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14 de julio 2015    /   IDEAS
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Cómo aprender de los africanos a ser felices

14 de julio 2015    /   IDEAS     por          
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Mientras en Europa se negociaba el enésimo rescate de Grecia, en el otro lado del Atlántico medio centenar de investigadores universitarios se reunían en Río de Janeiro para hablar de algo tan poco tangible y tan poco concreto como la felicidad.
«En esta sociedad masificada y globalizada, estamos desaprendiendo lo que es la felicidad. Hoy existe un modelo de felicidad impuesto desde arriba que nos gobierna. Es un modelo materialista, que está enfocado totalmente al dinero», afirma Teresa Salgado, profesora de Literaturas Africanas de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Vistas
Teresa organiza desde hace cinco años un seminario que lleva el título esperanzador de Búsqueda de la Felicidad. Cada año, reúne a un grupo de africanistas con el fin de reflexionar, a través de la obra literaria de los escritores lusófonos del continente africano, sobre temas tan sencillos como trascendentes. ¿Qué es la felicidad? ¿Es posible alcanzarla? ¿Cuál es el camino? ¿Cómo llegar a otro concepto de felicidad?
Durante dos días, los participantes del simposio, en su mayoría brasileños, han debatido sobre temas tan dispares como culinaria, filosofía, religiosidad, música, psicología o pacificación de las favelas cariocas con un hilo conductor: la poesía y literatura de África.
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La pregunta es: ¿qué puede aprender un pueblo como el brasileño, famoso por su alegría desbordante, de los africanos? «Yo aprendí tantas cosas de ellos … Por ejemplo, a ser genuina, a convertirme en un individuo que se relaciona con el espacio por lo que realmente es, de una forma verdadera y sonriendo», asegura Naduska Palmeira, profesora de instituto y doctoranda de Literatura Africana.
Naduska vivió en Santo Tomé y Príncipe durante cuatro años, de 2009 a 2013. Allí conoció la obra poética de varios autores locales, que acabaron viviendo en Portugal. «En Santo Tomé no hay ni una sola persona que no sonría. Es un pueblo muy feliz, quizás porque es un país pequeño donde la gente no tiene que coger un autobús todos los días para ir al trabajo; donde levantas la mano y comes la fruta de un árbol o te vas a la playa y pescas algo para la cena. Esta relación con el capital y la necesidad de dinero no es muy fuerte allí», cuenta esta investigadora.
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«África tiene mucho que aportar en la relación con el cuerpo, algo que se han perdido en Occidente. Cubrir el cuerpo tiene que ver no sólo con el clima, sino también con el concepto de culpa del catolicismo. La religiosidad africana lidia muy bien con el cuerpo y la sexualidad y nosotros, los brasileños, somos herederos de ellos», reflexiona Teresa, organizadora del congreso.
La cultura africana está muy presente en Brasil, un país que fue construido gracias al esfuerzo y al sudor de decenas de miles de esclavos africanos y que todavía no ha rescatado por completo su riquísima herencia afro-brasileña. No es una casualidad que el país tropical fue el último del mundo en abolir la esclavitud, en 1888.
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«Desde el punto de vista de la literatura, de los africanos podemos aprender la esperanza y la utopía, sobre todo en el periodo anterior a la independencia», destaca Pires Laranjeira, profesor de Literaturas Africanas en la Universidad de Coimbra, en Portugal.
«Después de los procesos de independencia, este concepto de utopía y de felicidad realizada se vino abajo, porque los africanos tuvieron que enfrentar la pobreza y la escasez, gobiernos autoritarios y corruptos, y guerras civiles. Las personas en su día a día han sido absorbidas por los problemas diarios. Todo eso se refleja en la literatura», añade este profesor, con más de 30 años en la docencia y un gran conocimiento de África y Brasil.
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El seminario nació en 2010 de una historia personal y de una reflexión sobre la imagen que Occidente tiene de África. «Me encontraba en un momento muy difícil de mi vida y comencé a analizar mis elecciones profesionales y afectivas», relata Teresa, a quien le fue arrebatado el cariño de su nieta tras la separación de su hijo.
