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29 enero, 2019    /   BRANDED CONTENT

‘Faces’: tu cara no es como crees, tu rostro es solo una impresión ajena

29 enero, 2019    /   BRANDED CONTENT    
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Estamos hechos de moscas. Creemos que nuestra apariencia es fija, que somos lo que somos. Pero estamos hechos de moscas ínfimas: de miles de partículas vivas y cambiantes. Nuestra identidad peligra en cada movimiento: nos deshacemos y nos reconstruimos.

Ocurre (se ve claro) cuando el espectador se coloca delante de Portrait on the fly (2015), una obra interactiva de Laurent Mignonneau y Christa Sommerer. «Es un espejo reactivo», explica la periodista cultural Roberta Bosco; «la obra te retrata en tiempo real a través de una mosca que se posa y se multiplica hasta conformar tu imagen; es un vínculo directo entre lo orgánico y la construcción de la identidad».

La mosca se posa; nosotros posamos ante las cámaras; nuestras fotos en las redes sociales son formas de posarnos en los demás. Posas ante su móvil y colocas la boca, los ojos, los hombros; tratas de controlar su imagen. Pero la foto se publica y la mirada de los otros es anárquica como una bandada de moscas: ellos se fijan en unas facciones y no en otras; te deforman. Tú no te perteneces. Como dijo Fernando Pessoa: «Todo lo que sabemos es una impresión nuestra, y todo lo que somos es una impresión ajena».

Bosco emplea esta cita del poeta portugués para sintetizar el sentido de la exposición que comisaría junto a Stefano Caldana. Se llama Faces y aúna las obras de Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma con la Colección Beep de Arte Electrónico. Son 53 obras de 39 artistas creadas en los últimos 100 años que sirven para aproximarse al retrato «desde una perspectiva más antropológica que artística». La inauguración se celebra el 30 de enero: día en que Es Baluard cumple 15 años.

El público es el objeto de la obra

El primer retrato de la historia no fue el de un rostro. «Quien pintó en las paredes de la cueva no reflejó su cara, puso su mano. La mano es el primer signo de identidad, la primera forma en que nuestra especie dice: esta soy yo», reflexiona Roberta Bosco. «La mano es también el símbolo de la interactividad. El icono más habitual de los museos es el que prohibe tocar», añade.

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Lugán, Mano térmica de artista, 1973. Colección Beep de Arte Electrónico © de la obra, Luis García Núñez, Lugán, 2019.

La muestra de Bosco y Caldana te exige lo contrario: toca, interactúa. Faces quiere demostrar que el concepto de retrato ha mutado a lo largo la historia, y que sigue y seguirá ocurriendo: «Tratamos de redescubrir la idea de retrato a través de las nuevas tecnologías». Por eso, la imagen de presentación de la exposición es Mano térmica de artista, de Luis Lugán (1973).

«Lugán creó esta mano con unos circuitos eléctricos de resistencia que aportan calor al hierro. Percibes el calor como si fuera una mano humana. Está colocada para que el público la salude y se relacione con ella. Lugán se adelantó casi dos décadas a la eclosión creativa asociada al arte electrónico e interactivo», detalla.

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Jordi Abelló, Mantis, 2015 (fotograma del vídeo). Colección del artista. © de la obra, Jordi Abelló, 2019.
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Alberto García-Álix, La China, 2007. Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma. © de la obra, Alberto García-Álix, VEGAP, 2019.

Las moscas de Mignonneau y Somerer o los dedos de Lugán alteran la relación del público con las obras: cambian la contemplación por la participación. «El espectador siente una empatía inmediata. Sin necesidad de conocimientos previos de tecnología o arte, consigue establecer la relación. El sujeto es activo y creador. Cuanto más jóvenes son, o incluso más niños, los asistentes entienden más rápidamente lo que tienen que hacer sin necesidad de leer el cartel».

Faces abre un diálogo entre obras plásticas en soportes más tradicionales y otras forjadas mediante la tecnología. Picasso, Miró, Barcelo, Roland, Fisher, Alberto García-Alix, Marceli.lí Antúnez, Lugán o Daniel Canogar comparten un recorrido libérrimo, sin secciones cerradas. Bosco y Caldana no quieren limitar la interpretación de los asistentes: no hay un diálogo a pares, de confrontación de piezas, sino «rizomático».

Un robot con piel de cordero

Las figuras humanas, fotografiadas o dibujadas, se enfrentan a obras como JoAN (1992) de Marcel.lí Antúnez. «Es un robot con piel de cordero y de vacuno que reacciona a la voz del espectador, a sus saludos. Gira la cabeza, levanta el brazo, responde a la interacción básica de dos personas que se encuentran», señala la periodista.

