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28 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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Lecciones de creatividad de Ferran Adrià

28 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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En la lista de las intrigas del mundo hay una que se repite siempre a lo largo de la historia. ¿De dónde vienen las ideas? ¿Cómo se crea una obra? Ferran Adrià investiga este asunto. El chef se ha propuesto averiguar qué procesos creativos utilizaron para que elBulli elevara la gastronomía hasta territorios donde nunca la quisieron: el arte y la innovación.
Todo lo que el equipo de elBulli ha descubierto durante tres años de reflexión se expone a partir de mañana, 29 de octubre, en la muestra ‘Ferran Adrià. Auditando el proceso creativo’, en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Una muestra, que convertida en un plato, sería algo así como ‘humo deconstruido de sesada condensada’.
Humo que da forma al pensamiento.
Deconstrucción que despiezaría el pasado.
Sesada que aglutinaría investigación, reflexión y conocimiento.
Y condensado para que en un solo plato cupiesen 25 años.
En mil metros cuadrados están las conclusiones del chef sobre la creatividad. En el edificio de la Gran Vía de Madrid donde «hace 88 años se estableció la primera conexión telefónica entre España y EEUU», según contó Almudena Bermejo, directora del Espacio Fundación Telefónica, en la presentación de la muestra.
«Somos gente normal que hemos tenido la suerte de trabajar con gente extraordinaria», indicó Adrià. «Si nosotros lo hicimos, lo puede hacer cualquiera. Somos gente normal que trabaja mucho».
Pero esa ‘gente normal’ se guía por una filosofía de trabajo que no se da en todos los talleres ni oficinas del mundo. Entre los principios inamovibles del chef están:
–Una exigencia desmesurada
–Buscar cada día tus propios límites
–Una pasión descomunal
Ese esfuerzo y exigencia llegaba en elBulli hasta sus últimas consecuencias. Tanto que, según Adrià, «acabó convirtiéndose en un régimen militar». «Si alguien llegaba un minuto tarde, sabía que al día siguiente no tenía que volver».
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Al chef le faltan horas para trabajar. Nunca rompe su jornada de trabajo para comer, y siempre está a la hora de abrir y cerrar. Está convencido de que «los líderes son los primeros en llegar y los últimos en irse».
El espíritu mercenario tampoco cabe en su laboratorio. Adrià siempre habla de pasión, ansias de cambiar el mundo y ambición por descubrir cosas nuevas. En su libro de instrucciones solo cabe una actitud positiva y el esfuerzo por ser feliz. «Yo entiendo la vida como algo lúdico y esto es lo que mostramos en esta exposición».
Ferran Adrià quiere que esta muestra sea «un espejo donde cada persona se mire y se cuestione sus procesos creativos», explicó. «Queremos que el señor del bar de la esquina entienda que tiene que ser creativo».
El principio de la creatividad se remonta al pasado. Hay que estudiar todo lo que se hizo antes para poder construir algo nuevo. Lo saben los grandes. No solo Adrià. Y cada uno lo dice a su manera.

Isaac Newton lo formuló así: ‘Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes’.
Juan Mari Arzak rumió la idea durante la presentación de ‘Auditando el proceso creativo’ y la escribió en una pequeña libreta que llevaba encima: «Aprender del pasado para construir el futuro».
Y en palabras de Adrià: «El respeto por el pasado es una de nuestras grandes guías creativas».