«Al mismo tiempo, mis alumnos me pedían abordar África de otra forma. Se preguntaban por qué la imagen de este continente está siempre ligada a conceptos como guerra, violencia, pobreza, opresión, miseria. Un día llevé a clase un libro del escritor angolano Ondjaki. Este autor me incomodaba porque tiene un libro casi proustiano, en el que habla de su memoria de su felicidad en la época de infancia. Aquella historia, llamada Buenos días, Camaradas, me parecía improbable: ¿cómo es posible hablar de búsqueda de felicidad en el espacio africano?», cuestiona Teresa.
ondiaki
Este fue el punto de partida de una reflexión mucho más amplia que culminaría en un foro donde se habla de la felicidad sin tabúes. El fin del simposio no es solo acabar con la idea unitaria de una sola África y poner en entredicho los modelos globales de felicidad, que se han impuesto en todo el mundo a medida que el estilo de vida capitalista ha ido avanzando en los cinco continentes.
Los investigadores invitados también cuestionan por qué los artistas tienen que estar necesariamente envueltos en una aura de infelicidad y angustia para ser considerados grandes creadores. «El mito del escritor angustiado sobrevive hasta hoy. La idea predominante es que sin sufrimiento no hay producción y este estereotipo contamina también a los investigadores. Es el mito romántico del mal del siglo, en el que el suicidio juega un gran papel. Este mito ha perdurado y hoy la felicidad en el ámbito académico todavía produce vergüenza. Por eso, reflexionar sobre la felicidad no es solo ir con contra la idea del mercado, sino también recuperar la fuerza de esta palabra», defiende Teresa.
árbol
Para esta profesora, la idea de felicidad surge en el neolítico, cuando el hombre comienza a pensar sobre el sentido de su vida. Con los presocráticos, en la Grecia antigua, la felicidad asciende a la categoría de preocupación. «Hoy, sin embargo, hablar de felicidad en el espacio académico está casi prohibido. Los medios de comunicación se han apropiado de este tema y los intelectuales creen que la felicidad es un tema banalizado. Es como si la palabra hubiese perdido su fuerza y nadie quisiera confrontarse con este concepto», añade Teresa.
El seminario también ha abordado temas de máxima actualidad, como la ocupación militar de la macro-favela carioca llamada Maré. El cineasta Clementino Junior, fundador del Cineclube Atlántico Negro, ha presentado un breve documental producido especialmente para el evento.

Feli(z)cidade analiza el difícil proceso de pacificación de Maré, ocupada durante más de un año por el ejército brasileño, a través de entrevistas a moradores y trabajadores de esta comunidad, y con imágenes del fotógrafo documental Naldinho Lourenço.
«Pregunté a varias personas en la Maré qué es para ellos la felicidad en este año de ocupación militar. Muchos se mostraron preocupados por los tiroteos, que acontecen casi a diario. Lamentablemente, en el conflicto permanente entre Ejército, Policía y narcotraficantes, los inocentes casi siempre se llevan la peor parte», asegura Clementino Junior, para quien Río de Janeiro es una ciudad que vive inmersa en un conflicto.
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La conclusión a la que llega el cineasta es que la felicidad en esta favela ocupada está muy ligada al concepto de paz. Pero él cree que se trata de algo coyuntural. «Cuando los habitantes consigan conquistar la paz que tanto ansían, estarán en busca de otra felicidad», afirma.
«Para mí, que soy de Minas Gerais y vivo hace años en Río de Janeiro, la felicidad necesariamente pasa por el concepto de paz y tranquilidad. Creo que toda la ciudad está pensando en eso», afirma Naduska. «Por el contrario, en el Nordeste del país, durante un carnaval, me pareció que la felicidad estaba muy ligada a la fiesta, a la alegría de la calle. Entonces no es fácil hablar de una felicidad y sí de felicidades», agrega.
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«La felicidad procede de la reflexión. En la mayoría de los estudios que he leído, no irrumpe como la alegría. Es algo ligado a un pensamiento de largo periodo. Personalmente, para mí tiene que ver con sentirme conectada con otras personas, con la amistad y el compromiso», señala Teresa.
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«La mercantilización de la sociedad apela constantemente a la idea de felicidad. El mensaje es que comprando más, gastando más, dando una atención exagerada al cuerpo, al hedonismo y al bienestar, seremos más felices. Por eso me parece muy útil un seminario como este, que deconstruye este modelo de felicidad», concluye Pires Laranjeira.
