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17 de octubre 2012    /   CREATIVIDAD
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La reconquista de la imprenta

17 de octubre 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Hoy el debate -si es que aún queda debate- lo alimenta la agonizante vida del papel frente al digitalismo universal que ya copa los medios escritos. Pero hace ya mucho tiempo que la disyuntiva entre imprenta e impresora se había zanjado a favor de la segunda y que nadie había pensado en desenterrar de nuevo el tema. Sin embargo, hay inventos de esos con complejo de Ave Fénix. O quizás deberíamos decir románticos de esos que se niegan a dar por perdida la batalla.

Es el caso de la Familia Plómez (calle Las Aguas, 3, Barrio de La Latina), una nueva asociación cultural formada por amigos que se ha propuesto resucitar a la olvidada imprenta de plomo. Si Johannes Gutenberg levantara la cabeza, se le saltarían lágrimas de tinta en pleno centro de Madrid.

Se trata de una iniciativa ideada “entre cañas” y llevada a cabo por un grupo de doce diseñadores, profesores “y gente de mal vivir” -definen los propios responsables-, que estaba “harta de lo liso y lo perfecto del papel impreso digitalmente”, y por eso se propusieron recuperar el romanticismo “y las mordidas” del diseño que “se toca y se siente”.

Fue un día tras unas clases de topografía a las que asistían los doce juntos cuando dieron su palabra “y ya no había marcha atrás”, explica Roberto Gamonal, uno de los miembros del colectivo. “Queríamos montar un taller de máquinas muy gordas y material muy pesado, y ya que era imposible en nuestras casas por riesgo de divorcio y/o ruptura con nuestras parejas, en marzo constituimos, como dios manda, una asociación cultural para preservar las técnicas de composición e impresión artesanal mediante un uso contemporáneo. Nada de mírame y no me toques”, define, “esto no es un museo”.

Arrancar no fue fácil. Para adquirir esas “máquinas gordas” y antiguas, hacía falta un dinero del que no disponían. Por eso decidieron editar un vídeo con su proyecto y publicarlo en la red con la esperanza de que a la gente le apeteciese aportar algo de plata a su plomo. “Fue un exitazo”, se enorgullece el portavoz, “llegamos a la friolera de 12.000 euros que fueron íntegramente destinados a comprar el material de una antigua imprenta regentada por unas venerables ancianitas que se tenían que deshacer de ello”.

Ya podían ponerse a imprimir su sueño. En realidad, y aunque aceptan ciertos encargos de trabajo, desde el principio eran conscientes de que su limitada tecnología y los precios de la moderna competencia no les permitirían desempañar como imprenta profesional. Por eso su objetivo no es lucrativo, sino “educativo, divulgativo y lúdico”, afirma Gamonal, “se enfoca a la difusión de la tipografía artesanal”.

Su mayor actividad ahora se centra en impartir talleres “en torno a la letra”: Composición en Plomo, Composición en Madera, Taller de Sabiduría, Lettering…. Estos nostálgicos del grabado aseguran que su intención no es hacer negocio sino “pasárselo bien” con lo que les gusta.

No es tan fácil manejar una Korrex Berlin Special de más de una tonelada de peso llegada de Stuttgart o una minerva Drimp de una vieja imprenta de Alcorcón, máquinas que no se utilizaban desde mediados del pasado siglo XX. Ellos tuvieron que aprender a base de libros, preguntas a impresores de la vieja escuela y de “equivocarse mucho”, cuenta Gamonal. “Es parte de nuestro aprendizaje, pero también de nuestro espíritu de experimentación. Porque no queremos hacer trabajos antiguos, sino diseños contemporáneos con esta tecnología antigua”.

¿Qué tiene la imprenta que no tiene la impresora?

– Pues en primer lugar muchos más kilos de peso. En segundo, tinta en vez de tóner, que mancha mucho más. En tercero, la belleza de la imperfección de que cada sea distinta. Y por último, tactilidad, el resultado en el papel se puede tocar, sentir y oler. Esa huella que deja la presión y no una impresora digital.

Gamonal reconoce que los doce socios son unos locos románticos, “porque hay que estar un poco loco para montar este tinglado”, afirma. Pero tiene claro y se enorgullece de la causa de su demencia: “somos unos amantes de la palabra en todas sus manifestaciones”. Las planchas están listas para prensar la idea de estos editores del viejo siglo XXI.

Familia Plómez from Familia Plómez on Vimeo.

Fotos: Familia Plómez

Hoy el debate -si es que aún queda debate- lo alimenta la agonizante vida del papel frente al digitalismo universal que ya copa los medios escritos. Pero hace ya mucho tiempo que la disyuntiva entre imprenta e impresora se había zanjado a favor de la segunda y que nadie había pensado en desenterrar de nuevo el tema. Sin embargo, hay inventos de esos con complejo de Ave Fénix. O quizás deberíamos decir románticos de esos que se niegan a dar por perdida la batalla.

