21 de diciembre 2015    /   CIENCIA
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Expectativas vs realidad: las cosas no son como crees

21 de diciembre 2015    /   CIENCIA     por          
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Un señor llamado Paul Watzlawick escribió hace años un libro llamado How real is real?, en el que trataba lo que definía como ‘realidad mediada’. Entendiendo que los medios de comunicación sólo hablan de lo que consideran noticioso, al final los medios, en lugar de un espejo de la realidad, confeccionan un relato de cosas inesperadas, sorprendentes, dramáticas y que afectan sólo a algunas partes de la sociedad. La cotidianidad, por tanto, se queda al margen.

Luego ya entraban los quehaceres de la industria periodística, con sus malas artes intencionadas y sus defectos no siempre intencionados, que acaban amplificando aún más el efecto.

Pero la diferencia entre lo real y lo estimado no pasa sólo por los medios, porque también nos afecta en el día a día. Es lo que científicamente se conoce como ‘sesgo cognitivo’, y se refiere a todo aquello que nosotros apreciamos (o mejor dicho, nuestro cerebro) y que nos lleva a engaño.

Tendemos, por ejemplo, a ser muy críticos con lo actual y nostálgicos de otros tiempos. Tendemos a pensar que casi toda la gente piensa como nosotros y nuestro entorno. Tendemos, por poner un último ejemplo, a pensar que nuestra pareja es más guapa de lo que es. La lista de posibles sesgos cognitivos es amplia y detallada

De esta forma, no sólo la ideología, las creencias o el entorno definen cómo vemos el mundo. Incluso nuestro cerebro influye de forma determinante, y nos hace inclinarnos en una u otra dirección.

La percepción sobre nosotros mismos también es irreal, y hay ejemplos en nuestro entorno casi a diario. Hace unas semanas, en un bar en una de las calles más caras del país, un grupo de personas de edad avanzaba veían en la tele un reportaje sobre las quejas de los vecinos de un barrio periférico empobrecido y exclamaban, sorprendidos, que no entendían por qué la gente vivía en esos lugares en lugar de comprarse un piso en su zona. Un rato después unos jóvenes con un deportivo híbrido aparcado en la puerta se definían a sí mismos como «clase media».

Ese tipo de distorsiones eran la base de un completo videográfico hecho hace unos años en el que se analizaba el reparto de la riqueza en EEUU: desde lo que se define como deseable a lo que se piensa que existe… hasta la cruda y deformadísima realidad

Lo importante de todo esto no es sólo nuestra incapacidad para observar nuestro entorno, sino también el hecho de que somos absolutamente inconscientes de ello.

Esto se vuelve especialmente dramático en algunos casos, ahí sí ayudados por los medios. Es el caso de la población musulmana, por ejemplo. The Economist publicaba hace cosa de un año unos datos que mostraban las enormes diferencias que existían entre la población musulmana real en varios países europeos y la población que estimaban los ciudadanos que había.

Así, por ejemplo en Reino Unido había un 5% de población musulmana, pero los ciudadanos estimaban que había un 21%; en Francia había un 8% pero estimaban un 31%; en Bélgica un 6% pero estimaban un 29% y en España un 2% pero estimábamos un 16%.

Captura de pantalla 2015-12-20 a las 20.24.11

 

Actualizando algunos datos, a principios de diciembre el Pew Research Center publicaba algunas nuevas estadísticas sobre percepciones acerca de los musulmanes, y así lucen los países europeos en lo que respecta a su visión sobre ellos.

La cuestión es, si sabemos que nuestros ojos y oídos nos engañan, que nuestro cerebro nos engaña, que los medios nos engañan y que nuestras estimaciones no suelen ser acertadas… ¿cómo es la vida en realidad ahí fuera?

Un señor llamado Paul Watzlawick escribió hace años un libro llamado How real is real?, en el que trataba lo que definía como ‘realidad mediada’. Entendiendo que los medios de comunicación sólo hablan de lo que consideran noticioso, al final los medios, en lugar de un espejo de la realidad, confeccionan un relato de cosas inesperadas, sorprendentes, dramáticas y que afectan sólo a algunas partes de la sociedad. La cotidianidad, por tanto, se queda al margen.

Luego ya entraban los quehaceres de la industria periodística, con sus malas artes intencionadas y sus defectos no siempre intencionados, que acaban amplificando aún más el efecto.

Pero la diferencia entre lo real y lo estimado no pasa sólo por los medios, porque también nos afecta en el día a día. Es lo que científicamente se conoce como ‘sesgo cognitivo’, y se refiere a todo aquello que nosotros apreciamos (o mejor dicho, nuestro cerebro) y que nos lleva a engaño.

Tendemos, por ejemplo, a ser muy críticos con lo actual y nostálgicos de otros tiempos. Tendemos a pensar que casi toda la gente piensa como nosotros y nuestro entorno. Tendemos, por poner un último ejemplo, a pensar que nuestra pareja es más guapa de lo que es. La lista de posibles sesgos cognitivos es amplia y detallada

De esta forma, no sólo la ideología, las creencias o el entorno definen cómo vemos el mundo. Incluso nuestro cerebro influye de forma determinante, y nos hace inclinarnos en una u otra dirección.

La percepción sobre nosotros mismos también es irreal, y hay ejemplos en nuestro entorno casi a diario. Hace unas semanas, en un bar en una de las calles más caras del país, un grupo de personas de edad avanzaba veían en la tele un reportaje sobre las quejas de los vecinos de un barrio periférico empobrecido y exclamaban, sorprendidos, que no entendían por qué la gente vivía en esos lugares en lugar de comprarse un piso en su zona. Un rato después unos jóvenes con un deportivo híbrido aparcado en la puerta se definían a sí mismos como «clase media».

Ese tipo de distorsiones eran la base de un completo videográfico hecho hace unos años en el que se analizaba el reparto de la riqueza en EEUU: desde lo que se define como deseable a lo que se piensa que existe… hasta la cruda y deformadísima realidad

Lo importante de todo esto no es sólo nuestra incapacidad para observar nuestro entorno, sino también el hecho de que somos absolutamente inconscientes de ello.

Esto se vuelve especialmente dramático en algunos casos, ahí sí ayudados por los medios. Es el caso de la población musulmana, por ejemplo. The Economist publicaba hace cosa de un año unos datos que mostraban las enormes diferencias que existían entre la población musulmana real en varios países europeos y la población que estimaban los ciudadanos que había.

Así, por ejemplo en Reino Unido había un 5% de población musulmana, pero los ciudadanos estimaban que había un 21%; en Francia había un 8% pero estimaban un 31%; en Bélgica un 6% pero estimaban un 29% y en España un 2% pero estimábamos un 16%.

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Actualizando algunos datos, a principios de diciembre el Pew Research Center publicaba algunas nuevas estadísticas sobre percepciones acerca de los musulmanes, y así lucen los países europeos en lo que respecta a su visión sobre ellos.

La cuestión es, si sabemos que nuestros ojos y oídos nos engañan, que nuestro cerebro nos engaña, que los medios nos engañan y que nuestras estimaciones no suelen ser acertadas… ¿cómo es la vida en realidad ahí fuera?

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