fbpx
19 de septiembre 2017    /   CREATIVIDAD
por
ilustracion  Flavita Banana

Flavita Banana, la ilustradora que se ríe de los príncipes azules

19 de septiembre 2017    /   CREATIVIDAD     por        ilustracion  Flavita Banana
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

La obra de Flavita Banana echa por tierra clichés clásicos como el amor romántico, las relaciones de pareja idílicas, las mujeres dependientes, pero también arremete con realidades recientes. Por ejemplo, las redes sociales, una herramienta que ha tenido mucho que ver en su meteórica carrera.

«Me meto con internet porque lo temo. Es la herramienta que te encumbra y te borra de la historia igual de rápido», indica. «Siempre digo que ojalá tuviera menos seguidores, que así se me tomaría en serio. Pero tengo la suerte de ser un poco una excepción: por la cantidad de seguidores parece algo viral, pero luego esos maestros del papel vienen a felicitarme y mimarme. Por mi parte, la decisión que tomé fue la de no alterar un ápice de mi trabajo debido a la cifra de seguidores. No acepto ofertas de publicidad, por ejemplo, porque mi trabajo no es tener seguidores, sino publicar viñetas en papel siempre que sea posible».


En apenas unos años, Flavita Banana se ha revelado como una de las ilustradoras más interesantes del panorama actual por un estilo muy personal y unas inteligentes viñetas que, por su crudeza y su certero punto de vista, han sido calificadas de «cínicas».

«Se dice a menudo que lo mío es cínico, y coincido en la idea de que el personaje que he creado es así, alguien dolido que despotrica contra lo bonito intentando que lo feo sea gracioso. Miguel Gallardo, que ha prologado Archivos estelares, emplea ese término y, no solo lo emplea bien, sino que me desmantela: ese cinismo es un invento mío, porque en persona soy una tierna de cojones y él lo sabe. Muestro las cosas de forma cruda pero no es mi verdadera forma de ser, así que supongo que soy una cínica, una mentirosa compulsiva».

A pesar de su juventud, Flavita ya tiene dos libros publicados, al que se acaba de sumar Archivos estelares (Caramba). Una trayectoria inusual para una ilustradora que acaba de entrar en la treintena, pero que tiene las cosas mucho más claras que muchas personas que le doblan la edad.

«Cada uno vive su vida creyendo que es normal, y es al madurar y poder compararla con otras cuando te das cuenta de que quizá tu recorrido no fue del todo habitual. Crecí con mi hermana mayor y mi madre, que es francesa, en un pueblo a las afueras de Barcelona. Veníamos de Salamanca y luego Oviedo, donde no eran habituales las familias ‘desestructuradas’ ni tener una madre extranjera. Sin embargo, dentro de mis parámetros era todo normal y feliz».


Criadas en un entorno en el que abundaban los libros y otras manifestaciones culturales, Flavita y su hermana fueron niñas precoces que disfrutaban estudiando, viajando y, por encima de todo, preguntando y cuestionando el mundo que les rodeaba.

«En mi educación siempre se recalcó la capacidad de uno mismo y nunca se puso sobre la mesa que fuéramos chicas, como nunca se impuso un color o un juguete. Además, mi ejemplo adulto era mi madre, una mujer sola con las uñas siempre pintadas de rojo y que usaba el taladro. Alguien que era amoroso y muy eficaz. A medida que fui creciendo veía a mi alrededor una serie de clichés que jamás había conocido en casa, normalidades para mucha gente que en mi caso rechinaban».


Durante su etapa escolar a Flavita no le encajaban determinadas cosas. Por ejemplo, que la bata que vestían las chicas se atara a la espalda y la de los chicos por delante, cuando esa segunda opción era más cómoda. Tampoco entendía por qué no podía informar a sus compañeros de que los Reyes eran los padres. Lo único que tenía claro era que, cuando la castigaban o la separaban de los demás, era porque sabía más de la vida que ellos.

«Recuerdo haber sido sacada de clase en bastantes ocasiones, pero no lo recuerdo negativamente porque yo no creía estar haciendo nada malo. Además, solían mandarme a dibujar a otra aula, así que fíjate tú».


Aunque tiene claro que no tiene nada que agradecer a ese sistema educativo, por otra parte Flavita Banana es consciente de que ese tipo de situaciones también le han ayudado a hacer lo que hace y ser quien es.

«Cuando empecé a simplificar mi trabajo en forma de viñeta me di cuenta de que llevaba toda la vida quemándome la cabeza con mil temas simultáneamente. Así que lo que aparece en ellas no es un trabajo de investigación o algo premeditado, sino simplemente mi forma de ser. Yo soy así igual que hay quien pasa por la vida sin cuestionarse nada. Mataría por haber sido así».


flavita

La obra de Flavita Banana echa por tierra clichés clásicos como el amor romántico, las relaciones de pareja idílicas, las mujeres dependientes, pero también arremete con realidades recientes. Por ejemplo, las redes sociales, una herramienta que ha tenido mucho que ver en su meteórica carrera.

