21 de junio 2022    /   CREATIVIDAD
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Fotos  portada: © Hara Amorós

Compostaje, transporte compartido y baños ‘eco’: la sostenibilidad llega a los festivales de música

En primavera y verano empiezan las citas multitudinarias de este tipo. En contra de la habitual contaminación, sus organizadores le están dando una vuelta de tuerca a la actividad

21 de junio 2022    /   CREATIVIDAD     por        Fotos  portada: © Hara Amorós
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Nada de vasos de plástico esparcidos por el suelo ni de cápsulas químicas como baño portátil. En Noches del Botánico, el festival que se celebra a lo largo de junio y julio en Madrid, se han eliminado al máximo los residuos no orgánicos. Aparte, el agua emana de las fuentes distribuidas por este espacio natural situado en plena Ciudad Universitaria, sin necesidad de comprar (y tirar) las botellas que bajan a buen ritmo en estas jornadas de temperaturas saharianas.

Detalles que podrían pasar inadvertidos para un público más interesado en la música y que, sin embargo, se cuelan aleatoriamente en conversaciones de barra.

 

 «¿Has visto que todo es ecológico y reutilizable?», le pregunta una chica a su compañera.

«Sí, hasta los platos», responde mientras liquida su comida, también anunciada como orgánica.

 

Este diálogo banal refleja una tendencia inequívoca: los festivales se suman a la sostenibilidad. Tanto los que se celebran en la naturaleza, que acogen implícitamente este mandato, como los urbanos, que barajan nuevos parámetros para sumarse a esta ola de respeto con el entorno.

Noches del Botánico

«Ahora mismo, los programas ya no lo son todo», expresa al respecto Julio Martí, director artístico de Noches del Botánico. Según el responsable, el momento actual exige otras actuaciones, más allá de lo meramente artístico. «La sostenibilidad se impone e implica tomar medidas para minimizar la huella de carbono o valorar la calidad medioambiental. En nuestro caso, que estamos en un jardín, la obligación es mayor», argumenta.

 

Noches del Botánico

Martí expone este viraje con esos detalles mencionados al principio: «Hemos eliminado la energía fósil de los generadores. Ya no usamos los de gasolina, solo tenemos uno de reserva, por si acaso. Hemos cambiado todos los envases de plástico por otros biodegradables. Y recomendamos usar el transporte público, ya que estamos en una zona con buena comunicación», enumera, matizando que «es un camino de largo recorrido»: «Ha sido algo progresivo, pero queremos cumplir y liderar esta tendencia».

Otros puntos centrales de esta transformación son los relacionados con la contaminación acústica y lumínica. Noches del Botánico, explica Martí, tiene la ventaja de situarse en medio de un campus aislado y no provocar demasiado perjuicio en este sentido. «Tenemos mucha suerte porque no hay vecinos. Es muy íntimo y respetuoso, aunque también nos fijamos en esos aspectos», alega.

MÚSICA Y SOSTENIBILIDAD EN PIRINEOS

No ocurre lo mismo con otros ejemplos cuya dinámica altera notablemente el espacio de alrededor, como el Pirineos Sur, de Huesca. Este festival se celebra en medio de un lago que pertenece al término municipal de Lanuza, en el Pirineo Aragonés. Su escenario flota sobre el agua y una grada en tierra firme reúne hasta a 45.000 espectadores.

En las jornadas de conciertos, que en 2022 serán del 15 de julio al 6 de agosto, este pueblo y el contiguo Sallent de Gállego multiplican su población y su ajetreo. Estos coquetos rincones para practicar deportes de montaña se convierten en un plató que alberga puestos de comida, sesiones de DJ y un área de camping. Y eso eleva a su vez el compromiso con el lugar.

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

Roberto Recuero, el director, lo deja claro: «En nuestro caso, la sostenibilidad lo es todo. Y hablamos de la de verdad, no de lo que queda bonito». Recuero, con más de una década en la organización de festivales con la productora Sonde3 y toda una trayectoria en el sector, señala que todas las medidas se consensuan con la Diputación de Huesca. «El propio contrato ya incluye cláusulas y nosotros intentamos mejorarlas cada año», avisa. Como en el caso de Noches del Botánico, este cometido ha ido adoptando pequeñas alteraciones como modificar el material de los envases o pasar a una energía limpia.

