30 de agosto 2018    /   IDEAS
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Fingir orgasmos puede arruinar tu vida sexual en pareja

30 de agosto 2018    /   IDEAS     por        fotografia  Escena de 'Cuando Harry conoció a Sally'
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No es un secreto que, para muchos, no hay satisfacción sexual plena sin llegar a eso que los franceses llaman la petite mort. Y tampoco es un mito el hecho de que muchas mujeres fingen sus orgasmos. Lo curioso de esto último es que muchos hombres son incapaces de apreciar cuándo ocurre.

Según el estudio The Significance of the Female Orgasm: A Nationally Representative, Dyadic Study of Newlyweds’ Orgasm Experience, elaborado por varios investigadores de la Universidad Brigham Young (EE UU), el 43% de los maridos no se percatan de la verdadera frecuencia con que sus mujeres llegan al clímax.

La investigación, que analizó varios aspectos de las relaciones sexuales de 1.683 parejas heterosexuales recién casadas, apunta que los hombres experimentaron un orgasmo en el 87% de las ocasiones —la cifra para las mujeres se quedó en un 49%—. Pero lo llamativo es que uno de cada cuatro varones pensó que sus esposas tuvieron un orgasmo en más ocasiones de las que en realidad lo disfrutaron.

Para la sexóloga y educadora social Isabel Guerrero, el hecho de que las mujeres sigan fingiendo orgasmos «es un reflejo de la falta de conexión con el cuerpo, de falta de escucha de deseos,  de falta de autoconocimiento y de la escasa educación sexual que seguimos teniendo».

«A lo largo de la historia, y en esta sociedad patriarcal en la que vivimos, son muchos los mensajes que escuchamos desde pequeñas en torno a cómo vivir y expresar nuestra sexualidad, y son muy diferentes a los que, por regla general, escuchan los hombres», explica a Yorokobu.

«Lo que se nos dice a nosotras suele ser la cara y la cruz; el extremo de la santa, la recatada, la virgen (dense cuenta de que en masculino no se aplica igual la palabra),  y el otro extremo: la chica fácil, facilona, guarrilla o puta».

Algunas mujeres fingen para terminar el acto sexual o para acelerar el clímax masculino. «Muchas veces es más sencillo y rápido para la mujer fingir que esperar el tiempo que necesita para tenerlo», explica la psicóloga y sexóloga Susana Ivorra. «La pornografía es parte, con demasiada frecuencia, de la poca información que se tiene sobre el tema. En ella, las mujeres alcanzan orgasmos de manera muy rápida y sin una estimulación del clítoris».

Otras lo hacen porque les resulta algo morboso y les ayuda a aumentar la excitación propia. Y también las hay que fingen la llegada al punto álgido de la excitación sexual para evitar el miedo o la inseguridad asociada a que no puedan alcanzarlo, o simplemente para no herir los sentimientos de su pareja.

«Las mujeres creen que deberían sentir más excitación de la que sienten mediante la exclusiva penetración y que tienen un problema si no llegan al clímax en pocos minutos», comenta Ivorra. «De este modo, fingen un orgasmo en el tiempo que creen que deberían haber llegado a él. A menudo, me explican que temen herir los sentimientos de su pareja porque, las veces que no han fingido, ellos se han preocupado por no haber podido satisfacerlas».

«Al menos subconscientemente, a las mujeres se les ha enseñado que un compañero toma como un insulto directo a su hombría el hecho de no poder hacer que ella llegue al clímax», comentó a Instyle la educadora y psicóloga Karla Ivankovich.

El problema que advierten estas especialistas es que si la mujer comienza a fingir orgasmos, puede sentir la necesidad de continuar haciéndolo. «De tanto fingir orgasmos, en muchos casos, queda interiorizado en nuestra conducta y en nuestra posterior respuesta sexual. Es decir, de repetirlo tantas veces, puede llegar a hacerse de forma automática, sin pensarlo», señala Guerrero.

Además, Ivorra comenta que si se toma como una costumbre, toda «la dinámica sexual» acabará girando en torno «a un repertorio» que no satisface a la mujer.

«Los susurros, los gemidos, los movimientos de nuestra pareja y, finalmente, el orgasmo nos dan cuenta de qué posturas y gestos disfruta más. Si mentimos sobre ello al fingir un orgasmo, por ejemplo, en una postura en la que no hemos sentido el menor placer pero que a nuestra pareja le ha encantado, será más probable que esa postura se repita con frecuencia en nuestros encuentros», argumenta.

Y apostilla que, de este modo, «poco a poco te apetece menos tener encuentros eróticos porque piensas que no sentirás placer o no compensará los esfuerzos», lo que puede ir apagando el deseo.

La falta de educación sobre el placer femenino es aún una realidad. Hay hombres que subestiman el disfrute de sus esposas y dan por hecho que la penetración vaginal será suficiente para que alcance el clímax. Desconocen que la mayoría de los orgasmos se alcanzan con la estimulación del clítoris, el órgano con más terminaciones nerviosas del cuerpo humano.

Por eso, lo ideal es que la pareja mantenga una buena comunicación en el ámbito sexual. «El mejor momento para hablar de sexo es cuando no estás teniendo relaciones sexuales», aclaró en una entrevista para The Guardian la terapeuta psicosexual Kate Moyle. «Acércate a la conversación de manera positiva, en lugar de críticamente. Discute en términos de ‘me gustaría que intentáramos hacer algo diferente’, no de ‘cuando tengamos relaciones sexuales, no hagas esto’. Va a ser enormemente beneficioso para ambos y para tu relación».