«Me meto con internet porque lo temo. Es la herramienta que te encumbra y te borra de la historia igual de rápido», indica. «Siempre digo que ojalá tuviera menos seguidores, que así se me tomaría en serio. Pero tengo la suerte de ser un poco una excepción: por la cantidad de seguidores parece algo viral, pero luego esos maestros del papel vienen a felicitarme y mimarme. Por mi parte, la decisión que tomé fue la de no alterar un ápice de mi trabajo debido a la cifra de seguidores. No acepto ofertas de publicidad, por ejemplo, porque mi trabajo no es tener seguidores, sino publicar viñetas en papel siempre que sea posible».


En apenas unos años, Flavita Banana se ha revelado como una de las ilustradoras más interesantes del panorama actual por un estilo muy personal y unas inteligentes viñetas que, por su crudeza y su certero punto de vista, han sido calificadas de «cínicas».

«Se dice a menudo que lo mío es cínico, y coincido en la idea de que el personaje que he creado es así, alguien dolido que despotrica contra lo bonito intentando que lo feo sea gracioso. Miguel Gallardo, que ha prologado Archivos estelares, emplea ese término y, no solo lo emplea bien, sino que me desmantela: ese cinismo es un invento mío, porque en persona soy una tierna de cojones y él lo sabe. Muestro las cosas de forma cruda pero no es mi verdadera forma de ser, así que supongo que soy una cínica, una mentirosa compulsiva».

A pesar de su juventud, Flavita ya tiene dos libros publicados, al que se acaba de sumar Archivos estelares (Caramba). Una trayectoria inusual para una ilustradora que acaba de entrar en la treintena, pero que tiene las cosas mucho más claras que muchas personas que le doblan la edad.

«Cada uno vive su vida creyendo que es normal, y es al madurar y poder compararla con otras cuando te das cuenta de que quizá tu recorrido no fue del todo habitual. Crecí con mi hermana mayor y mi madre, que es francesa, en un pueblo a las afueras de Barcelona. Veníamos de Salamanca y luego Oviedo, donde no eran habituales las familias ‘desestructuradas’ ni tener una madre extranjera. Sin embargo, dentro de mis parámetros era todo normal y feliz».


Criadas en un entorno en el que abundaban los libros y otras manifestaciones culturales, Flavita y su hermana fueron niñas precoces que disfrutaban estudiando, viajando y, por encima de todo, preguntando y cuestionando el mundo que les rodeaba.

«En mi educación siempre se recalcó la capacidad de uno mismo y nunca se puso sobre la mesa que fuéramos chicas, como nunca se impuso un color o un juguete. Además, mi ejemplo adulto era mi madre, una mujer sola con las uñas siempre pintadas de rojo y que usaba el taladro. Alguien que era amoroso y muy eficaz. A medida que fui creciendo veía a mi alrededor una serie de clichés que jamás había conocido en casa, normalidades para mucha gente que en mi caso rechinaban».


Durante su etapa escolar a Flavita no le encajaban determinadas cosas. Por ejemplo, que la bata que vestían las chicas se atara a la espalda y la de los chicos por delante, cuando esa segunda opción era más cómoda. Tampoco entendía por qué no podía informar a sus compañeros de que los Reyes eran los padres. Lo único que tenía claro era que, cuando la castigaban o la separaban de los demás, era porque sabía más de la vida que ellos.

«Recuerdo haber sido sacada de clase en bastantes ocasiones, pero no lo recuerdo negativamente porque yo no creía estar haciendo nada malo. Además, solían mandarme a dibujar a otra aula, así que fíjate tú».


Aunque tiene claro que no tiene nada que agradecer a ese sistema educativo, por otra parte Flavita Banana es consciente de que ese tipo de situaciones también le han ayudado a hacer lo que hace y ser quien es.

«Cuando empecé a simplificar mi trabajo en forma de viñeta me di cuenta de que llevaba toda la vida quemándome la cabeza con mil temas simultáneamente. Así que lo que aparece en ellas no es un trabajo de investigación o algo premeditado, sino simplemente mi forma de ser. Yo soy así igual que hay quien pasa por la vida sin cuestionarse nada. Mataría por haber sido así».


flavita

Compártelo twitter facebook whatsapp
Un festival de cómic que alimenta
El lugar de donde vienen las macetas andarinas
Las siluetas del bebé de Brent Holloman
El merchandising que puede derrotar a Donald Trump
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 11
  • Muy interesante y querible personaje, en Argentina me parece que no la conocemos. Pero:

    -¿Qué haces?
    – Me pongo guapa.
    O «mujer bonita es la que lucha» son restos del discurso machistas en el feminismo. Hay que deconstruir la noción de que el valor de la mujer se determina por su belleza.

  • creo y pienso.que mujeres han demostrado su belleza y los hombres su fuerza. pero ahora muchas haceos mas fuerza de lo normal, y ellos se ponen mas bonitos. otro comienzo de era jjjjjj grasias

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *