5 de julio 2022    /   IDEAS
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La rareza andaluza, o por qué las mayorías absolutas no van a volver (de momento)

5 de julio 2022    /   IDEAS     por          
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Desde que en 1977 se celebraron las primeras elecciones de la democracia, España ha vivido más de 200 procesos electorales. El número es casi exacto (198) si se tienen en cuenta las europeas, generales y las de cada una de las autonomías. Y, de ellas, casi la mitad (76) han tenido una mayoría absoluta como resultado.

Pero del mismo modo que en la historia reciente de España hay un antes y un después en la Transición, también la democracia ha vivido distintos periodos con tendencias marcadas. Y en lo que se refiere a las mayorías absolutas, la crisis económica de 2008 tuvo entre sus consecuencias el inicio de un ciclo político muy particular en el que llevamos algunos años y en el que las mayorías pasaron a ser una rareza. 

Así, de una media de casi nueve mayorías absolutas por ciclo electoral se pasó a una única en el ciclo 2012-2015 y a tres en el ciclo 2016-2019. El periodo actual, que concluirá el año que viene con la celebración de las elecciones generales y la mayoría de autonómicas, lleva de momento dos. Dicho de otra forma: desde 2012 llevamos seis mayorías absolutas, cuando solo el año anterior había registrado nueve, incluyendo las generales.

En amarillo, mayorías simples; en rojo, mayorías absolutas
En amarillo, mayorías simples; en rojo, mayorías absolutas

Y en estas que llega Andalucía, una región en la que entran en juego diversos partidos, y de forma inesperada para la mayoría de sondeos registra una mayoría absoluta. Y llega 14 años después de la última. No es que fuera un fenómeno inusual en tiempos pasados, pero es que entonces solo había dos grandes partidos en juego. En estos comicios se esperaba que al menos otros dos tuvieran fuerza como para ser necesarios de cara a formar mayoría. Pero no ha sido así. 

¿Es Andalucía la primera señal de un nuevo cambio de ciclo que ya va tomando forma? Los expertos auguran un cambio de tendencia, pero no en ese sentido. «No creo que vuelvan las mayorías absolutas, o no a corto o medio plazo», considera Teodoro León Gross, periodista y analista político en medios. «Lo que sí creo que va a reaparecer es el bipartidismo, un bipartidismo reforzado», augura. «Hay una tendencia en los extremos a menguar. En Podemos ya se ha producido; en Vox necesitará aún un tiempo, y con esto y la desaparición de Ciudadanos se va a favorecer ese reforzamiento de PP y PSOE».

EL PESO DEL DESGASTE Y DE LA ECONOMÍA

Coincide en parte del análisis Eduardo Bayón, consultor en comunicación política y estrategia, aunque cree que esa «transformación del sistema de partidos» aún va a llevar algunos años. «La política española seguirá girando en torno a dos grandes bloques de izquierda y derecha, al menos de momento», explica. «Pero dado el comportamiento electoral de los últimos años, con incapacidad manifiesta de PP y PSOE para llegar a determinados electorados, parece poco probable el retorno a solo dos grandes partidos», dice en referencia a las bolsas de voto que mantienen el entorno ideológico de Podemos o Vox. 

Pero en su opinión, la vuelta más o menos inminente a un esquema de dos fuerzas predominantes no implica necesariamente la vuelta a la España de las mayorías absolutas. «Aunque se daban, especialmente en las diferentes comunidades autónomas, no es menos cierto que siempre existieron acuerdos parlamentarios o de gobierno a nivel autonómico y municipal. Incluso en lo nacional, PSOE y PP se vieron obligados a llegar a pactos con fuerzas nacionalistas», rememora.

La politóloga y socióloga Marta Marcos, consultora de comunicación en GAD3, apunta a que esta aparente vuelta del bipartidismo llega «en un momento económico complicado» que, en su opinión, va a dibujar «un escenario idóneo para que el Partido Popular gobierne, aunque en muchas ocasiones con ayudas». Según su visión, «la amenaza de una gran crisis económica y de falta de consensos en cuestiones relevantes ha hecho saltar las alarmas» de los votantes, que se han refugiado en el voto a las fuerzas tradicionales, pero eso no implica volver del todo atrás. «No hemos vuelto a un esquema previo de bipartidismo», considera.

Del mismo modo que León Gross habla del desgaste de los extremos, Marcos habla del desgaste del Gobierno. Un desgaste lógico tras años de gestión complicada, no solo por la pandemia y la crisis derivada de la guerra, sino también por las tensiones en un gobierno de coalición del que no teníamos precedentes. «España tendrá que acostumbrarse a que en política se puede pactar, y no pasa nada», augura, reforzando la idea de que el auge de los dos grandes partidos no tiene por qué significar la desaparición del resto, ni menos la vuelta de las mayorías holgadas.

