18 de junio 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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Follando por un mundo más verde

18 de junio 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Hay casos extraños en los que la traducción al castellano aporta más valor que el original del sintético inglés. Uno de estos paranormales acontecimientos es Fuck For Forest, una ONG nada convencional que saca su dinero para causas benéficas de las suscripciones al material pornográfico que ruedan y distribuyen por la red, principalmente en bosques, praderas y otros espacios naturales. Esto hace que la traducción de su nombre en castellano, Follando por los bosques, sea más correcto ya que, además de incluir la intención, puede conocerse el lugar.
Su ‘cuartel general’ en el barrio berlinés de Friedschain-Kreuzberg —coloreado con botes de pintura y decenas de pósteres— recuerda la casa de unos estudiantes de Bellas Artes. Con un gorro de lana multicolor, sentado en el suelo, el noruego y fundador, Tommy Hol Ellingsen, habla a una velocidad infernal: “¿Crees que se debe a todo el mate que tomo? ¿No te gusta? Prueba a echarle un poco de limón”. Y se lleva las manos a la cabeza cuando una pregunta no es de su agrado. A su derecha, en un sofá beige, Leona Johansson, sueca, la otra fundadora, está callada pero atenta mientras escribe en un folio doblado horizontalmente. Incluso Tabea, una alemana que se incorporó al grupo en el verano de 2012 y se sienta a la izquierda de Johansson, habla más que ella. Ninguno quiere revelar su edad, aunque no aparentan llegar a la treintena.
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“El sexo atrae atención; es una de las industrias que más dinero mueve”, dice Hol Ellingsen, inquieto en su cojín, “así que pensamos en usarlo para un tema importante”. Hol Ellingsen aclara que para ellos no se trata solo de hablar del medio ambiente, sino también de abarcar cuestiones sobre el “amor libre, el autoconocimiento de uno mismo, la educación sexual, la normalización del cuerpo y la libertad de expresión”. Su acelerado discurso está trufado de referencias sobre la pérdida de contacto del occidental con la naturaleza que recuerdan al buen salvaje de Rousseau. “No es fácil de entender”, sentencia.
Desde sus inicios en 2004, con fondos de un arrepentido Gobierno noruego, Fuck For Forest no ha podido huir de esta ‘incompresión’. Lo que en un principio era la pareja Hol Ellingsen y Johansson grabándose y colgando sus fotos y vídeos en internet se convirtió en un fenómeno mediático en el festival más importante de Noruega, el Quart, en Kristiansand. Mientras tocaba la banda local The Cumshots, que podría ser traducido al español castizo como Las Corridas, Hol Ellingsen y Johansson follaron en el escenario. Acabaron en los tribunales, donde Hol Ellingsen se bajó los pantalones.
De ahí se mudaron a Berlín. ¿El motivo? “Es una de las ciudades más liberales que quedan en Europa, un lugar donde viene gente de diferentes partes del mundo para intercambiar conocimientos y arte, y donde puede expresarse libremente”, irrumpe Johansson por primera vez en la charla, “y por eso era perfecta para nosotros, porque podíamos encontrar personas afines”.
Unas 1.300 personas han salido en vídeos o compartido fotos con Fuck For Forest, que de los dos integrantes originales han pasado a más de 30 activistas, cada uno con un grado diferente de implicación. Personas como Tadea, que asegura venir de una familia muy tradicional donde “masturbarse estaba prohíbido”. “Yo lo hacía todo el tiempo”, dice, “pero tenía un gran sentimiento de culpa”. Ahora asegura sentirse humanamente “más liberada” y que su vida es “mucho más interesante”.