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El chef catalán mezcla bien pasado, presente y futuro. Y no cae en el miope mito de la juventud. Todos tienen mucho que aportar: «Para nosotros ha sido fundamental que tres generaciones de cocineros hablemos constantemente. La generación de Juan Mari [Arzak], la mía y la de Andoni Aduriz (…). Los jóvenes tienen mucha ilusión y los mayores tienen mucha experiencia».
Es tan raro escuchar la palabra ‘miedo’ de la boca de Adrià como atravesar un agujero negro. Da igual lo encapotado que esté el cielo. El chef siempre anima y es capaz de movilizar a un batallón de acabados. «Las técnicas creativas que utilizábamos eran las más sencillas», especificó. «A Frank Gehry, Jean Nouvel o Andoni Aduriz les he visto emplear técnicas muy sencillas».
A Adrià le obsesiona la experimentación y le espanta la monotonía. Por eso nunca perpetuaba platos. Cada temporada era algo así como el estreno de una nueva función. Cambiaban los actores (cocineros), la vajilla (instrumentos) y el menú (la obra). elBulli publicaba sus recetas para obligarse a no repetir jamás y así llegó hasta los 1846 platos.
«Hay que invertir en I+D. En elBulli dedicábamos más del 20% de nuestro presupuesto a investigar», declaró. Y al dinero hay que sumar el tiempo. El equipo dedicaba seis meses al año a crear el menú de la siguiente temporada.
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En sus investigaciones no había límites. Iban a ferias de otras industrias, como la automoción, para buscar maquinaria y herramientas con las que experimentar. También metieron a químicos y físicos en su cocina. En su laboratorio buscaban lo imposible, como una espuma caliente o una espuma de humo.
La creatividad, para Adrià, tiene mucho que ver con hacer. «El departamento de Física de Harvard nos invitó a cerrar el año académico 2007-2008. Fuimos allí y pensamos en crear un curso juntos. Al año siguiente hicimos el primer curso de ciencia y cocina en el mundo», relató. «En EEUU no piensan las cosas. Las hacen. Lo que les interesa es la eficacia».
En la exposición ‘Auditando el proceso creativo’, la más extensa que se ha hecho hasta ahora sobre elBulli, Adrià hace una depuración de todo lo vivido en los últimos 25 años y extrae todo lo que aprendieron sobre creatividad e innovación. Pero, además, y aunque él no lo mencione, hay mucho de arte. Arte tal y como lo entendía William Morris, el artesano y escritor británico que decía que…

Quien intenta hacer cosas bellas, se respeta a sí mismo.
Quien las da a conocer, respeta a los demás.
Y a partir de ahí se completa el círculo de la creación artística.

Algunas frases de Ferran Adrià:
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f3
f5
f1
f4
Disclosure: Brands&Roses, compañía editora de Yorokobu, ha participado en el proyecto ‘Ferran Adrià. Auditando el proceso creativo’.
Fotos: Fernando Maquieria.
Estilo de las citas: Notegraphy.

En la lista de las intrigas del mundo hay una que se repite siempre a lo largo de la historia. ¿De dónde vienen las ideas? ¿Cómo se crea una obra? Ferran Adrià investiga este asunto. El chef se ha propuesto averiguar qué procesos creativos utilizaron para que elBulli elevara la gastronomía hasta territorios donde nunca la quisieron: el arte y la innovación.
Todo lo que el equipo de elBulli ha descubierto durante tres años de reflexión se expone a partir de mañana, 29 de octubre, en la muestra ‘Ferran Adrià. Auditando el proceso creativo’, en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Una muestra, que convertida en un plato, sería algo así como ‘humo deconstruido de sesada condensada’.
Humo que da forma al pensamiento.
Deconstrucción que despiezaría el pasado.
Sesada que aglutinaría investigación, reflexión y conocimiento.
Y condensado para que en un solo plato cupiesen 25 años.
En mil metros cuadrados están las conclusiones del chef sobre la creatividad. En el edificio de la Gran Vía de Madrid donde «hace 88 años se estableció la primera conexión telefónica entre España y EEUU», según contó Almudena Bermejo, directora del Espacio Fundación Telefónica, en la presentación de la muestra.
«Somos gente normal que hemos tenido la suerte de trabajar con gente extraordinaria», indicó Adrià. «Si nosotros lo hicimos, lo puede hacer cualquiera. Somos gente normal que trabaja mucho».
Pero esa ‘gente normal’ se guía por una filosofía de trabajo que no se da en todos los talleres ni oficinas del mundo. Entre los principios inamovibles del chef están:
–Una exigencia desmesurada
–Buscar cada día tus propios límites
–Una pasión descomunal
Ese esfuerzo y exigencia llegaba en elBulli hasta sus últimas consecuencias. Tanto que, según Adrià, «acabó convirtiéndose en un régimen militar». «Si alguien llegaba un minuto tarde, sabía que al día siguiente no tenía que volver».
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Al chef le faltan horas para trabajar. Nunca rompe su jornada de trabajo para comer, y siempre está a la hora de abrir y cerrar. Está convencido de que «los líderes son los primeros en llegar y los últimos en irse».
El espíritu mercenario tampoco cabe en su laboratorio. Adrià siempre habla de pasión, ansias de cambiar el mundo y ambición por descubrir cosas nuevas. En su libro de instrucciones solo cabe una actitud positiva y el esfuerzo por ser feliz. «Yo entiendo la vida como algo lúdico y esto es lo que mostramos en esta exposición».
Ferran Adrià quiere que esta muestra sea «un espejo donde cada persona se mire y se cuestione sus procesos creativos», explicó. «Queremos que el señor del bar de la esquina entienda que tiene que ser creativo».
El principio de la creatividad se remonta al pasado. Hay que estudiar todo lo que se hizo antes para poder construir algo nuevo. Lo saben los grandes. No solo Adrià. Y cada uno lo dice a su manera.

