29 de diciembre 2022    /   IDEAS
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Fotos  Ricardo Domingo

Cerebro(s): el tamaño no importa (y otras curiosidades sobre los sesos)

29 de diciembre 2022    /   IDEAS     por        Fotos  Ricardo Domingo
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El médico alemán Joseph Gall estaba convencido de que existía una correlación entre el nivel de inteligencia de una persona y la forma de su cerebro. Pese a que sus teorías se toparon en un principio con enemigos tan poderosos como la propia iglesia, lograron calar en la Inglaterra victoriana. Había nacido la frenología.

El interés por tratar de averiguar las características físicas de la inteligencia, pero también de los instintos criminales humanos, llevó a no pocos científicos de la época a hacerse con su propia colección de cerebros. Los de los intelectuales y los de los criminales ejecutados eran las piezas más cotizadas.

Si no, que se lo digan a Goya. Setenta años después de su muerte, el pintor aragonés fue desenterrado de su tumba en Burdeos para ser repatriado. El cuerpo se trasladó a Madrid, pero solo eso, el cuerpo, porque el cráneo había desaparecido. Todo apuntaba a que la frenología estaba detrás de aquel robo que aún hoy está por resolver.

La ausencia de base científica arrinconó pronto a la frenología en la categoría de pseudociencia. Y no precisamente inocua ya que sirvió para dar pie a muchas teorías supremacistas y machistas. Voces como la de Helen Gardener tuvieron que alzarse para dejar claro que las diferencias entre hombres y mujeres no tenían que ver con el tamaño de sus cerebros como con las oportunidades de las que disponían unos y otras.

Pero había quien incluso décadas después seguía encontrando cierto sentido a eso de que el tamaño sí que importa (en cuestión de cerebros, al menos). De ahí que la posibilidad de estudiar la materia gris de uno de los mayores genios de la historia de la humanidad se convirtiera, para algunos, en una tentación ante la que resultaba imposible no caer.

Le ocurrió a Thomas Harvey, encargado de la autopsia del Einstein. Pese a que el autor de la teoría de la relatividad dejo claro y meridiano que después de su muerte quería ser incinerado para evitar que sus restos se convirtieran en objeto de culto, Harvey no pudo evitar extraerle el cerebro de extranjis.

Las peripecias de Harvey y el cerebro de Einstein se convirtieron en una de las historias más bizarras del siglo XX, hasta que finalmente el médico donó los restos a la familia del científico quienes, a su vez, los legaron al Museo Nacional de Salud y Medicina de los Estados Unidos.

Pero, ¿tenía razón Harvey? ¿Había algo en la fisiología del cerebro de Einstein que lo hiciera especial? Al menos, en apariencia no, ya que tanto el tamaño como el peso de los sesos del científico no era muy distinto al de cualquier otra persona. En definitiva, y tal y como recalcaron tanto María Brancos, jefa de exposiciones de Fundación Telefónica, como Jordi Costa, jefe de exposiciones del CCCB, durante la presentación de la exposición Cerebro(s), en la biología del cerebro de Einstein no existe nada que acredite la presencia del genio.

La muestra, que acoge la sede madrileña de Fundación Telefónica hasta el 11 de junio y producida por dicha fundación en colaboración con el CCCB y la Wellcome Collection (Londres), y comisariada por el físico y biólogo Ricard Solé y por Emily Sargent, directora de exposiciones de la Wellcome Collection, trata de explorar las diversas maneras en las que la ciencia, el arte y la filosofía han estudiado y representado el cerebro a lo largo de la historia.

Lo hace a través de más doscientas piezas de artistas contemporáneos y cerca de veinte proyectos científicos, sobre este aún desconocido órgano. El proyecto, además, forma parte de la programación del Año de Investigación Ramón y Cajal 2022, impulsado por el Ministerio de Ciencia e Innovación.

