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9 de junio 2017    /   CREATIVIDAD
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¿Tienes una silla molona? Tal vez la diseñó Florence Knoll

9 de junio 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Piensa en un diseñador industrial cuyo trabajo haya sido clave durante el siglo XX. ¿Es una mujer? Lo más seguro es que no. Ahora piensa en una mujer con esas mismas características. Posiblemente solo consigas nombrar a una: Ray Eames.

A pesar de sus avances en cuestiones sociales y de igualdad respecto de tiempos pasados, el siglo XX estuvo marcado por el machismo. Las pocas mujeres que conseguían estudiar, incorporarse al mundo laboral y no abandonarlo cuando tenían hijos solían quedar eclipsadas por sus colegas hombres.

No fue el caso de Florence Knoll Basset, una diseñadora estadounidense centenaria que revolucionó el mundo del diseño industrial y de interiores con las ideas muy claras: «No soy una decoradora».

Florence Knoll Basset, de soltera Schust, nació un 24 de mayo de 1917 en el seno de una familia de raíces alemanas. A los 12 años quedó huérfana, lo que no impidió que continuase con su educación sin excesivos problemas.

Se matriculó en la Kingswood School, una institución para señoritas donde se impartían clases de arte y, después, entró en la Cranbrook Academy of Art. Allí conocería al diseñador finés Eliel Saarinen, y compartiría aulas con Ero Saarinen, hijo de Eliel, y la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames.

Antes de estallar la II Guerra Mundial, Florence Knoll viajó a Europa, pero el conflicto hizo que en 1939 regresase a Estados Unidos. Allí conocería a un interesante grupo de exiliados europeos. Ni más ni menos que Walter Gropius y Mies Van Der Rohe. Con estos y otros destacados miembros de la Bauhaus, Knoll completaría su formación.

En 1943, todavía con la guerra en curso, Florence Knoll —por entonces Schust—, entró a trabajar en Knoll Associates como diseñadora. A pesar de las restricciones de la época, convenció al propio señor Knoll de que podría hacer de su empresa de muebles una compañía exitosa.

Haciendo suyo el concepto de «diseño total de la Bauhaus, Florence Knoll —en 1946 contrajo matrimonio con el señor Hans Knoll— comenzó a diseñar muebles para la compañía. Hacia los años 50, una tercera parte de las piezas del catálogo de Knoll había sido diseñada por ella. Además, se encargó de que esas piezas lucieran lo mejor posible en las tiendas que la marca tenía en diferentes estados del país.

El éxito de los showrooms de Knoll fue tal que Florence Knoll pensó que sería una buena idea diseñar los interiores de otras compañías. Tras crear un departamento dedicado en exclusiva al diseño de interiores, Florence Knoll puso su conocimiento al servicio de otras empresas. A partir de entonces, las oficinas de CBS, General Motors o IBM contaron con el diseño interior de Knoll.

Fiel a la idea del diseño total, esta profesional entendía su trabajo como una actuación homogénea que abarcaba desde la distribución de las estancias al mobiliario, pasando por la gama cromática, el grafismo, los materiales y las telas de cortinas, tapizados y alfombras.


En 1955, Hans Knoll falleció. Florence Knoll asumió la presidencia de la compañía y, a partir de ese momento, implementó nuevas estrategias empresariales que resultaron ser un éxito. La principal de ellas, la compra de licencias a otros diseñadores. Gracias a ello, Knoll Associates comenzó a fabricar y vender diseños como la silla Barcelona de Van der Rohe o la Diamond de Harry Bertoia.

A pesar de lo acertado de su dirección, Florence Knoll decidió abandonar la presidencia de Knoll en 1960. Cinco años más tarde, dejaría la compañía definitivamente.

En 2002 se le concedió la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos y en 2004 se realizó una exposición antológica de su obra. A pesar de todo, poca gente la recuerda. Ni siquiera saben que sigue viva con sus cien años recién cumplidos.