Isaac Newton lo formuló así: ‘Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes’.
Juan Mari Arzak rumió la idea durante la presentación de ‘Auditando el proceso creativo’ y la escribió en una pequeña libreta que llevaba encima: «Aprender del pasado para construir el futuro».
Y en palabras de Adrià: «El respeto por el pasado es una de nuestras grandes guías creativas».

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El chef catalán mezcla bien pasado, presente y futuro. Y no cae en el miope mito de la juventud. Todos tienen mucho que aportar: «Para nosotros ha sido fundamental que tres generaciones de cocineros hablemos constantemente. La generación de Juan Mari [Arzak], la mía y la de Andoni Aduriz (…). Los jóvenes tienen mucha ilusión y los mayores tienen mucha experiencia».
Es tan raro escuchar la palabra ‘miedo’ de la boca de Adrià como atravesar un agujero negro. Da igual lo encapotado que esté el cielo. El chef siempre anima y es capaz de movilizar a un batallón de acabados. «Las técnicas creativas que utilizábamos eran las más sencillas», especificó. «A Frank Gehry, Jean Nouvel o Andoni Aduriz les he visto emplear técnicas muy sencillas».
A Adrià le obsesiona la experimentación y le espanta la monotonía. Por eso nunca perpetuaba platos. Cada temporada era algo así como el estreno de una nueva función. Cambiaban los actores (cocineros), la vajilla (instrumentos) y el menú (la obra). elBulli publicaba sus recetas para obligarse a no repetir jamás y así llegó hasta los 1846 platos.
«Hay que invertir en I+D. En elBulli dedicábamos más del 20% de nuestro presupuesto a investigar», declaró. Y al dinero hay que sumar el tiempo. El equipo dedicaba seis meses al año a crear el menú de la siguiente temporada.
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En sus investigaciones no había límites. Iban a ferias de otras industrias, como la automoción, para buscar maquinaria y herramientas con las que experimentar. También metieron a químicos y físicos en su cocina. En su laboratorio buscaban lo imposible, como una espuma caliente o una espuma de humo.
La creatividad, para Adrià, tiene mucho que ver con hacer. «El departamento de Física de Harvard nos invitó a cerrar el año académico 2007-2008. Fuimos allí y pensamos en crear un curso juntos. Al año siguiente hicimos el primer curso de ciencia y cocina en el mundo», relató. «En EEUU no piensan las cosas. Las hacen. Lo que les interesa es la eficacia».
En la exposición ‘Auditando el proceso creativo’, la más extensa que se ha hecho hasta ahora sobre elBulli, Adrià hace una depuración de todo lo vivido en los últimos 25 años y extrae todo lo que aprendieron sobre creatividad e innovación. Pero, además, y aunque él no lo mencione, hay mucho de arte. Arte tal y como lo entendía William Morris, el artesano y escritor británico que decía que…

Quien intenta hacer cosas bellas, se respeta a sí mismo.
Quien las da a conocer, respeta a los demás.
Y a partir de ahí se completa el círculo de la creación artística.

Algunas frases de Ferran Adrià:
f2
f3
f5
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Disclosure: Brands&Roses, compañía editora de Yorokobu, ha participado en el proyecto ‘Ferran Adrià. Auditando el proceso creativo’.
Fotos: Fernando Maquieria.
Estilo de las citas: Notegraphy.

