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21 de octubre 2015    /   BUSINESS
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¡Qué original soy en la cama!

21 de octubre 2015    /   BUSINESS     por          
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Se denomina «fetiche sexual» al objeto de deseo que provoca excitación y que facilita el orgasmo. Los fetiches pueden excitar por sí solos. Son objetos sin vida que ni siquiera es necesario que una persona determinada los lleve para que reporten placer a la persona que los elige como tal.
Los hay para todos los gustos. El sexo es algo personal que aparece y manifiesta en cada uno de diferente manera. Por eso los fetiches ajenos también a veces resultan grotescos o incluso inauditos para el resto de personas que los ven como lo que son: simples objetos.
El Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales  (DSM en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), algo así como la biblia de los terapeutas de todo el planeta,  no considera el fetichismo una enfermedad mental a menos que la actividad no sea recurrente durante un mínimo de 6 meses, no sea indispensable y siempre y cuando no afecte a la vida social o laboral del fetichista. Si coinciden estas tres premisas hablamos de «parafilia» y en la mayoría de los casos se trata psicológica o psiquiátricamente puesto que la fuente predominante del placer no es la cópula, sino un determinado comportamiento o situación que se recrea.
Más allá del fetichismo más extendido, el de pies, existen otras variedades de fetichismo y más de una parafilia sorprendentes:
 

ALTOCALCIFILIA

Es uno de los fetichismos más extendidos. La simple visión de unos zapatos de tacón excita al fetichista o elige usarlos en sus encuentros sexuales. Lo manifiestan tanto a hombres como a mujeres. En hombres lo más frecuente es que deseen a las personas que los usan (generalmente mujeres) y cuando se manifiesta en mujeres suele ser ella la que elige llevar tacones para sus relaciones sexuales. Como gracia recomiendo echar un vistazo debajo de la cama de sus amantes: conozco a señoras que tienen todo un repertorio de tacones de los que no pisan asfalto mientras que a la calle siempre salen con zapato plano.
 

RETIFISMO

En este caso el fetichista no discrimina con los zapatos. Se excita con los de tacón y con los planos. Es un fetichismo más extendido en Oriente que en Occidente y suele ser mucho más frecuente en hombres que en mujeres.

AUTONEPIOFILIA

Fetichismo por usar pañales durante las relaciones sexuales. No siempre el fetichista se comporta como un bebé a pesar de incluir un elemento infantil en su cama. Lo que desea es que alguno de los participantes (o todos) lleven pañales.
También puede manifestarse en adultos que sí se comportan como bebés. Usan ropa, pañales, objetos propios de infantes, demandan cuidados de progenitores y adecúan sus casas y mobiliario a su parafilia: cunas gigantes, chupetes y biberones especiales.
La mayoría de estos fetichistas son hombres heterosexuales y no manifiestan deseos sexuales hacia los niños, sino la necesidad de sentirse como ellos.
fetichismo-interior

PLUSHOFILIA

Ya no mirarás con la misma cara la cama de tu novia en la que AÚN reina ese maravilloso osito de peluche que le regaló su primer novio cuando sepas que puede que ese oso de toda la vida sea tu más firme competidor.
La plushofilia es la excitación sexual hacia los muñecos de peluche, suele empezar a manifestarse en la prepubertad (justo cuando llenamos nuestras camas con ellos) y se cree que ahora se ha extendido más a raíz de la inclusión de los disfraces de este material en nuestros juegos sexuales.
Existe todo un mundo de adeptos a los disfraces de peluche, personas adultas que deciden disfrazarse como animales antropomórficos (de forma y apariencia humana) y que se denomina furries. Para algunos fetichistas de peluches, un furrie es el summun de su excitación porque el sexo sí puede consumarse; el resto se conforma con masturbarse con el fetiche peludo.

FORMICOFILIA

Déjense de remilgos cuando esa maldita mosca irrumpe en su cuarto y no los deja dormir porque, aunque no lo crean, hay quienes incluyen insectos en sus caricias y encuentros sexuales por el placer que reporta el cosquilleo añadido de sus patitas sobre el cuerpo y genitales de los amantes.
Arañas y hormigas son las más habituales. En el caso de las arañas se denomina aracnofilia y en el de las hormigas, formicofilia. Este último da nombre a la práctica genérica con cualquier insecto, sea el que sea.
Imaginen los riesgos de este fetichismo (que recuerden que no consideramos parafilia hasta que no se lo gane por insistencia y persistencia): infecciones, picaduras y mordeduras como poco.
 
