11 de mayo 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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Fiebre del miércoles mediodía

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No hay nada que indique que la jornada laboral será distinta a lo que suele ser habitual. La mañana ha transcurrido dentro de lo normal: mails, llamadas, reuniones… La hora del almuerzo también se presenta como la de cualquier otro día de trabajo: un sándwich y… ¡A BAILAR! Para muchos ciudadanos de Estocolmo, echar unos bailes durante el lunch break forma parte de su ritual cotidiano.

Para cumplir con él acuden a Lunch Beat, “un club de baile que se reúne a la hora del almuerzo”. La definición es de Molly Ränge, una diseñadora que convocó el primer Lunch Beat en 2011. “Fue en junio en un garaje de Hötorget (Estocolmo) y a él acudieron 14 personas”.

En otoño, la cosa fue a más. El número de dancers aumentaba y la búsqueda de lugares con mayor aforo se hacía necesaria. Pasaban los meses, los Lunch Beat se sucedían y el número de asistentes a ellos seguía creciendo. En parte, motivado por la curiosidad que el movimiento comenzó a despertar entre los medios de comunicación suecos. Luego, llegaría el interés de otras ciudades por organizar sus propios Lunch Beat. Malmö, Götteborg y otras localidades suecas se convertían en nuevas sedes para estos eventos. Lunch Beat no paraba de crecer y Suecia se le empezaba a quedar pequeña…

Molly Ränge comprendió que Lunch Beat no tenía límites. “Es un concepto libre de copiar y de mejorar”. Fue entonces cuando redactó un manifiesto que debían cumplir tanto los organizadores de los nuevos Lunch Beat como los asistentes, con independencia del lugar en el que estos se celebraran. Los Diez Mandamientos del Lunch Beat rezan así:

  1. Si es la primera vez que acudes a un Lunch Beat, tienes que bailar.
  2.  Si es la segunda, la tercera o cuarta vez, también tienes que bailar.
  3. Si estás demasiado cansado como para bailar, por favor, ve a almorzar a otro sitio.
  4. En un Lunch Beat no se habla de trabajo.
  5. Cualquier asistente del Lunch Beat es tu pareja de baile.
  6. Toda sesión Lunch Beat tendrá una duración máxima de 60 minutos y se desarrollará durante la hora del almuerzo.
  7. Lunch Beat siempre contará con un DJ y ofrecerá a los asistentes un take away.
  8. El agua siempre será gratuita en un Lunch Beat.
  9. Lunch Beat es un sitio libre de drogas.
  10. Cualquier persona puede organizar un Lunch Beat en algún otro lugar del mundo siempre y cuando anuncie el evento, no tenga ningún afán de lucro y siga todos y cada uno de los puntos de este Manifiesto.

Así, aquel que esté dispuesto a organizar una sesión podrá recaudar dinero siempre y cuando todo lo percibido se destine al alquiler del local, al catering o a pagar al DJ. Nada deberá quedar en su bolsillo después del abono a los proveedores.

Berlín, Varsovia, Helsinki se han apuntado ya al movimiento Lunch Beat. Próximamente lo harán varias ciudades de Estados Unidos. “Actualmente contamos con unas 20 sucursales y varias más en fase de planificación”.

A Molly Ränge todavía le cuesta creer que su proyecto haya alcanzado tales dimensiones. “Todo empezó cuando me propuse aunar dos de mis grandes pasiones: el trabajo y el baile. Quería saber qué podía aportar la una a la otra”.

Un club nocturno a la luz del día le parecía, además, una manera de proporcionar a los trabajadores una vía para renovar su energía durante la hora del almuerzo. “Así el trabajo de la tarde sería más creativo”. Aunque, reconoce, que los banqueros, mujeres y hombres de negocios o creativos, entre otros profesionales, no son los únicos que acuden a estas sesiones: “También vienen estudiantes, abuelos jubilados que acuden con sus nietos o gente que en la actualidad no trabaja porque se encuentra de baja maternal o paternal”.