«Estamos trabajando con la eliminación de las botellas de agua en el escenario, porque es difícil no tenerlas para los músicos y técnicos. Estamos pensando en tenerlas de Tetra Brik o en latas de aluminio. Los baños son de cloro. Y hemos reducido el combustible, tanto para la electricidad como para el transporte: hemos puesto una lanzadera hasta Huesca. Y nos estamos fijando en cómo disminuir la contaminación lumínica y acústica para que afecte lo menos posible a la fauna», esgrime Recuero, que parte con la ventaja de que en Pirineos Sur la gente no va de botellón, sino a disfrutar de la naturaleza, «y todos los residuos que generan son los del propio festival, porque no se puede entrar con nada».

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

Para Recuero, la sostenibilidad es como la paridad de géneros: hay que cumplirla por creencia, no por imposición. No vale, sostiene, «hacer números o ponerlo de cara a la galería», sino llevarlo en la sangre. «Hay que ser francos: la sostenibilidad, hasta ahora, ha sido una estafa. Se han hecho algunas cosas, pero no hay apoyo institucional. Ha girado todo en torno a la digitalización, pero no en lo medioambiental. Y esto no consiste en lucrarse o en parecer respetuoso, sino en situarlo como algo central», protesta quien trata de expandir esta filosofía a otros festivales que gestiona, como el Río Babel en Madrid o el SanSan en Benicàssim.

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

La teoría, de hecho, ya está recogida en la Asociación de Festivales de Música (FMA). Esta organización adopta en sus estatutos la sostenibilidad y la enmarca en la ejecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por las Naciones Unidas en su agenda 2030. Según el informe elaborado, las actividades culturales facturan 643.000 millones de euros y suponen el 4,4% del Producto Interior Bruto (PIB) de la Unión Europea. Dentro de este cálculo general, estos encuentros de varios días donde se mezcla lo artístico, la gastronomía o incluso el turismo copan un papel importante. En pocos años, aducen, los festivales de música «se han consolidado como uno de los agentes más relevantes» del sector y, por eso, su impacto es cada vez mayor. Y eso apremia a identificar cada elemento y analizarlo para suprimir lo negativo.

UN FESTIVAL SOSTENIBLE EN EL BIERZO

«Sostenibilidad, en un contexto de festivales, es ser conscientes del impacto que puede causar un evento como este y tener una mirada integral de todos sus componentes», afirma Luis Zari, responsables del área de sostenibilidad de Observatorio, que se celebra entre el 1 y 3 de julio en Balboa, una localidad de El Bierzo, en León. Sus responsables no solo estudian cada pestaña del festival, sino que añaden al proyecto una escrupulosa política medioambiental.

«Queremos ir implementando medidas de forma escalonada, de acuerdo a los recursos y a la coherencia. Lo primero es tener un diagnóstico del impacto. Es de lo que hay que partir siempre. Dependiendo de eso, vamos a poder trazar las diferentes líneas de trabajo a corto, medio y largo plazo», añade Zari, que insiste en lo reciente de este movimiento y en la necesidad de trabajar «con una base de información».

«Creo que es clave no querer apuntar alto al principio sino ir poco a poco, de manera escalonada», cavila. «Es importante tener un marco y unas líneas estratégicas, pero también lo es ser conscientes de la realidad de cada festival».

Observatorio

Hay dos obstáculos principales, advierte Zari. Uno es el «no mirar las cosas específicas» que se pueden ir haciendo y perderse en lo etéreo. «El mayor reto es tener una mirada holística», anota. El segundo, la falta de subvenciones. «Ha sido difícil encontrar apoyos específicos para esto. Necesitamos los recursos y la voluntad para llevarlo a cabo», lamenta el director de Observatorio, convencido de que, aun así, la sostenibilidad ya «está sobre la mesa». Es un aspecto troncal que, además, invita a que patrocinadores y asistentes se animen a respaldarla.

Observatorio

«La sostenibilidad es un atractivo. No solo para el público, sino para las empresas que contribuyen en el festival, que se identifican con lo sostenible», coincide Julio Martí.

