3 de marzo 2020    /   IDEAS
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Dime cómo conduce y te diré cómo es en la cama

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Acabas de conocer a esa persona. Te parece simpática, atenta y atractiva. Por eso no puedes evitar, llegado el momento, fantasear cómo será en la cama.

El problema, ya lo sabes por experiencia, es que no existe una relación directa entre lo que imaginas y lo que luego sucede. Por eso te gustaría tener más información antes de pasar a mayores.

Cuentas con su gestualidad, sus miradas, las historias que te ha contado en las primeras citas. Con todo ello vas construyendo una imagen que te resulta interesante primero y apetecible después.

Pero aún desconfías. No es que seas una persona puritana, es sencillamente que odias decepcionarte. Además, no sabes disimular. Terminado el sexo se te nota todo. Si has disfrutado o si lo único que deseas es salir corriendo y alejarte de ese error lo antes posible.

Recopilar información antes de llegar a mayores es difícil. Hay que partir de la base de que durante el cortejo todos nos esmeramos, intentando enseñar lo mejor de nosotros mismos. Incluso, en ocasiones, mostrándonos como alguien que en realidad no somos.

Resulta evidente que siempre tendrás que jugar con un margen de error. Pero para disminuir dicho margen, hay una información adicional que siempre te será de gran ayuda: fijarte en cómo conduce.

Un reciente slogan de la campaña publicitaria de una marca de coches dice «Conduce como piensas». Es un gran eslogan, pues apela a la coherencia entre tus opiniones y las decisiones que tomas al conducir. Pero también podría decirse de otra forma: piensas como conduces. Y es ahí cuando la información que a ti te interesa se vuelve relevante.

Cuando alguien conduce está mostrando su forma de ser y de actuar mucho más de lo que quisiera. Alguna de esa información es corporal: la manera de coger el volante, de pisar el acelerador, de tocar el salpicadero.

Otra es más amplia: si se acerca demasiado al coche de delante, si utiliza el claxon con frecuencia, si critica a los demás conductores.

Una persona que te lleva en su coche y no arranca el motor hasta estar segura de que te has puesto el cinturón de seguridad, que se detiene en el paso de cebra y aprovecha ese instante para dirigirte una sonrisa, que conduce con fluidez pero sin dar tirones, que no pone música cuando estáis conversando es alguien a tener en cuenta.

En cambio, alguien que te considera exclusivamente su copiloto, es decir un instrumento al servicio de su disfrute, que se concentra en el placer de conducir o en demostrarte lo potente que es su coche pasando de cero a cien en pocos segundos es, casi con seguridad, alguien que se comportará de igual manera en la cama.

Al volante, todos sacamos la persona que llevamos dentro. Por eso, fijarse en cómo lo hace y extrapolarlo a otros temas es una buena medida para adelantar acontecimientos. La bruta será brutal; la tímida, insegura; la imprudente, peligrosa; la sensata, apacible…

Por eso conviene subirse al coche con tu potencial pareja. Para que puedas echar el freno o pisar el acelerador, sabiendo de antemano cómo se comportará en la cama la persona que, en este preciso momento, te conduce hacia ella.

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Acabas de conocer a esa persona. Te parece simpática, atenta y atractiva. Por eso no puedes evitar, llegado el momento, fantasear cómo será en la cama.

El problema, ya lo sabes por experiencia, es que no existe una relación directa entre lo que imaginas y lo que luego sucede. Por eso te gustaría tener más información antes de pasar a mayores.

Cuentas con su gestualidad, sus miradas, las historias que te ha contado en las primeras citas. Con todo ello vas construyendo una imagen que te resulta interesante primero y apetecible después.

Pero aún desconfías. No es que seas una persona puritana, es sencillamente que odias decepcionarte. Además, no sabes disimular. Terminado el sexo se te nota todo. Si has disfrutado o si lo único que deseas es salir corriendo y alejarte de ese error lo antes posible.

Recopilar información antes de llegar a mayores es difícil. Hay que partir de la base de que durante el cortejo todos nos esmeramos, intentando enseñar lo mejor de nosotros mismos. Incluso, en ocasiones, mostrándonos como alguien que en realidad no somos.

Resulta evidente que siempre tendrás que jugar con un margen de error. Pero para disminuir dicho margen, hay una información adicional que siempre te será de gran ayuda: fijarte en cómo conduce.

Un reciente slogan de la campaña publicitaria de una marca de coches dice «Conduce como piensas». Es un gran eslogan, pues apela a la coherencia entre tus opiniones y las decisiones que tomas al conducir. Pero también podría decirse de otra forma: piensas como conduces. Y es ahí cuando la información que a ti te interesa se vuelve relevante.

Cuando alguien conduce está mostrando su forma de ser y de actuar mucho más de lo que quisiera. Alguna de esa información es corporal: la manera de coger el volante, de pisar el acelerador, de tocar el salpicadero.

Otra es más amplia: si se acerca demasiado al coche de delante, si utiliza el claxon con frecuencia, si critica a los demás conductores.

Una persona que te lleva en su coche y no arranca el motor hasta estar segura de que te has puesto el cinturón de seguridad, que se detiene en el paso de cebra y aprovecha ese instante para dirigirte una sonrisa, que conduce con fluidez pero sin dar tirones, que no pone música cuando estáis conversando es alguien a tener en cuenta.

En cambio, alguien que te considera exclusivamente su copiloto, es decir un instrumento al servicio de su disfrute, que se concentra en el placer de conducir o en demostrarte lo potente que es su coche pasando de cero a cien en pocos segundos es, casi con seguridad, alguien que se comportará de igual manera en la cama.

Al volante, todos sacamos la persona que llevamos dentro. Por eso, fijarse en cómo lo hace y extrapolarlo a otros temas es una buena medida para adelantar acontecimientos. La bruta será brutal; la tímida, insegura; la imprudente, peligrosa; la sensata, apacible…

Por eso conviene subirse al coche con tu potencial pareja. Para que puedas echar el freno o pisar el acelerador, sabiendo de antemano cómo se comportará en la cama la persona que, en este preciso momento, te conduce hacia ella.

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Opiniones 2
  • Buen artículo! De hecho esto mismo se dice sobre la cultura de cada país, sólo observa cómo conducen. Ergo, si buscas un buen polvo tendrás mas suerte en sur que en el norte.
    Doy fe.

  • La finalidad de la conducción no parece ser la misma que la del sexo. Tampoco los riesgos de la conducción parecen los mismos que los del sexo. No parece una comparación muy afortunada. Estoy de acuerdo con una conducción normativa, aburrida, reprimida, regulada, impersonal y limitada. Para el sexo estos atributos no parecen muy recomendables, a no ser que te acuestes con la liga antisexo o la DGT. Quizá nunca deje de ser absolutamente aceptable cualquier prejuicio que subordine o condicione el sexo al cumplimiento de normas o expectativas sociales o particulares, tribales o psicológicas, pero que nada tienen que ver con el sexo.

  • Comentarios cerrados.

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