Molly también confía en que, con Lunch Beat, el reparto del tiempo de ocio a lo largo de la semana sea más equilibrado. Los fines de semana ya no tendrán la exclusiva.

Este artículo fue publicado en el número de mayo de Yorokobu.


 

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Para cumplir con él acuden a Lunch Beat, “un club de baile que se reúne a la hora del almuerzo”. La definición es de Molly Ränge, una diseñadora que convocó el primer Lunch Beat en 2011. “Fue en junio en un garaje de Hötorget (Estocolmo) y a él acudieron 14 personas”.

En otoño, la cosa fue a más. El número de dancers aumentaba y la búsqueda de lugares con mayor aforo se hacía necesaria. Pasaban los meses, los Lunch Beat se sucedían y el número de asistentes a ellos seguía creciendo. En parte, motivado por la curiosidad que el movimiento comenzó a despertar entre los medios de comunicación suecos. Luego, llegaría el interés de otras ciudades por organizar sus propios Lunch Beat. Malmö, Götteborg y otras localidades suecas se convertían en nuevas sedes para estos eventos. Lunch Beat no paraba de crecer y Suecia se le empezaba a quedar pequeña…

Molly Ränge comprendió que Lunch Beat no tenía límites. “Es un concepto libre de copiar y de mejorar”. Fue entonces cuando redactó un manifiesto que debían cumplir tanto los organizadores de los nuevos Lunch Beat como los asistentes, con independencia del lugar en el que estos se celebraran. Los Diez Mandamientos del Lunch Beat rezan así:

  1. Si es la primera vez que acudes a un Lunch Beat, tienes que bailar.
  2.  Si es la segunda, la tercera o cuarta vez, también tienes que bailar.
  3. Si estás demasiado cansado como para bailar, por favor, ve a almorzar a otro sitio.
  4. En un Lunch Beat no se habla de trabajo.
  5. Cualquier asistente del Lunch Beat es tu pareja de baile.
  6. Toda sesión Lunch Beat tendrá una duración máxima de 60 minutos y se desarrollará durante la hora del almuerzo.
  7. Lunch Beat siempre contará con un DJ y ofrecerá a los asistentes un take away.
  8. El agua siempre será gratuita en un Lunch Beat.
  9. Lunch Beat es un sitio libre de drogas.
  10. Cualquier persona puede organizar un Lunch Beat en algún otro lugar del mundo siempre y cuando anuncie el evento, no tenga ningún afán de lucro y siga todos y cada uno de los puntos de este Manifiesto.

Así, aquel que esté dispuesto a organizar una sesión podrá recaudar dinero siempre y cuando todo lo percibido se destine al alquiler del local, al catering o a pagar al DJ. Nada deberá quedar en su bolsillo después del abono a los proveedores.

Berlín, Varsovia, Helsinki se han apuntado ya al movimiento Lunch Beat. Próximamente lo harán varias ciudades de Estados Unidos. “Actualmente contamos con unas 20 sucursales y varias más en fase de planificación”.

A Molly Ränge todavía le cuesta creer que su proyecto haya alcanzado tales dimensiones. “Todo empezó cuando me propuse aunar dos de mis grandes pasiones: el trabajo y el baile. Quería saber qué podía aportar la una a la otra”.

Un club nocturno a la luz del día le parecía, además, una manera de proporcionar a los trabajadores una vía para renovar su energía durante la hora del almuerzo. “Así el trabajo de la tarde sería más creativo”. Aunque, reconoce, que los banqueros, mujeres y hombres de negocios o creativos, entre otros profesionales, no son los únicos que acuden a estas sesiones: “También vienen estudiantes, abuelos jubilados que acuden con sus nietos o gente que en la actualidad no trabaja porque se encuentra de baja maternal o paternal”.

Molly también confía en que, con Lunch Beat, el reparto del tiempo de ocio a lo largo de la semana sea más equilibrado. Los fines de semana ya no tendrán la exclusiva.

Este artículo fue publicado en el número de mayo de Yorokobu.


 

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