Con la atención mediática recibida, la organización que iba a percibir el dinero que Fuck For Forest había recaudado se echó atrás. Hol Ellingsen razona que fue debido a “toda la atención recibida, quizá por miedo a que otros patrocinadores más importantes les retiraran su apoyo”, decidiendo a partir de entonces dar su dinero a proyectos menores realizados por gente de la zona o que conociera la problemática específica del lugar. En los casi diez años que llevan en activo han recaudado cerca de 420.000 euros.
Pero esta política tampoco ha estado exenta de problemas. En 2006 ayudaron a una organización de Costa Rica llamada Arbofilia aportando el dinero para comprar tierra y hacer un gran corredor boscoso que comunicase diferentes tipos de selva para que animales como la lapa, un guacamayo que requiere de manglares para la cría y árboles frutales para su alimentación, pudiera sobrevivir.
Fuck For Forest fue apartada del proyecto cuando otra organización de Holanda, vinculada con grupos religiosos, puso un ultimátum a Arbofilia. Si recibían más dinero de ellos, cortarían su financiación del proyecto. “Tocamos un tema que es controvertido”, admite Hol Ellingsen. “¿Cómo puede ser controvertido el sexo? Es una locura que refleja lo mal que está nuestra sociedad”, apostilla.
F*ck For Forest, la película
Este abril se ha lanzado para el gran público una especie de película documental basada en las andanzas de Fuck For Forest. Durante dos años interrumpidos, el director polaco Michał Marczak acompañó al grupo. Al decir la palabra movie, Hol Ellingsen vuelve a cogerse la cabeza y Johansson, que le ha dedicado una más que ácida entrada en su página web, ahora tuerce el gesto y vuelve a tomar por un momento la voz cantante:
—No está hecha realmente como un documental. Cuando filmaban, a veces, ellos hacían que pasaran cosas que de forma natural no hubieran ocurrido, así que realmente no es un documental en ese sentido. Ellos pagaron a la gente que sale en la película. Es un poco complicado.
Rápidamente, Hol Ellingsen vuelva a su ‘espídica’ carga. “Hay ciertas partes que son reales, que enseñan porciones de nuestra vida”, explica, “pero nos manipulaban para llegar a situaciones en las que nosotros no nos hubiésemos metido de no ser por ellos y que encajaban con la línea argumental que querían llevar”.
Hol Ellingsen se siente principalmente ofendido por el uso de la palabra ‘secuestro’ en su relación con la india Kaajal Shetty, una antigua miembro del grupo con un vínculo complicado con su familia; por la negociación con una ONG de Iquitos, Perú, que según aseguran fue todo un montaje ya que hasta el sonido de la conversación cambia para que cuadre con la historia de los cineastas; y, por supuesto, el final, donde los miembros de una tribu, a la que pretenden ayudar, prácticamente les acaban echando del pueblo.
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“Nunca hubieramos ido a esa tribu de no ser por ellos”, acusa; “no sabían nada de nosotros ni del proyecto”.  Hol Ellingsen explica que solo ponen el dinero, no planifican las intervenciones en el terreno. “Ellos nos aseguraron que habían hablado con antropólogos de la zona, que había algo en marcha, que necesitaban el dinero”, gesticula, “por lo que paramos otras cosas que teníamos en marcha para ir allí”.  “Ellos nos pagaron el billete”, puntualiza, “y también abonaron a la tribu para ponernos en esa situación… No sé, estoy muy confuso sobre qué está preparado y qué no en esta película”.
“Al final, parece que no entendemos cómo funciona el mundo, que somos muy naifs”, dice Hol Ellingsen. “Hemos trabajado con tribus y ONG durante ocho años, tenemos mucha experiencia”, añade. Pese a su disgusto, califica la película de divertida, de un “psicodrama con parte de comedia negra”, y al director Marczak, de “tipo simpático, aunque solo busque el dinero”. Menos amable es Johansson, que le llama en la web “cineasta ávido de dinero y fama”.
Por su parte, Marzcak ha dicho en varias entrevistas que viven en “su pequeña tierra de cuentos de hadas, siguiendo solo sus reglas, sin decidir qué van a hacer el día siguiente, y sin responsabilidades, negándose a crecer”. Hol Elligsen rebate esa idea, asegurando que, por ejemplo, ahora mismo se pasa la mayor parte del tiempo delante del ordenador, editando los vídeos que graban, que no lleva una vida de rock star.

—Fuck For Forest lleva muchísimo trabajo. Además, hacerlo en el invierno de Berlín es un poco complicado y como queremos estar más en contacto con la naturaleza y los proyectos, seguramente Leona y yo nos mudaremos en medio año a Latinoamerica. De hecho, estamos entrenando a Tabea para que se encargue de Fuck For Forest Europa.