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  • Ja, Ja, Ja, me río de la firme expresión como cabreada/sesuda del rostro de Adrià en las fotografías. Parece un militar preocupado por los detalles previos a una gran batalla de desenlace incierto, del gran líder primero en llegar y el último en salir. Vivo o muerto. Me da que es un tipo afable, sencillo, accesible, normal y cercano que come de todo un poco, hasta un Big Mac. 🙂
    Eso si, tabajador incansable y con una gran disciplina, y capaz de pensar en grande y con la PASIÓN que predispone a la INNOVACIÓN, -habilidad extraña no al alcance de cualquiera sin aprender a base de hostias-. “Si te lo crees, o desconoces su imposibilidad, está hecho con sólo con pasión y las vibras y virtudes que esta transmite a tu ecosistema” . Es un sistema en bucle cerrado y retroalimentado positivamente. Es cibernética, como todo lo bello y vivo.
    Todas sus frases, grandes lecciones.
    Excepcional lo de buscarnos retos: desmembrillar un cacho problemón personal, científico, gastronómico, de la Civilización, en pequeños retos, pequeños procesos, pequeñas soluciones, “chlallenges”, con que irnos autopremiando a medida que los conseguimos y forman ya parte de nuestra experiencia creciente. Transformadora del cuerpo y alma y su estado mental en una fuerza inconmensurable en dirección a lo mas AMBICIOSO que pueda amar un humano. Dividir los grandes problemas de nuestra civilización o de nuestra gastronomía en pequeños ladrillos de inteligencia artificial o de experiencia sobreviviendo por selección natura, para ir construyendo lo suprahumano con las tecnologías existentes y mundanas es pragmático, sencillo, barato, modular, escalable y reconfigurable, como LEGO, como el proceso creativo de Adrià auditado. Y lo es para hacer cualquier proceso o cosa que se proponga o nos propongamos. Los ingredientes y pequeños retos están ante nuestras narices, pese a que los pensamientos negativos o prisas nos impiden verlos, olerlos, palparlos, escucharlos, degustarlos, intuirlos, soñarlos, quererlos, amarlos…
    Un listón a superar o una escalera sin escalones nos deja irremediablemente al nivel 0, el nivel de partida. Un ascensor no tiene escalones, y por esto es clautrofóbico e irrespirable hasta la muerte mental, y no se disfruta en su proceso de ascensión al paraíso de los grandes genios disruptores. No hay atajos-ascensores que no sean clautrofóbicos y despojantes de sentido a la existencia humana, sentido existencial que se escala en cada instante y en cada reto, con arte, a su vez divisible en sub-retos, y estos en otros sub-sub-retos, para sentirnos vivos. Y así hasta el infinito, haciendo cocktails y souflés bien orquestrados (¡resolvamos el problemón de la integración de las partes en un todo bien orquestrado de una p. vez!) de retos superados y documentados (fruto de /mejorados por) la experiencia vivida personal o la de otros. Aquí también es clave compartir, cooperar y colaborar.
    Esto también es la Cibernética, “el arte de mantener el rumbo”, formalizada por su padre, el filósofo y matemático Norbert Wiener, aunque nadie lo diría. Por desgracia.
    No he escrito nada que no haya escrito previamente el artesano, impresor, poeta, escritor, activista político, pintor y diseñador William Morris en el S XIX:
    “Quien intenta hacer cosas bellas, se respeta a sí mismo.”
    “Quien las da a conocer, respeta a los demás.”
    “Y a partir de ahí se completa el círculo de la creación artística.”
    IMAGINAR / HACER / EXPERIMENTAR >> COMPARTIR / COMPRENDER >> RETROALIMENTACIÓN (Belleza, arte, perfección)
    Una escritora escribió algo así como “Pasado, presente y futuro, las 3 son necesarias. Si obviamos una de las tres estamos perdidos”
    La Cibernética también es “la ciencia/arte de las metáforas a ser defendidas.” – Gordon Pask
    Y esto no conoce todavía ningún límite, que los humanos casi siempre nos ponemos.

  • Divide y vencerás, debe estar pensando sesudamente en su soledad el gran Capitán con la ansiedad y exceso de responsabilidad previa. Es propio del comandante en jefe parte en toda gran batalla. Las fotografías le delatan. Los galones no lo esconden: ¡Es humano! : )
    Pero después integra, colabora, coopera, comparte, coordina y sobretodo ORQUESTA todos tus recursos especializados, tus ingredientes, tus ladrillos, tus herramientas, tus instrumentos para que todo suene melodioso en todos sus matices y funciones, y ganarás la Guerra o la Sinfonía. No se pueden ganar todas las batallas, es insensato y pretencioso. Un error de cálculo, como una mutación genética aleatoria, que impide degustar divinamente la marcha triunfal bien orquestada de la Victoria Final. Si no fuera por que todo lo que cuesta horrores después se valora mucho mas. : )

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