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2 de agosto 2019    /   CINE/TV
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‘Fleabag’: mala feminista, mala hermana, mala hija… la mejor

La creadora de 'Killing Eve' se muestra al desnudo en 'Fleabag'

2 de agosto 2019    /   CINE/TV     por          
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Fleabag es un ejercicio de sinceridad. Relato tragicómico de la vida corriente de una mujer corriente sin pelos en la lengua. Está escrito e interpretado por Phoebe Waller-Bridge (también creadora de Killing Eve). Es una serie de autor. De autora.

‘FLEABAG’ EN PRIMERA PERSONA

Series como El cuento de la criada o  Big Little Lies están basadas en novelas escritas por mujeres, pero han sido adaptadas por hombres. Bruce Miller (El cuento…) y David E. Kelley (BLL) son guionistas inteligentes, agudos observadores, pero no están en las cabezas de las mujeres.

La voz en off guía las escenas de El cuento de la criada, pero June, la protagonista, está vista desde fuera. Miller escribe en tercera persona«Ella pensó entonces: «No necesito naranjas. Solo necesito gritar»». 

Los pensamientos íntimos de Phoebe Waller-Bridge llegan a la pantalla sin pudor ni poesía. Auténticos. Pensamientos que surgen de la vida personal, como reconoce la propia actriz y guionista.

ESCARBAR EN INTERIOR

Fleabag habla de menstruación, de las dichas y desdichas de la menopausia, de afeitarse los sobacos solo porque espera una noche de sexo, de las difíciles relaciones entre hombres y mujeres, de las ambiguas y casi inevitables relaciones con la familia, de la tragedia de perder a una amiga… El claroscuro de lo femenino.

Un ejercicio difícil. Durante décadas, los hombres no han tenido inconveniente en mostrar las facetas íntimas, ridículas y grotescas del género masculino. Las mujeres no pudieron mostrar hasta ahora sus pensamientos más íntimos en la pantalla. Por pudor. Por temor. También por incomprensión de los productores.

Phoebe Waller-Bridge no es novata ni teme las críticas. Un ejemplo: en el primer capítulo, Fleabag va con su hermana a una charla sobre feminismo. La ponente pide a las presentes «que levanten la mano las que cambiarían cinco años de su vida por el, así llamado, cuerpo perfecto». Solo Fleabag y la hermana levantan la mano. El auditorio, mujeres en su mayoría, clava sus miradas en ellas. «Somos malas feministas», dice Fleabag.

Pero Fleabag no es una historia contra el feminismo ni la historia de una feminista a contracorriente. Es la historia de una mujer contra sí misma, contra la realidad, contra los estereotipos, contra su pasado. Al no cumplir las expectativas ajenas, será considerada más adelante mala hermana, mala hija, mala hijastra, mala novia…

En cualquier caso, Fleabag no es una historia feminista según los parámetros del test de Bechdel. Este test originado por un chiste propone que una película o una serie es machista si no cumple tres requisitos:

  1. ¿Hay dos o más mujeres (o personajes femeninos) con nombres propios?
  2. ¿Las mujeres hablan entre sí?
  3. ¿Las mujeres hablan entre ellas de algo que no sea un hombre?

El chiste surgió como crítica a los estereotipos de las actrices en el cine de los 80. Ellas son objeto de deseo; están obsesionadas con cazar al marido perfecto o son perseguidas por la mafia o un monstruo. (Es curioso que la década se iniciara feminista con Sigourney Weaver con un papel que estaba destinado a Paul Newman en Alien).

El test Bechdel ignora matices. Uno, que las mujeres pueden hablar de los hombres con amargura, asco, hastío, resignación…

Sin embargo, el chiste-test ha estado considerado durante las dos últimas décadas –y aún hoy– como un baremo popular para calificar el grado de machismo o feminismo de una obra. Fleabag incumple dos de los tres puntos del test.

FLEABAG NO ES FLEABAG

Los textos que acompañan los episodios en Amazon Prime se refieren a la protagonista como Fleabag. Nosotros, también. Pero Fleabag no es un nombre propio. Es una adjetivo calificativo para referirse, según el contexto, a un animal con pulgas, un saco de pulgas o un hotel de mala muerte.

Con la palabra Fleabag, Phoebe Waller-Bridge, la creadora y protagonista, expresa el estado de ánimo y la vida complicada y absurda del personaje. También pretende ganarse la simpatía de la audiencia en general, y de las mujeres en particular. «Sí, mi vida es así», pueden decir muchas mujeres.

La ausencia de nombre es intencionada. Revela cómo se sienten muchas mujeres: ninguneadas:

  • En el papel de la novia de, la hija de, la hermana de…
  • Mujeres que son llamadas por amigos y conocidos como: eh, tú…, oye…, mira, tía…

Fleabag es la mujer invisible. Tan invisible que cuando habla a la cámara nadie dentro de la escena repara en que lo hace.