—¡Ohhhhh! Me da miedo.
—No tengas miedo. No deberías tener miedo de hacer nada.
—Estoy superfeliz. Lo quiero hacer.
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Su ‘cuartel general’ en el barrio berlinés de Friedschain-Kreuzberg —coloreado con botes de pintura y decenas de pósteres— recuerda la casa de unos estudiantes de Bellas Artes. Con un gorro de lana multicolor, sentado en el suelo, el noruego y fundador, Tommy Hol Ellingsen, habla a una velocidad infernal: “¿Crees que se debe a todo el mate que tomo? ¿No te gusta? Prueba a echarle un poco de limón”. Y se lleva las manos a la cabeza cuando una pregunta no es de su agrado. A su derecha, en un sofá beige, Leona Johansson, sueca, la otra fundadora, está callada pero atenta mientras escribe en un folio doblado horizontalmente. Incluso Tabea, una alemana que se incorporó al grupo en el verano de 2012 y se sienta a la izquierda de Johansson, habla más que ella. Ninguno quiere revelar su edad, aunque no aparentan llegar a la treintena.
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“El sexo atrae atención; es una de las industrias que más dinero mueve”, dice Hol Ellingsen, inquieto en su cojín, “así que pensamos en usarlo para un tema importante”. Hol Ellingsen aclara que para ellos no se trata solo de hablar del medio ambiente, sino también de abarcar cuestiones sobre el “amor libre, el autoconocimiento de uno mismo, la educación sexual, la normalización del cuerpo y la libertad de expresión”. Su acelerado discurso está trufado de referencias sobre la pérdida de contacto del occidental con la naturaleza que recuerdan al buen salvaje de Rousseau. “No es fácil de entender”, sentencia.
Desde sus inicios en 2004, con fondos de un arrepentido Gobierno noruego, Fuck For Forest no ha podido huir de esta ‘incompresión’. Lo que en un principio era la pareja Hol Ellingsen y Johansson grabándose y colgando sus fotos y vídeos en internet se convirtió en un fenómeno mediático en el festival más importante de Noruega, el Quart, en Kristiansand. Mientras tocaba la banda local The Cumshots, que podría ser traducido al español castizo como Las Corridas, Hol Ellingsen y Johansson follaron en el escenario. Acabaron en los tribunales, donde Hol Ellingsen se bajó los pantalones.
De ahí se mudaron a Berlín. ¿El motivo? “Es una de las ciudades más liberales que quedan en Europa, un lugar donde viene gente de diferentes partes del mundo para intercambiar conocimientos y arte, y donde puede expresarse libremente”, irrumpe Johansson por primera vez en la charla, “y por eso era perfecta para nosotros, porque podíamos encontrar personas afines”.
Unas 1.300 personas han salido en vídeos o compartido fotos con Fuck For Forest, que de los dos integrantes originales han pasado a más de 30 activistas, cada uno con un grado diferente de implicación. Personas como Tadea, que asegura venir de una familia muy tradicional donde “masturbarse estaba prohíbido”. “Yo lo hacía todo el tiempo”, dice, “pero tenía un gran sentimiento de culpa”. Ahora asegura sentirse humanamente “más liberada” y que su vida es “mucho más interesante”.

