11 de octubre 2011    /   CREATIVIDAD
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Fantastical Investments: ¿Están locos estos rusos?

11 de octubre 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Un día de 1987, Renny Ramakers tomó un tren en las afueras de Moscú. Y confirmó su teoría. Los rusos son unos adictos a la literatura clásica.
Los campesinos que viajaban en su mismo vagón iban cargados con cubos de patatas para vender. Pero lo que le llamó la atención no era eso sino lo absortos que estaban con leyendo a Tolstoi o Dostoievski.
Ramakers ya se había dado cuenta que la afición lectora estaba muy extendida entre los rusos. Bastaba con dar una vuelta por los supermercados y ver los clásicos de la literatura rusa dispuestas en las estanterías como cualquier otro producto de primera necesidad.
Pero también había descubierto que los libros no eran los únicos que despertaban una gran fascinación en Rusia. El oro y los diamantes suscitaban auténticas pasiones entre los nuevos ricos del país.
Las diferencias entre los hábitos de consumo de los distintos extractos sociales en Rusia despertaron el interés de Ramakers. Tanto como para llevar a cabo una investigación junto a su estudio de diseño, Droog. Incluso contó con la colaboración de otro colega, Daniel Van der Velden, de Metahaven.
Las indagaciones llevadas a cabo por todos ellos les llevaron a la conclusión de que las aparentes diferencias entre las aficiones de ricos y pobres rusos eran sólo eso, aparentes. Ambas tenían una base común: escapar de la realidad. Y esta necesidad de huir se debía fundamentalmente a una profunda desconfianza institucional.
A medida que seguían con la investigación, Ramakers, Van der Velden y el resto de su equipo comenzaron a comprender comportamientos tan excéntricos como el del millonario ruso que se compró dos Porsche: uno para utilizarlo y otro para tener piezas de repuesto.
También entendían aquella extraña afición de muchos rusos adinerados que se colocaban piezas dentales de oro. Detrás de todo eso estaba una creencia muy extendida entre los rusos: el dinero es algo que no vale la pena salvar. Lo mejor que se puede hacer con él es gastarlo en bienes duraderos.
Pero el equipo investigador descubrió más cosas. Por ejemplo, que Europa occidental está apunto de entrar en esa misma etapa de desencanto institucional en la que Rusia vive inmersa desde hace algún tiempo.
Pero también que Rusia está al frente de una visión diferente de la sostenibilidad. A diferencia de los países más occidentales, la conservación del medio ambiente allí no va irremediablemente unida a conceptos como austeridad o moderación. Es más, podría ir de la mano del lujo…
Ramakers y Van der Velden comenzaron a idear, entonces, una hipotética línea de productos que cumpliera con ambos requisitos: un bien duradero, contario a los productos de usar y tirar, y que pudiera considerarse como una inversión para tiempos de incertidumbre.
Fue así como nació Fantastical Investments, una marca de lujo imaginaria, compuesta entre otros productos por una alfombra de grandes proporciones y con diferentes estéticas. La idea es que con ella se puede comprar una alfombrar para toda la vida sin tener que prescindir de disfrutar de una alfombra diferente a medida que van cambiando nuestros gustos.


Otro de los productos Fantastical Investments son los tornillos de 24 quilates, cuyo fin, al igual que el resto de tornillos, es fijar las partes de un mueble, pero también ofrecer seguridad en tiempos de vacas flacas.

El neumático con diamantes engastados para conducir con nieve está pensado como una inversión, no sólo en seguridad vial.

La gama de productos alimenticios de Fantastical Investments se basa en una idea que comparten muchos rusos: la ficción es casi tan importante como el comer. De ahí, el diseño de su packaging.

 

Para ayudar a escapar de la realidad, la marca ofrece otros productos como la cama para ver películas a través de una especie de mosquitera enrollable, o un paracaídas creado a partir de camisetas.

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Ramakers ya se había dado cuenta que la afición lectora estaba muy extendida entre los rusos. Bastaba con dar una vuelta por los supermercados y ver los clásicos de la literatura rusa dispuestas en las estanterías como cualquier otro producto de primera necesidad.
Pero también había descubierto que los libros no eran los únicos que despertaban una gran fascinación en Rusia. El oro y los diamantes suscitaban auténticas pasiones entre los nuevos ricos del país.
Las diferencias entre los hábitos de consumo de los distintos extractos sociales en Rusia despertaron el interés de Ramakers. Tanto como para llevar a cabo una investigación junto a su estudio de diseño, Droog. Incluso contó con la colaboración de otro colega, Daniel Van der Velden, de Metahaven.
Las indagaciones llevadas a cabo por todos ellos les llevaron a la conclusión de que las aparentes diferencias entre las aficiones de ricos y pobres rusos eran sólo eso, aparentes. Ambas tenían una base común: escapar de la realidad. Y esta necesidad de huir se debía fundamentalmente a una profunda desconfianza institucional.
A medida que seguían con la investigación, Ramakers, Van der Velden y el resto de su equipo comenzaron a comprender comportamientos tan excéntricos como el del millonario ruso que se compró dos Porsche: uno para utilizarlo y otro para tener piezas de repuesto.
También entendían aquella extraña afición de muchos rusos adinerados que se colocaban piezas dentales de oro. Detrás de todo eso estaba una creencia muy extendida entre los rusos: el dinero es algo que no vale la pena salvar. Lo mejor que se puede hacer con él es gastarlo en bienes duraderos.
Pero el equipo investigador descubrió más cosas. Por ejemplo, que Europa occidental está apunto de entrar en esa misma etapa de desencanto institucional en la que Rusia vive inmersa desde hace algún tiempo.
Pero también que Rusia está al frente de una visión diferente de la sostenibilidad. A diferencia de los países más occidentales, la conservación del medio ambiente allí no va irremediablemente unida a conceptos como austeridad o moderación. Es más, podría ir de la mano del lujo…
Ramakers y Van der Velden comenzaron a idear, entonces, una hipotética línea de productos que cumpliera con ambos requisitos: un bien duradero, contario a los productos de usar y tirar, y que pudiera considerarse como una inversión para tiempos de incertidumbre.
Fue así como nació Fantastical Investments, una marca de lujo imaginaria, compuesta entre otros productos por una alfombra de grandes proporciones y con diferentes estéticas. La idea es que con ella se puede comprar una alfombrar para toda la vida sin tener que prescindir de disfrutar de una alfombra diferente a medida que van cambiando nuestros gustos.


Otro de los productos Fantastical Investments son los tornillos de 24 quilates, cuyo fin, al igual que el resto de tornillos, es fijar las partes de un mueble, pero también ofrecer seguridad en tiempos de vacas flacas.

El neumático con diamantes engastados para conducir con nieve está pensado como una inversión, no sólo en seguridad vial.

La gama de productos alimenticios de Fantastical Investments se basa en una idea que comparten muchos rusos: la ficción es casi tan importante como el comer. De ahí, el diseño de su packaging.

 

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