Publicado: 14 de abril 2016 07:30  /   IDEAS
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La familia ya no es lo que era

Publicado: 14 de abril 2016 07:30  /   IDEAS     por          
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Con esta afirmación no solo nos referimos a los nuevos modelos monoparentales, o de parejas del mismo sexo, o cualquier otra variante que alimente las modernas páginas del Registro Civil. Es urgente ampliar el concepto de familia no ya a las buenas amistades, eso se da por descontado, sino a personas a las que vemos una vez a la semana, como el cartero. O a los tipos que arreglan las goteras. O al del contador del agua. Y de ahí pasar a los objetos no debería suponer gran problema.

Si usted vive solo, no hay ninguna razón para que no considere su televisor de 42” como parte de su familia. Muchos ya aprecian y cuidan más su teléfono móvil de última generación que a sus hermanos o primos, y les dedican mucho más tiempo, compañía y atenciones.

En la novela de Juan José Millás, La soledad era esto, una mujer descubre los beneficios de no estar acompañada, aunque en este caso se trata de soledad interior, que también carcome lo suyo.

En el caso de Los Simpsons, bajo una delgada capa de incorrección política se esconde el buque insignia de la cadena Fox durante décadas, ofreciendo un modelo de familia sólido, tradicional y conservador hasta la náusea, por más gracia que nos pueda hacer ver a Homer bebiendo cervezas en el pub de Moe. Si se fijan, prácticamente casi ningún vecino de Springfield vive solo. La soledad está estigmatizada y los guionistas la tratan como una dolencia, no como una opción.

[pullquote]La soledad está estigmatizada y los guionistas la tratan como una dolencia, no como una opción[/pullquote]

Los más pequeños tampoco se libran de estos modelos y la gran triunfadora de este segmento de audiencia, Peppa Pig, ofrece de nuevo una familia que causa desazón en todos aquellos niños que no viven en una idílica casa con papá, mamá, su hermanito y los encantadores abuelos que vienen a hacerles pasteles los domingos. El modelo no se desvía ni un milímetro y el público al que van dirigidos son cerebros y mentalidades en proceso de formación. Eso son armas de adoctrinamiento masivo que etiquetan la soledad como un mal pernicioso, pues es más fácil influir y manejar un grupo con lazos de sangre que un individuo aislado. ¿Para cuándo una serie de animación que recoja las relaciones familiares entre personas y cosas?

Porque mi pijama favorito es también parte de mi familia, y mi calefactor, mis utensilios para preparar la pasta italiana, la repisa repleta de botecitos de especias, la biblioteca, con sus múltiples parientes de papel que me miran desde la estantería IKEA modelo Billy ® (o era Kallax ®),  y si alguno de estos objetos me abandona o muere, (para aplicar un término más humano se estropea, se extravía o es víctima de un robo), yo sufro los mismos síntomas que si falleciera un ser querido. Y además, espero que ellos sientan lo mismo hacia mí, aunque este extremo es más difícil de verificar. Ya sé, piensan que me estoy volviendo loco y que debería salir más y conocer gente.

De acuerdo, saldré a dar un paseo con mi colección de pequeños ponis en la mochila.

La familia ya no es lo que era. Pero la soledad tampoco.

Foto de portada:  – Shutterstock

 

Con esta afirmación no solo nos referimos a los nuevos modelos monoparentales, o de parejas del mismo sexo, o cualquier otra variante que alimente las modernas páginas del Registro Civil. Es urgente ampliar el concepto de familia no ya a las buenas amistades, eso se da por descontado, sino a personas a las que vemos una vez a la semana, como el cartero. O a los tipos que arreglan las goteras. O al del contador del agua. Y de ahí pasar a los objetos no debería suponer gran problema.

Si usted vive solo, no hay ninguna razón para que no considere su televisor de 42” como parte de su familia. Muchos ya aprecian y cuidan más su teléfono móvil de última generación que a sus hermanos o primos, y les dedican mucho más tiempo, compañía y atenciones.

En la novela de Juan José Millás, La soledad era esto, una mujer descubre los beneficios de no estar acompañada, aunque en este caso se trata de soledad interior, que también carcome lo suyo.

En el caso de Los Simpsons, bajo una delgada capa de incorrección política se esconde el buque insignia de la cadena Fox durante décadas, ofreciendo un modelo de familia sólido, tradicional y conservador hasta la náusea, por más gracia que nos pueda hacer ver a Homer bebiendo cervezas en el pub de Moe. Si se fijan, prácticamente casi ningún vecino de Springfield vive solo. La soledad está estigmatizada y los guionistas la tratan como una dolencia, no como una opción.

[pullquote]La soledad está estigmatizada y los guionistas la tratan como una dolencia, no como una opción[/pullquote]

Los más pequeños tampoco se libran de estos modelos y la gran triunfadora de este segmento de audiencia, Peppa Pig, ofrece de nuevo una familia que causa desazón en todos aquellos niños que no viven en una idílica casa con papá, mamá, su hermanito y los encantadores abuelos que vienen a hacerles pasteles los domingos. El modelo no se desvía ni un milímetro y el público al que van dirigidos son cerebros y mentalidades en proceso de formación. Eso son armas de adoctrinamiento masivo que etiquetan la soledad como un mal pernicioso, pues es más fácil influir y manejar un grupo con lazos de sangre que un individuo aislado. ¿Para cuándo una serie de animación que recoja las relaciones familiares entre personas y cosas?

Porque mi pijama favorito es también parte de mi familia, y mi calefactor, mis utensilios para preparar la pasta italiana, la repisa repleta de botecitos de especias, la biblioteca, con sus múltiples parientes de papel que me miran desde la estantería IKEA modelo Billy ® (o era Kallax ®),  y si alguno de estos objetos me abandona o muere, (para aplicar un término más humano se estropea, se extravía o es víctima de un robo), yo sufro los mismos síntomas que si falleciera un ser querido. Y además, espero que ellos sientan lo mismo hacia mí, aunque este extremo es más difícil de verificar. Ya sé, piensan que me estoy volviendo loco y que debería salir más y conocer gente.

De acuerdo, saldré a dar un paseo con mi colección de pequeños ponis en la mochila.

La familia ya no es lo que era. Pero la soledad tampoco.

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