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26 de febrero 2014    /   CREATIVIDAD
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Extremadamente gráfico y extremadamente violento

26 de febrero 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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«Emily’s video es extremadamente gráfico y extremadamente violento. EXTREMADAMENTE. Nosotros no se lo recomendamos a nadie». Esta cándida nota fue enviada por los artistas italianos Eva y Franco Mattes, también conocidos por su pseudónimo 0100101110101101, junto a uno de sus experimentos artísticos más recientes. En anteriores trabajos, habían secuestrado un carrusel radiactivo de Chernóbyl, expuesto 10.000 fotos extraídas de ordenadores personales o robado célebres obras de arte de algunos museos. Ahora, han decidido coger a un puñado de voluntarios aleatorios, hacer desfilar ante sus ojos un video presumiblemente atroz y grabar sus reacciones.

La grabación en cuestión es definida por sus propios creadores como ‘el peor video del mundo’. Se trata de un compendio de clips extraídos de la Dark Net, es decir del alter ego perturbador de internet, un tipo de red paralela a la que los usuarios generales utilizan. Sus contenidos son restringidos, anónimos e inalcanzables para todos los que no disponemos de un navegador específico. En ese tenebroso rincón virtual se comparte absolutamente de todo, hasta servicios ilegales de asesinos a sueldo, drogas o pornografía infantil.

«Nos pidieron que viéramos el Emily’s Video. Naturalmente, les dije que sí y me preparé para lo peor», cuenta una de las participantes, en el magazine Animal NY. Tras el visionado, los artistas destruyeron la grabación para que el resto de los mortales nunca sepamos qué contenía. ¿Su objetivo? Tirando de fenómenos virales como aquel Two girls, one cup, pretenden que lo único que quede sean las reacciones, evidencias de segunda mano a partir de las cuales podamos tan solo fantasear.

Algunas, atentas e imperturbables, sumidas en una indiferencia vagamente hostil; otras, escandalizadas y ojipláticas, que se echan las manos a la cabeza y apartan la vista. Sosegados albañiles, parejas de enamorados, grupos de colegas… todos se han grabado a sí mismos. Una mezcla de ciudadanos corrientes y youtubers efusivos, que consigue un resultado bastante surtido.

Muchos opinan que los trabajos de los Mattes rozan lo cruel y lo inmoral. Lo cierto es que son crudos, despiadados y subversivos. En 2010, simularon un suicidio a través de ChatRoulette. Durante horas, muchas personas observaron a un tipo (Franco) colgando del techo de su habitación y Eva grabó sus reacciones.

Algunos reían, otros se quedaban inmóviles y otros incluso hacían fotos con sus teléfonos móviles. Alguien se puso unas gafas 3D. Solo uno llamó a la policía. En este caso, el ahorcamiento era una función teatral, pero sus reacciones eran puramente reales. Su voyeurismo fue castigado hasta sus últimas consecuencias. Además, jamás recibieron una explicación tras franquear aquella webcam donde reinaba el trauma. Muchos seguirán creyendo que vieron la naturaleza humana más espantosa.

Emily’s video, por su parte, sí era real: «La verdad es que estoy agradecida de que los Mattes me hayan hecho ver algo tan horrible. Tuve las imágenes- sangre, nieve, ramas, carne, sonrisas maníacas, excentricidades abstractas y borrosas- grabadas a fuego en mi cerebro durante semanas. Pero son experiencias desagradables, conocimientos del dolor que te hacen tomar conciencia de tu propia naturaleza», asegura la voluntaria.

Con semejante descripción, es evidente que adentrarse en el video era tan grato como hacerlo en la cámara frigorífica de una carnicería. Pero, ¿hasta qué punto somos absolutamente genuinos cuando hay una cámara delante? Nos queda la duda de saber si reaccionarían de forma idéntica en la soledad de su habitación, sabiéndola exenta de observadores. Si mostrarían la misma conmoción o iguales férreos juicios morales. Por ejemplo, algunos no pueden evitar mirar furtivamente a su webcam y otros incluso deciden grabar una autopresentación antes de ver el video, que los induce inevitablemente a sentirse juzgados durante toda la grabación.

Pero esta obra suscita, además, otro debate: el triunfo de los videos rollito gore, centrados en lo visceral y la violencia gráfica, en la red. El ojo humano, pernicioso, no solo está atiborrado de ellos, completamente insensibilizado ya, sino que los busca imperativamente. «Aquí todos somos culpables, no solo los artistas», reivindica la participante. Los Mattes, por cicatrizar imágenes nauseabundas en algunos cerebros inocuos; los voluntarios, por dejarse seducir conscientemente por una oferta morbosa. Nosotros, los espectadores, por devanarnos los sesos tratando de imaginar las pesadillas más oscuras recogidas de los bajos vientres de internet.