«Los paradigmas han cambiado y hay que aprender a conducir en el siglo XXI. La gente ya no solo elige un festival por lo que va a ver, sino por cómo está organizado. La gente observa, habla y te lo dice», concluye el director artístico de Las Noches del Botánico, quizás al tanto de las conversaciones espontáneas que surgen en la barra o en la cola del aseo, ahora instalado sin agentes contaminantes.

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Nada de vasos de plástico esparcidos por el suelo ni de cápsulas químicas como baño portátil. En Noches del Botánico, el festival que se celebra a lo largo de junio y julio en Madrid, se han eliminado al máximo los residuos no orgánicos. Aparte, el agua emana de las fuentes distribuidas por este espacio natural situado en plena Ciudad Universitaria, sin necesidad de comprar (y tirar) las botellas que bajan a buen ritmo en estas jornadas de temperaturas saharianas.

Detalles que podrían pasar inadvertidos para un público más interesado en la música y que, sin embargo, se cuelan aleatoriamente en conversaciones de barra.

 

 «¿Has visto que todo es ecológico y reutilizable?», le pregunta una chica a su compañera.

«Sí, hasta los platos», responde mientras liquida su comida, también anunciada como orgánica.

 

Este diálogo banal refleja una tendencia inequívoca: los festivales se suman a la sostenibilidad. Tanto los que se celebran en la naturaleza, que acogen implícitamente este mandato, como los urbanos, que barajan nuevos parámetros para sumarse a esta ola de respeto con el entorno.

Noches del Botánico

«Ahora mismo, los programas ya no lo son todo», expresa al respecto Julio Martí, director artístico de Noches del Botánico. Según el responsable, el momento actual exige otras actuaciones, más allá de lo meramente artístico. «La sostenibilidad se impone e implica tomar medidas para minimizar la huella de carbono o valorar la calidad medioambiental. En nuestro caso, que estamos en un jardín, la obligación es mayor», argumenta.

 

Noches del Botánico

Martí expone este viraje con esos detalles mencionados al principio: «Hemos eliminado la energía fósil de los generadores. Ya no usamos los de gasolina, solo tenemos uno de reserva, por si acaso. Hemos cambiado todos los envases de plástico por otros biodegradables. Y recomendamos usar el transporte público, ya que estamos en una zona con buena comunicación», enumera, matizando que «es un camino de largo recorrido»: «Ha sido algo progresivo, pero queremos cumplir y liderar esta tendencia».

Otros puntos centrales de esta transformación son los relacionados con la contaminación acústica y lumínica. Noches del Botánico, explica Martí, tiene la ventaja de situarse en medio de un campus aislado y no provocar demasiado perjuicio en este sentido. «Tenemos mucha suerte porque no hay vecinos. Es muy íntimo y respetuoso, aunque también nos fijamos en esos aspectos», alega.

MÚSICA Y SOSTENIBILIDAD EN PIRINEOS

No ocurre lo mismo con otros ejemplos cuya dinámica altera notablemente el espacio de alrededor, como el Pirineos Sur, de Huesca. Este festival se celebra en medio de un lago que pertenece al término municipal de Lanuza, en el Pirineo Aragonés. Su escenario flota sobre el agua y una grada en tierra firme reúne hasta a 45.000 espectadores.

En las jornadas de conciertos, que en 2022 serán del 15 de julio al 6 de agosto, este pueblo y el contiguo Sallent de Gállego multiplican su población y su ajetreo. Estos coquetos rincones para practicar deportes de montaña se convierten en un plató que alberga puestos de comida, sesiones de DJ y un área de camping. Y eso eleva a su vez el compromiso con el lugar.

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

Roberto Recuero, el director, lo deja claro: «En nuestro caso, la sostenibilidad lo es todo. Y hablamos de la de verdad, no de lo que queda bonito». Recuero, con más de una década en la organización de festivales con la productora Sonde3 y toda una trayectoria en el sector, señala que todas las medidas se consensuan con la Diputación de Huesca. «El propio contrato ya incluye cláusulas y nosotros intentamos mejorarlas cada año», avisa. Como en el caso de Noches del Botánico, este cometido ha ido adoptando pequeñas alteraciones como modificar el material de los envases o pasar a una energía limpia.