(Fotos: Valeria Saccone)
 

Mientras en Europa se negociaba el enésimo rescate de Grecia, en el otro lado del Atlántico medio centenar de investigadores universitarios se reunían en Río de Janeiro para hablar de algo tan poco tangible y tan poco concreto como la felicidad.
«En esta sociedad masificada y globalizada, estamos desaprendiendo lo que es la felicidad. Hoy existe un modelo de felicidad impuesto desde arriba que nos gobierna. Es un modelo materialista, que está enfocado totalmente al dinero», afirma Teresa Salgado, profesora de Literaturas Africanas de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
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Teresa organiza desde hace cinco años un seminario que lleva el título esperanzador de Búsqueda de la Felicidad. Cada año, reúne a un grupo de africanistas con el fin de reflexionar, a través de la obra literaria de los escritores lusófonos del continente africano, sobre temas tan sencillos como trascendentes. ¿Qué es la felicidad? ¿Es posible alcanzarla? ¿Cuál es el camino? ¿Cómo llegar a otro concepto de felicidad?
Durante dos días, los participantes del simposio, en su mayoría brasileños, han debatido sobre temas tan dispares como culinaria, filosofía, religiosidad, música, psicología o pacificación de las favelas cariocas con un hilo conductor: la poesía y literatura de África.
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La pregunta es: ¿qué puede aprender un pueblo como el brasileño, famoso por su alegría desbordante, de los africanos? «Yo aprendí tantas cosas de ellos … Por ejemplo, a ser genuina, a convertirme en un individuo que se relaciona con el espacio por lo que realmente es, de una forma verdadera y sonriendo», asegura Naduska Palmeira, profesora de instituto y doctoranda de Literatura Africana.
Naduska vivió en Santo Tomé y Príncipe durante cuatro años, de 2009 a 2013. Allí conoció la obra poética de varios autores locales, que acabaron viviendo en Portugal. «En Santo Tomé no hay ni una sola persona que no sonría. Es un pueblo muy feliz, quizás porque es un país pequeño donde la gente no tiene que coger un autobús todos los días para ir al trabajo; donde levantas la mano y comes la fruta de un árbol o te vas a la playa y pescas algo para la cena. Esta relación con el capital y la necesidad de dinero no es muy fuerte allí», cuenta esta investigadora.
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«África tiene mucho que aportar en la relación con el cuerpo, algo que se han perdido en Occidente. Cubrir el cuerpo tiene que ver no sólo con el clima, sino también con el concepto de culpa del catolicismo. La religiosidad africana lidia muy bien con el cuerpo y la sexualidad y nosotros, los brasileños, somos herederos de ellos», reflexiona Teresa, organizadora del congreso.
La cultura africana está muy presente en Brasil, un país que fue construido gracias al esfuerzo y al sudor de decenas de miles de esclavos africanos y que todavía no ha rescatado por completo su riquísima herencia afro-brasileña. No es una casualidad que el país tropical fue el último del mundo en abolir la esclavitud, en 1888.
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«Desde el punto de vista de la literatura, de los africanos podemos aprender la esperanza y la utopía, sobre todo en el periodo anterior a la independencia», destaca Pires Laranjeira, profesor de Literaturas Africanas en la Universidad de Coimbra, en Portugal.
«Después de los procesos de independencia, este concepto de utopía y de felicidad realizada se vino abajo, porque los africanos tuvieron que enfrentar la pobreza y la escasez, gobiernos autoritarios y corruptos, y guerras civiles. Las personas en su día a día han sido absorbidas por los problemas diarios. Todo eso se refleja en la literatura», añade este profesor, con más de 30 años en la docencia y un gran conocimiento de África y Brasil.
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El seminario nació en 2010 de una historia personal y de una reflexión sobre la imagen que Occidente tiene de África. «Me encontraba en un momento muy difícil de mi vida y comencé a analizar mis elecciones profesionales y afectivas», relata Teresa, a quien le fue arrebatado el cariño de su nieta tras la separación de su hijo.