Es el caso de la Familia Plómez (calle Las Aguas, 3, Barrio de La Latina), una nueva asociación cultural formada por amigos que se ha propuesto resucitar a la olvidada imprenta de plomo. Si Johannes Gutenberg levantara la cabeza, se le saltarían lágrimas de tinta en pleno centro de Madrid.

Se trata de una iniciativa ideada “entre cañas” y llevada a cabo por un grupo de doce diseñadores, profesores “y gente de mal vivir” -definen los propios responsables-, que estaba “harta de lo liso y lo perfecto del papel impreso digitalmente”, y por eso se propusieron recuperar el romanticismo “y las mordidas” del diseño que “se toca y se siente”.

Fue un día tras unas clases de topografía a las que asistían los doce juntos cuando dieron su palabra “y ya no había marcha atrás”, explica Roberto Gamonal, uno de los miembros del colectivo. “Queríamos montar un taller de máquinas muy gordas y material muy pesado, y ya que era imposible en nuestras casas por riesgo de divorcio y/o ruptura con nuestras parejas, en marzo constituimos, como dios manda, una asociación cultural para preservar las técnicas de composición e impresión artesanal mediante un uso contemporáneo. Nada de mírame y no me toques”, define, “esto no es un museo”.

Arrancar no fue fácil. Para adquirir esas “máquinas gordas” y antiguas, hacía falta un dinero del que no disponían. Por eso decidieron editar un vídeo con su proyecto y publicarlo en la red con la esperanza de que a la gente le apeteciese aportar algo de plata a su plomo. “Fue un exitazo”, se enorgullece el portavoz, “llegamos a la friolera de 12.000 euros que fueron íntegramente destinados a comprar el material de una antigua imprenta regentada por unas venerables ancianitas que se tenían que deshacer de ello”.

Ya podían ponerse a imprimir su sueño. En realidad, y aunque aceptan ciertos encargos de trabajo, desde el principio eran conscientes de que su limitada tecnología y los precios de la moderna competencia no les permitirían desempañar como imprenta profesional. Por eso su objetivo no es lucrativo, sino “educativo, divulgativo y lúdico”, afirma Gamonal, “se enfoca a la difusión de la tipografía artesanal”.

Su mayor actividad ahora se centra en impartir talleres “en torno a la letra”: Composición en Plomo, Composición en Madera, Taller de Sabiduría, Lettering…. Estos nostálgicos del grabado aseguran que su intención no es hacer negocio sino “pasárselo bien” con lo que les gusta.

No es tan fácil manejar una Korrex Berlin Special de más de una tonelada de peso llegada de Stuttgart o una minerva Drimp de una vieja imprenta de Alcorcón, máquinas que no se utilizaban desde mediados del pasado siglo XX. Ellos tuvieron que aprender a base de libros, preguntas a impresores de la vieja escuela y de “equivocarse mucho”, cuenta Gamonal. “Es parte de nuestro aprendizaje, pero también de nuestro espíritu de experimentación. Porque no queremos hacer trabajos antiguos, sino diseños contemporáneos con esta tecnología antigua”.

¿Qué tiene la imprenta que no tiene la impresora?

– Pues en primer lugar muchos más kilos de peso. En segundo, tinta en vez de tóner, que mancha mucho más. En tercero, la belleza de la imperfección de que cada sea distinta. Y por último, tactilidad, el resultado en el papel se puede tocar, sentir y oler. Esa huella que deja la presión y no una impresora digital.

Gamonal reconoce que los doce socios son unos locos románticos, “porque hay que estar un poco loco para montar este tinglado”, afirma. Pero tiene claro y se enorgullece de la causa de su demencia: “somos unos amantes de la palabra en todas sus manifestaciones”. Las planchas están listas para prensar la idea de estos editores del viejo siglo XXI.

Familia Plómez from Familia Plómez on Vimeo.

Fotos: Familia Plómez

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Opiniones 4
  • estan marcados para los estudiantes de la uam archivados de sus carpetas y los archivadores y tambien se puede temas imagenes fotografia de fotos para un elemento comprovar para los examenes asi podemos a conocer las herramientas y por todo de la uam mañana hay nuevos temas y el desarrollo y de escribir en mano para hacer estas lecturas y de matematicas y calculo vale estudiantes.

    carlos mariñas paramo

  • buscando comprador para unas almacenes de matrices de linotipia y númeradores he dado con buestra página….FELICIDADES; aunque ya este
    en extinción, ha sido mi vida.
    Un saludo Jose Luis.

  • Felicidades por la iniciativa, empecé trabajando con tipografía y ahora lo que mas trabaja es la digital, pero…estoy recuperando todo el material antiguo que puedo, mucha suerte con vuestra asociación.
    Alfonso Espejo . . .otro aspirante a chalado

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