Es decir, que tocaría acostumbrarse a geometrías variables. «Podríamos volver a ver gobiernos en solitario de PP y PSOE. En minoría, pero en minorías poderosas», opina al respecto León Gross. «Ahora las encuestas le están dando a Feijóo en torno a 135-140 escaños». Lejos de la mayoría absoluta, pero con mayor solidez que en las últimas elecciones. «A partir de ahí, se puede gobernar en solitario», estima. 

LA ANOMALÍA ANDALUZA

En cualquier caso, advierte sobre ciertos interrogantes en el horizonte, atendiendo a lo que ha ocurrido en Andalucía. «Hay algunos factores que creo que son interesantes de analizar para prever la evolución futura», y apunta a tendencias como el voto por género, como ha sucedido con «un voto femenino claramente partidista», citando el ejemplo de Vox, «donde tres de cada cuatro votos que recibe son de hombres».

«El caso de Andalucía se explica, por un lado, por la tendencia al alza que está viviendo el Partido Popular en este cambio de ciclo, pero sobre todo como consecuencia de una gestión que ha sido avalada por los andaluces», considera Marcos, que cree que por eso «extender esas mayorías al resto de territorios no va a ser tan fácil como parece».

En esa misma línea, León Gross señala a otra rareza que ha tenido lugar en la convocatoria andaluza: la «desideologización del voto con un carácter más pragmático» dado que, según datos de GAD3, «casi un cuarto de millón de votantes socialistas han votado al Partido Popular». Es un apoyo que define como «prestado» y al que augura «una duración limitada, de una legislatura, ya que no es fácil que se repita», pero que ha ayudado a dar forma a esa rareza inesperada. Y más siendo un territorio en el que históricamente ha habido grandes mayorías, aunque no sea precisamente el que más ha vivido.

Resultados de las elecciones en Andalucía

De hecho, los datos muestran que hay regiones donde las mayorías han sido tradicionalmente fuertes, como Murcia, la Comunidad Valenciana, La Rioja, Castilla y León o la Comunidad de Madrid. Sin embargo, todas ellas cambiaron el paso con el surgimiento de nuevos partidos. Otras, como Castilla-La Mancha, Galicia o Extremadura, ni siquiera lo han hecho.

«El caso andaluz no sirve de referencia porque tiene la singularidad de las cuatro décadas previas de hegemonía socialista», considera León Gross. Y coincide Eduardo Bayón: «Lo sucedido en Andalucía responde a una coyuntura muy particular marcada por la trayectoria política de este territorio en los últimos años», recalca. 

«Las otras tres excepciones, Castilla-La Mancha, Galicia o Extremadura, son, a su vez, territorios que siempre han contado con un partido hegemónico que, tras una pérdida coyuntural del Gobierno, lo han recuperado». Son, efectivamente, los únicos territorios que han vivido mayorías en este periodo de cambio. Zonas más rurales, donde Podemos y Ciudadanos, de corte mucho más urbanita, no lograron capilaridad. 

Pero eso tampoco es ya garante de nada. Vox, como demostró en las elecciones de Castilla y León, sí ha conseguido romper el muro entre lo urbano y lo rural y se ha hecho fuerte en áreas hasta ahora reservadas a PSOE y PP. Solo dos regiones han logrado cuestionar esa tendencia: la muy rural Galicia, donde el fenómeno Feijóo ha cerrado el paso primero a Ciudadanos y luego a Vox, y la sorpresa andaluza del mes pasado, donde Vox ha crecido pero no ha logrado dispararse como esperaba.

A la izquierda, total de mayorías absolutas por tipo de elección; a la derecha, porcentaje de mayorías absolutas sobre el total de elecciones celebradas
A la izquierda, total de mayorías absolutas por tipo de elección; a la derecha, porcentaje de mayorías absolutas sobre el total de elecciones celebradas

Y mientras, en el otro lado de las tendencias electorales, hay regiones que no solo no ven posible el regreso de las mayorías absolutas, sino que se antoja imposible por su composición electoral. Se trata de aquellas que cuentan con fuerzas relevantes más allá del bipartidismo tradicional, tales como Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares, Cantabria o Asturias.

Pero, sobre todo, aquellas en las que los pactos de gobierno han sido una máxima inevitable: Canarias, Aragón, Navarra y Euskadi son las únicas cuatro regiones en las que las mayorías nunca han sido absolutas. Y ahí la negociación y el acuerdo han sido máximas inexorables, incluso cuando la política de bloques y la necesidad de llegar a acuerdos de gobierno no estaba de moda.

