30 de septiembre 2011    /   BUSINESS
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Facebook se puede tocar

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Dice el joven arquitecto Pablo Gil-Cornaro, profesor en las universidades IE (Madrid/Segovia) y la London Metropolitan y co-director del estudio de arquitectura GilBartolome ADW, que Facebook se puede tocar. Pero no sólo lo dice, es que además asegura que él lo ha palpado con sus propias manos. “Se puede crear un elemento para cosas que hasta ahora no concebimos, que no existen. Es decir, con el diseño se puede dar forma a esas cosas que pueden resolver nuestras necesidades o responder a nuestras apetencias. Hay multitud de eventos y situaciones en el día a día que hasta ahora no se han fijado en un espacio, pero que podrían formar parte de la arquitectura”, afirma. “Es lo que yo llamo la institucionalización de la vida cotidiana”.
Para demostrar su teoría Gil-Cornaro imparte un taller llamado Fórrate con la Arquitectura. Sin destinatario concreto. Lo ha ofrecido para arquitectos, estudiantes, profesionales de marketing y en viveros de empresas. Objetivo: “Demostrar que en apenas un par de horas se puede detectar una necesidad, pensar soluciones, tener una idea, construirla y presentarla”. Resultado: “Siempre un éxito”, asegura.
Como parte del programa del HAY Festival de Segovia, la semana pasada, Gil-Cornaro se propuso volver a demostrar con su taller que su teoría es cierta. Treinta oyentes de todas las edades divididos en grupos de cinco personas con apenas treinta minutos para “pensar en algo que sea útil para la sociedad, algo que no exista”, indicaba el profesor,  y un papel para plasmar los bocetos de esa tormenta de ideas. Un consenso, una determinación, y algo menos de dos horas para hacer material el pensamiento. Cartones, tijeras, tubos, plásticos, bridas… Últimos retoques y un poco de picardía a la hora de presentar y vender el proyecto al resto de la sala.
Tiempo record. De la cabeza y las manos de esos 30 desconocidos resulta que nacieron divertidas neveras-bar con ruedas, parques infantiles móviles, espacios transportables para enamorados, mesas que brotan de los trajes y hasta una discoteca personalizada. Satisfacción por tocar las ideas. Teoría demostrada.
Cuenta el arquitecto que él mismo se impresionó el día que un grupo de los asistentes a su taller crearon un espacio físico al que llamaron Facebook. “En la estructura que inventaron había un lugar para colgar mensajes, otro para fotografías… Podías sentarte y abrir o cerrar tus conversaciones, que a su vez podían ser públicas u ocultas… De verdad habían hecho un Facebook para tocar. Imagínate que eso lo instalas en un pub. ¿Sabes el éxito que podría tener? Debe ser divertidísimo”, explica.
El método de trabajo para impartir el taller se le ocurrió “así, de repente”, “en cinco minutos”, confiesa. Le pareció una buena forma de divulgar su fe en las buenas ideas. “Con esa inmediatez suelo trabajar”, asegura, “no me plateo posturas críticas. Si me parece interesante y confío en mi idea, adelante. Diseñar es tomar decisiones en la incertidumbre”.
Para este creador el diseño es eso, “crear de la nada, mirar diferente, otra mentalidad”. Ahora trabaja en un doctorado con el que pretende mostrar una arquitectura “que parezca que está viva”. Adelanta que su propuesta, “así en pocas palabras”, consiste en hacer “que la materia inerte parezca vibrante”. Que se perciba orgánica a través de la tecnología, los materiales utilizados y la geometría. Todo un reto propio de la ciencia ficción cuando el arquitecto lo explica diciendo: “Que entres en un edificio y que sientas que está latiendo”
Al experto no le importa compartir la receta para tener una buena idea: “Tener buena preparación, inteligencia visual, estar atento a la realidad cotidiana y conectar cosas. Ser capaz de sintetizarlas en un nuevo producto”. Afirma que el diseño debe “tratar al mundo como prototipo”. Y advierte que para que además nuestras ideas sean vendibles, éstas “tienen que responder a una necesidad, un deseo o interés social. Ser consciente de que se crea para la gente. La clave del éxito la tiene quien trabaja anteponiendo el interés de las personas al beneficio personal”.
Su experiencia le ha enseñado que el diseño y la producción son un negocio sacrificado y en ocasiones poco agradecido. Pero que nadie desespere. De una cosa Gil-Cornaro está optimistamente seguro: “Si uno crea un producto pensando en las utilidades cotidianas y es de calidad, que no se preocupe si al principio no se vende. Con esa combinación hacer negocio sólo es cuestión de tiempo”.

