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31 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD
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El autor que rescata el homoerotismo que el catolicismo borró del arte

31 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Felix d’Eon crea ilustraciones revisionistas. Dibuja un pasado que no existió. Bucea en la historia de la ilustración, reproduciendo los manierismos y estética de distintas culturas, pero representando escenas impensables para la época. Dos camaradas femeninas se enrollan en unos campos de trigo, encarnando a la perfección valores del comunismo. Dos hombres con elegantes atuendos de principios del siglo XX se abrazan en la superficie lunar, sustituyendo para el objetivo el famoso «es un pequeño paso para el hombre» por un beso lleno de significado. Dos soldados de la primera guerra mundial cambian la guerra por el sexo y se entregan a un apasionado romance en el campo de batalla.

La lista sigue. Samuráis, culturas precolombinas, vaqueros, tritones y sirenas, personajes que parecen sacados de una película de Disney, de una plantación, de la Inglaterra de la revolución industrial… Todos ellos viviendo su sexualidad con una naturalidad pasmosa. No tanto tolerada como aceptada. Libre. Anacrónica.

Begone,hate!NP1

DrawingRoomFavorites_NP1

«En mi trabajo las imágenes no dejan de ser sanas por la inclusión de la sexualidad y sensibilidad queer», defiende d’Eon, «simplemente amplían la noción de lo sano, es decir, borran la vergüenza y celebran el deseo». Llevan haciéndolo desde que empezara a vender por internet los dibujos que hacía en la universidad de Bellas Artes. Allí se dio cuenta de que las figuras de hombres desnudos se vendían mejor, así que empezó a bucear en ese tema, invitando a amigos y amantes a posar para convertir la fotografía en dibujo y añadirle elementos históricos y dotarla de un contexto inesperado. Hasta cierto punto.

Mi trabajo amplía la noción de lo sano, borra la vergüenza y celebra el deseo

Antes de Tom of Finland, antes de George Quaintance e incluso antes del homoerotismo velado de Caravaggio, había artistas que reivindicaban el amor gay a través de la pintura. «Cambia de manera drástica según las distintas culturas», explica D’Eon. «En algunas es muy aceptado y hay mucha información al respecto, como en la cultura japonesa, árabe y griega. En otras, como la nuestra, desde la época medieval es difícil encontrar las historias, pues sus rastros han sido borrados de todo registro histórico».

Cuando Felix d’Eon habla de «la nuestra», se refiere a la de su México natal, pero este ejemplo también puede trasladarse a África y a Europa. La mojigatería cristiana borró todos los rastros de homoerotismo del arte.

 

LoveinOldJamaicaNP1

D’Eon quiere reescribir esa parte de historia borrada, esa realidad cercenada, y sacarla de la marginalidad y la vergüenza. Pero el hecho de que ilustre escenas que difícilmente podrían haber ocurrido no hace que se olvide del realismo de las mismas. Su objetivo, explica, es que sus dibujos sean verosímiles.

Por ello, cuando este ilustrador se centra en un pasaje histórico pasa horas investigando, estudiando y reproduciendo los trazos de las ilustraciones de la época. Así su trabajo tiene algo de ecléctico y adopta los trazos de la pintura clásica nipona con la misma soltura que reproduce las líneas suaves de la literatura infantil de principios de siglo.

Su obra tiene una innegable belleza estética, pero d’Eon no olvida su carga política. «Todo mi arte la tiene», reconoce el ilustrador, «pero de vez en cuando realizo una obra muy específica con una finalidad política más clara». Es el caso de su serie sobre el imaginario ruso, que creó en respuesta a la ley contra la propaganda homosexual del gobierno de Putin.

D’Eon no cree que la realidad se pueda cambiar a base de dibujos, pero asegura «es algo que puede suceder a través de toda una comunidad trabajando en conjunto para, poco a poco, transformar la forma de pensar de las personas». «Mi trabajo», concluye, «es una pieza de ese gran conjunto que contribuye al cambio».