Es un ser deforme, desagradable, de carne muerta desnuda, y el compartir espacio con los rostros reales y armónicos de otras piezas lo hace todavía más grotesco. Faces también habla de la mezcla de atracción y repulsión que genera la tecnología: queremos construir robots de apariencia humana y, a la vez, el resultado nos horroriza. Un ejemplo: hoy, para que los robots no produzcan rechazo, muchos fabricantes abandonan las formas humanas y se acercan a la dulzura inofensiva de las mascotas.

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Solimán López, Bioma, 2017. Colección particular. © de la obra, Solimán López, 2019.
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Analivia Cordeiro, M3X3, 1973 (fotograma del vídeo). Videoinstalación. Colección BEEP de Art Electrónico. © de la obra, Analivia Cordeiro, 2019

Pero ¿qué ocurre cuando sucede al reves: cuando se hace sentir a una persona como un objeto no biológico, como una cosa sin profundidad ni independencia?

En ese vértigo coloca al público Level of Confidence (2015), de Rafael Lozano-Hemmer. En septiembre de 2014 desaparecieron 43 estudiantes en Ayotzinapa (México). Aún se les busca. «Se encontrarían por casualidad con un intercambio de drogas. No se sabe qué vieron, pero los secuestraron y sus cuerpos nunca se encontraron», recuerda Bosco.

Level of Confidence es un software de reconocimiento facial que compara el rostro de quien se coloca delante con el de las víctimas mexicanas e indica el grado de parecido.

«El sistema busca una coincidencia exacta que nunca encontrará. Por un lado, conmemora aquel hecho terrible [y dona la recaudación a las familias, que siguen buscando a los jóvenes] y ,por otro, critica el uso en el ámbito policial y de represión del reconocimiento facial. Son técnicas aún poco fiables. Si tienes una coincidencia del 80% con un ladrón, te encuentras en un lío tremendo», analiza Bosco.

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Rafael Lozano-Hemmer, Level of Confidence, 2015 (fragmento de la obra). Cortesia del artista. © de la obra, Rafael Lozano-Hemmer, 2019.

El mecanismo convierte al individuo en una carcasa vacía: en el momento en que cree reconocerlo, su biografía y su verdad desaparecen, solo importa el porcentaje. Se resetea al ser humano como se resetearía a un robot.

Ese es uno de los objetivos de Faces, conmover al público, zarandearlo, instalar en él la duda sobre esa identidad propia que ve tantas veces repetida en los selfis y los stories de Instagram; susurrarle, como haría Pessoa, que lo que cree ser es solo una impresión ajena.

** La exposición permanecerá abierta del 31 de enero al 29 de septiembre.

 

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Estamos hechos de moscas. Creemos que nuestra apariencia es fija, que somos lo que somos. Pero estamos hechos de moscas ínfimas: de miles de partículas vivas y cambiantes. Nuestra identidad peligra en cada movimiento: nos deshacemos y nos reconstruimos.

Ocurre (se ve claro) cuando el espectador se coloca delante de Portrait on the fly (2015), una obra interactiva de Laurent Mignonneau y Christa Sommerer. «Es un espejo reactivo», explica la periodista cultural Roberta Bosco; «la obra te retrata en tiempo real a través de una mosca que se posa y se multiplica hasta conformar tu imagen; es un vínculo directo entre lo orgánico y la construcción de la identidad».

La mosca se posa; nosotros posamos ante las cámaras; nuestras fotos en las redes sociales son formas de posarnos en los demás. Posas ante su móvil y colocas la boca, los ojos, los hombros; tratas de controlar su imagen. Pero la foto se publica y la mirada de los otros es anárquica como una bandada de moscas: ellos se fijan en unas facciones y no en otras; te deforman. Tú no te perteneces. Como dijo Fernando Pessoa: «Todo lo que sabemos es una impresión nuestra, y todo lo que somos es una impresión ajena».

Bosco emplea esta cita del poeta portugués para sintetizar el sentido de la exposición que comisaría junto a Stefano Caldana. Se llama Faces y aúna las obras de Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma con la Colección Beep de Arte Electrónico. Son 53 obras de 39 artistas creadas en los últimos 100 años que sirven para aproximarse al retrato «desde una perspectiva más antropológica que artística». La inauguración se celebra el 30 de enero: día en que Es Baluard cumple 15 años.

