20 de octubre 2010    /   IDEAS
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¿Existe una fórmula para ser feliz?

20 de octubre 2010    /   IDEAS     por          
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Esta es la historia de tres personas (un filósofo, un teólogo y un escritor) y la felicidad. O… mejor… ¡Empecemos de nuevo! Estas son las historias del filósofo Luis Arbea, el teólogo Javier Sádaba y el escritor Javier Urra sobre la felicidad. Los tres llevan años observando, estudiando y reflexionado sobre esta sensación para descubrir cómo poder atraparla para siempre. Y ayer lo contaron en Madrid. En un evento que no se había hecho nunca antes: el I Congreso Internacional de la Felicidad, organizado por Coca-Cola.

La “receta” del filósofo, poeta y psicólogo
“La felicidad está al alcance de todos”, dijo Luis Arbea. “Se basa en un cambio de la actitud cotidiana. Consiste en vivir el presente, mirarse a uno mismo sin miedo, reírse de sí mismo y compartir la verdad”.

Arbea tiró por tierra una definición clásica de la felicidad. (Lo siento, Wikipedia, pero con tu definición de “La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena” has pegado un patinazo). “Nos han educado en una filosofía resultadista en la que sólo importa el resultado y no el proceso”, explicó el poeta. “Hay que prestar más atención al presente que al futuro y ser consciente de cada momento”.

La consigna es: “No soy feliz porque he llegado. Soy feliz porque estoy en el camino. La felicidad está en la sala de espera. ¡Qué vivos estaríamos si fuésemos conscientes de que lo estamos!”.

La “conquista” del teólogo y filósofo
¿Cuál es el sentido de la vida? “Muchos dicen que no tiene sentido hablar del sentido de la vida. Eso es pura vaciedad”, se respondió Javier Sádaba a sí mismo. “Algunos dicen que la vida tiene sentido porque existe la muerte. Me parece una solemne tontería. Otros, como un discípulo de Schopenhauer, dicen que la vida no tiene ningún sentido y llegó a proponer que todos se fueran a un cementerio y se suicidaran allí. Aunque él no lo hizo, desde luego… Pero para mí la vida sí tiene sentido y tiene dos niveles”.

Nivel 1: la buena vida. Nivel 2: la vida buena. El primero es la que también se puede denominar “vidorra”. El disfrute de los placeres y las sensaciones. “El amor, la música, un encuentro inesperado, un paisaje, una buena comida… Es una forma de epicureísmo y está muy bien sacar partido de la vida aunque algunas filosofías se esfuercen en reprobarlo”.

El segundo es, para Sádaba, aún mejor. “La vida buena se basa en disfrutar de la vida, pero moderando nuestros deseos de la buena vida, e intentar proveer el bien. Esto se basa en cuidar nuestra salud en lo preventivo, hacer las cosas menos trágicas y más cotidianas, reír y sonreír más… El humor da ligereza a la pesadez”.

Sádaba insistió en la ética como elemento clave de la felicidad y la definió con una belleza inusual: “La ética es la mayor obra de arte a la que podemos aspirar los humanos”. Porque, en definitiva, “la cuestión no es sólo hacer lo que uno quiere (la buena vida), sino querer lo que uno hace (la vida buena)”.

La “actitud” del escritor
“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. No dejes que nadie te convenza de que no se puede hacer algo porque esa persona no pueda hacerlo. Ve a por lo que tú quieres”. Lo dijo un adulto a un niño en un fragmento de una película y con esas palabras Javier Urra arrancó su intervención.

“¿Podemos educar a un niño a ser feliz?” se preguntó. “Vivimos en una sociedad equívoca. Cuando dices que eres feliz parece que eres idiota. Hay que educar a los niños en la compasión porque sin el otro no existe la felicidad. Hay que educar a los niños en la aceptación de lo que la vida nos puede dar. No hay que ser supermanes”.

Imagen de Chavezonico.

Esta es la historia de tres personas (un filósofo, un teólogo y un escritor) y la felicidad. O… mejor… ¡Empecemos de nuevo! Estas son las historias del filósofo Luis Arbea, el teólogo Javier Sádaba y el escritor Javier Urra sobre la felicidad. Los tres llevan años observando, estudiando y reflexionado sobre esta sensación para descubrir cómo poder atraparla para siempre. Y ayer lo contaron en Madrid. En un evento que no se había hecho nunca antes: el I Congreso Internacional de la Felicidad, organizado por Coca-Cola.

