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Fabrizio Plessi: recorrido por la obra de un pionero del videoarte

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Había que dejar de considerar la televisión como un electrodoméstico o como un sucedáneo necesario pero pobre de la realidad, había que comprender que no solo era una ventana para acceder a información y cultura, sino que era cultura en sí misma. El artista de 79 años Fabrizio Plessi fue pionero en hacerlo y en lanzarse a hacer videoarte: «Pensé que la televisión no se usaba como un aparato de cocina, sino como un elemento cultural», recuerda.

Hoy, el potencial artístico de la tencología es obvio, pero no era tan fácil intuirlo en los sesenta: «La televisión era un medio nuevo y sin precedentes, muy interesante como mecanismo y como concepto. Podía ser parte integral de un proceso artístico», cuenta Plessi.

Esta osadía marcó la trayectoria de un artista curioso, inmerso siempre en la búsqueda de distintas expresividades. Plessi, con aura de batirse a florete y ojos irónicos de mago, sabe desde hace mucho que el arte es un mundo que si no se zarandea no vive. Esa es la filosofía de fondo que hay que imaginar detrás de la exposición Fabrizio Plessi. 30 años en Mallorca, que estará hasta el 1 de septiembre en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma.

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La muestra comisariada por Nekane Aramburu reúne 70 de los libros y catálogos más importantes de la obra de Plessi. A través de ellos, puede comprenderse ese trabajo de indagación en el que el italiano lleva sumergido casi medio siglo. El público podrá revisar estas hojas a través de una videoinstalación en la que un ventilador real va pasando las páginas una a una. De nuevo: la fusión entre lo ‘virtual’ y lo ‘real’.

UNA OBRA INTERNACIONAL DESDE MALLORCA

No existe arte sin el contexto y sin la atmósfera que lo acuna. Por eso, Mallorca es también protagonista de la obra de Fabrizio Plessi. Su relación con la isla se remonta a 1989. Lo invitaron a exponer en el Palau Solleric. A él, que había vivido en Venecia, la tierra balear le pareció un lugar familiar, «lleno de encanto e interés».

«Traté de hacer de esta isla un tipo de laboratorio cultural. He hecho decenas de exposiciones. Siempre pensé que lo más importante de Mallorca era la naturalidad, el clima, pero sobre todo la luz. En Mallorca, se corta la luz con cuchillo», afirma.

Esto no es una loa gratuita a la isla. Esas condiciones fueron determinantes en la trayectoria del artista: «Para mí, que trabajo de cierta manera usando la tecnología y la luz, Mallorca era el elemento ideal en el que trabajar».

Sus inicios se enmarcaron en la corriente del arte povera [arte pobre], que estaba en boga cuando daba sus primeros pasos, en los años 60: «Este movimiento me influenció enormemente, pero tomé una dirección individual y diferente. Es decir, contaminé el arte pobre con el ‘cangiante’ [técnica renacentista] electrónico».

fabrizio plessi

La televisión fue una de sus apuestas de futuro: «Mi trabajo consistía en sumar a los museos, instituciones culturales y fundaciones un medio que de otro modo habría sido excluido de la escena artística», señala.

Pero no usó la tecnología de forma autoenvolvente, buscando que su carga rupturista justificara sus creaciones. Fabrizio Plessi la empleó para llegar a su presunto contrario: la naturaleza.

LA OBSESIÓN DEL AGUA

«Traté de forzar, como alquimista, los elementos naturales (¡y es una cohabitación casi imposible!) para que vivieran junto a los elementos típicos de la tecnología», explica. Para él, naturaleza, arte y tecnología construyeron un triángulo inseparable.

El agua asumió un rol protagonista. Venecia fue la culpable. Desembarcó en ella con 14 años y se dejó empapar. «Ha influido mucho en mi forma de pensar. Al final, mi trabajo se ha vuelto más fluido, elástico, móvil». Admite el artista que su observación del agua roza la obsesión. Su tarea ha consistido en «convertirla metafóricamente» en el elemento principal de su quehacer.

NAUFRAGIO EN LA LONJA DE PALMA

En 2011, Fabrizio Plessi inventó un gran naufragio en la Lonja de Palma. Una manada de cascos viejos de barco volteados expulsando luz azul sobre la penumbra de la sala. Parecía haber inundado la estancia entera, como si el naufragio de unos pocos nos ahogara a todos.

Esa ha sido otra tónica de su trabajo, nutrirse de espacios con historia. Los prefiere a «los espacios asépticos y modernos». Cree que cuanto más están la arquitectura y el lugar marcados por el tiempo y la historia, más hondo puede ser el impacto de la tecnología.

Otro de los aprendizajes que conectan a Plessi con la tecnología es la búsqueda de conexión e interactividad entre los espectadores y las obras: «Siempre tengo en cuenta la psicología del espectador». Califica su trabajo como «teatral». Afirma que diseña sus obras como rituales, «deben tener un comienzo, un camino, un final».

El ritual que permanecerá hasta el 1 de septiembre en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma comprenderá 30 años de búsqueda y de una luz que puede cortarse con cuchillo.

