficticio que utilizaron para sacar al mercado Doctorin’ the Tardis, una canción de pop facilona creada de forma premeditada para tener éxito. El experimento funcionó. El tema llegó al número 1 en la lista de ventas y contribuyeron a crear lo que ellos mismos definen como “una de las canciones que más náuseas ha producido en la historia”.
Trasladándonos a la actualidad, la cultura de la remezcla adquiere unas dimensiones sin precedentes. Cada vez “es más fácil conseguir y recopilar samples y publicar tu trabajo”, cuenta Kirby. Artistas como Kutiman llevan la remezcla a su estado más actual componiendo sus canciones a base de cientos de notas musicales de otros músicos en YouTube para crear algo completamente distinto. Una visión análógica arrojaría la acusación de pirata ya que él no ha creado ninguna de esas notas. Pero esas reglas ya no valen según el abogado y experto en propiedad intelectual Peter Friedman que en su blog lanza la pregunta de si se puede ser original si lo único que haces es apropiarte del trabajo de otros. “No veo cómo el trabajo de Kutiman constituye ‘piratear’. Que él utilice sonidos creados por otros y los una para hacer algo nuevo no tiene nada de diferente con tocar un teclado que reproduce sonidos grabados. Un músico une diferentes sonidos para hacer música. ¿Realmente existe una diferencia si alguien coge esas notas y hace algo increíble y creativo con ello?”, explica Friedman.
En la actualidad, Kirby sigue trabajando en la tercera entrega de Everything is a remix y prepara ya la publicación de un libro. Con este documental, el autor no ha inventado nada, ni tampoco dice haberlo hecho. Él se dará por satisfecho si nos ayuda a tener la mente más abierta sobre la propiedad intelectual. “Solo quiero que las personas tengan más conciencia sobre cómo la creatividad es una actividad cultural compartida. No creamos solos, nos inspiramos del trabajo de otros. Me gustaría que la gente fuera un poco más humilde sobre sus creaciones creativas. Eso es todo”.

Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu

“Se necesitaron miles de personas para inventar la máquina de vapor o la fotografía, pero el último es el que se lleva los honores y nos olvidamos de los demás. El añadió su granito de arena, es lo único que hizo”. Mark Twain.
Nos aferramos a las ideas como si fueran nuestras y de nadie más, pero lo cierto es que todo, absolutamente todo, se alimenta de cosas que vinieron antes. Construimos historias utilizando referencias a nuestro alrededor, y la unión de estos elementos son la clave para crear algo nuevo. Sin ir más lejos, este mismo artículo es una remezcla de muchos otros y de ideas creadas con anterioridad a este.
En la última década, la guerra por redefinir la propiedad intelectual ha sido dominada por dos bandos opuestos luchando de forma radicalizada por defender dos posiciones. Una se aferra a proteger un sistema antiguo propio de la era analógica y otra busca crear un nuevo marco de colaboración en un mundo donde todo es perfectamente copiable. Pero existe otra forma de tratar este tema sin entrar en acusaciones cruzadas o intentos de reducir todo a malos y buenos, ladrones y creadores. Es la ruta que ha tomado Kirby Ferguson, cineasta canadiense afincado en Nueva York y autor de Everything is a remix (Todo es un remix), un documental/vídeo ensayo en cuatro partes que explora la forma en que el trabajo creativo bebe de influencias del pasado.
Cada una de las primeras dos entregas de esta serie ha cosechado más de 400.000 visualizaciones en Vimeo. La cultura de la remezcla, en la que músicos se dedican a deconstruir canciones ya existentes para hacer nuevas obras, se convierte en la metáfora perfecta para describir el germen de la creatividad.
Entre muchas otras cosas, el documental relata cómo las canciones de Led Zeppelin se alimentaron de la música de otros grupos o cómo La guerra de las galaxias está llena de escenas influenciadas por las películas de artes marciales de Kurosawa, Sergio Leone y la serie de ciencia ficción Flash Gordon. George Lucas tomó de ahí la característica forma en que se prensentan los créditos de la saga. En ningún momento está acusando a Lucas o Led Zeppelin de robar.
Al contrario, enseña cómo todos, de una forma u otra, somos remezcladores y que no hay nada malo en ello. “Sin la existencia de estas obras no hubiera existido la guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy en día. La creación requiere influencia. Star Wars se mantiene como un trabajo de gran imaginación y aunque lo es, la película tiene muchos elementos de remezcla ya que une muchos extractos de otros films. Los miembros de Led Zeppelin podrían haber sido más abiertos sobre sus fuentes, pero mi intención no es buscar culpables, es ilustrar; como copiar, combinar y transformar es la base de la creatividad. “Muchos artistas simplemente se cubren las espaldas mejor que Zeppelin”, cuenta Kirby que, más tarde en el documental, explora cómo esas mismas canciones del grupo británico fueron sampleadas posteriormente por grupos de hip hop y rock and roll. La cadena suma y sigue.