«Estamos trabajando con la eliminación de las botellas de agua en el escenario, porque es difícil no tenerlas para los músicos y técnicos. Estamos pensando en tenerlas de Tetra Brik o en latas de aluminio. Los baños son de cloro. Y hemos reducido el combustible, tanto para la electricidad como para el transporte: hemos puesto una lanzadera hasta Huesca. Y nos estamos fijando en cómo disminuir la contaminación lumínica y acústica para que afecte lo menos posible a la fauna», esgrime Recuero, que parte con la ventaja de que en Pirineos Sur la gente no va de botellón, sino a disfrutar de la naturaleza, «y todos los residuos que generan son los del propio festival, porque no se puede entrar con nada».

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

Para Recuero, la sostenibilidad es como la paridad de géneros: hay que cumplirla por creencia, no por imposición. No vale, sostiene, «hacer números o ponerlo de cara a la galería», sino llevarlo en la sangre. «Hay que ser francos: la sostenibilidad, hasta ahora, ha sido una estafa. Se han hecho algunas cosas, pero no hay apoyo institucional. Ha girado todo en torno a la digitalización, pero no en lo medioambiental. Y esto no consiste en lucrarse o en parecer respetuoso, sino en situarlo como algo central», protesta quien trata de expandir esta filosofía a otros festivales que gestiona, como el Río Babel en Madrid o el SanSan en Benicàssim.

RioBabel-Ambiente © Hara Amorós

La teoría, de hecho, ya está recogida en la Asociación de Festivales de Música (FMA). Esta organización adopta en sus estatutos la sostenibilidad y la enmarca en la ejecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por las Naciones Unidas en su agenda 2030. Según el informe elaborado, las actividades culturales facturan 643.000 millones de euros y suponen el 4,4% del Producto Interior Bruto (PIB) de la Unión Europea. Dentro de este cálculo general, estos encuentros de varios días donde se mezcla lo artístico, la gastronomía o incluso el turismo copan un papel importante. En pocos años, aducen, los festivales de música «se han consolidado como uno de los agentes más relevantes» del sector y, por eso, su impacto es cada vez mayor. Y eso apremia a identificar cada elemento y analizarlo para suprimir lo negativo.

UN FESTIVAL SOSTENIBLE EN EL BIERZO

«Sostenibilidad, en un contexto de festivales, es ser conscientes del impacto que puede causar un evento como este y tener una mirada integral de todos sus componentes», afirma Luis Zari, responsables del área de sostenibilidad de Observatorio, que se celebra entre el 1 y 3 de julio en Balboa, una localidad de El Bierzo, en León. Sus responsables no solo estudian cada pestaña del festival, sino que añaden al proyecto una escrupulosa política medioambiental.

«Queremos ir implementando medidas de forma escalonada, de acuerdo a los recursos y a la coherencia. Lo primero es tener un diagnóstico del impacto. Es de lo que hay que partir siempre. Dependiendo de eso, vamos a poder trazar las diferentes líneas de trabajo a corto, medio y largo plazo», añade Zari, que insiste en lo reciente de este movimiento y en la necesidad de trabajar «con una base de información».

«Creo que es clave no querer apuntar alto al principio sino ir poco a poco, de manera escalonada», cavila. «Es importante tener un marco y unas líneas estratégicas, pero también lo es ser conscientes de la realidad de cada festival».

Observatorio

Hay dos obstáculos principales, advierte Zari. Uno es el «no mirar las cosas específicas» que se pueden ir haciendo y perderse en lo etéreo. «El mayor reto es tener una mirada holística», anota. El segundo, la falta de subvenciones. «Ha sido difícil encontrar apoyos específicos para esto. Necesitamos los recursos y la voluntad para llevarlo a cabo», lamenta el director de Observatorio, convencido de que, aun así, la sostenibilidad ya «está sobre la mesa». Es un aspecto troncal que, además, invita a que patrocinadores y asistentes se animen a respaldarla.

Observatorio

«La sostenibilidad es un atractivo. No solo para el público, sino para las empresas que contribuyen en el festival, que se identifican con lo sostenible», coincide Julio Martí.

«Los paradigmas han cambiado y hay que aprender a conducir en el siglo XXI. La gente ya no solo elige un festival por lo que va a ver, sino por cómo está organizado. La gente observa, habla y te lo dice», concluye el director artístico de Las Noches del Botánico, quizás al tanto de las conversaciones espontáneas que surgen en la barra o en la cola del aseo, ahora instalado sin agentes contaminantes.

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