CONJUGANDO LA CUARTA PARED

Fleabag hace el amor, discute con un ex, tiene diferencias con la hermana… Y, mientras tanto, relata a la audiencia la jugada y pide complicidad: «¿No os parece que…?», «¿No creéis que…?», «Veréis como ahora…» (con frecuencia, la gente es previsible).

Esta ruptura de la cuarta pared en Fleabag es atrevidísima (tanto, aunque por otros motivos, como la propuesta por la guionista Sally Wainwright en Gentleman Jack). Por lo general, el personaje que rompe la cuarta pared se aleja de los demás personajes. Es un momento íntimo entre el personaje y la audiencia. Así se mantiene intacto el universo dramático.

Sin embargo, la continua ruptura de la pared en Fleabag no desvirtúa el drama de la protagonista.

Para rizar el rizo, el atípico sacerdote Andrew Scott (Moriarty en Sherlock) se desconcierta cuando Fleabag habla al público. El sacerdote no la escucha, pero observa el gesto.  «¿A dónde vas? ¿Por qué haces eso?», dice Scott. Significa que este hombre sí está atento a ella.

EN ‘FLEABAG’, LAS MUJERES HABLAN ENTRE SÍ… DE HOMBRES

Fleabag.
‘Fleabag’. Imagen: Amazon Prime

La protagonista habla con su hermana (sobre todo), con una amiga, con la madrastra… Los hombres son el tema principal. No porque sean el centro de atención de la vida de estas mujeres sino porque ellos existen. Para bien y para mal, los hombres condicionan la vida de Fleabag y de la hermana. En ningún caso, ningún hombre es visto como un salvador.

Pero tampoco son vistos como ogros. Phoebe Waller-Bridge es una guionista inteligente y no ha querido cargar contra ellos. La galería de hombres es variada: los hay egoístas, cretinos, narcisistas, inteligentes, cuñaos, comprometidos…

‘FLEABAG’, LA NUEVA COMEDIA

La serie es ejemplo de una nueva forma de concebir los personajes femeninos que rechaza el test de Bechdel. La directora de cine Kimberly Peirce (Boys Don’t Cry) lo expresó así:

  1. Un personaje femenino es un protagonista o antagonista con su propia historia.
  2. La protagonista femenina tiene necesidades y deseos que persigue a través de acciones.
  3. La audiencia empatiza o comprende los deseos y las acciones de la mujer protagonista.

Fleabag busca satisfacer sus deseos y necesidades. Y quien se asoma al mundo de Fleabag empatiza con ella, la comprende. Ella tiene flaquezas, sueños rotos, es una superviviente de los tiempos modernos. En busca de la paz interior y la paz con el mundo sin perder la identidad.

Fleabag es un ejercicio de sinceridad. Relato tragicómico de la vida corriente de una mujer corriente sin pelos en la lengua. Está escrito e interpretado por Phoebe Waller-Bridge (también creadora de Killing Eve). Es una serie de autor. De autora.

‘FLEABAG’ EN PRIMERA PERSONA

Series como El cuento de la criada o  Big Little Lies están basadas en novelas escritas por mujeres, pero han sido adaptadas por hombres. Bruce Miller (El cuento…) y David E. Kelley (BLL) son guionistas inteligentes, agudos observadores, pero no están en las cabezas de las mujeres.

La voz en off guía las escenas de El cuento de la criada, pero June, la protagonista, está vista desde fuera. Miller escribe en tercera persona«Ella pensó entonces: «No necesito naranjas. Solo necesito gritar»». 

Los pensamientos íntimos de Phoebe Waller-Bridge llegan a la pantalla sin pudor ni poesía. Auténticos. Pensamientos que surgen de la vida personal, como reconoce la propia actriz y guionista.

ESCARBAR EN INTERIOR

Fleabag habla de menstruación, de las dichas y desdichas de la menopausia, de afeitarse los sobacos solo porque espera una noche de sexo, de las difíciles relaciones entre hombres y mujeres, de las ambiguas y casi inevitables relaciones con la familia, de la tragedia de perder a una amiga… El claroscuro de lo femenino.

Un ejercicio difícil. Durante décadas, los hombres no han tenido inconveniente en mostrar las facetas íntimas, ridículas y grotescas del género masculino. Las mujeres no pudieron mostrar hasta ahora sus pensamientos más íntimos en la pantalla. Por pudor. Por temor. También por incomprensión de los productores.

Phoebe Waller-Bridge no es novata ni teme las críticas. Un ejemplo: en el primer capítulo, Fleabag va con su hermana a una charla sobre feminismo. La ponente pide a las presentes «que levanten la mano las que cambiarían cinco años de su vida por el, así llamado, cuerpo perfecto». Solo Fleabag y la hermana levantan la mano. El auditorio, mujeres en su mayoría, clava sus miradas en ellas. «Somos malas feministas», dice Fleabag.