“Bob Dylan me robó, pero yo robé a todos”
La música es uno de los ámbitos creativos donde, de forma consciente e inconsciente, más existe la remezcla. Cuando Bob Dylan empezó a ser conocido en los años 60, algunos periodistas lo acusaron de robar el estilo del cantante de folk Woody Guthrie. Todo esto, a pesar de que Dylan nunca escondió su admiración por él, llegando incluso a visitarlo numerosas veces en los hospitales donde fue internado en los últimos años de su vida hasta su muerte en el año 1967. La respuesta de Guthrie fue tajante cuando le preguntaron por el asunto. “Él me robó, pero yo robé a todos”, una opinion similar a otro músico de la época, Ramblin Jack, quien dijo: “Dylan aprendió de mí de la misma forma que yo aprendí de Woody. Woody no me enseñó, simplemente me dijo, ‘si quieres aprender algo, róbalo, es cómo aprendí yo de Lead Belly’”.

En la misma linea, los integrantes del grupo ochentero KLF, Jimmy Cauty y Bill Drummond, publicaron en 1988 The Manual, How to have a number one the easy way, un manual para escribir una canción de superventas en la que buscan remover el asunto de la originalidad en la música con sentido del humor. “Todas las canciones que han triunfado vienen de trozos y extractos de otras canciones. No hay un acorde perdido. No hay cambios que no han sido probados. No hay notas secretas o ritmos escondidos. En el pasado la mayor parte de cantautores pasaron meses solos en habitaciones haciendo música con sus guitarras y grupos hasta llegar a tener esa canción que les llevaría hasta la cima. Claro, todos estarían muy decepcionados en saber que lo único que hacían era esperar a que la casualidad les llevara a una combinación que funcionara, y funcionó en el pasado”.
Los dos hablaban con conocimiento de causa. En mayo de 1988 crearon The Timelords, un grupo ficticio que utilizaron para sacar al mercado Doctorin’ the Tardis, una canción de pop facilona creada de forma premeditada para tener éxito. El experimento funcionó. El tema llegó al número 1 en la lista de ventas y contribuyeron a crear lo que ellos mismos definen como “una de las canciones que más náuseas ha producido en la historia”.
Trasladándonos a la actualidad, la cultura de la remezcla adquiere unas dimensiones sin precedentes. Cada vez “es más fácil conseguir y recopilar samples y publicar tu trabajo”, cuenta Kirby. Artistas como Kutiman llevan la remezcla a su estado más actual componiendo sus canciones a base de cientos de notas musicales de otros músicos en YouTube para crear algo completamente distinto. Una visión análógica arrojaría la acusación de pirata ya que él no ha creado ninguna de esas notas. Pero esas reglas ya no valen según el abogado y experto en propiedad intelectual Peter Friedman que en su blog lanza la pregunta de si se puede ser original si lo único que haces es apropiarte del trabajo de otros. “No veo cómo el trabajo de Kutiman constituye ‘piratear’. Que él utilice sonidos creados por otros y los una para hacer algo nuevo no tiene nada de diferente con tocar un teclado que reproduce sonidos grabados. Un músico une diferentes sonidos para hacer música. ¿Realmente existe una diferencia si alguien coge esas notas y hace algo increíble y creativo con ello?”, explica Friedman.
En la actualidad, Kirby sigue trabajando en la tercera entrega de Everything is a remix y prepara ya la publicación de un libro. Con este documental, el autor no ha inventado nada, ni tampoco dice haberlo hecho. Él se dará por satisfecho si nos ayuda a tener la mente más abierta sobre la propiedad intelectual. “Solo quiero que las personas tengan más conciencia sobre cómo la creatividad es una actividad cultural compartida. No creamos solos, nos inspiramos del trabajo de otros. Me gustaría que la gente fuera un poco más humilde sobre sus creaciones creativas. Eso es todo”.

Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu

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