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Desde que en 1977 se celebraron las primeras elecciones de la democracia, España ha vivido más de 200 procesos electorales. El número es casi exacto (198) si se tienen en cuenta las europeas, generales y las de cada una de las autonomías. Y, de ellas, casi la mitad (76) han tenido una mayoría absoluta como resultado.

Pero del mismo modo que en la historia reciente de España hay un antes y un después en la Transición, también la democracia ha vivido distintos periodos con tendencias marcadas. Y en lo que se refiere a las mayorías absolutas, la crisis económica de 2008 tuvo entre sus consecuencias el inicio de un ciclo político muy particular en el que llevamos algunos años y en el que las mayorías pasaron a ser una rareza. 

Así, de una media de casi nueve mayorías absolutas por ciclo electoral se pasó a una única en el ciclo 2012-2015 y a tres en el ciclo 2016-2019. El periodo actual, que concluirá el año que viene con la celebración de las elecciones generales y la mayoría de autonómicas, lleva de momento dos. Dicho de otra forma: desde 2012 llevamos seis mayorías absolutas, cuando solo el año anterior había registrado nueve, incluyendo las generales.

En amarillo, mayorías simples; en rojo, mayorías absolutas
En amarillo, mayorías simples; en rojo, mayorías absolutas

Y en estas que llega Andalucía, una región en la que entran en juego diversos partidos, y de forma inesperada para la mayoría de sondeos registra una mayoría absoluta. Y llega 14 años después de la última. No es que fuera un fenómeno inusual en tiempos pasados, pero es que entonces solo había dos grandes partidos en juego. En estos comicios se esperaba que al menos otros dos tuvieran fuerza como para ser necesarios de cara a formar mayoría. Pero no ha sido así. 

¿Es Andalucía la primera señal de un nuevo cambio de ciclo que ya va tomando forma? Los expertos auguran un cambio de tendencia, pero no en ese sentido. «No creo que vuelvan las mayorías absolutas, o no a corto o medio plazo», considera Teodoro León Gross, periodista y analista político en medios. «Lo que sí creo que va a reaparecer es el bipartidismo, un bipartidismo reforzado», augura. «Hay una tendencia en los extremos a menguar. En Podemos ya se ha producido; en Vox necesitará aún un tiempo, y con esto y la desaparición de Ciudadanos se va a favorecer ese reforzamiento de PP y PSOE».

EL PESO DEL DESGASTE Y DE LA ECONOMÍA

Coincide en parte del análisis Eduardo Bayón, consultor en comunicación política y estrategia, aunque cree que esa «transformación del sistema de partidos» aún va a llevar algunos años. «La política española seguirá girando en torno a dos grandes bloques de izquierda y derecha, al menos de momento», explica. «Pero dado el comportamiento electoral de los últimos años, con incapacidad manifiesta de PP y PSOE para llegar a determinados electorados, parece poco probable el retorno a solo dos grandes partidos», dice en referencia a las bolsas de voto que mantienen el entorno ideológico de Podemos o Vox. 

Pero en su opinión, la vuelta más o menos inminente a un esquema de dos fuerzas predominantes no implica necesariamente la vuelta a la España de las mayorías absolutas. «Aunque se daban, especialmente en las diferentes comunidades autónomas, no es menos cierto que siempre existieron acuerdos parlamentarios o de gobierno a nivel autonómico y municipal. Incluso en lo nacional, PSOE y PP se vieron obligados a llegar a pactos con fuerzas nacionalistas», rememora.

La politóloga y socióloga Marta Marcos, consultora de comunicación en GAD3, apunta a que esta aparente vuelta del bipartidismo llega «en un momento económico complicado» que, en su opinión, va a dibujar «un escenario idóneo para que el Partido Popular gobierne, aunque en muchas ocasiones con ayudas». Según su visión, «la amenaza de una gran crisis económica y de falta de consensos en cuestiones relevantes ha hecho saltar las alarmas» de los votantes, que se han refugiado en el voto a las fuerzas tradicionales, pero eso no implica volver del todo atrás. «No hemos vuelto a un esquema previo de bipartidismo», considera.

Del mismo modo que León Gross habla del desgaste de los extremos, Marcos habla del desgaste del Gobierno. Un desgaste lógico tras años de gestión complicada, no solo por la pandemia y la crisis derivada de la guerra, sino también por las tensiones en un gobierno de coalición del que no teníamos precedentes. «España tendrá que acostumbrarse a que en política se puede pactar, y no pasa nada», augura, reforzando la idea de que el auge de los dos grandes partidos no tiene por qué significar la desaparición del resto, ni menos la vuelta de las mayorías holgadas.