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Dice el joven arquitecto Pablo Gil-Cornaro, profesor en las universidades IE (Madrid/Segovia) y la London Metropolitan y co-director del estudio de arquitectura GilBartolome ADW, que Facebook se puede tocar. Pero no sólo lo dice, es que además asegura que él lo ha palpado con sus propias manos. “Se puede crear un elemento para cosas que hasta ahora no concebimos, que no existen. Es decir, con el diseño se puede dar forma a esas cosas que pueden resolver nuestras necesidades o responder a nuestras apetencias. Hay multitud de eventos y situaciones en el día a día que hasta ahora no se han fijado en un espacio, pero que podrían formar parte de la arquitectura”, afirma. “Es lo que yo llamo la institucionalización de la vida cotidiana”.
Para demostrar su teoría Gil-Cornaro imparte un taller llamado Fórrate con la Arquitectura. Sin destinatario concreto. Lo ha ofrecido para arquitectos, estudiantes, profesionales de marketing y en viveros de empresas. Objetivo: “Demostrar que en apenas un par de horas se puede detectar una necesidad, pensar soluciones, tener una idea, construirla y presentarla”. Resultado: “Siempre un éxito”, asegura.
Como parte del programa del HAY Festival de Segovia, la semana pasada, Gil-Cornaro se propuso volver a demostrar con su taller que su teoría es cierta. Treinta oyentes de todas las edades divididos en grupos de cinco personas con apenas treinta minutos para “pensar en algo que sea útil para la sociedad, algo que no exista”, indicaba el profesor,  y un papel para plasmar los bocetos de esa tormenta de ideas. Un consenso, una determinación, y algo menos de dos horas para hacer material el pensamiento. Cartones, tijeras, tubos, plásticos, bridas… Últimos retoques y un poco de picardía a la hora de presentar y vender el proyecto al resto de la sala.
Tiempo record. De la cabeza y las manos de esos 30 desconocidos resulta que nacieron divertidas neveras-bar con ruedas, parques infantiles móviles, espacios transportables para enamorados, mesas que brotan de los trajes y hasta una discoteca personalizada. Satisfacción por tocar las ideas. Teoría demostrada.
Cuenta el arquitecto que él mismo se impresionó el día que un grupo de los asistentes a su taller crearon un espacio físico al que llamaron Facebook. “En la estructura que inventaron había un lugar para colgar mensajes, otro para fotografías… Podías sentarte y abrir o cerrar tus conversaciones, que a su vez podían ser públicas u ocultas… De verdad habían hecho un Facebook para tocar. Imagínate que eso lo instalas en un pub. ¿Sabes el éxito que podría tener? Debe ser divertidísimo”, explica.
El método de trabajo para impartir el taller se le ocurrió “así, de repente”, “en cinco minutos”, confiesa. Le pareció una buena forma de divulgar su fe en las buenas ideas. “Con esa inmediatez suelo trabajar”, asegura, “no me plateo posturas críticas. Si me parece interesante y confío en mi idea, adelante. Diseñar es tomar decisiones en la incertidumbre”.
Para este creador el diseño es eso, “crear de la nada, mirar diferente, otra mentalidad”. Ahora trabaja en un doctorado con el que pretende mostrar una arquitectura “que parezca que está viva”. Adelanta que su propuesta, “así en pocas palabras”, consiste en hacer “que la materia inerte parezca vibrante”. Que se perciba orgánica a través de la tecnología, los materiales utilizados y la geometría. Todo un reto propio de la ciencia ficción cuando el arquitecto lo explica diciendo: “Que entres en un edificio y que sientas que está latiendo”
Al experto no le importa compartir la receta para tener una buena idea: “Tener buena preparación, inteligencia visual, estar atento a la realidad cotidiana y conectar cosas. Ser capaz de sintetizarlas en un nuevo producto”. Afirma que el diseño debe “tratar al mundo como prototipo”. Y advierte que para que además nuestras ideas sean vendibles, éstas “tienen que responder a una necesidad, un deseo o interés social. Ser consciente de que se crea para la gente. La clave del éxito la tiene quien trabaja anteponiendo el interés de las personas al beneficio personal”.
Su experiencia le ha enseñado que el diseño y la producción son un negocio sacrificado y en ocasiones poco agradecido. Pero que nadie desespere. De una cosa Gil-Cornaro está optimistamente seguro: “Si uno crea un producto pensando en las utilidades cotidianas y es de calidad, que no se preocupe si al principio no se vende. Con esa combinación hacer negocio sólo es cuestión de tiempo”.

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