«Al mismo tiempo, mis alumnos me pedían abordar África de otra forma. Se preguntaban por qué la imagen de este continente está siempre ligada a conceptos como guerra, violencia, pobreza, opresión, miseria. Un día llevé a clase un libro del escritor angolano Ondjaki. Este autor me incomodaba porque tiene un libro casi proustiano, en el que habla de su memoria de su felicidad en la época de infancia. Aquella historia, llamada Buenos días, Camaradas, me parecía improbable: ¿cómo es posible hablar de búsqueda de felicidad en el espacio africano?», cuestiona Teresa.
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Este fue el punto de partida de una reflexión mucho más amplia que culminaría en un foro donde se habla de la felicidad sin tabúes. El fin del simposio no es solo acabar con la idea unitaria de una sola África y poner en entredicho los modelos globales de felicidad, que se han impuesto en todo el mundo a medida que el estilo de vida capitalista ha ido avanzando en los cinco continentes.
Los investigadores invitados también cuestionan por qué los artistas tienen que estar necesariamente envueltos en una aura de infelicidad y angustia para ser considerados grandes creadores. «El mito del escritor angustiado sobrevive hasta hoy. La idea predominante es que sin sufrimiento no hay producción y este estereotipo contamina también a los investigadores. Es el mito romántico del mal del siglo, en el que el suicidio juega un gran papel. Este mito ha perdurado y hoy la felicidad en el ámbito académico todavía produce vergüenza. Por eso, reflexionar sobre la felicidad no es solo ir con contra la idea del mercado, sino también recuperar la fuerza de esta palabra», defiende Teresa.
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Para esta profesora, la idea de felicidad surge en el neolítico, cuando el hombre comienza a pensar sobre el sentido de su vida. Con los presocráticos, en la Grecia antigua, la felicidad asciende a la categoría de preocupación. «Hoy, sin embargo, hablar de felicidad en el espacio académico está casi prohibido. Los medios de comunicación se han apropiado de este tema y los intelectuales creen que la felicidad es un tema banalizado. Es como si la palabra hubiese perdido su fuerza y nadie quisiera confrontarse con este concepto», añade Teresa.
El seminario también ha abordado temas de máxima actualidad, como la ocupación militar de la macro-favela carioca llamada Maré. El cineasta Clementino Junior, fundador del Cineclube Atlántico Negro, ha presentado un breve documental producido especialmente para el evento.

Feli(z)cidade analiza el difícil proceso de pacificación de Maré, ocupada durante más de un año por el ejército brasileño, a través de entrevistas a moradores y trabajadores de esta comunidad, y con imágenes del fotógrafo documental Naldinho Lourenço.
«Pregunté a varias personas en la Maré qué es para ellos la felicidad en este año de ocupación militar. Muchos se mostraron preocupados por los tiroteos, que acontecen casi a diario. Lamentablemente, en el conflicto permanente entre Ejército, Policía y narcotraficantes, los inocentes casi siempre se llevan la peor parte», asegura Clementino Junior, para quien Río de Janeiro es una ciudad que vive inmersa en un conflicto.
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La conclusión a la que llega el cineasta es que la felicidad en esta favela ocupada está muy ligada al concepto de paz. Pero él cree que se trata de algo coyuntural. «Cuando los habitantes consigan conquistar la paz que tanto ansían, estarán en busca de otra felicidad», afirma.
«Para mí, que soy de Minas Gerais y vivo hace años en Río de Janeiro, la felicidad necesariamente pasa por el concepto de paz y tranquilidad. Creo que toda la ciudad está pensando en eso», afirma Naduska. «Por el contrario, en el Nordeste del país, durante un carnaval, me pareció que la felicidad estaba muy ligada a la fiesta, a la alegría de la calle. Entonces no es fácil hablar de una felicidad y sí de felicidades», agrega.
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«La felicidad procede de la reflexión. En la mayoría de los estudios que he leído, no irrumpe como la alegría. Es algo ligado a un pensamiento de largo periodo. Personalmente, para mí tiene que ver con sentirme conectada con otras personas, con la amistad y el compromiso», señala Teresa.
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«La mercantilización de la sociedad apela constantemente a la idea de felicidad. El mensaje es que comprando más, gastando más, dando una atención exagerada al cuerpo, al hedonismo y al bienestar, seremos más felices. Por eso me parece muy útil un seminario como este, que deconstruye este modelo de felicidad», concluye Pires Laranjeira.
(Fotos: Valeria Saccone)
 

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