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Había que dejar de considerar la televisión como un electrodoméstico o como un sucedáneo necesario pero pobre de la realidad, había que comprender que no solo era una ventana para acceder a información y cultura, sino que era cultura en sí misma. El artista de 79 años Fabrizio Plessi fue pionero en hacerlo y en lanzarse a hacer videoarte: «Pensé que la televisión no se usaba como un aparato de cocina, sino como un elemento cultural», recuerda.

Hoy, el potencial artístico de la tencología es obvio, pero no era tan fácil intuirlo en los sesenta: «La televisión era un medio nuevo y sin precedentes, muy interesante como mecanismo y como concepto. Podía ser parte integral de un proceso artístico», cuenta Plessi.

Esta osadía marcó la trayectoria de un artista curioso, inmerso siempre en la búsqueda de distintas expresividades. Plessi, con aura de batirse a florete y ojos irónicos de mago, sabe desde hace mucho que el arte es un mundo que si no se zarandea no vive. Esa es la filosofía de fondo que hay que imaginar detrás de la exposición Fabrizio Plessi. 30 años en Mallorca, que estará hasta el 1 de septiembre en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma.

La muestra comisariada por Nekane Aramburu reúne 70 de los libros y catálogos más importantes de la obra de Plessi. A través de ellos, puede comprenderse ese trabajo de indagación en el que el italiano lleva sumergido casi medio siglo. El público podrá revisar estas hojas a través de una videoinstalación en la que un ventilador real va pasando las páginas una a una. De nuevo: la fusión entre lo ‘virtual’ y lo ‘real’.

UNA OBRA INTERNACIONAL DESDE MALLORCA

No existe arte sin el contexto y sin la atmósfera que lo acuna. Por eso, Mallorca es también protagonista de la obra de Fabrizio Plessi. Su relación con la isla se remonta a 1989. Lo invitaron a exponer en el Palau Solleric. A él, que había vivido en Venecia, la tierra balear le pareció un lugar familiar, «lleno de encanto e interés».

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«Traté de hacer de esta isla un tipo de laboratorio cultural. He hecho decenas de exposiciones. Siempre pensé que lo más importante de Mallorca era la naturalidad, el clima, pero sobre todo la luz. En Mallorca, se corta la luz con cuchillo», afirma.

Esto no es una loa gratuita a la isla. Esas condiciones fueron determinantes en la trayectoria del artista: «Para mí, que trabajo de cierta manera usando la tecnología y la luz, Mallorca era el elemento ideal en el que trabajar».

Sus inicios se enmarcaron en la corriente del arte povera [arte pobre], que estaba en boga cuando daba sus primeros pasos, en los años 60: «Este movimiento me influenció enormemente, pero tomé una dirección individual y diferente. Es decir, contaminé el arte pobre con el ‘cangiante’ [técnica renacentista] electrónico».

fabrizio plessi

La televisión fue una de sus apuestas de futuro: «Mi trabajo consistía en sumar a los museos, instituciones culturales y fundaciones un medio que de otro modo habría sido excluido de la escena artística», señala.

Pero no usó la tecnología de forma autoenvolvente, buscando que su carga rupturista justificara sus creaciones. Fabrizio Plessi la empleó para llegar a su presunto contrario: la naturaleza.

LA OBSESIÓN DEL AGUA

«Traté de forzar, como alquimista, los elementos naturales (¡y es una cohabitación casi imposible!) para que vivieran junto a los elementos típicos de la tecnología», explica. Para él, naturaleza, arte y tecnología construyeron un triángulo inseparable.

El agua asumió un rol protagonista. Venecia fue la culpable. Desembarcó en ella con 14 años y se dejó empapar. «Ha influido mucho en mi forma de pensar. Al final, mi trabajo se ha vuelto más fluido, elástico, móvil». Admite el artista que su observación del agua roza la obsesión. Su tarea ha consistido en «convertirla metafóricamente» en el elemento principal de su quehacer.

NAUFRAGIO EN LA LONJA DE PALMA

En 2011, Fabrizio Plessi inventó un gran naufragio en la Lonja de Palma. Una manada de cascos viejos de barco volteados expulsando luz azul sobre la penumbra de la sala. Parecía haber inundado la estancia entera, como si el naufragio de unos pocos nos ahogara a todos.

Esa ha sido otra tónica de su trabajo, nutrirse de espacios con historia. Los prefiere a «los espacios asépticos y modernos». Cree que cuanto más están la arquitectura y el lugar marcados por el tiempo y la historia, más hondo puede ser el impacto de la tecnología.

Otro de los aprendizajes que conectan a Plessi con la tecnología es la búsqueda de conexión e interactividad entre los espectadores y las obras: «Siempre tengo en cuenta la psicología del espectador». Califica su trabajo como «teatral». Afirma que diseña sus obras como rituales, «deben tener un comienzo, un camino, un final».

El ritual que permanecerá hasta el 1 de septiembre en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma comprenderá 30 años de búsqueda y de una luz que puede cortarse con cuchillo.

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