ElTacoNP1

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Felix d’Eon crea ilustraciones revisionistas. Dibuja un pasado que no existió. Bucea en la historia de la ilustración, reproduciendo los manierismos y estética de distintas culturas, pero representando escenas impensables para la época. Dos camaradas femeninas se enrollan en unos campos de trigo, encarnando a la perfección valores del comunismo. Dos hombres con elegantes atuendos de principios del siglo XX se abrazan en la superficie lunar, sustituyendo para el objetivo el famoso «es un pequeño paso para el hombre» por un beso lleno de significado. Dos soldados de la primera guerra mundial cambian la guerra por el sexo y se entregan a un apasionado romance en el campo de batalla.

La lista sigue. Samuráis, culturas precolombinas, vaqueros, tritones y sirenas, personajes que parecen sacados de una película de Disney, de una plantación, de la Inglaterra de la revolución industrial… Todos ellos viviendo su sexualidad con una naturalidad pasmosa. No tanto tolerada como aceptada. Libre. Anacrónica.

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«En mi trabajo las imágenes no dejan de ser sanas por la inclusión de la sexualidad y sensibilidad queer», defiende d’Eon, «simplemente amplían la noción de lo sano, es decir, borran la vergüenza y celebran el deseo». Llevan haciéndolo desde que empezara a vender por internet los dibujos que hacía en la universidad de Bellas Artes. Allí se dio cuenta de que las figuras de hombres desnudos se vendían mejor, así que empezó a bucear en ese tema, invitando a amigos y amantes a posar para convertir la fotografía en dibujo y añadirle elementos históricos y dotarla de un contexto inesperado. Hasta cierto punto.

Mi trabajo amplía la noción de lo sano, borra la vergüenza y celebra el deseo

Antes de Tom of Finland, antes de George Quaintance e incluso antes del homoerotismo velado de Caravaggio, había artistas que reivindicaban el amor gay a través de la pintura. «Cambia de manera drástica según las distintas culturas», explica D’Eon. «En algunas es muy aceptado y hay mucha información al respecto, como en la cultura japonesa, árabe y griega. En otras, como la nuestra, desde la época medieval es difícil encontrar las historias, pues sus rastros han sido borrados de todo registro histórico».

Antes de Tom of Finland, antes de George Quaintance e incluso antes del homoerotismo velado de Caravaggio, había artistas que reivindicaban el amor gay a través de la pintura. «Cambia de manera drástica según las distintas culturas», explica D’Eon. «En algunas es muy aceptado y hay mucha información al respecto, como en la cultura japonesa, árabe y griega. En otras, como la nuestra, desde la época medieval es difícil encontrar las historias, pues sus rastros han sido borrados de todo registro histórico».

Cuando Felix d’Eon habla de «la nuestra», se refiere a la de su México natal, pero este ejemplo también puede trasladarse a África y a Europa. La mojigatería cristiana borró todos los rastros de homoerotismo del arte.

 

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D’Eon quiere reescribir esa parte de historia borrada, esa realidad cercenada, y sacarla de la marginalidad y la vergüenza. Pero el hecho de que ilustre escenas que difícilmente podrían haber ocurrido no hace que se olvide del realismo de las mismas. Su objetivo, explica, es que sus dibujos sean verosímiles.

Por ello, cuando este ilustrador se centra en un pasaje histórico pasa horas investigando, estudiando y reproduciendo los trazos de las ilustraciones de la época. Así su trabajo tiene algo de ecléctico y adopta los trazos de la pintura clásica nipona con la misma soltura que reproduce las líneas suaves de la literatura infantil de principios de siglo.

Su obra tiene una innegable belleza estética, pero d’Eon no olvida su carga política. «Todo mi arte la tiene», reconoce el ilustrador, «pero de vez en cuando realizo una obra muy específica con una finalidad política más clara». Es el caso de su serie sobre el imaginario ruso, que creó en respuesta a la ley contra la propaganda homosexual del gobierno de Putin.

D’Eon no cree que la realidad se pueda cambiar a base de dibujos, pero asegura «es algo que puede suceder a través de toda una comunidad trabajando en conjunto para, poco a poco, transformar la forma de pensar de las personas». «Mi trabajo», concluye, «es una pieza de ese gran conjunto que contribuye al cambio».

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