Aunque el científico español no ocupa un apartado especial en la muestra solo por eso. Sus estudios sobre el sistema nervioso y las neuronas marcaron un antes y un después en la historia de la ciencia y fueron fundamentales para descubrimientos posteriores.

Cerebros frase Ramón y Cajal

EL CEREBRO, ESE GRAN DESCONOCIDO

Pese a todos los avances y descubrimientos el funcionamiento del cerebro aún sigue siendo una incógnita en muchos aspectos. Preguntas como de dónde surge la conciencia o la creatividad, cómo funciona la mente cuando el cerebro enferma o qué podemos aprender de la inteligencia colectiva de las hormigas, siguen siendo objeto de estudio a día de hoy.

En la exposición se abordan estos temas y muchos más a través de las tres secciones en las que se estructura. En la primera, Materia, se muestran, entre otros, los estudios histológicos de Camilo Golgi o del propio Santiago Ramón y Cajal, así como algunas de las conclusiones de los estudios de investigadores y filósofos como Vesalius, René Descartes o Thomas Willis, entre otros, realizaron sobre el cerebro.

La  memoria es considerada como uno de los atributos más relevantes de nuestro cerebro en la segunda parte de la muestra, denominada Mentes. En ella se expone entre otros la obra del artista William Utermohlen, en la que puede comprobarse el efecto en su trabajo del Alzheimer, enfermedad que le fue diagnosticada hace unos años. 

cerebros William Utermohlen
William Utermohlen

La IA y la biosfera cognitiva también tiene cabida en la exposición, y de ellas y de algunos aspectos más trata la tercera parte de la muestra, que lleva por título Otras mentes. Además de material documental extraído de los primeros congresos de IA a cargo de gente como Joan Fontcuberta o Jackes Elwes, entre otros, cuenta también con diversas proyecciones instalaciones5 que invitan a reflexionar sobre distintos conceptos, entre ellos de mente extendida. Entre ellas se encuentra la instalación de telarañas de Tomás Saraceno.

cerebros
Tomás Saraceno

La exposición se completa con un programa de actividades paralelas dirigidas a todo los públicos, con especial interés en el escolar.

 

El médico alemán Joseph Gall estaba convencido de que existía una correlación entre el nivel de inteligencia de una persona y la forma de su cerebro. Pese a que sus teorías se toparon en un principio con enemigos tan poderosos como la propia iglesia, lograron calar en la Inglaterra victoriana. Había nacido la frenología.

El interés por tratar de averiguar las características físicas de la inteligencia, pero también de los instintos criminales humanos, llevó a no pocos científicos de la época a hacerse con su propia colección de cerebros. Los de los intelectuales y los de los criminales ejecutados eran las piezas más cotizadas.

Si no, que se lo digan a Goya. Setenta años después de su muerte, el pintor aragonés fue desenterrado de su tumba en Burdeos para ser repatriado. El cuerpo se trasladó a Madrid, pero solo eso, el cuerpo, porque el cráneo había desaparecido. Todo apuntaba a que la frenología estaba detrás de aquel robo que aún hoy está por resolver.

La ausencia de base científica arrinconó pronto a la frenología en la categoría de pseudociencia. Y no precisamente inocua ya que sirvió para dar pie a muchas teorías supremacistas y machistas. Voces como la de Helen Gardener tuvieron que alzarse para dejar claro que las diferencias entre hombres y mujeres no tenían que ver con el tamaño de sus cerebros como con las oportunidades de las que disponían unos y otras.

Pero había quien incluso décadas después seguía encontrando cierto sentido a eso de que el tamaño sí que importa (en cuestión de cerebros, al menos). De ahí que la posibilidad de estudiar la materia gris de uno de los mayores genios de la historia de la humanidad se convirtiera, para algunos, en una tentación ante la que resultaba imposible no caer.