Pero Fleabag no es una historia contra el feminismo ni la historia de una feminista a contracorriente. Es la historia de una mujer contra sí misma, contra la realidad, contra los estereotipos, contra su pasado. Al no cumplir las expectativas ajenas, será considerada más adelante mala hermana, mala hija, mala hijastra, mala novia…

En cualquier caso, Fleabag no es una historia feminista según los parámetros del test de Bechdel. Este test originado por un chiste propone que una película o una serie es machista si no cumple tres requisitos:

  1. ¿Hay dos o más mujeres (o personajes femeninos) con nombres propios?
  2. ¿Las mujeres hablan entre sí?
  3. ¿Las mujeres hablan entre ellas de algo que no sea un hombre?

El chiste surgió como crítica a los estereotipos de las actrices en el cine de los 80. Ellas son objeto de deseo; están obsesionadas con cazar al marido perfecto o son perseguidas por la mafia o un monstruo. (Es curioso que la década se iniciara feminista con Sigourney Weaver con un papel que estaba destinado a Paul Newman en Alien).

El test Bechdel ignora matices. Uno, que las mujeres pueden hablar de los hombres con amargura, asco, hastío, resignación…

Sin embargo, el chiste-test ha estado considerado durante las dos últimas décadas –y aún hoy– como un baremo popular para calificar el grado de machismo o feminismo de una obra. Fleabag incumple dos de los tres puntos del test.

FLEABAG NO ES FLEABAG

Los textos que acompañan los episodios en Amazon Prime se refieren a la protagonista como Fleabag. Nosotros, también. Pero Fleabag no es un nombre propio. Es una adjetivo calificativo para referirse, según el contexto, a un animal con pulgas, un saco de pulgas o un hotel de mala muerte.

Con la palabra Fleabag, Phoebe Waller-Bridge, la creadora y protagonista, expresa el estado de ánimo y la vida complicada y absurda del personaje. También pretende ganarse la simpatía de la audiencia en general, y de las mujeres en particular. «Sí, mi vida es así», pueden decir muchas mujeres.

La ausencia de nombre es intencionada. Revela cómo se sienten muchas mujeres: ninguneadas:

  • En el papel de la novia de, la hija de, la hermana de…
  • Mujeres que son llamadas por amigos y conocidos como: eh, tú…, oye…, mira, tía…

Fleabag es la mujer invisible. Tan invisible que cuando habla a la cámara nadie dentro de la escena repara en que lo hace.

CONJUGANDO LA CUARTA PARED

Fleabag hace el amor, discute con un ex, tiene diferencias con la hermana… Y, mientras tanto, relata a la audiencia la jugada y pide complicidad: «¿No os parece que…?», «¿No creéis que…?», «Veréis como ahora…» (con frecuencia, la gente es previsible).

Esta ruptura de la cuarta pared en Fleabag es atrevidísima (tanto, aunque por otros motivos, como la propuesta por la guionista Sally Wainwright en Gentleman Jack). Por lo general, el personaje que rompe la cuarta pared se aleja de los demás personajes. Es un momento íntimo entre el personaje y la audiencia. Así se mantiene intacto el universo dramático.

Sin embargo, la continua ruptura de la pared en Fleabag no desvirtúa el drama de la protagonista.

Para rizar el rizo, el atípico sacerdote Andrew Scott (Moriarty en Sherlock) se desconcierta cuando Fleabag habla al público. El sacerdote no la escucha, pero observa el gesto.  «¿A dónde vas? ¿Por qué haces eso?», dice Scott. Significa que este hombre sí está atento a ella.

EN ‘FLEABAG’, LAS MUJERES HABLAN ENTRE SÍ… DE HOMBRES

Fleabag.
‘Fleabag’. Imagen: Amazon Prime

La protagonista habla con su hermana (sobre todo), con una amiga, con la madrastra… Los hombres son el tema principal. No porque sean el centro de atención de la vida de estas mujeres sino porque ellos existen. Para bien y para mal, los hombres condicionan la vida de Fleabag y de la hermana. En ningún caso, ningún hombre es visto como un salvador.

Pero tampoco son vistos como ogros. Phoebe Waller-Bridge es una guionista inteligente y no ha querido cargar contra ellos. La galería de hombres es variada: los hay egoístas, cretinos, narcisistas, inteligentes, cuñaos, comprometidos…

‘FLEABAG’, LA NUEVA COMEDIA

La serie es ejemplo de una nueva forma de concebir los personajes femeninos que rechaza el test de Bechdel. La directora de cine Kimberly Peirce (Boys Don’t Cry) lo expresó así:

  1. Un personaje femenino es un protagonista o antagonista con su propia historia.
  2. La protagonista femenina tiene necesidades y deseos que persigue a través de acciones.
  3. La audiencia empatiza o comprende los deseos y las acciones de la mujer protagonista.

Fleabag busca satisfacer sus deseos y necesidades. Y quien se asoma al mundo de Fleabag empatiza con ella, la comprende. Ella tiene flaquezas, sueños rotos, es una superviviente de los tiempos modernos. En busca de la paz interior y la paz con el mundo sin perder la identidad.

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