No es un secreto que, para muchos, no hay satisfacción sexual plena sin llegar a eso que los franceses llaman la petite mort. Y tampoco es un mito el hecho de que muchas mujeres fingen sus orgasmos. Lo curioso de esto último es que muchos hombres son incapaces de apreciar cuándo ocurre.

Según el estudio The Significance of the Female Orgasm: A Nationally Representative, Dyadic Study of Newlyweds’ Orgasm Experience, elaborado por varios investigadores de la Universidad Brigham Young (EE UU), el 43% de los maridos no se percatan de la verdadera frecuencia con que sus mujeres llegan al clímax.

La investigación, que analizó varios aspectos de las relaciones sexuales de 1.683 parejas heterosexuales recién casadas, apunta que los hombres experimentaron un orgasmo en el 87% de las ocasiones —la cifra para las mujeres se quedó en un 49%—. Pero lo llamativo es que uno de cada cuatro varones pensó que sus esposas tuvieron un orgasmo en más ocasiones de las que en realidad lo disfrutaron.

Para la sexóloga y educadora social Isabel Guerrero, el hecho de que las mujeres sigan fingiendo orgasmos «es un reflejo de la falta de conexión con el cuerpo, de falta de escucha de deseos,  de falta de autoconocimiento y de la escasa educación sexual que seguimos teniendo».

«A lo largo de la historia, y en esta sociedad patriarcal en la que vivimos, son muchos los mensajes que escuchamos desde pequeñas en torno a cómo vivir y expresar nuestra sexualidad, y son muy diferentes a los que, por regla general, escuchan los hombres», explica a Yorokobu.

«Lo que se nos dice a nosotras suele ser la cara y la cruz; el extremo de la santa, la recatada, la virgen (dense cuenta de que en masculino no se aplica igual la palabra),  y el otro extremo: la chica fácil, facilona, guarrilla o puta».

Algunas mujeres fingen para terminar el acto sexual o para acelerar el clímax masculino. «Muchas veces es más sencillo y rápido para la mujer fingir que esperar el tiempo que necesita para tenerlo», explica la psicóloga y sexóloga Susana Ivorra. «La pornografía es parte, con demasiada frecuencia, de la poca información que se tiene sobre el tema. En ella, las mujeres alcanzan orgasmos de manera muy rápida y sin una estimulación del clítoris».

Otras lo hacen porque les resulta algo morboso y les ayuda a aumentar la excitación propia. Y también las hay que fingen la llegada al punto álgido de la excitación sexual para evitar el miedo o la inseguridad asociada a que no puedan alcanzarlo, o simplemente para no herir los sentimientos de su pareja.

«Las mujeres creen que deberían sentir más excitación de la que sienten mediante la exclusiva penetración y que tienen un problema si no llegan al clímax en pocos minutos», comenta Ivorra. «De este modo, fingen un orgasmo en el tiempo que creen que deberían haber llegado a él. A menudo, me explican que temen herir los sentimientos de su pareja porque, las veces que no han fingido, ellos se han preocupado por no haber podido satisfacerlas».

«Al menos subconscientemente, a las mujeres se les ha enseñado que un compañero toma como un insulto directo a su hombría el hecho de no poder hacer que ella llegue al clímax», comentó a Instyle la educadora y psicóloga Karla Ivankovich.

El problema que advierten estas especialistas es que si la mujer comienza a fingir orgasmos, puede sentir la necesidad de continuar haciéndolo. «De tanto fingir orgasmos, en muchos casos, queda interiorizado en nuestra conducta y en nuestra posterior respuesta sexual. Es decir, de repetirlo tantas veces, puede llegar a hacerse de forma automática, sin pensarlo», señala Guerrero.

Además, Ivorra comenta que si se toma como una costumbre, toda «la dinámica sexual» acabará girando en torno «a un repertorio» que no satisface a la mujer.

«Los susurros, los gemidos, los movimientos de nuestra pareja y, finalmente, el orgasmo nos dan cuenta de qué posturas y gestos disfruta más. Si mentimos sobre ello al fingir un orgasmo, por ejemplo, en una postura en la que no hemos sentido el menor placer pero que a nuestra pareja le ha encantado, será más probable que esa postura se repita con frecuencia en nuestros encuentros», argumenta.

Y apostilla que, de este modo, «poco a poco te apetece menos tener encuentros eróticos porque piensas que no sentirás placer o no compensará los esfuerzos», lo que puede ir apagando el deseo.

La falta de educación sobre el placer femenino es aún una realidad. Hay hombres que subestiman el disfrute de sus esposas y dan por hecho que la penetración vaginal será suficiente para que alcance el clímax. Desconocen que la mayoría de los orgasmos se alcanzan con la estimulación del clítoris, el órgano con más terminaciones nerviosas del cuerpo humano.

Por eso, lo ideal es que la pareja mantenga una buena comunicación en el ámbito sexual. «El mejor momento para hablar de sexo es cuando no estás teniendo relaciones sexuales», aclaró en una entrevista para The Guardian la terapeuta psicosexual Kate Moyle. «Acércate a la conversación de manera positiva, en lugar de críticamente. Discute en términos de ‘me gustaría que intentáramos hacer algo diferente’, no de ‘cuando tengamos relaciones sexuales, no hagas esto’. Va a ser enormemente beneficioso para ambos y para tu relación».

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