Matanzas de adolescentes que premeditaban su plan, escenas feroces grabadas con móviles alrededor del mundo, cuerpos sin vida. Esas historias son las que sintonizan con la curiosidad insaciable de la red. Asegura Michela Marzano, autora del libro La muerte como espectáculo, que «estamos en una sociedad en la que tenemos que ver para creer. La razón es simple: sospechamos de todo, porque hemos perdido la legitimidad y la confianza en la palabra».

¿Es demasiado apocalíptico hablar del fracaso del progreso moral? Puede ser. Más que ir para atrás, lo más seguro y menos pretencioso es que viajemos históricamente en círculo. Lo que sí parece real es que el voyeurismo y la frivolidad han ido ganando terreno en un anfiteatro social donde la información es cada vez más anónima y vertiginosa. Y la culpa no es de los Mattes.

Ellos empujan más allá de los límites, nos apartan por un momento de nuestras vidas anodinas y consiguen que los niñatos de la generación digital nos replanteemos ciertas cosas. Realidad y ficción, calco y autenticidad. Decidimos qué opinar de algo en función de lo que opinen los demás de algo. Muchas aristas y debates podemos extraer de estos trabajos, pero ahí está el mérito: la controversia en estado puro.

«Emily’s video es extremadamente gráfico y extremadamente violento. EXTREMADAMENTE. Nosotros no se lo recomendamos a nadie». Esta cándida nota fue enviada por los artistas italianos Eva y Franco Mattes, también conocidos por su pseudónimo 0100101110101101, junto a uno de sus experimentos artísticos más recientes. En anteriores trabajos, habían secuestrado un carrusel radiactivo de Chernóbyl, expuesto 10.000 fotos extraídas de ordenadores personales o robado célebres obras de arte de algunos museos. Ahora, han decidido coger a un puñado de voluntarios aleatorios, hacer desfilar ante sus ojos un video presumiblemente atroz y grabar sus reacciones.

La grabación en cuestión es definida por sus propios creadores como ‘el peor video del mundo’. Se trata de un compendio de clips extraídos de la Dark Net, es decir del alter ego perturbador de internet, un tipo de red paralela a la que los usuarios generales utilizan. Sus contenidos son restringidos, anónimos e inalcanzables para todos los que no disponemos de un navegador específico. En ese tenebroso rincón virtual se comparte absolutamente de todo, hasta servicios ilegales de asesinos a sueldo, drogas o pornografía infantil.

«Nos pidieron que viéramos el Emily’s Video. Naturalmente, les dije que sí y me preparé para lo peor», cuenta una de las participantes, en el magazine Animal NY. Tras el visionado, los artistas destruyeron la grabación para que el resto de los mortales nunca sepamos qué contenía. ¿Su objetivo? Tirando de fenómenos virales como aquel Two girls, one cup, pretenden que lo único que quede sean las reacciones, evidencias de segunda mano a partir de las cuales podamos tan solo fantasear.

Algunas, atentas e imperturbables, sumidas en una indiferencia vagamente hostil; otras, escandalizadas y ojipláticas, que se echan las manos a la cabeza y apartan la vista. Sosegados albañiles, parejas de enamorados, grupos de colegas… todos se han grabado a sí mismos. Una mezcla de ciudadanos corrientes y youtubers efusivos, que consigue un resultado bastante surtido.

Muchos opinan que los trabajos de los Mattes rozan lo cruel y lo inmoral. Lo cierto es que son crudos, despiadados y subversivos. En 2010, simularon un suicidio a través de ChatRoulette. Durante horas, muchas personas observaron a un tipo (Franco) colgando del techo de su habitación y Eva grabó sus reacciones.

Algunos reían, otros se quedaban inmóviles y otros incluso hacían fotos con sus teléfonos móviles. Alguien se puso unas gafas 3D. Solo uno llamó a la policía. En este caso, el ahorcamiento era una función teatral, pero sus reacciones eran puramente reales. Su voyeurismo fue castigado hasta sus últimas consecuencias. Además, jamás recibieron una explicación tras franquear aquella webcam donde reinaba el trauma. Muchos seguirán creyendo que vieron la naturaleza humana más espantosa.