La “receta” del filósofo, poeta y psicólogo
“La felicidad está al alcance de todos”, dijo Luis Arbea. “Se basa en un cambio de la actitud cotidiana. Consiste en vivir el presente, mirarse a uno mismo sin miedo, reírse de sí mismo y compartir la verdad”.

Arbea tiró por tierra una definición clásica de la felicidad. (Lo siento, Wikipedia, pero con tu definición de “La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena” has pegado un patinazo). “Nos han educado en una filosofía resultadista en la que sólo importa el resultado y no el proceso”, explicó el poeta. “Hay que prestar más atención al presente que al futuro y ser consciente de cada momento”.

La consigna es: “No soy feliz porque he llegado. Soy feliz porque estoy en el camino. La felicidad está en la sala de espera. ¡Qué vivos estaríamos si fuésemos conscientes de que lo estamos!”.

La “conquista” del teólogo y filósofo
¿Cuál es el sentido de la vida? “Muchos dicen que no tiene sentido hablar del sentido de la vida. Eso es pura vaciedad”, se respondió Javier Sádaba a sí mismo. “Algunos dicen que la vida tiene sentido porque existe la muerte. Me parece una solemne tontería. Otros, como un discípulo de Schopenhauer, dicen que la vida no tiene ningún sentido y llegó a proponer que todos se fueran a un cementerio y se suicidaran allí. Aunque él no lo hizo, desde luego… Pero para mí la vida sí tiene sentido y tiene dos niveles”.

Nivel 1: la buena vida. Nivel 2: la vida buena. El primero es la que también se puede denominar “vidorra”. El disfrute de los placeres y las sensaciones. “El amor, la música, un encuentro inesperado, un paisaje, una buena comida… Es una forma de epicureísmo y está muy bien sacar partido de la vida aunque algunas filosofías se esfuercen en reprobarlo”.

El segundo es, para Sádaba, aún mejor. “La vida buena se basa en disfrutar de la vida, pero moderando nuestros deseos de la buena vida, e intentar proveer el bien. Esto se basa en cuidar nuestra salud en lo preventivo, hacer las cosas menos trágicas y más cotidianas, reír y sonreír más… El humor da ligereza a la pesadez”.

Sádaba insistió en la ética como elemento clave de la felicidad y la definió con una belleza inusual: “La ética es la mayor obra de arte a la que podemos aspirar los humanos”. Porque, en definitiva, “la cuestión no es sólo hacer lo que uno quiere (la buena vida), sino querer lo que uno hace (la vida buena)”.

La “actitud” del escritor
“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. No dejes que nadie te convenza de que no se puede hacer algo porque esa persona no pueda hacerlo. Ve a por lo que tú quieres”. Lo dijo un adulto a un niño en un fragmento de una película y con esas palabras Javier Urra arrancó su intervención.

“¿Podemos educar a un niño a ser feliz?” se preguntó. “Vivimos en una sociedad equívoca. Cuando dices que eres feliz parece que eres idiota. Hay que educar a los niños en la compasión porque sin el otro no existe la felicidad. Hay que educar a los niños en la aceptación de lo que la vida nos puede dar. No hay que ser supermanes”.

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Opiniones 7
  • Personalmente pienso que la metafora de la felicidad comparándola con un camino no es muy acertada. Yo la compararía más con un palacio de infinitas salas que se va explorando y que la felicidad se encuentra precisamente en el proceso de exploración.

  • Ahora mismo me da pereza hacerlo por escrito, porque estoy en pleno proceso de buena vida, pero me quedo con una especie de mezcla de los tres como receta.
    ¿sabes lo que me hace feliz?…
    … que haya gente feliz.
    Sed felices!

  • A título personal, Yorokobu me ha encantado esta semana, estáis todos con un rollito meta-hippie muy guay, el asunto ese del congreso de la felicidad os ha abierto la mente a una actitud bastante Psicodélica para los tiempos que corren. ¿daban recortes de periódico que te ponías en la lengua, o algo?.
    Desde mi humilde condición de bloguero aficionado, sugiero a la dirección de la revista que este sea el estado de ánimo generalizado para el futuro y que, como objetivo estratégico, Yorokobu se convierta en una fuente de felicidad y positivismo para los que venimos de visita.
    Se te pone buen cuerpo después de ver tanta energia positiva, hermana…

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