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20 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD
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Extraweg quiere incomodarte (y fascinarte) con sus animaciones

20 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Antes de retorcer cuerpos de forma virtual, Oliver Latta estudió para hacerlo en el mundo real. Hoy es conocido como Extraweg y sus animaciones de cuerpos flácidos suman cientos de miles de seguidores en las redes sociales; pero hace unos años era simplemenmte Oliver Latta, un graduado en fisioterapia que vivía en un pequeño pueblo alemán. «Siempre he sido una persona inquieta y creativa con interés en el diseño», explica a Yorokobu, «pero supongo que me costó encontrar aquello a lo que de verdad quería dedicar mi tiempo».

Lo encontró en la Universidad Bauhaus de Dessau, donde estudió diseño. Lo encontró en Berlín, donde reside en la actualidad. Lo encontró en unos vídeos hipnóticos que lo han convertido en una estrella de Instagram (donde suma más de 240.000 seguidores).

Cuando Extraweg era simplemente Oliver, vivía en Kotten, un pequeño pueblo alemán con «apenas dos calles». Este pueblo, reconoce el diseñador, ha sido una gran influencia en su trabajo y supone una metáfora perfecta de su estilo. Su nombre, Extraweg, se podría traducir como camino o calle extra y representa el motor del trabajo de este diseñador. En un mundo bidireccional, con apenas un par de calles, Oliver Latta ha decidido labrarse un camino propio, un camino poco transitado que hace que sus animaciones puedan producir sentimientos encontrados. «Extraweg es provocación, riesgo, inconformismo, personalidad y actitud», resume el autor.

Sus figuras tienen un brillo genital y una motricidad flácida. Se deslizan con un ritmo viscoso por estructuras tan orgánicas que nos pueden recordar a los rincones más íntimos de nuestro cuerpo. Son tan cercanos, tan grotescos, que producen una sensación híbrida, a medio camino entre la fascinación y el asco. Son el equivalente gráfico a explotarse una espinilla o vaciar un punto negro.

Extraweg busca esta dicotomía, etiqueta sus publicaciones con hashtags antagónicos como #relax y #stress, bascula entre lo estético y lo inquietante para desorientar al espectador. «Vivimos un momento en el que, como sociedad, estamos constantemente expuestos a estímulos visuales que tratan de imponernos cómo debemos vestir, qué tenemos que comer o incluso cómo debemos pensar», explica el creativo. «Yo intento centrarme más en provocar sensaciones, a menudo incómodas, que lleven al espectador a salir de su zona de confort, que le animen a romper con lo preestablecido y le permitan buscar su propia interpretación de lo que está viendo. Me interesa jugar con esa ambigüedad».

Estos vídeos de hombres flácidos han conectado especialmente con sus seguidores, pero Extraweg ya había probado su talento antes en otros formatos. Se atrevió a desdoblar la naturaleza en vídeos como Symmetrees o In the Undergrouth, en los que, partiendo de imágenes reales, creaba espejos para conseguir simetrías hipnotizantes.

El artista asegura haber disfrutado tanto del proceso como del resultado, pero reconoce que el diseño 3D utilizado en sus vídeos posteriores le ofrece algo que entonces no tenía: total libertad creativa. «Si dominas los programas informáticos, el límite normalmente es tu propia imaginación». Explica. Esta libertad le permite llevar sus mensajes al extremo, crear imágenes potentes y antinaturales.

Extraweg también demostró su talento narrativo en un corto mudo de apenas un par de minutos. «The Last Memory es un trabajo que hice para concienciar sobre el estado en el que se encuentran las ballenas en el Mar Báltico», explica. Sus nuevas historias de Instagram no tienen una introducción, nudo y desenlace, no cuentan una historia en el sentido más canónico del término, pero sí tienen un hilo narrativo, algo fundamental para el artista, que asegura no entender «un vídeo sin historia» y considera el argumento algo «fundamental» en su obra.

Los vídeos de Extraweg captan conceptos abstractos, los amasan y los escupen con una forma física. Encierran mensajes ocultos, veladas críticas a la sociedad actual. «La inspiración para los argumentos la encuentro en situaciones cotidianas», explica, «me divierte jugar con ellas y presentarlas de manera ambigua e incómoda. De algún modo en cada publicación existe una crítica social, pero también es cierto que no corresponden a un hecho concreto». Huelga decir que no hace falta leer este mensaje oculto para apreciar los vídeos de Extraweg. Uno puede quedarse en la dermis viscosa de sus creaciones y sentirse fascinado de la misma forma.

