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Publicado: 10 de marzo 2016 12:00  /   BRANDED CONTENT
 

Esta farola mata mosquitos tigre, alerta de inundaciones y recarga el móvil

Publicado: 10 de marzo 2016 12:00  /   BRANDED CONTENT              
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Parece una lámpara para poner junto al sofá, con un foco principal y dos debajo, más pequeños, como de lectura. En versión futurista y talla enorme, que por algo está pensada para plantarse a alumbrar la vía pública. Aunque iluminar es solo una de sus funciones. Esta farola concebida por la Universidad de Malaya, en Kuala Lumpur (Malasia) también mata mosquitos, alerta si hay peligro de inundación y permite recargar el teléfono móvil. Su nombre oficial es Eco-Greenergy Outdoor Lighting System (alumbrado de exterior con energía verde, con juego de palabras incluido), porque funciona con eólica y solar.

«La energía generada es mayor comparada con otros productos similares debido al novedoso diseño de la turbina y a la orientación de los paneles solares», explica por correo electrónico Wen Tong Chong, profesor de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Malaya, y uno de los artífices del proyecto. De manera que, después de cumplir con su cometido principal, alumbrar, aún quedaba potencia para hacer más cosas. Los investigadores pensaron entonces que destinarían los kilovatios sobrantes a ayudar a atajar dos problemas endémicos del Sudeste asiático: el Aedes o mosquito tigre, transmisor de enfermedades como el dengue o la fiebre amarilla; y las devastadoras inundaciones que provoca el Monzón cuando arrecia. También decidieron añadirle al invento enchufes para que los viandantes pudieran recargar sus móviles, que eso siempre viene bien da igual el continente o la climatología que a uno le haya tocado en suerte.

farola-malasia 2

La trampa para mosquitos cuenta con un recubrimiento de dióxido de titanio que reacciona al entrar en contacto con los rayos ultravioletas (generados por la propia lámpara) y produce CO2. Aliento humano, irresistible para el insecto. «Estamos en colaboración con el Departamento de Parasitología de la Universidad para mejorar la efectividad de la trampa mediante la introducción de un atrayente químico», revela Wen Tong Chong.

El sistema de almacenamiento, la batería y los dispositivos más sensibles están colocados en la parte superior, a unos cuatro metros de altura, de manera que la farola sigue funcionando aún en caso de inundación. «Un sensor integrado y oculto en el interior del poste hueco, para evitar actos de vandalismo, detecta el nivel del agua y, si hay una emergencia, transmite una señal de alerta a los centros de búsqueda y rescate de personas», señala el investigador.

Cuenta Wen Tong Chong que el Eco-Greenergy Outdoor Lighting System parte de una patente anterior desarrollada por su Universidad: una plataforma que integra paneles solares, una turbina eólica y un sistema de recogida de aguas pluviales. Está pensada para instalar en edificios de gran altura, pero la inversión necesaria para ponerla en marcha es muy elevada, según reconoce. «Por lo tanto, escalamos el invento para hacerlo más pequeño y lo adecuamos al alumbrado público», describe.

El producto ya está a la venta en Malasia, por ahora sin la trampa para mosquitos; continúan trabajando en ella, y se integrará en la siguiente versión del producto. El próximo paso será llevarlo fuera de sus fronteras.

Los investigadores observan que las farolas del futuro harán mucho más que dar luz. En Chattanooga (Tennessee, Estados Unidos), una red inteligente de focos LED ha logrado reducir los índices de criminalidad en Coolidge Park, uno de los principales parques de la ciudad. Santander cuenta con la primera farola 4G de España y ha puesto a prueba otras que regulan la intensidad de su luz dependiendo de si hay o no viandantes. Hace un par de años, Dinamarca anunciaba su intención de renovar el alumbrado público de todo el país por uno de última generación que, entre otras cosas, ofrece conexión wi fi gratuita. Ya hay empresas combinando LED y tecnología de datos para hacer de cada foco un receptor y almacén de información sobre todo aquello que lo rodea: tráfico, contaminación, una pelea, un disparo, o simplemente un posible consumidor en los alrededores de una tienda.