Después de este minúsculo repertorio de fetichismos, ¿seguro que siguen considerándose muy originales en la cama?
 

Se denomina «fetiche sexual» al objeto de deseo que provoca excitación y que facilita el orgasmo. Los fetiches pueden excitar por sí solos. Son objetos sin vida que ni siquiera es necesario que una persona determinada los lleve para que reporten placer a la persona que los elige como tal.
Los hay para todos los gustos. El sexo es algo personal que aparece y manifiesta en cada uno de diferente manera. Por eso los fetiches ajenos también a veces resultan grotescos o incluso inauditos para el resto de personas que los ven como lo que son: simples objetos.
El Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales  (DSM en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), algo así como la biblia de los terapeutas de todo el planeta,  no considera el fetichismo una enfermedad mental a menos que la actividad no sea recurrente durante un mínimo de 6 meses, no sea indispensable y siempre y cuando no afecte a la vida social o laboral del fetichista. Si coinciden estas tres premisas hablamos de «parafilia» y en la mayoría de los casos se trata psicológica o psiquiátricamente puesto que la fuente predominante del placer no es la cópula, sino un determinado comportamiento o situación que se recrea.
Más allá del fetichismo más extendido, el de pies, existen otras variedades de fetichismo y más de una parafilia sorprendentes:
 

ALTOCALCIFILIA

Es uno de los fetichismos más extendidos. La simple visión de unos zapatos de tacón excita al fetichista o elige usarlos en sus encuentros sexuales. Lo manifiestan tanto a hombres como a mujeres. En hombres lo más frecuente es que deseen a las personas que los usan (generalmente mujeres) y cuando se manifiesta en mujeres suele ser ella la que elige llevar tacones para sus relaciones sexuales. Como gracia recomiendo echar un vistazo debajo de la cama de sus amantes: conozco a señoras que tienen todo un repertorio de tacones de los que no pisan asfalto mientras que a la calle siempre salen con zapato plano.
 

RETIFISMO

En este caso el fetichista no discrimina con los zapatos. Se excita con los de tacón y con los planos. Es un fetichismo más extendido en Oriente que en Occidente y suele ser mucho más frecuente en hombres que en mujeres.

AUTONEPIOFILIA

Fetichismo por usar pañales durante las relaciones sexuales. No siempre el fetichista se comporta como un bebé a pesar de incluir un elemento infantil en su cama. Lo que desea es que alguno de los participantes (o todos) lleven pañales.
También puede manifestarse en adultos que sí se comportan como bebés. Usan ropa, pañales, objetos propios de infantes, demandan cuidados de progenitores y adecúan sus casas y mobiliario a su parafilia: cunas gigantes, chupetes y biberones especiales.
La mayoría de estos fetichistas son hombres heterosexuales y no manifiestan deseos sexuales hacia los niños, sino la necesidad de sentirse como ellos.
fetichismo-interior

PLUSHOFILIA

Ya no mirarás con la misma cara la cama de tu novia en la que AÚN reina ese maravilloso osito de peluche que le regaló su primer novio cuando sepas que puede que ese oso de toda la vida sea tu más firme competidor.
La plushofilia es la excitación sexual hacia los muñecos de peluche, suele empezar a manifestarse en la prepubertad (justo cuando llenamos nuestras camas con ellos) y se cree que ahora se ha extendido más a raíz de la inclusión de los disfraces de este material en nuestros juegos sexuales.
Existe todo un mundo de adeptos a los disfraces de peluche, personas adultas que deciden disfrazarse como animales antropomórficos (de forma y apariencia humana) y que se denomina furries. Para algunos fetichistas de peluches, un furrie es el summun de su excitación porque el sexo sí puede consumarse; el resto se conforma con masturbarse con el fetiche peludo.

FORMICOFILIA

Déjense de remilgos cuando esa maldita mosca irrumpe en su cuarto y no los deja dormir porque, aunque no lo crean, hay quienes incluyen insectos en sus caricias y encuentros sexuales por el placer que reporta el cosquilleo añadido de sus patitas sobre el cuerpo y genitales de los amantes.
Arañas y hormigas son las más habituales. En el caso de las arañas se denomina aracnofilia y en el de las hormigas, formicofilia. Este último da nombre a la práctica genérica con cualquier insecto, sea el que sea.
Imaginen los riesgos de este fetichismo (que recuerden que no consideramos parafilia hasta que no se lo gane por insistencia y persistencia): infecciones, picaduras y mordeduras como poco.
 
Después de este minúsculo repertorio de fetichismos, ¿seguro que siguen considerándose muy originales en la cama?
 

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