Con la atención mediática recibida, la organización que iba a percibir el dinero que Fuck For Forest había recaudado se echó atrás. Hol Ellingsen razona que fue debido a “toda la atención recibida, quizá por miedo a que otros patrocinadores más importantes les retiraran su apoyo”, decidiendo a partir de entonces dar su dinero a proyectos menores realizados por gente de la zona o que conociera la problemática específica del lugar. En los casi diez años que llevan en activo han recaudado cerca de 420.000 euros.
Pero esta política tampoco ha estado exenta de problemas. En 2006 ayudaron a una organización de Costa Rica llamada Arbofilia aportando el dinero para comprar tierra y hacer un gran corredor boscoso que comunicase diferentes tipos de selva para que animales como la lapa, un guacamayo que requiere de manglares para la cría y árboles frutales para su alimentación, pudiera sobrevivir.
Fuck For Forest fue apartada del proyecto cuando otra organización de Holanda, vinculada con grupos religiosos, puso un ultimátum a Arbofilia. Si recibían más dinero de ellos, cortarían su financiación del proyecto. “Tocamos un tema que es controvertido”, admite Hol Ellingsen. “¿Cómo puede ser controvertido el sexo? Es una locura que refleja lo mal que está nuestra sociedad”, apostilla.
F*ck For Forest, la película
Este abril se ha lanzado para el gran público una especie de película documental basada en las andanzas de Fuck For Forest. Durante dos años interrumpidos, el director polaco Michał Marczak acompañó al grupo. Al decir la palabra movie, Hol Ellingsen vuelve a cogerse la cabeza y Johansson, que le ha dedicado una más que ácida entrada en su página web, ahora tuerce el gesto y vuelve a tomar por un momento la voz cantante:
—No está hecha realmente como un documental. Cuando filmaban, a veces, ellos hacían que pasaran cosas que de forma natural no hubieran ocurrido, así que realmente no es un documental en ese sentido. Ellos pagaron a la gente que sale en la película. Es un poco complicado.
Rápidamente, Hol Ellingsen vuelva a su ‘espídica’ carga. “Hay ciertas partes que son reales, que enseñan porciones de nuestra vida”, explica, “pero nos manipulaban para llegar a situaciones en las que nosotros no nos hubiésemos metido de no ser por ellos y que encajaban con la línea argumental que querían llevar”.
Hol Ellingsen se siente principalmente ofendido por el uso de la palabra ‘secuestro’ en su relación con la india Kaajal Shetty, una antigua miembro del grupo con un vínculo complicado con su familia; por la negociación con una ONG de Iquitos, Perú, que según aseguran fue todo un montaje ya que hasta el sonido de la conversación cambia para que cuadre con la historia de los cineastas; y, por supuesto, el final, donde los miembros de una tribu, a la que pretenden ayudar, prácticamente les acaban echando del pueblo.
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“Nunca hubieramos ido a esa tribu de no ser por ellos”, acusa; “no sabían nada de nosotros ni del proyecto”.  Hol Ellingsen explica que solo ponen el dinero, no planifican las intervenciones en el terreno. “Ellos nos aseguraron que habían hablado con antropólogos de la zona, que había algo en marcha, que necesitaban el dinero”, gesticula, “por lo que paramos otras cosas que teníamos en marcha para ir allí”.  “Ellos nos pagaron el billete”, puntualiza, “y también abonaron a la tribu para ponernos en esa situación… No sé, estoy muy confuso sobre qué está preparado y qué no en esta película”.
“Al final, parece que no entendemos cómo funciona el mundo, que somos muy naifs”, dice Hol Ellingsen. “Hemos trabajado con tribus y ONG durante ocho años, tenemos mucha experiencia”, añade. Pese a su disgusto, califica la película de divertida, de un “psicodrama con parte de comedia negra”, y al director Marczak, de “tipo simpático, aunque solo busque el dinero”. Menos amable es Johansson, que le llama en la web “cineasta ávido de dinero y fama”.
Por su parte, Marzcak ha dicho en varias entrevistas que viven en “su pequeña tierra de cuentos de hadas, siguiendo solo sus reglas, sin decidir qué van a hacer el día siguiente, y sin responsabilidades, negándose a crecer”. Hol Elligsen rebate esa idea, asegurando que, por ejemplo, ahora mismo se pasa la mayor parte del tiempo delante del ordenador, editando los vídeos que graban, que no lleva una vida de rock star.

—Fuck For Forest lleva muchísimo trabajo. Además, hacerlo en el invierno de Berlín es un poco complicado y como queremos estar más en contacto con la naturaleza y los proyectos, seguramente Leona y yo nos mudaremos en medio año a Latinoamerica. De hecho, estamos entrenando a Tabea para que se encargue de Fuck For Forest Europa.

—¡Ohhhhh! Me da miedo.
—No tengas miedo. No deberías tener miedo de hacer nada.
—Estoy superfeliz. Lo quiero hacer.
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