Como navajas suizas, con múltiples utilidades.


Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

 

 

 

Parece una lámpara para poner junto al sofá, con un foco principal y dos debajo, más pequeños, como de lectura. En versión futurista y talla enorme, que por algo está pensada para plantarse a alumbrar la vía pública. Aunque iluminar es solo una de sus funciones. Esta farola concebida por la Universidad de Malaya, en Kuala Lumpur (Malasia) también mata mosquitos, alerta si hay peligro de inundación y permite recargar el teléfono móvil. Su nombre oficial es Eco-Greenergy Outdoor Lighting System (alumbrado de exterior con energía verde, con juego de palabras incluido), porque funciona con eólica y solar.

«La energía generada es mayor comparada con otros productos similares debido al novedoso diseño de la turbina y a la orientación de los paneles solares», explica por correo electrónico Wen Tong Chong, profesor de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Malaya, y uno de los artífices del proyecto. De manera que, después de cumplir con su cometido principal, alumbrar, aún quedaba potencia para hacer más cosas. Los investigadores pensaron entonces que destinarían los kilovatios sobrantes a ayudar a atajar dos problemas endémicos del Sudeste asiático: el Aedes o mosquito tigre, transmisor de enfermedades como el dengue o la fiebre amarilla; y las devastadoras inundaciones que provoca el Monzón cuando arrecia. También decidieron añadirle al invento enchufes para que los viandantes pudieran recargar sus móviles, que eso siempre viene bien da igual el continente o la climatología que a uno le haya tocado en suerte.

farola-malasia 2

La trampa para mosquitos cuenta con un recubrimiento de dióxido de titanio que reacciona al entrar en contacto con los rayos ultravioletas (generados por la propia lámpara) y produce CO2. Aliento humano, irresistible para el insecto. «Estamos en colaboración con el Departamento de Parasitología de la Universidad para mejorar la efectividad de la trampa mediante la introducción de un atrayente químico», revela Wen Tong Chong.

El sistema de almacenamiento, la batería y los dispositivos más sensibles están colocados en la parte superior, a unos cuatro metros de altura, de manera que la farola sigue funcionando aún en caso de inundación. «Un sensor integrado y oculto en el interior del poste hueco, para evitar actos de vandalismo, detecta el nivel del agua y, si hay una emergencia, transmite una señal de alerta a los centros de búsqueda y rescate de personas», señala el investigador.

Cuenta Wen Tong Chong que el Eco-Greenergy Outdoor Lighting System parte de una patente anterior desarrollada por su Universidad: una plataforma que integra paneles solares, una turbina eólica y un sistema de recogida de aguas pluviales. Está pensada para instalar en edificios de gran altura, pero la inversión necesaria para ponerla en marcha es muy elevada, según reconoce. «Por lo tanto, escalamos el invento para hacerlo más pequeño y lo adecuamos al alumbrado público», describe.

El producto ya está a la venta en Malasia, por ahora sin la trampa para mosquitos; continúan trabajando en ella, y se integrará en la siguiente versión del producto. El próximo paso será llevarlo fuera de sus fronteras.

Los investigadores observan que las farolas del futuro harán mucho más que dar luz. En Chattanooga (Tennessee, Estados Unidos), una red inteligente de focos LED ha logrado reducir los índices de criminalidad en Coolidge Park, uno de los principales parques de la ciudad. Santander cuenta con la primera farola 4G de España y ha puesto a prueba otras que regulan la intensidad de su luz dependiendo de si hay o no viandantes. Hace un par de años, Dinamarca anunciaba su intención de renovar el alumbrado público de todo el país por uno de última generación que, entre otras cosas, ofrece conexión wi fi gratuita. Ya hay empresas combinando LED y tecnología de datos para hacer de cada foco un receptor y almacén de información sobre todo aquello que lo rodea: tráfico, contaminación, una pelea, un disparo, o simplemente un posible consumidor en los alrededores de una tienda.

Como navajas suizas, con múltiples utilidades.


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