Ahora, si te preguntan por una mujer que revolucionó el diseño del siglo XX, ya sabes a quién citar, además de a Ray Eames.

Piensa en un diseñador industrial cuyo trabajo haya sido clave durante el siglo XX. ¿Es una mujer? Lo más seguro es que no. Ahora piensa en una mujer con esas mismas características. Posiblemente solo consigas nombrar a una: Ray Eames.

A pesar de sus avances en cuestiones sociales y de igualdad respecto de tiempos pasados, el siglo XX estuvo marcado por el machismo. Las pocas mujeres que conseguían estudiar, incorporarse al mundo laboral y no abandonarlo cuando tenían hijos solían quedar eclipsadas por sus colegas hombres.

No fue el caso de Florence Knoll Basset, una diseñadora estadounidense centenaria que revolucionó el mundo del diseño industrial y de interiores con las ideas muy claras: «No soy una decoradora».

Florence Knoll Basset, de soltera Schust, nació un 24 de mayo de 1917 en el seno de una familia de raíces alemanas. A los 12 años quedó huérfana, lo que no impidió que continuase con su educación sin excesivos problemas.

Se matriculó en la Kingswood School, una institución para señoritas donde se impartían clases de arte y, después, entró en la Cranbrook Academy of Art. Allí conocería al diseñador finés Eliel Saarinen, y compartiría aulas con Ero Saarinen, hijo de Eliel, y la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames.

Antes de estallar la II Guerra Mundial, Florence Knoll viajó a Europa, pero el conflicto hizo que en 1939 regresase a Estados Unidos. Allí conocería a un interesante grupo de exiliados europeos. Ni más ni menos que Walter Gropius y Mies Van Der Rohe. Con estos y otros destacados miembros de la Bauhaus, Knoll completaría su formación.

En 1943, todavía con la guerra en curso, Florence Knoll —por entonces Schust—, entró a trabajar en Knoll Associates como diseñadora. A pesar de las restricciones de la época, convenció al propio señor Knoll de que podría hacer de su empresa de muebles una compañía exitosa.

Haciendo suyo el concepto de «diseño total de la Bauhaus, Florence Knoll —en 1946 contrajo matrimonio con el señor Hans Knoll— comenzó a diseñar muebles para la compañía. Hacia los años 50, una tercera parte de las piezas del catálogo de Knoll había sido diseñada por ella. Además, se encargó de que esas piezas lucieran lo mejor posible en las tiendas que la marca tenía en diferentes estados del país.

El éxito de los showrooms de Knoll fue tal que Florence Knoll pensó que sería una buena idea diseñar los interiores de otras compañías. Tras crear un departamento dedicado en exclusiva al diseño de interiores, Florence Knoll puso su conocimiento al servicio de otras empresas. A partir de entonces, las oficinas de CBS, General Motors o IBM contaron con el diseño interior de Knoll.

Fiel a la idea del diseño total, esta profesional entendía su trabajo como una actuación homogénea que abarcaba desde la distribución de las estancias al mobiliario, pasando por la gama cromática, el grafismo, los materiales y las telas de cortinas, tapizados y alfombras.


En 1955, Hans Knoll falleció. Florence Knoll asumió la presidencia de la compañía y, a partir de ese momento, implementó nuevas estrategias empresariales que resultaron ser un éxito. La principal de ellas, la compra de licencias a otros diseñadores. Gracias a ello, Knoll Associates comenzó a fabricar y vender diseños como la silla Barcelona de Van der Rohe o la Diamond de Harry Bertoia.

A pesar de lo acertado de su dirección, Florence Knoll decidió abandonar la presidencia de Knoll en 1960. Cinco años más tarde, dejaría la compañía definitivamente.

En 2002 se le concedió la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos y en 2004 se realizó una exposición antológica de su obra. A pesar de todo, poca gente la recuerda. Ni siquiera saben que sigue viva con sus cien años recién cumplidos.

Ahora, si te preguntan por una mujer que revolucionó el diseño del siglo XX, ya sabes a quién citar, además de a Ray Eames.

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