Antes de retorcer cuerpos de forma virtual, Oliver Latta estudió para hacerlo en el mundo real. Hoy es conocido como Extraweg y sus animaciones de cuerpos flácidos suman cientos de miles de seguidores en las redes sociales; pero hace unos años era simplemenmte Oliver Latta, un graduado en fisioterapia que vivía en un pequeño pueblo alemán. «Siempre he sido una persona inquieta y creativa con interés en el diseño», explica a Yorokobu, «pero supongo que me costó encontrar aquello a lo que de verdad quería dedicar mi tiempo».

Lo encontró en la Universidad Bauhaus de Dessau, donde estudió diseño. Lo encontró en Berlín, donde reside en la actualidad. Lo encontró en unos vídeos hipnóticos que lo han convertido en una estrella de Instagram (donde suma más de 240.000 seguidores).

Cuando Extraweg era simplemente Oliver, vivía en Kotten, un pequeño pueblo alemán con «apenas dos calles». Este pueblo, reconoce el diseñador, ha sido una gran influencia en su trabajo y supone una metáfora perfecta de su estilo. Su nombre, Extraweg, se podría traducir como camino o calle extra y representa el motor del trabajo de este diseñador. En un mundo bidireccional, con apenas un par de calles, Oliver Latta ha decidido labrarse un camino propio, un camino poco transitado que hace que sus animaciones puedan producir sentimientos encontrados. «Extraweg es provocación, riesgo, inconformismo, personalidad y actitud», resume el autor.

Sus figuras tienen un brillo genital y una motricidad flácida. Se deslizan con un ritmo viscoso por estructuras tan orgánicas que nos pueden recordar a los rincones más íntimos de nuestro cuerpo. Son tan cercanos, tan grotescos, que producen una sensación híbrida, a medio camino entre la fascinación y el asco. Son el equivalente gráfico a explotarse una espinilla o vaciar un punto negro.

Extraweg busca esta dicotomía, etiqueta sus publicaciones con hashtags antagónicos como #relax y #stress, bascula entre lo estético y lo inquietante para desorientar al espectador. «Vivimos un momento en el que, como sociedad, estamos constantemente expuestos a estímulos visuales que tratan de imponernos cómo debemos vestir, qué tenemos que comer o incluso cómo debemos pensar», explica el creativo. «Yo intento centrarme más en provocar sensaciones, a menudo incómodas, que lleven al espectador a salir de su zona de confort, que le animen a romper con lo preestablecido y le permitan buscar su propia interpretación de lo que está viendo. Me interesa jugar con esa ambigüedad».

Estos vídeos de hombres flácidos han conectado especialmente con sus seguidores, pero Extraweg ya había probado su talento antes en otros formatos. Se atrevió a desdoblar la naturaleza en vídeos como Symmetrees o In the Undergrouth, en los que, partiendo de imágenes reales, creaba espejos para conseguir simetrías hipnotizantes.

El artista asegura haber disfrutado tanto del proceso como del resultado, pero reconoce que el diseño 3D utilizado en sus vídeos posteriores le ofrece algo que entonces no tenía: total libertad creativa. «Si dominas los programas informáticos, el límite normalmente es tu propia imaginación». Explica. Esta libertad le permite llevar sus mensajes al extremo, crear imágenes potentes y antinaturales.

Extraweg también demostró su talento narrativo en un corto mudo de apenas un par de minutos. «The Last Memory es un trabajo que hice para concienciar sobre el estado en el que se encuentran las ballenas en el Mar Báltico», explica. Sus nuevas historias de Instagram no tienen una introducción, nudo y desenlace, no cuentan una historia en el sentido más canónico del término, pero sí tienen un hilo narrativo, algo fundamental para el artista, que asegura no entender «un vídeo sin historia» y considera el argumento algo «fundamental» en su obra.

Los vídeos de Extraweg captan conceptos abstractos, los amasan y los escupen con una forma física. Encierran mensajes ocultos, veladas críticas a la sociedad actual. «La inspiración para los argumentos la encuentro en situaciones cotidianas», explica, «me divierte jugar con ellas y presentarlas de manera ambigua e incómoda. De algún modo en cada publicación existe una crítica social, pero también es cierto que no corresponden a un hecho concreto». Huelga decir que no hace falta leer este mensaje oculto para apreciar los vídeos de Extraweg. Uno puede quedarse en la dermis viscosa de sus creaciones y sentirse fascinado de la misma forma.

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