Publicado: 18 de abril 2017 03:21  /   IDEAS
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Face, el cómic de la chica sin rostro

Publicado: 18 de abril 2017 03:21  /   IDEAS     por          
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A día de hoy, Rosario Villajos (Córdoba, 1978) no tiene aún claro quién es. La buena noticia es que no considera necesario saberlo para poder vivir. La ventaja añadida es que esa incertidumbre acerca de la identidad le ha servido para construir la historia de Face (Ponent Mon, 2017), su álter ego y la protagonista sin cara de su primera novela gráfica.

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Rosario Villajos con Face. Foto propiedad de la propia autora.

La historia de Face comienza con la llegada de su protagonista a Londres, la ciudad que Rosario Villajos escogió para comenzar su sexta vida. Villajos afirma que una de sus mayores virtudes es «la de empezar de cero. Ya he vivido en seis ciudades diferentes y me siento lista para una séptima».

De eso trata Face, de la llegada a un lugar nuevo, del sentimiento de no pertenencia, del descubrimiento de un nuevo ecosistema social y de la libertad que aporta no tener que rendir cuentas al pasado.

Rosario, o Face, explica que la capital británica «me ha ayudado a asumir estoicamente que algunas personas no vamos a encajar en ningún sitio en la vida y eso no nos hace peores ni mejores. Algunas personas sentimos que nos falta una parte y ni siquiera sabemos cuál es. Supongo que de ahí me ha salido lo de que Face no tenga rostro».

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Rosario Villajos había estudiado Bellas Artes, se había dedicado a la música durante casi una década y se bajó del escenario por desavenencias con el mismo. Cuando escribió el punto y aparte que le llevó a Londres, trató de zambullirse en el mundo del cine. «Probé detrás de las cámaras, obviamente, haciendo pósters para pelis de serie B, como runner o como foto fija».

Ninguno de esos trabajos le proporcionó el dinero suficiente para vivir en una ciudad como la inglesa. «Así que asimilé la idea de hacerme un hueco en el mundo digital y madurar un poco de una vez. El resultado: tener un trabajo que me gusta y tiempo libre para dibujar y hacer tebeos».

Face comenzó como un experimento para sí misma y para su entorno. Esos serían, en principio, los únicos lectores de una historia que se alimentaba de experiencias personales.

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Villajos ya había superado la fase de adaptación al nuevo país y al nuevo idioma y sus prioridades y anhelos estaban más definidos. Se puso a dibujar y a contar la historia originalmente en inglés. «Es liberador contar cómo te sientes de una forma creativa. A mi entender, la creatividad no es un talento sino una manera de hacer las cosas y yo he querido explicarme mediante fantasía, dibujos y algo de texto. Tengo la impresión de que mi comunicación verbal no es extraordinaria, así que creo que todos hemos salido ganando», señala.

Al final, Londres no es ni causa ni solución de los problemas de Face, pero sí le ha servido a la autora cordobesa para que la historia que había escrito para un reducido círculo de personas se proyectase al mundo. «La semana antes de que se publicara tuve vértigo y miedo. Le dije a un amigo: «¡Oh, no! ¡Esto lo va a leer gente que no me conoce de nada!». Y me contestó: «Bueno, esa es la idea».

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A día de hoy, Rosario Villajos (Córdoba, 1978) no tiene aún claro quién es. La buena noticia es que no considera necesario saberlo para poder vivir. La ventaja añadida es que esa incertidumbre acerca de la identidad le ha servido para construir la historia de Face (Ponent Mon, 2017), su álter ego y la protagonista sin cara de su primera novela gráfica.

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Rosario Villajos con Face. Foto propiedad de la propia autora.

La historia de Face comienza con la llegada de su protagonista a Londres, la ciudad que Rosario Villajos escogió para comenzar su sexta vida. Villajos afirma que una de sus mayores virtudes es «la de empezar de cero. Ya he vivido en seis ciudades diferentes y me siento lista para una séptima».

De eso trata Face, de la llegada a un lugar nuevo, del sentimiento de no pertenencia, del descubrimiento de un nuevo ecosistema social y de la libertad que aporta no tener que rendir cuentas al pasado.

Rosario, o Face, explica que la capital británica «me ha ayudado a asumir estoicamente que algunas personas no vamos a encajar en ningún sitio en la vida y eso no nos hace peores ni mejores. Algunas personas sentimos que nos falta una parte y ni siquiera sabemos cuál es. Supongo que de ahí me ha salido lo de que Face no tenga rostro».

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Rosario Villajos había estudiado Bellas Artes, se había dedicado a la música durante casi una década y se bajó del escenario por desavenencias con el mismo. Cuando escribió el punto y aparte que le llevó a Londres, trató de zambullirse en el mundo del cine. «Probé detrás de las cámaras, obviamente, haciendo pósters para pelis de serie B, como runner o como foto fija».

Ninguno de esos trabajos le proporcionó el dinero suficiente para vivir en una ciudad como la inglesa. «Así que asimilé la idea de hacerme un hueco en el mundo digital y madurar un poco de una vez. El resultado: tener un trabajo que me gusta y tiempo libre para dibujar y hacer tebeos».

Face comenzó como un experimento para sí misma y para su entorno. Esos serían, en principio, los únicos lectores de una historia que se alimentaba de experiencias personales.

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Villajos ya había superado la fase de adaptación al nuevo país y al nuevo idioma y sus prioridades y anhelos estaban más definidos. Se puso a dibujar y a contar la historia originalmente en inglés. «Es liberador contar cómo te sientes de una forma creativa. A mi entender, la creatividad no es un talento sino una manera de hacer las cosas y yo he querido explicarme mediante fantasía, dibujos y algo de texto. Tengo la impresión de que mi comunicación verbal no es extraordinaria, así que creo que todos hemos salido ganando», señala.

Al final, Londres no es ni causa ni solución de los problemas de Face, pero sí le ha servido a la autora cordobesa para que la historia que había escrito para un reducido círculo de personas se proyectase al mundo. «La semana antes de que se publicara tuve vértigo y miedo. Le dije a un amigo: «¡Oh, no! ¡Esto lo va a leer gente que no me conoce de nada!». Y me contestó: «Bueno, esa es la idea».

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