Le ocurrió a Thomas Harvey, encargado de la autopsia del Einstein. Pese a que el autor de la teoría de la relatividad dejo claro y meridiano que después de su muerte quería ser incinerado para evitar que sus restos se convirtieran en objeto de culto, Harvey no pudo evitar extraerle el cerebro de extranjis.

Las peripecias de Harvey y el cerebro de Einstein se convirtieron en una de las historias más bizarras del siglo XX, hasta que finalmente el médico donó los restos a la familia del científico quienes, a su vez, los legaron al Museo Nacional de Salud y Medicina de los Estados Unidos.

Pero, ¿tenía razón Harvey? ¿Había algo en la fisiología del cerebro de Einstein que lo hiciera especial? Al menos, en apariencia no, ya que tanto el tamaño como el peso de los sesos del científico no era muy distinto al de cualquier otra persona. En definitiva, y tal y como recalcaron tanto María Brancos, jefa de exposiciones de Fundación Telefónica, como Jordi Costa, jefe de exposiciones del CCCB, durante la presentación de la exposición Cerebro(s), en la biología del cerebro de Einstein no existe nada que acredite la presencia del genio.

La muestra, que acoge la sede madrileña de Fundación Telefónica hasta el 11 de junio y producida por dicha fundación en colaboración con el CCCB y la Wellcome Collection (Londres), y comisariada por el físico y biólogo Ricard Solé y por Emily Sargent, directora de exposiciones de la Wellcome Collection, trata de explorar las diversas maneras en las que la ciencia, el arte y la filosofía han estudiado y representado el cerebro a lo largo de la historia.

Lo hace a través de más doscientas piezas de artistas contemporáneos y cerca de veinte proyectos científicos, sobre este aún desconocido órgano. El proyecto, además, forma parte de la programación del Año de Investigación Ramón y Cajal 2022, impulsado por el Ministerio de Ciencia e Innovación.

Aunque el científico español no ocupa un apartado especial en la muestra solo por eso. Sus estudios sobre el sistema nervioso y las neuronas marcaron un antes y un después en la historia de la ciencia y fueron fundamentales para descubrimientos posteriores.

Cerebros frase Ramón y Cajal

EL CEREBRO, ESE GRAN DESCONOCIDO

Pese a todos los avances y descubrimientos el funcionamiento del cerebro aún sigue siendo una incógnita en muchos aspectos. Preguntas como de dónde surge la conciencia o la creatividad, cómo funciona la mente cuando el cerebro enferma o qué podemos aprender de la inteligencia colectiva de las hormigas, siguen siendo objeto de estudio a día de hoy.

En la exposición se abordan estos temas y muchos más a través de las tres secciones en las que se estructura. En la primera, Materia, se muestran, entre otros, los estudios histológicos de Camilo Golgi o del propio Santiago Ramón y Cajal, así como algunas de las conclusiones de los estudios de investigadores y filósofos como Vesalius, René Descartes o Thomas Willis, entre otros, realizaron sobre el cerebro.

La  memoria es considerada como uno de los atributos más relevantes de nuestro cerebro en la segunda parte de la muestra, denominada Mentes. En ella se expone entre otros la obra del artista William Utermohlen, en la que puede comprobarse el efecto en su trabajo del Alzheimer, enfermedad que le fue diagnosticada hace unos años. 

cerebros William Utermohlen
William Utermohlen

La IA y la biosfera cognitiva también tiene cabida en la exposición, y de ellas y de algunos aspectos más trata la tercera parte de la muestra, que lleva por título Otras mentes. Además de material documental extraído de los primeros congresos de IA a cargo de gente como Joan Fontcuberta o Jackes Elwes, entre otros, cuenta también con diversas proyecciones instalaciones5 que invitan a reflexionar sobre distintos conceptos, entre ellos de mente extendida. Entre ellas se encuentra la instalación de telarañas de Tomás Saraceno.

cerebros
Tomás Saraceno

La exposición se completa con un programa de actividades paralelas dirigidas a todo los públicos, con especial interés en el escolar.

 

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