El público es el objeto de la obra

El primer retrato de la historia no fue el de un rostro. «Quien pintó en las paredes de la cueva no reflejó su cara, puso su mano. La mano es el primer signo de identidad, la primera forma en que nuestra especie dice: esta soy yo», reflexiona Roberta Bosco. «La mano es también el símbolo de la interactividad. El icono más habitual de los museos es el que prohibe tocar», añade.

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Lugán, Mano térmica de artista, 1973. Colección Beep de Arte Electrónico © de la obra, Luis García Núñez, Lugán, 2019.

La muestra de Bosco y Caldana te exige lo contrario: toca, interactúa. Faces quiere demostrar que el concepto de retrato ha mutado a lo largo la historia, y que sigue y seguirá ocurriendo: «Tratamos de redescubrir la idea de retrato a través de las nuevas tecnologías». Por eso, la imagen de presentación de la exposición es Mano térmica de artista, de Luis Lugán (1973).

«Lugán creó esta mano con unos circuitos eléctricos de resistencia que aportan calor al hierro. Percibes el calor como si fuera una mano humana. Está colocada para que el público la salude y se relacione con ella. Lugán se adelantó casi dos décadas a la eclosión creativa asociada al arte electrónico e interactivo», detalla.

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Jordi Abelló, Mantis, 2015 (fotograma del vídeo). Colección del artista. © de la obra, Jordi Abelló, 2019.
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Alberto García-Álix, La China, 2007. Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma. © de la obra, Alberto García-Álix, VEGAP, 2019.

Las moscas de Mignonneau y Somerer o los dedos de Lugán alteran la relación del público con las obras: cambian la contemplación por la participación. «El espectador siente una empatía inmediata. Sin necesidad de conocimientos previos de tecnología o arte, consigue establecer la relación. El sujeto es activo y creador. Cuanto más jóvenes son, o incluso más niños, los asistentes entienden más rápidamente lo que tienen que hacer sin necesidad de leer el cartel».

Faces abre un diálogo entre obras plásticas en soportes más tradicionales y otras forjadas mediante la tecnología. Picasso, Miró, Barcelo, Roland, Fisher, Alberto García-Alix, Marceli.lí Antúnez, Lugán o Daniel Canogar comparten un recorrido libérrimo, sin secciones cerradas. Bosco y Caldana no quieren limitar la interpretación de los asistentes: no hay un diálogo a pares, de confrontación de piezas, sino «rizomático».

Un robot con piel de cordero

Las figuras humanas, fotografiadas o dibujadas, se enfrentan a obras como JoAN (1992) de Marcel.lí Antúnez. «Es un robot con piel de cordero y de vacuno que reacciona a la voz del espectador, a sus saludos. Gira la cabeza, levanta el brazo, responde a la interacción básica de dos personas que se encuentran», señala la periodista.

Es un ser deforme, desagradable, de carne muerta desnuda, y el compartir espacio con los rostros reales y armónicos de otras piezas lo hace todavía más grotesco. Faces también habla de la mezcla de atracción y repulsión que genera la tecnología: queremos construir robots de apariencia humana y, a la vez, el resultado nos horroriza. Un ejemplo: hoy, para que los robots no produzcan rechazo, muchos fabricantes abandonan las formas humanas y se acercan a la dulzura inofensiva de las mascotas.

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Solimán López, Bioma, 2017. Colección particular. © de la obra, Solimán López, 2019.
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Level of Confidence es un software de reconocimiento facial que compara el rostro de quien se coloca delante con el de las víctimas mexicanas e indica el grado de parecido.

«El sistema busca una coincidencia exacta que nunca encontrará. Por un lado, conmemora aquel hecho terrible [y dona la recaudación a las familias, que siguen buscando a los jóvenes] y ,por otro, critica el uso en el ámbito policial y de represión del reconocimiento facial. Son técnicas aún poco fiables. Si tienes una coincidencia del 80% con un ladrón, te encuentras en un lío tremendo», analiza Bosco.

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Rafael Lozano-Hemmer, Level of Confidence, 2015 (fragmento de la obra). Cortesia del artista. © de la obra, Rafael Lozano-Hemmer, 2019.

El mecanismo convierte al individuo en una carcasa vacía: en el momento en que cree reconocerlo, su biografía y su verdad desaparecen, solo importa el porcentaje. Se resetea al ser humano como se resetearía a un robot.

Ese es uno de los objetivos de Faces, conmover al público, zarandearlo, instalar en él la duda sobre esa identidad propia que ve tantas veces repetida en los selfis y los stories de Instagram; susurrarle, como haría Pessoa, que lo que cree ser es solo una impresión ajena.

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