Es decir, que tocaría acostumbrarse a geometrías variables. «Podríamos volver a ver gobiernos en solitario de PP y PSOE. En minoría, pero en minorías poderosas», opina al respecto León Gross. «Ahora las encuestas le están dando a Feijóo en torno a 135-140 escaños». Lejos de la mayoría absoluta, pero con mayor solidez que en las últimas elecciones. «A partir de ahí, se puede gobernar en solitario», estima. 

LA ANOMALÍA ANDALUZA

En cualquier caso, advierte sobre ciertos interrogantes en el horizonte, atendiendo a lo que ha ocurrido en Andalucía. «Hay algunos factores que creo que son interesantes de analizar para prever la evolución futura», y apunta a tendencias como el voto por género, como ha sucedido con «un voto femenino claramente partidista», citando el ejemplo de Vox, «donde tres de cada cuatro votos que recibe son de hombres».

«El caso de Andalucía se explica, por un lado, por la tendencia al alza que está viviendo el Partido Popular en este cambio de ciclo, pero sobre todo como consecuencia de una gestión que ha sido avalada por los andaluces», considera Marcos, que cree que por eso «extender esas mayorías al resto de territorios no va a ser tan fácil como parece».

En esa misma línea, León Gross señala a otra rareza que ha tenido lugar en la convocatoria andaluza: la «desideologización del voto con un carácter más pragmático» dado que, según datos de GAD3, «casi un cuarto de millón de votantes socialistas han votado al Partido Popular». Es un apoyo que define como «prestado» y al que augura «una duración limitada, de una legislatura, ya que no es fácil que se repita», pero que ha ayudado a dar forma a esa rareza inesperada. Y más siendo un territorio en el que históricamente ha habido grandes mayorías, aunque no sea precisamente el que más ha vivido.

Resultados de las elecciones en Andalucía

De hecho, los datos muestran que hay regiones donde las mayorías han sido tradicionalmente fuertes, como Murcia, la Comunidad Valenciana, La Rioja, Castilla y León o la Comunidad de Madrid. Sin embargo, todas ellas cambiaron el paso con el surgimiento de nuevos partidos. Otras, como Castilla-La Mancha, Galicia o Extremadura, ni siquiera lo han hecho.

«El caso andaluz no sirve de referencia porque tiene la singularidad de las cuatro décadas previas de hegemonía socialista», considera León Gross. Y coincide Eduardo Bayón: «Lo sucedido en Andalucía responde a una coyuntura muy particular marcada por la trayectoria política de este territorio en los últimos años», recalca. 

«Las otras tres excepciones, Castilla-La Mancha, Galicia o Extremadura, son, a su vez, territorios que siempre han contado con un partido hegemónico que, tras una pérdida coyuntural del Gobierno, lo han recuperado». Son, efectivamente, los únicos territorios que han vivido mayorías en este periodo de cambio. Zonas más rurales, donde Podemos y Ciudadanos, de corte mucho más urbanita, no lograron capilaridad. 

Pero eso tampoco es ya garante de nada. Vox, como demostró en las elecciones de Castilla y León, sí ha conseguido romper el muro entre lo urbano y lo rural y se ha hecho fuerte en áreas hasta ahora reservadas a PSOE y PP. Solo dos regiones han logrado cuestionar esa tendencia: la muy rural Galicia, donde el fenómeno Feijóo ha cerrado el paso primero a Ciudadanos y luego a Vox, y la sorpresa andaluza del mes pasado, donde Vox ha crecido pero no ha logrado dispararse como esperaba.

A la izquierda, total de mayorías absolutas por tipo de elección; a la derecha, porcentaje de mayorías absolutas sobre el total de elecciones celebradas
A la izquierda, total de mayorías absolutas por tipo de elección; a la derecha, porcentaje de mayorías absolutas sobre el total de elecciones celebradas

Y mientras, en el otro lado de las tendencias electorales, hay regiones que no solo no ven posible el regreso de las mayorías absolutas, sino que se antoja imposible por su composición electoral. Se trata de aquellas que cuentan con fuerzas relevantes más allá del bipartidismo tradicional, tales como Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares, Cantabria o Asturias.

Pero, sobre todo, aquellas en las que los pactos de gobierno han sido una máxima inevitable: Canarias, Aragón, Navarra y Euskadi son las únicas cuatro regiones en las que las mayorías nunca han sido absolutas. Y ahí la negociación y el acuerdo han sido máximas inexorables, incluso cuando la política de bloques y la necesidad de llegar a acuerdos de gobierno no estaba de moda.

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