Emily’s video, por su parte, sí era real: «La verdad es que estoy agradecida de que los Mattes me hayan hecho ver algo tan horrible. Tuve las imágenes- sangre, nieve, ramas, carne, sonrisas maníacas, excentricidades abstractas y borrosas- grabadas a fuego en mi cerebro durante semanas. Pero son experiencias desagradables, conocimientos del dolor que te hacen tomar conciencia de tu propia naturaleza», asegura la voluntaria.

Con semejante descripción, es evidente que adentrarse en el video era tan grato como hacerlo en la cámara frigorífica de una carnicería. Pero, ¿hasta qué punto somos absolutamente genuinos cuando hay una cámara delante? Nos queda la duda de saber si reaccionarían de forma idéntica en la soledad de su habitación, sabiéndola exenta de observadores. Si mostrarían la misma conmoción o iguales férreos juicios morales. Por ejemplo, algunos no pueden evitar mirar furtivamente a su webcam y otros incluso deciden grabar una autopresentación antes de ver el video, que los induce inevitablemente a sentirse juzgados durante toda la grabación.

Pero esta obra suscita, además, otro debate: el triunfo de los videos rollito gore, centrados en lo visceral y la violencia gráfica, en la red. El ojo humano, pernicioso, no solo está atiborrado de ellos, completamente insensibilizado ya, sino que los busca imperativamente. «Aquí todos somos culpables, no solo los artistas», reivindica la participante. Los Mattes, por cicatrizar imágenes nauseabundas en algunos cerebros inocuos; los voluntarios, por dejarse seducir conscientemente por una oferta morbosa. Nosotros, los espectadores, por devanarnos los sesos tratando de imaginar las pesadillas más oscuras recogidas de los bajos vientres de internet.

Matanzas de adolescentes que premeditaban su plan, escenas feroces grabadas con móviles alrededor del mundo, cuerpos sin vida. Esas historias son las que sintonizan con la curiosidad insaciable de la red. Asegura Michela Marzano, autora del libro La muerte como espectáculo, que «estamos en una sociedad en la que tenemos que ver para creer. La razón es simple: sospechamos de todo, porque hemos perdido la legitimidad y la confianza en la palabra».

¿Es demasiado apocalíptico hablar del fracaso del progreso moral? Puede ser. Más que ir para atrás, lo más seguro y menos pretencioso es que viajemos históricamente en círculo. Lo que sí parece real es que el voyeurismo y la frivolidad han ido ganando terreno en un anfiteatro social donde la información es cada vez más anónima y vertiginosa. Y la culpa no es de los Mattes.

Ellos empujan más allá de los límites, nos apartan por un momento de nuestras vidas anodinas y consiguen que los niñatos de la generación digital nos replanteemos ciertas cosas. Realidad y ficción, calco y autenticidad. Decidimos qué opinar de algo en función de lo que opinen los demás de algo. Muchas aristas y debates podemos extraer de estos trabajos, pero ahí está el mérito: la controversia en estado puro.

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Opiniones 5
  • Por Dark net the refieres a la deep web, ¿no? Los darknets son redes paralelas que ofrecen anonimato para el intercambio de información, pero es en la deep web donde realmente se encuentran todas esas porquerías como la pornografía infantil y servicios del tipo Silk Road. Aún así, no es necesario utilizar navegadores especiales para tener acceso a material gore; ha existido de manera libre desde los días de Gore Gallery y otras comunidades de fácil acceso en internet.

    De cualquier forma, gracias por escribir este artículo. Soy un poco obtuso en cuanto al arte se refiere, pero no veo el valor detrás del trabajo de esta pareja. «Shock for shock’s sake», como dirían en inglés. Al igual que muchos, he visto cientos de videos de gente descabezada, despellejada, torturada, quemada, asesinada, etc, y jamás sentí la necesidad de grabar reacciones. Una de las tantas cosas que me desagradan de este mundillo tecnológico que nos hemos echado encima: A nadie que tenga algo importante que hacer le interesa la reacción de alguien. Pero bueno, todos quieren sus quince minutos de fama.

    En Estados Unidos (Y creo que en Reino Unido también) se utiliza mucho el termino «edgy», que para nosotros sería «filoso», para referirse a contenido duro y políticamente incorrecto, sin embargo los más cínicos lo utilizan para referirse a contenido que realmente está haciendo todo lo posible por impresionar y dar cierta imagen.

    No sé. Siento que este dúo solo quiere aparentar.

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